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Ver la acción del demonio en la Iglesia

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san miguel arcangel

Las personas viven su forma de entender la fe, pero no viven la fe . Y, entonces, quedan ciegos en su inteligencia y luchan por su idea: “contra el Papa no se habla”.

Así piensan muchos que no viven de fe, sino que han fabricado en su mente humana su estilo de fe.

Contra el Papa se habla cuando el Papa no enseña la Verdad, que es Jesús, y cuando el Papa no obra la Verdad, que es Jesús.

Porque ese es la señal que da Dios al alma para que discierna si ese Papa lo ha elegido Dios o lo han elegido los hombres: la Verdad, que me diga la Verdad.

La Fe está en cada corazón que se abre a la Palabra de Dios. La Fe no está en la Iglesia, la Fe no está en un sentimiento humano, la Fe no está en lo que cada uno piensa sobre el Papa y sobre la Iglesia, la Fe no está en lo que uno ha aprendido de sus padres, de la enseñanza en la escuela, sino que la Fe la da Dios al corazón que cree en Su Palabra, abierto a Su Palabra.

Quien niegue esto, entonces vive sin luz de la Fe, vive sólo agarrado a lo que los demás dicen de la Iglesia o dicen del Papa, pero no sabe discernir la Verdad, que es Jesús.

Hay muchas almas así, porque nadie les ha enseñado la Fe en Jesucristo.

La Fe en Jesús es algo sencillísimo. La Fe es una Vida que Dios da al corazón de cada persona. Y esa Vida es una moción divina en el alma que lleva a la persona a la Verdad. Jesús es la Verdad. Luego, la Fe lleva al alma a transformarse en el mismo Jesús.

Pero para lograr esta transformación este cambio de mentalidad, es necesario que cada alma luche en su vida por aquello que impide ponerse en la Verdad. Y las almas tienen que luchar contra sus pecados, apegos a la vida, errores en la vida y tantas cosas como hay en la vida de los hombres, que impiden esta transformación.

Por eso, la vida es una batalla espiritual contra la carne, la sangre, los hombres, los pecados de cada uno, contra el demonio que hace pecar. Si la vida no se entiende como una lucha espiritual, entonces las almas sólo se quedan en sus sentimientos, en sus pensamientos, en sus obras humanas, en sus vidas humanas y no tienen Fe.

La Fe no consiste en ir a Misa o en rezar una serie de oraciones o en hacer unos Apostolados en la Iglesia.

La Fe es creer en la Verdad. Y, para creer en la Verdad, que es Jesús, hay que dejar de creer en nuestras verdades, en nuestros sentimientos humanos, en nuestros deseo humanos, en nuestras obras humanas, en nuestra vida humana. Si no se hace eso, no convertimos todos en unos fariseos de la fe, es decir, en personas que fabrican la fe con su inteligencia humana, con sus sentimientos humanos, con sus filosofías de la vida. Y, de esta manera, ya no se sabe discernir la Verdad.

Ante un hombre que se dice Papa, se cierran de tal manera a la Verdad que acogen a ese hombre como la verdad. Y se equivocan, por su falta de fe, por estar metidos en sus pensamientos humanos.

Y cada alma tiene que acoger la Palabra de Dios. No tiene que acoger a ningún hombre. Y, ante un nuevo Papa, hay que ver primero qué es lo que dice y qué es lo que obra.

Y las palabras y las obras de Francisco demuestran que es un hombre sin Fe, sin vida religiosa, dedicado sólo a lo que él se ha inventado en la Iglesia. Un Papa verdadero nunca obra y habla como Francisco. Esta es la señal de la fe: Un Papa verdadero siempre dice la verdad, siempre enseña la verdad, siempre obra la verdad. Luego Francisco no es un Papa verdadero. Y si no es un Papa verdadero, entonces la Fe me dice que puedo levantarme en contra de él y decir todas las cosas que sean necesarias para acallar su voz en la Iglesia, que ya no es la Voz de Dios, sino la voz del demonio.

Esto hace un hombre de Fe: ante la mentira que habla un Papa, pone la Verdad, que es Jesús. Y eso supone un enfrentamiento que a nadie le gusta. Pero el Evangelio no es al gusto de cada hombre. El Evangelio es como es. Y punto. Que nadie venga a inventarse su evangelio para que todos vayan detrás de él como borregos.

Hay que creer en la Palabra de Dios. No hay que creer en las palabras de los hombres.

Muchos, cuando oyen hablar a Francisco quedan sobrecogidos y les parece que está diciendo la Verdad. Y eso es sólo el espíritu que le mueve: un espíritu de engaño que transmite el sentimiento humano, algo hermoso para el hombre, pero que no da la Verdad, que es Jesús. Francisco coge a la gente por el sentimiento, no por las palabras. Una vez cogidos en el sentimiento, asienten a esas palabras y las ven como buenas. Ya no ven el error que hay en esas palabras. Así actúa siempre el espíritu que engaña o burlón que tiene Francisco.

Si las personas dejasen ese sentimiento que les penetra a un lado, si rechazasen inmediatamente ese que les penetra y que es sólo la acción de demonio en ellos, en seguida captarían la mentira que su boca está diciendo. La Vida es una batalla contra los poderes infernales que están en los aires. ¿Qué se creen las almas que es vivir la fe, sino batallar contra el enemigo de la fe, que es el demonio?

Pero como se escucha a Francisco sin discernir lo que se escucha, sin atender al demonio que siempre obra, entonces se cae en el engaño que ese espíritu lleva a las almas que lo oyen y que no tienen vida espiritual.

El alma de fe ve la acción del demonio en la Iglesia. El alma que no cree sólo ve sentimientos humanos, pensamientos humanos, obras buenas humanas, pero no ve la Verdad de lo que oye, de lo que mira.

Esto le pasa a mucha gente y esto es señal de que no viven de fe, sino que viven de sus sentimientos humanos, de sus pensamientos humanos, de sus obras humanas. Y ahí se quedan. Y quieren que todo el mundo sea como ellos. Y buscan en la Iglesia a la gente que piense como ellos, a la gente que sienta como ellos, para resguardarse de aquellos hombres de fe que han captado lo que hay y que es deber levantarse para dar la Verdad a la Iglesia.

La gente se ha hecho muy cómoda en la Iglesia y quieren que le den todo triturado, quieren seguir su vida de felicidad humana y no tener problemas en la Iglesia. Y así no se hace la Iglesia.

Cada alma tiene que luchar por su fe. No tiene que esperar que otros le digan: Francisco es un Anti-Papa. Cada alma tiene que verlo en su interior y entonces vive su fe, vive de la Palabra de Dios, sigue en su vida la Palabra de Dios que le va guiando entre serpientes y escorpiones, y no se asusta de que en la Silla de Pedro esté un Anti-Papa. Entiende por qué tiene que estar y eso le basta para seguir al Espíritu en la Iglesia.

Pero los hombres se han acostumbrado a escuchar las palabras de los demás hombres, sean sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles, y ya no saben escuchar la sencilla Verdad, que es Jesús, que da Su Palabra. Su mente todo lo complica. Sus sentimientos humanos lo ciegan. Sus obras humanas son su tesoro en la vida. Y su vida humana es lo primero en su existencia.

Hay que ser mártires de la Palabra, dar testimonio de la Palabra en una Iglesia que ya no tiene Fe, que ya no busca la Fe, que ya se ha acomodado a cualquier idiota que le enseña cualquier barbaridad sobre lavVida de Cristo y de la Iglesia. Que eso es Francisco. Todas sus homilías están centradas en cómo hacer una nueva iglesia, diferente a la que Jesús fundó en Pedro.

Pero a la gente ya le importa un comino la Iglesia que Jesús fundó y sólo quiere estar en la Iglesia de cualquier manera. Y eso es señal de falta de fe, falta de vida espiritual, de poner la fe en un conjunto de conocimientos, de recuerdos, de actitudes, que no sirven para nada.

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