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Francisco: su espíritu del anticristo

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“La fe… procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús….Pero, al mismo tiempo…. la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro «yo» aislado, hacia la más amplia comunión.”. (n.3 – Lumen Fidei)

La fe procede del pasado y viene del futuro: esto significa el espíritu del Anticristo.

El anticristo es un espíritu demoniáco formado por todas las herejías que se han dado a lo largo de la historia de la Iglesia.

El anticristo no se para en una herejía, sino que habla cualquier herejía, sin detenerse en una en concreto.

Y es necesario que sea así, porque el que tiene este espíritu habla para todos los hombres que no son de la Verdad, que escuchan alguna mentira en sus vidas y obran esa mentira sin quitarla. Son los hombres que han hecho del pecado una vida. El mundo está lleno de esos hombres. La Iglesia está llena de estos hombres. La humanidad o sigue a Cristo o sigue al demonio. Pero no se puede seguir a los dos al mismo tiempo. Por eso, hay hombres que son de Cristo, pero que no son del demonio. Y hay hombres que son del demonio, pero que no son de Cristo. El problema está en saber discernir quiénes son estos hombres, porque no es fácil su discernimiento, porque todo hombre es mentiroso por el pecado original.

Cuando Francisco dice que la fe procede del pasado no se refiere a Cristo, porque Cristo vive en el Presente Eterno: ni es pasado ni es futuro. Cristo es siempre Hoy, porque para Dios no existe el tiempo. El tiempo es algo que el hombre necesita para medir lo humano. Pero lo espiritual no se mide con el tiempo sino con el Espíritu.

Decir que la fe procede del pasado es poner un principio en la fe: “Desde el principio era homicida y no se mantuvo en la Verdad porque no ha Verdad en él” (Jn 8, 44b).

El demonio tiene un principio. Dios no tiene un principio. Tampoco sus dones. La fe es eterna, sin principio ni fin. Pero el conocimiento del demonio tiene un principio. Decir que la fe procede del pasado es hablar de la mente del demonio. Francisco no está hablando de Dios, del don de la Fe. Está hablando de los conocimientos del demonio que forman su fe humana en la Iglesia, como sacerdote, como Obispo.

La fe de Francisco procede del pasado. ¿De qué pasado? De la mente del demonio, que desde el principio era homicida, mató la Verdad en su mente, aniquiló la sabiduría divina en su mente, rechazó la amistad con Dios en su mente. Y, por tanto, el demonio no pudo mantenerse en la Verdad, porque, desde el principio, no hay Verdad en él.

Francisco manifiesta su credo en el demonio, su escucha del demonio. Y, por tanto, Francisco, cuando habla, habla las palabras del demonio. La fe procede del pasado: hay que escuchar al demonio para decir esta frase. Mi fe, dice Francisco, tiene un principio. ¿Cuál? Porque en Dios no hay principio. Se cree en la Palabra de Dios ahora, no antes. No se arrastra la fe a un presente. Quien habla así poniendo la fe en el pasado está hablando de lo que escucha al demonio en su mente.

El espíritu del Anticristo se manifiesta en un espíritu de engaño. Ese espíritu de engaño es cálido en la comunicación, porque tiene que llegar a todos los hombres, sin excepción. Es un espíritu que conoce todos los sentimientos humanos y los da cuando la persona habla.

Este espíritu de engaño habla cosas divinas, pero siempre dando una mentira, un engaño, una herejía, un error.

Cojan cualquier homilía, discurso, escrito, charla de Francisco, desde su inicio hasta la última de hoy y comprobarán que no hay ninguna que se salve. En todas hay un error, una mentira, una desviación. Porque esto es lo propio del espíritu del Anticristo: no hay verdad en él.

En los modernistas, agnósticos, pelagianos, panteístas y demás herejes, siempre hay una verdad, siempre se puede encontrar una verdad en la que fundar algo diferente a la herejía que proclaman.

Pero en el espíritu del Anticristo no se puede encontrar esta verdad. Porque se dan verdades que se contradicen unas a otras en la misma persona. Y si un día se dice una verdad, al día siguiente se dice lo contrario a esa verdad. De esta manera, el lenguaje que tiene la persona, que es llevada por este espíritu, es un lenguaje confuso, oscuro, con muchas verdades y con muchas mentiras, y no se puede clasificar a la persona en un nivel intelectual, filosófico, espiritual, porque da muchas mentiras y muchas verdades que no se relacionan unas con otras, que no dan una herejía, sino que las dan todas, pero no completamente, porque no hace falta decir toda la herejía en sí.

Por eso, cuando habla Francisco, no interesa seguir su lógica, porque no existe. Quien quiera seguir su pensamiento se pierde en la inteligencia. No sabe a dónde va Francisco cuando habla.

Para seguir a francisco hay que seguir su espíritu de engaño, su sentimiento en el hablar y entonces Francisco convence, atrapa, capta la atención del que lo escucha. Porque no habla a la mente de la persona, ya que el espíritu del anticristo tiene que dirigirse a cualquier mente. No va a una en especial, no se centra ni en los doctores, no en los teólogos, ni en las almas simples en la inteligencia… Va a por todos los hombres. Y la única forma de entrar en todos los hombres es por el sentimiento humano. No hay otra manera, porque a todos los hombres les gusta el dulce presentado con elegancia. A todos les gusta que le hablen bien, bonito, que las palabras vayan bien, suenen bien en el oído, que no hayan palabras fuertes o palabras que no se entiendan o palabras escogidas que haya que explicar.

Francisco habla como un pueblerino para conseguir este efecto que quiere el espíritu que le lleva.

Cuando Francisco dice que la fe viene del futuro se está refiriendo al demonio. Porque la fe es para el presente y sólo para el presente. Dios da una verdad para que sea obrada ahora, en el presente. Dios no da una verdad para que sea obrada en el futuro. Las profecías se dan en el presente, pero no para el futuro, porque en Dios no hay futuro y nadie sabe el futuro. Por eso, Dios no da fechas, porque eso no interesa en la Verdad. Dios ve ahora el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. Dios cuando habla, así sea una cosa del pasado o del futuro, la dice para el presente, para enseñar algo al alma en su presente, aunque eso que le enseñe se obre en el futuro, como es la profecía. Por eso, la Palabra de Dios no viene del futuro, sino que procede del presente.

Decir que la fe viene del futuro es invocar la mente del demonio para que dé un conocimiento del futuro.

Para Francisco la fe consiste en buscar una memoria de la vida de Cristo, un hecho del pasado, sacar de ese hecho un conocimiento para el presente, y hacer que ese conocimiento construya un futuro.

Esto que propone Francisco es un absurdo, porque Dios no da una verdad para construir un futuro. Ni el hombre pone una obra humana para un futuro, porque todo lo humano es temporal, no eterno; se pierde en el tiempo. Los hombres, aunque viven pensando en el futuro, sin embargo viven para el presente. Desconocen el futuro. El futuro lo pueden adivinar por lo que va pasando en el presente. Pero ningún hombre obra para el futuro. Desean obrar, pero la vida les trae muchos cambios, muchos reveses y lo que pensaron es de otra manera. No se construye una fe para un futuro. No tiene sentido. Sólo el demonio es capaz de dar una mentira para el futuro, porque en el demonio no hay verdad.

Francisco está dando la mente del demonio en su encíclica, en sus homilías, en sus discursos, en todo lo que obra y habla en la Iglesia.

Pero en Francisco no está el precursor del Anticristo, porque carece del aparato del Anticristo, que son señales milagrosas y obras que exceden toda razón humana. Francisco no es el anticristo ni su precursor. Pero Francisco es uno de los anticristos: “Hijuelos, es la última hora y, según oísteis que el anticristo viene ahora, pues han aparecido muchos anticristos… De nosotros salieron, mas no eran de nosotros…pero acontece así para que se ponga de manifiesto que no todos son de nosotros” (1 Jn 2, 18.19a.19c).

El espíritu de Francisco es un espíritu impío, es decir, no religioso, que se viste de todo lo religioso para confundir a los que no son de Cristo. Porque es necesario que el anticristo haga su trabajo en la Iglesia de Cristo, llevándose las almas que no son de la Verdad. Es necesario que Francisco haya sido puesto en la Silla de Pedro para purificar la Iglesia de aquellos que, parecen de la Iglesia, pero no son de la Iglesia.

La Iglesia no es para todos, pero el espíritu del Anticristo es para todos, porque va hacia todos los hombres, por ser los hombres mentirosos desde su concepción. Y, por eso, no hay que extrañarse de Francisco, porque está haciendo su papel, el papel del demonio. Sólo hay que ver a Dios en todo esto. Sólo hay que discernir la acción de Dios en su Iglesia y seguirlo en estos momentos. No hay que turbarse por lo que diga Francisco. Una vez que se le coge en lo que es, uno ya sabe medirlo, medir cada palabras y sabe hacia dónde va.

Lo que importa en la Iglesia es seguir la Verdad que da el Espíritu de la verdad. Lo que haga el demonio, es porque lo quiere Dios para purificar la Iglesia. Hay que dejar que el demonio se mueva en la Iglesia, pero sin seguirlo, sino combatiéndolo. Y la mejor lucha contra Francisco es desnudarlo de lo que es y presentar sus mentiras para que la gente comprenda cómo batallar al enemigo.

No hay que hacerle el juego a Francisco. No hay que lavarle la cara. Hay que decirle la verdad de su vida a las claras y sólo así se le vence.

Muchos, cuando hablan de Francisco, dejan sus mentiras en los escritos y no saben explicar sus errores, sino que siguen sus errores. Eso es señal de que no han discernido nada con Francisco, sino que se han dejado engañar por ese espíritu de engaño que mueve sus sentimientos y les hace creer que Francisco está diciendo la verdad.

Estamos en un tiempo nuevo para la Iglesia. Un tiempo de batalla espiritual. No es como los anteriores tiempos, porque la masonería se ha instalado en la cúpula del poder vaticano y camina sin problemas en los pasillos de Roma, para dar al mundo una nueva iglesia.

Esa nueva iglesia será el cisma más grande de todos los tiempos, porque serán los nuestros, los que han compartido el pan de ángeles, los que provoquen ese cisma.

Los nuestros, salieron de nosotros, pero no son de nosotros. Y ese cisma será el castigo para el mundo, que desea una iglesia del mundo, una iglesia para el mundo, una iglesia que baile con todas las herejías que tiene el mundo.

Glosario

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