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Ecumenismo: herejía en la Iglesia

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El ecumenismo es sólo una herejía más de las tantas que circulan por la Iglesia y por el mundo.

Jesús nunca habló del ecumenismo, sino de la Unidad de Su Iglesia, la unión entre Él y Su Cuerpo Místico. La unión que produce la Verdad, que es Él. Nunca Jesús habló de unir a los hombres en muchas verdades, en muchos conocimientos, en muchas prácticas religiosas, que es lo que hoy vemos en la Iglesia y que se llama sincretismo religioso, cuyo adalid es Francisco, que da la mano a cualquiera y no importa ya sus verdades o su vida. Es el deseo de unir lo imposible porque se tiene un espíritu que no es el de Cristo, sino el del Anti-Cristo.

Es diferente el espíritu de un Anti-Papa al espíritu de un Anti-Cristo. El Anti-Papa no va en contra de Cristo ni de la Iglesia, porque sólo le interesa gobernar la Iglesia. Y no otra cosa. Pero el Anti-Cristo es el que se pone en la cabeza de la Iglesia para destruir a Cristo y a Su Iglesia. Por eso, Francisco no es sólo un Anti-Papa, por haber sido elegido inválidamente, viviendo el anterior Papa, sino también es necesario llamarlo Anti-Cristo porque ha destruido el Papado, que es la columna en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro.

“Por ellos Yo ruego; no por el mundo ruego, sino por aquellos que Me has encomendado, pues tuyos son… Padre Santo, guárdalos en Tu Nombre, esto que Tú Me has dado, para que sean Uno como nosotros” (Jn 17, 9)

La Unidad de la Santísima Trinidad es la Unidad de la Iglesia.

Si no se parte de aquí, entonces se busca la unidad de la Iglesia en muchas cosas y se dice:

“todas las religiones son buenas y laudable, todas nos demuestran y significan igualmente ese sentimiento de llevarnos hacia Dios”: esta opinión es falsa y engañosa, que va en contra de la unidad de la Iglesia, porque bebe del naturalismo y del ateísmo, para las cuales la unidad es la unión de todos los hombres, sin importar su credo, porque todos somos hermanos.

“es justo y un deber que todos los que invocan el nombre de Cristo se unan en un mismo amor, por lo que dice Jesús en Su Palabra: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros»” (Jn 13, 35): unirse pero sin la verdad, sólo atendiendo a las diversas verdades que tengan cada uno. Es la reunión de todos los cristianos diciendo que todos tienen la verdad. Es lo que se llama pan-cristiano: Todos somos cristianos sin atender a la Verdad, que es Jesús. Sólo porque todos invocan el nombre de Jesús y eso produce un mismo amor entre los hombres.

Sólo una Iglesia es la Verdadera: la Revelada por Cristo, la fundada en Pedro. Las demás no son la verdadera: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia.” Aquella Iglesia que no tenga el Papado, como Cristo lo fundó, entonces ya no es la Verdadera.

“Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo” (Hb 1, 1-2): ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios. Dios habla a través de Su Palabra. Y Su Palabra es la Obra de Su Iglesia. No es la obra de las iglesias de los hombres.

Muchos niegan que la Iglesia Católica sea la verdadera porque entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, no es una alianza en el Espíritu. Para ellos, la Iglesia de Cristo debe ser invisible y, por tanto, todos pertenecen a la Iglesia Católica porque tienen el Espíritu: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). A lo cual se contesta que el Reino de Dios es espiritual porque pertenece a la Obra del Espíritu, pero los hombres, que forman la Iglesia, no son Espíritu, sino son alma y cuerpo, con un espíritu que les lleva a la Verdad, que es Jesús. Tiene que existir una Iglesia visible porque el hombre se compone de una naturaleza humana visible, con un espíritu invisible. Quien niegue la visibilidad de la Iglesia tiene que negar la visibilidad de los hombres, la naturaleza humana de cada hombre. Y esto es una herejía.

Y siguiendo esta herejía, es como nace el Ecumenismo: querer unir a todos los hombres en una misma iglesia invisible, que tiene un aparato político que organiza las cosas de los hombres. Esta es la nueva iglesia que funda Francisco.

La nueva iglesia que Francisco se ha inventado, al poner la horizontalidad del gobierno, ya no es la Iglesia Verdadera. Porque la que Cristo fundó descansa sólo en Pedro, no en ocho cabezas. Por consiguiente, sólo se hace Iglesia en el Papa Benedicto XVI, no en Francisco. La de Francisco ya se ha apartado de la Iglesia verdadera. Y es una más entre tantas. El problema es que ha hecho eso en Roma, en la Silla de Pedro. Esta es la gravedad de esa nueva iglesia, que nadie ha contemplado todavía.

Y esta nueva iglesia de Francisco es sólo una función política en lo externo de la iglesia, para conseguir que todo el mundo pertenezca a la iglesia, sin importar el credo, porque la Iglesia es algo invisible, no es visible.

Roma tiene que ser algo anecdótico en la Iglesia: “La Iglesia es esto, una palabra distinta, no por casualidad, de la Santa Sede que tiene una función importante pero está al servicio de la Iglesia”. (Declaraciones de Francisco). La función importante de la Santa Sede es la cosa política, pero no es el gobierno vertical que están en el Papado. Porque la Santa Sede “es vaticano-céntrica. Ve y atiende los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se traslada al mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré todo lo que pueda para cambiarla” . Francisco ya la ha cambiado al poner el gobierno horizontal y, por tanto, ha fundado otra iglesia, la suya, una nueva en Roma, que ya no es la de Cristo. Francisco se aparta de la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. E inventa la suya. La Iglesia de Jesús sigue en el Papa Benedicto XVI. Ya no es la nueva iglesia de Francisco. Esto es muy importante y muy grave.

La función política de la nueva iglesia está contenida en estas palabras: “en la curia puede haber cortesanos, pero en su concepción es otra cosa. Es lo que en los ejércitos se llama intendencia, gestiona los servicios que sirven a la Santa Sede”. Para Francisco el Papado es sólo una cuestión política, externa, sin fundamento en la Revelación. Y, por tanto, es necesario ese gobierno horizontal para que la Santa Sede sea otra cosa, otra forma de hacer iglesia en Roma.

Por eso, en Roma ya no está la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. La Iglesia de Jesús permanece en Benedicto XVI, verdadero Papa. Y hay que unirse a Él para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

Quien se una a Francisco se aparta de la Iglesia de Jesús, porque él se ha apartado destruyendo el Papado. Y, aunque él hable que la Iglesia sigue siendo como antes, es sólo para engañar a las almas que, como no tienen vida espiritual, no viven de fe, se dejan influir por las palabras mentirosas de Francisco y de todos aquellos que siguen a Francisco.

Por eso, la importancia de levantarse en contra de la mentira de Francisco, que es lo que todavía no se ha hecho. Y eso es un castigo para la misma Iglesia. Y castigo divino por apartarse las almas de la Fe en la Palabra de Dios y vivir según los pensamientos de los hombres.

De aqui se deduce la persecución desde Roma a todas las almas que pertenecen a la Iglesia Católica para que formen la nueva iglesia de Francisco. Es una persecución espiritual, que ya ha comenzado en la Iglesia porque nadie se atreve a levantarse contra el nuevo gobierno horizontal. Quien diga que no le gusta Francisco, lo echan del trabajo, del sacerdocio, de todas partes.

Es la imposición del orgullo de Francisco. Es el fruto de su pecado. Y, por eso, Francisco se enorgullece de su nueva iglesia, porque ha conseguido lo que pretendía: su gobierno horizontal.

El problema para Francisco es su ineptitud para gobernar y su imprudencia en el hablar. Sus declaraciones son el signo de su imprudencia, de su soberbia, de su orgullo. Habló antes de constituir el gobierno horizontal y eso ha producido una división en el mismo gobierno horizontal, que ahora tiene que esperar a imponer lo que pretendían, por la imprudencia de ese masón. Si hubiera callado, Francisco hubiera dado un golpe de estado y, con el gobierno horizontal, habría metido otras herejías, se hubiera cargado otros dogmas. Pero ahora ve oposición, no sólo en la Iglesia, en su gobierno, porque no se sabe cómo imponer las cosas sin que se levante el griterío en la Iglesia. Por eso, se ha intentado calmar un poco la situación, desde las declaraciones, pero no se ha conseguido nada. Muchas almas han despertado, pero todavía quedan muchas dormidas. Y, en la Iglesia, si no se impone algo, entonces nada funciona. Y, para imponer una mentira, como ha sido el gobierno horizontal, hay que hacerlo como lo hizo Francisco: hay que dar tiempo a que esa noticia se vaya aceptando por todos y, después, ponerla sin más. Y, entonces, nadie dice nada.

Esta es la táctica de los políticos, porque no tienen la Verdad y no pueden imponer la mentira sin hacer un grave daño. Se va imponiendo poco a poco, y eso no produce daño. Ahora. Francisco tiene que pensar cómo introducir sus mentiras, como la supresión de la Santa Misa, el nuevo matrimonio, el nuevo bautismo, la nueva confesión, sin que nadie se le eche encima.

Por eso, lo más seguro es que lo hagan dimitir y poner a otro que produzca el golpe de estado deseado por la masonería.

Viene un tiempo de gran conflicto dentro de la misma Iglesia Católica. Ahora todos luchan por sus verdades en la Iglesia Católica, pero nadie lucha por la verdad, que es Jesús, y por la Obra de la Verdad, que es la Iglesia. Nadie atiende a la Iglesia, que está ahora sólo en el Papa Benedicto XVI. Ahí está en su pecado y no hay quien lo levante y así alce a la Iglesia a mirar, de nuevo, a la Verdad, que está dentro del Corazón de Jesús.

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3 comentarios

  1. Raul Patiño dice:

    UNA ACLARACIÓN:
    Correcto lo planteado.
    Pero tengo una inquietud. El autor insiste en que la Iglesia para subsistir necesita el papado.
    No obstante, en la época apocalíptica, a la cual hemos llegado ya hace un tiempo, podría llegar un momento en el cual no haya papa, pero sí Iglesia, representada en sus hijos fieles a las cuatro notas (Una, Santa, Católica y Apostólica) y a sus tres columnas (Tradición, Palabra, Magisterio), con Cristo a la cabeza.
    En el libro del Apocalipsis no aparece el papado, mientras que está Cristo Soberano y está su Iglesia de todas las épocas. Pero no está el Papa. En cambio sabemos que está el falso profeta, que sería probablemente un Papa apóstata.
    Cristo dijo que “las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia”. Pero en la batalla final no está el Papa pero sí la permanente alusión a la Iglesia.
    Agradezco me aclaren al respecto, si estoy equivocado.

    • josephmaryam dice:

      La columna de la Iglesia es el Papa: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”.Se quita el Papado y se acaba la Iglesia.Todo está edificado sobre el Papado. Pero hay que comprender qué es el Papado.
      El Papado es Cristo Rey y Su Vicario en la Tierra. La Iglesia es algo espiritual que recorre un camino hacia la Gloria. Es necesario el Reino Glorioso de Cristo sobre la Tierra y, entonces, hay que comprender qué significado tiene el Papa en el Reino Glorioso. Porque, mientras no se da ese Reino Glorioso, el Vicario se entiende como se ha visto en los 20 siglos de Iglesia, pero en el Reino Glorioso, ¿cómo se da el Vicario de Cristo? Este es el Misterio de la Iglesia. Jesús siempre va a estar en la Iglesia como Rey, como Cabeza Invisible, ya se dé el Reino de los Cielos en la tierra ya se dé el Reino Glorioso en la Tierra. Pero, ¿cómo se comprende el Papado cuando todo es Gloria? Esa pregunta está en las Escrituras, pero velada, porque no interesa para salvarse ni para santificarse. Sólo cuando se dé ese Reino Glorioso se podrá comprender qué es el Vicario en ese Reino Glorioso. Mientras tanto, por el pecado de Benedicto XVI, quien gobierna la Iglesia ahora mismo es sólo Jesucristo, no su Vicario, mientras permanezca en el pecado. Eso no quiere decidir que la columna de la Iglesia no descanse en Benedicto XVI. Descansa, porque el Poder Divino no se quita a Benedicto XVI por su pecado, ya que su pecado no anula el Carisma del Papado. Pero un Papa que no gobierna la Iglesia es un problema para la misma Iglesia. Y, por eso, el castigo a la Iglesia es por el pecado de su Papa, Benedicto XVI. Un castigo que ya se está contemplando y que es el silencio culpable de muchos ante lo que sucede en Roma. Jesús es el Rey de la Iglesia, pero mientras la Iglesia esté en la tierra, es necesario un Vicario de Cristo. Pero la forma de ese Vicario una vez que la tierra se transforme en otra cosa, no se puede comprender ahora, porque el Reino Glorioso es algo celestial. Y el Cielo hay que verlo para comprenderlo. Ahora sólo comprendemos lo que no es celestial, pero divino en los hombres. Is 60 habla de la Gloria de Sión: “Tu pueblo será un pueblo de santos, poseerá la tierra para siempre, renuevos del plantío de Yavhé, obras de mis manos para resplandecer” (v.21). Y Ap 21 sobre la Nueva Jerusalén: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (v. 5). La novedad del Papado está en los renuevos del plantió de Yavhé. Discernir esto en el Espíritu de la Iglesia es comprender para qué quiere el Rey Jesús un Vicario en su Reino Glorioso.

  2. Cristina de López dice:

    Lo que vemos ahora en Roma, que finge ser la “Iglesia Católica” a los ojos de los incautos es la “falsa iglesia” que Santa Catalina Emmerich describió perfectamente en sus visiones:

    LA COMUNIÓN DE LOS PROFANOS:
    Todo es (en esta «falsa iglesia») fundamentalmente malo; es la comunión de los profanos.

    No se decir hasta donde todo lo que ellos hacen es abominable, pernicioso y vano. (AA.II.89)

    ¡QUIEREN UN SOLO CUERPO EN ALGO DIFERENTE QUE EL SEÑOR! (AA.II.89)

    Tuve una visión en la que vi a los otros en la falsa iglesia, edificio cuadrado, sin campanario, negro y sucio, con una cúpula elevada. Ellos estaban en gran intimidad con el espíritu que reinaba ahí. Esta iglesia está llena de inmundicias, de vanidades, de necedad y de oscuridad. Casi nadie de ellos conocía las tinieblas en medio de las cuales trabajaba. Todo es puro en apariencia: pero no es más que vacío. (AA.II.88)

    (La falsa iglesia) está llena de orgullo y de presunción, y con eso destruye y conduce al mal con toda clase de buenas apariencias. Su peligro está en su inocencia aparente (AA.II.89)

    Ellos hacen y quieren cosas diferentes: en ciertos lugares su acción es inofensiva: además trabajan para corromper a un pequeño número de sabios, y así todos juntos desembocan en un centro, en una cosa mala por su origen, en un trabajo y en una acción fuera de Jesucristo por el cual únicamente toda vida es santificada y fuera del cual todo pensamiento y toda acción permanecen como el imperio de la muerte y del demonio. (AA.II.89)

    Me encontraba en un navío agujereado y estaba tumbada en el fondo, en el único lugar que estaba intacto: las personas estaban sentadas en los dos bordes del navío. Yo oraba continuamente para que no fueran precipitados a las olas: sin embargo ellos me maltrataban y me daban patadas. Veía a cada instante el navío a punto de hundirse y estaba muerta de miedo. (AAA.III.147)

    Finalmente ellos fueron obligados a conducirme a tierra donde mis amigos me esperaban para llevarme a otro lugar.

    Yo rezaba siempre para que estos desdichados desembarcasen también…

    … pero a penas estaba sobre la orilla que el navío se hundió y ninguno de los que allí estaban pudo salvarse, lo cual me llenó de tristeza. En el lugar donde fui había una gran abundancia de frutos. (AA.III.147)

    Cuando miraba debajo de mi, vi muy distintamente, a través de un velo de color sombrío, los errores, extravíos y los pecados innumerables de los hombres, y con que necedad y que maldad ellos actuaban contra toda verdad y toda razón. Vi escenas de toda especie: volví a ver el navío en peligro, llevando a estos hombres convencidos de su inmenso mérito y admirados también por muchos otros, pasar cerca de mí sobre un mar peligroso y yo esperaba que en cualquier momento perecerían. Vi entre ellos a sacerdotes y sufrí profundamente para ayudarles a volver al arrepentimiento. (AA.III.149)

    ¡Vi tantos traidores! Ellos no soportan que se les diga: «esto va mal». Todo está bien ante sus ojos con tal de que puedan glorificarse con el mundo. (AA.III.184)

    EL FALSO ECUMENISMO:
    Vi a continuación que cuando ellos introducían el obispo de la manera que se habían propuesto, él era intruso, introducido contra la voluntad del Papa y que no poseía legítimamente la autoridad espiritual. (AA.III.128)

    Vi, por lo que creo, casi todos los obispos del mundo, pero un pequeño número solamente perfectamente sano. (AA.III.136)

    Vi todo lo que respecta al protestantismo tomar cada vez más poder, y la religión caer en decadencia completa. (AA.III.137)

    Había en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco católicos que trabajaban para el éxito de este asunto (la fusión de las iglesias).

    Vi también en Alemania a eclesiásticos mundanos y protestantes iluminados manifestar deseos y formar un plan para la fusión de las confesiones religiosas y para la supresión de la autoridad papal. (AA.III.179)

    ¡… y este plan tenía, en Roma misma, a sus promotores entre los prelados! (AA.III.179)

    Ellos construían una gran iglesia, extraña y extravagante; todo el mundo tenía que entrar en ella para unirse y poseer allí los mismos derechos; evangélicos, católicos, sectas de todo tipo: lo que debía ser una verdadera comunión de los profanos donde no habría más que un pastor y un rebaño. Tenía que haber también un Papa pero que no poseyera nada y fuera asalariado. Todo estaba preparado de antemano y muchas cosas estaban ya hechas: pero en el lugar del altar, no había más que desolación y abominación. (AA.III.188)

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