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Francisco no es Papa

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Cuando la Fe en la Verdad desparece el pecado es glorificado en todas partes del mundo.

Pecado de soberbia que glorifica Francisco: “Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien”. Ha perdido la Fe en la Voluntad de Dios, que da lo que es el Bien y lo que es el Mal. “¿Por qué Me llamáis bueno? Uno solo es Bueno”. Francisco llama bueno a todos los hombres porque cada hombre piensa en el bien. Glorifica la Razón humana y la pone encima de Dios.

Pecado de orgullo que ensalza Francisco: “Y lo repito. Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo”. La idea del bien y del mal no está en la Mente Divina, sino en la mente de cada hombre. Y con los pensamientos de cada hombre se cambia el mundo.El pecado de Lucifer.

Pecado de necedad que libera Francisco en su nueva iglesia: ”Amor al prójimo, levadura que sirve al bien común”. El amor de caridad es una levadura que sirve para obrar el bien. Y ya el amor no es la consecuencia de la Fe, sino el fruto de la mente del hombre, de su sabiduría humana, de su necedad. El que escucha la Palabra de Dios obra la verdad que oye en su corazón. Y esa Verdad es la sabiduría divina que debe ser obrada en la Iglesia. La Palabra es la semilla recibida en el corazón, que se levanta con la levadura de la esperanza y que se obra con el poder del amor. Ya el amor no es un poder. El amor es una levadura, un movimiento lleno de sentimientos, de pasiones, de pensamientos bellos, de lo que cada uno encuentra en su estúpida vida. Este amor es glorificado en la nueva iglesia de Francisco.

Pecado de insolencia que hace de Francisco el idiota en su nueva iglesia: “El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de hermandad.” La Encarnación del hijo de Dios es un sentimiento entre los hombres. Ya no es la filiación divina. Sólo es la filiación humana, una estrechez de cariños, de abrazos, de besos, de sonrisas, de compasiones, de obras buenas humanas, de sentirse bien en la iglesia, de hacer cosas agradables a todos, de no poner obstáculos que impidan la fraternidad. Es la insolencia del humanismo de Francisco que lo coloca como el primer idiota de su nueva iglesia, porque no ha captado la sabiduría de la Encarnación. Se ha quedad en la necedad de su humanismo.

Pecado de abjuración de Dios: “Todos somos hermanos e hijos de Dios” Francisco renuncia a la Fe en la Iglesia al decir que todos los hombres somos hermanos e hijos de Dios. Porque la Iglesia es la familia de Dios, no es la familia de todos lo hombres. Y la Iglesia es sólo la familia de los hijos de Dios, no es la familia de todos los hijos de los hombres. En la nueva iglesia este pecado es glorificado y entrarán en ella todos los hipócritas, fariseos, homosexuales, lesbianas, ateos, masones, lujuriosos, calumniadores, difamadores, demonios, porque todos se merecen el cielo por sus grandes pecados.

Pecado de suficiencia religiosa: “el amor, de cada uno de nosotros hacia los demás, desde el más cercano al más lejano, es el único modo que Jesús nos indicó para encontrar el camino de la salvación y de las bienaventuranzas”. El amor concebido en la nueva iglesia como levadura es lo que salva y santifica. Ese amor de besitos y de abrazos tiernos de unos con otros, ese amor que es dar dinero, dar un trabajo al que no lo tiene, ese amor que consiste en que los jóvenes vivan en su orgullo de la vida, que pequen porque el pecado es el rey que lleva al cielo. Ese amor basta para salvarse. Ya Jesús no es el Camino que salva, la Verdad que crucifica, la Vida que santifica. Es sólo ese amor, como los idiotas que se sientan en el gobierno horizontal lo conciben: un estrecharse las manos, un adularse unos a otros, un sentirse superiores a los demás porque sus juicios son los que valen en la nueva iglesia. Glorifiquemos este pecado tan auténtico que lleva al cielo a todo el mundo.

Pecado de rebelión contra Dios: “Los jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisistas, halagados y exaltados por sus cortesanos… La corte es la lepra del papado”. Francisco llama a los Papas jefes de la Iglesia y así cae, no sólo en la falta de respeto al Papa, sino en la falta de reverencia que hay que tener ante el Papa. Como él es un anti-Papa le importa un comino los jefes de la Iglesia, los Papas. Y los llama narcisistas, que significa que los Papas sólo han vivido en la Iglesia mirándose a sí mismos. No han mirado a la Iglesia. Y si la han hecho ha sido sólo a través de su narcisismo. Esto se llama indiferencia religiosa, porque cae en el desprecio a la obra del Papa en la Iglesia. A Francisco le da igual lo que hayan hecho los Papas, porque todos han sido narcisistas, halagados, exaltados. Y además llama a la Jerarquía Eclesiástica como los cortesanos del Papa, los esclavos del Papa, por su obediencia al Papa. Esto se llama rebeldía contra la Iglesia. Pero Francisco no se queda solamente en eso, sino que dice que el Papado, es decir, el Papa y los Obispos que se unen al Papa, son la lepra del Papado. Esta es la rebeldía contra Dios, porque está diciendo que él nunca se ha sometido a ningún Papa y ha estado en la Jerarquía de la Iglesia sin unirse al Papa, sino enfrentándose al Papa. Francisco pone este pecado en su nueva iglesia para que todos lo practiquen. Luego, hay que rebelarse contra Francisco. Los que pertenezcan a ese gobierno horizontal tiene que dar ejemplo de rebeldía contra su nuevo dictador.

Pecado de devastación espiritual: ”La Iglesia es esto, una palabra distinta, no por casualidad, de la Santa Sede que tiene una función importante pero está al servicio de la Iglesia.” Este pecado nace del pecado de orgullo. La Iglesia es una razón, una palabra distinta de la Santa Sede. La Iglesia ya no es el Cuerpo Místico de Cristo, sino una comunidad de fieles: “La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del Pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos que tienen a su cargo muchas almas, están al servicio del Pueblo de Dios”. La Iglesia es lo que quiere el pueblo. Si el pueblo quiere preservativos, entonces hay que dárselos. Si el pueblo quiere homosexuales, entonces hay que dárselos. Si el pueblo quiere matrimonio civiles, uniones libre, que los divorciados comulguen, que todos disfruten del sexo, entonces la Iglesia es para eso. Si el pueblo necesita que las prostitutas den alivio a los sacerdotes y Obispos, entonces hay que conceder eso en la nueva iglesia. Si el pueblo quiere todos los vicios del mundo, entonces hagamos una iglesia para eso. Y, por supuesto, que los sacerdotes sirvan al pueblo en sus caprichos de la vida, sean estos los que sean. Eso no importa. Ya no importa la virtud. Sólo hay que vivir para estar contentos y felices, para sentirse a gusto en medio de demonios, para hacerse una estatua en la que todos nos demos culto unos a otros. Esta es la ruina espiritual de la nueva iglesia que funda Francisco con su herejía de la memoria fundante.

¿Qué quieren?¿Que tengamos fe en toda esa palabrería de Francisco? ¿La fe es seguir el pensamiento de Francisco?

Como Francisco ha sido elegido Papa, entonces no juzguemos sus palabras, que son las palabras de un Papa tan sabio, tan santo, tan prudente, tan humilde, tan caritativo. No murmures lo que ha dicho Francisco. No está bien criticar. Ten más fe en ese idiota, porque es el Papa. Cree que todo se va a solucionar porque es el Papa. Cree en él porque es el Papa.

Quien haya leído las idioteces de Francisco en sus declaraciones, es que no hace falta tener fe para decir :

¡Qué idiota es este hombre que se sienta en la Silla de Pedro para faltar al respeto y a la caridad a toda la Iglesia!

¡Qué hombre tan imprudente en su hablar!

¡ Qué demonio no tendrá dentro para hablar así!

¡Seguro que alguien en la Iglesia le ha hecho daño para hablar así! ¡Estará dolido por algo que vomita tantas sandeces por su boca!

Esto dice la gente normal. Pero la gente de fe sólo puede decir esto:

Francisco eres un Anti-Papa, que te has creído lo que tú has pensado y, por eso, has caído en tu pecado de orgullo.

Eres el hombre más ignorante de la tierra. El mayor estúpido que se haya sentado en la Silla de Pedro, porque muchos Anti-Papas han habido y ninguno de ellos ha querido destruir la Iglesia como tú la has destruido.

Eres la persona más indeseable de todas, que te disfrazas de pastor para dar el alimento de tu odio a la Iglesia.

Eres la necedad en persona porque no has aprendido a ver tu maldito pecado y sigues en la Iglesia glorificando tu maldito pecado.

Y ¿quieres obediencia a tu necio pensamiento? Tú que te rebelas contra Dios y contra toda la Iglesia, ¿ahora pides obediencia a tu nueva forma de regir la Iglesia?

Pero, ¡qué bajo has caído en tu vómito!

Eres un demonio encarnado que habla maravillas de Dios sin saber lo que dice, que expresa palabras bellas dando la mentira de tu corazón.

Partes el Pan de Ángeles y te guardas el odio a las almas porque no puedes mostrarlo como lo vives en tu interior.

Eres una persona sin nombre, sin verdad, sin justicia, sin arrimo de caridad.

Eres sólo eso: lo que tú te has inventado en tu absurda vida.

¿Es la verdad lo que predica Francisco? No. Es su pecado. Y no es posible tener fe en su pecado. No es posible creer en Francisco. Es que quien tenga dos dedos de frente tiene que rechazar a Francisco de su vida.

La Iglesia es algo muy serio para estar pendientes de un necio que sólo quiere que le besen y que le aplaudan.

La Iglesia es la Verdad del Corazón de Jesús que habla Palabras de Amor que unen en la Vida de Dios. La Iglesia es para penetrar el Corazón de Jesús y vivir dentro de Él para alimentarse de Su Amor.

La Iglesia no la hace ningún hombre. La Iglesia no es lo que deciden los hombres. La Iglesia es la Obra de la Voluntad de Dios en los corazones humildes que se abaten en la Presencia de Dios y disponen sus vidas para obrar sólo lo que quiere Dios.

Sin humildad es imposible hacer la Iglesia. Sin la caridad que nace de Dios es imposible unir en la Verdad. Sin la Fe en la Palabra de Dios, la Iglesia sólo camina por el sendero del infierno hasta toparse con su condenación.

No pidan que tengamos fe en quien no se lo merece ni por sus palabras ni por sus obras en la Iglesia. Pidan que echen a Francisco de la Iglesia porque se lo merecen sus malditos pecados. Por sus pecados que no quiere reconocer ni quitar, no merece estar en la Iglesia.

No es Papa aquel que no llora sus pecados como San Pedro lloró los suyos. No es Papa el que niega a Cristo y, después, lo crucifica con sus obras de maldad ante toda la Iglesia quitando lo más querido para la Iglesia, que es el Papado.

No es Papa aquel que destruye el Papado como lo ha hecho Francisco.

No es Papa aquel que mancilla el traje de novia de la Iglesia, que es la Virgen María, con sus necias enseñanza sobre la función de la mujer en la Iglesia.

No es Papa aquel que se dedica a buscar a los ateos, a los judíos, a los protestantes, a los masones, y no es capaz de corregirlos como san Juan corrigió al necio gobernante.

No es Papa quien da la mano al pecador pero no le muestra su pecado, sino que se lo guarda en su corazón para que aprenda a seguir pecando.

No es Papa quien se atreve a lavar los pies a dos mujeres en la Misa más importante de la Iglesia.

No es Papa quien acepta un Papado cuando el anterior Papa sigue vivo.

No es Papa quien se somete al demonio y quiere aparentar que su vida es la más santa y humilde de todas.

No pidan amor a Francisco. Ya ha demostrado que no quiere amor, que no le interesa amor. Sólo quiere lo que hay en su pensamiento humano, lo que fabrica su corazón cerrado a Dios, lo que vive en su vida de demonio.


1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    Tenemos a nuestra vista una parte culminante del plan de la sinagoga de Satanás, la masonería, para destruir la Iglesia.
    Cabe a los católicos permanecer dentro de la Iglesia Católica sabiendo que ésta se ha convertido ya en un pequeño rebaño formado por quienes se mantengan firmes “al servicio del Santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, NO POR HOMBRE” (Hebreos 8, 2).
    Por lo anterior, un aspecto básico es definir nuestra postura frente a la Misa Tridentina, que fue erigida por bula papal como garantía a perpetuidad.
    Buscar los pocos sacerdotes fieles que mantienen la celebración del Sacrificio Incruento de Nuestro Señor con todo el respeto necesario y preguntarnos si debemos asistir a misas que parecen parrandas, donde se está citando permanentemente la insolencia de Francisco.
    Hebreos 8, 5 nos sigue diciendo: Mira… harás todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte”.
    La Misa de siempre, la Misa Tridentina. No la que hace un banquete festivo del Sacrificio Incruento de Cristo sino la que ofrece tal Sacrificio Eterno a la Santísima Trinidad.

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