Lumen Mariae

Inicio » amor » Las necias enseñanzas de Francisco sobre la Virgen María

Las necias enseñanzas de Francisco sobre la Virgen María

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

maria

Cuando Francisco habla de la Virgen María lo hace recurriendo a sus sentimientos humanos y esconde la verdad de la Virgen. Da de la Virgen lo que le interesa en sus sentimientos de hombre, pero no enseña lo que la Virgen enseña en su Fe a la Iglesia.

“¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador” (homilia 13 de octubre): primer error de Francisco. María no es débil espiritualmente como los hombres, porque no tiene pecado original: “llena de gracia” (Lc 1, 28), que significa ser Inmaculada, no tener pecado original, no significa ser débil en la vida espiritual. María es fuerte por su fe, no débil en la fe, porque no tiene pecado. Los hombres somos débiles por el pecado original y eso hace que naufrague nuestra fe. Francisco dice una verdad de la Virgen, que es humilde, y, a continuación, una mentira: que es débil. Y esta debilidad no hay que entenderla de lo humano, porque todos, seamos o no pecadores, somos débiles humanamente. Y enseñar que la Virgen es débil en lo humano está demás en la predicación. Aquí Francisco se refiere al pecado, no a la debilidad de lo humano.

“Ésta es… la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro”: su error consiste en interpretar la Palabra del Evangelio “¿Cómo será eso, pues, no conozco varón?” (Lc 1, 34), como un asombro, cuando la verdad es muy distinta. María pregunta a Dios el camino para obrar la Palabra de Dios que el Ángel le da. María no se asombra de lo que el Ángel le dice. María escucha atenta al Ángel y entiende esa Palabra. El Señor le pide ser Madre de Su Hijo. Pero María no comprende la forma de ser Madre y, por eso, pregunta. Y no es un asombro. Es la pregunta de su fe: porque ha comprendido y aceptado la Palabra de Dios por el Ángel, entonces viene la pregunta de cómo realizar esa obra divina, que esa Palabra trae a Su Corazón. Francisco se queda en lo que le interesa: su sentimiento humano, porque quiere llegar a los hombres y quiere darles lo humano, para que estén contentos, pero no les da la Verdad que la Virgen vive en esos momentos.

Francisco le interesa decir esto: “Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias”. Pero si esto no es lo que enseña esa Palabra Divina. Si lo que enseña el Evangelio es otra cosa. Pero esa otra cosa no le interesa a Francisco. Él va hacia su sentimiento de conquistar a los hombres diciendo cosas que gustan a los hombres. Su sentimiento mata la verdad del Evangelio.

Y a continuación expone su enseñanza de esta Palabra Divina: “¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos?” Una enseñanza que no tiene que ver en nada con el Evangelio que se está predicando. La enseñanza de esta Palabra Divina es la confianza del alma en la fe que le da Dios al corazón. Es la confianza, no es la sorpresa. Dios no sorprende a María cuando le da Su Palabra. Dios da a María la certeza de su fe, el camino de su fe, la obra de su fe. Y eso es una confianza, una seguridad, un apoyo en la vida. Porque María cree en Dios entonces le pide a Dios un camino para vivir esa fe, eso que cree, eso que ha aceptado del Ángel. Y el Señor le da ese camino, esa obra y la lleva hasta el final de esa Obra en la confianza sólo de la Palabra de Dios que recibe. ¿A qué viene predicar el cerrarse en las seguridades que la vida tiene, si eso tampoco enseña la Palabra? La Palabra de Dios enseña a poner en Dios toda la vida, a dejar que Dios guíe la vida, a darle a Dios el destino de la vida. Y Dios presenta a María un matrimonio para obrar Su Palabra. Le da un matrimonio para que Su Palabra de Amor se obre en su vida humana. Dios no habla a María de quitar sus seguridades en la vida. Dios da un camino a las almas para que obren lo que Él quiere en la vida. La Palabra de Dios sólo refleja confianza en Él, no refleja una corrección de Dios al alma, que es lo que Francisco enseña. Es su sentimiento. Y no ve la Verdad que hay que enseñar al alma.

“María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en sus momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz”. Primero: el Fiat de la Virgen es a la Palabra de Dios, que cambia Su Corazón, su alma y su espíritu, porque ser Madre de Dios es una transformación interior en la persona de María. Y, por lo tanto, enseñar que ese Sí ha cambado su humilde existencia de Nazaret es enseñar la mentira. Porque el don de Dios no cambia la vida humana, la forma de vivir humana en Nazaret, sino que cambia la forma espiritual de vivir. María vive para Su Hijo, engendrado por el Espíritu en su Seno. Y esa es la novedad que trae la Palabra de Dios. Y María vive esa forma nueva espiritual, esa novedad del Espíritu, en lo mismo de su vida humana. Su vida humana no ha cambiado para nada.

z_inmaculada_manos_pecho

Segundo: ese Fiat de la Virgen es el único Fiat. No hay más en su vida espiritual. No hacen falta más Fiat a la Voluntad de Dios. Error garrafal de Francisco, porque no enseña qué es lo que quiere decir esa Palabra: “hágase en Mí según Tu Palabra” (Lc 1, 38). En esta Palabra, la Virgen dice Sí a la Voluntad de Dios. Una Voluntad que abarca toda la vida de Jesús. Y esa vida de Jesús la Virgen la contempla antes de decir su Sí. Porque no se puede ser Madre de Dios sin entender para qué sirve eso en una Mujer que se ha dedicado sólo a la contemplación divina, que no quiere ningún matrimonio, que sólo le interesa estar con Dios. Y, entonces, Dios tiene que hacerla comprender toda la Vida de Su Hijo para que Ella acepte toda la Voluntad de Dios, no sólo en Nazaret, sino en Egipto, en la Pasión, en la Muerte, en la Resurrección, en el Reino Glorioso de Cristo en la Tierra. Es un Sí a todo, que no hace falta repetirlo en la vida según vayan sucediendo cosas, porque el Señor da toda Su Voluntad para una aceptación total. Dios no quiere aceptaciones temporales a Su Voluntad. O todo o nada. Y esto es lo que no enseña Francisco, que es lo que interesa de la predicación sobre el Sí de María.

Pero Francisco va a lo suyo, a sus sentimientos de hombre y a dar calor humano a los que le escuchan como borregos: “Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe.” El Sí de la Virgen no enseña si soy cristiano a ratos o soy siempre cristiano, sino que enseña a decir Sí completamente a Dios. Y ese decir Sí total a Dios significa que ya no soy cristiano a ratos. Si lo soy es que nunca he dicho ese Sí total a Dios. Y hay que enseñar a las almas las exigencias de la Voluntad de Dios, no andar con estos discursitos que están vacíos de la Verdad. Si eres cristiano a ratos es que nunca has sido cristiano. Y esto es lo que no enseña Francisco.

Y, entonces, dice su herejía: “La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe”. Es que en la vida de fe no hay lugar para la cultura de lo provisional, de lo relativo, porque esa cultura anula la vida de fe. ¿A qué se dice esta frase que no va con nada de la enseñanza del Evangelio? Porque Francisco sabe que la gente vive su fe como la vive él, no en la verdad de la Palabra, sino en las medias verdades que la vida humana trae a todo el mundo. Y esas medias verdades las llama vida de fe. Y al final Francisco recurre al sentimiento de la misericordia, a la falsa misericordia de Dios: “siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados, no ir jamás por el camino de lo provisional”. Que es una forma de decir: sigan en sus vidas llenas de lo relativo, que ya el Señor tiene Misericordia y algún día quitarán ese camino de lo provisional. O se tiene fe o se está en lo provisional, en lo relativo. Pero no hacer una ensalada de dos cosas para terminar con que Dios nos ama a todos, con que Dios lo perdona todo.

“Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, es decir, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación”. Primero: María no hace un gesto de caridad a su prima Isabel. María va hacia Isabel por orden de Dios en Su Palabra: “Y mira que Isabel, tu parienta, ha concebido un hijo en su veje…la que llamaban estéril” (Lc 1, 36). Aquí María entiende el Misterio que hay en Isabel y está obligada a ir para que se cumpla ese Misterio: “he aquí, que como sonó la voz de tu salutación en mis oídos, dio saltos de alborozo el niño en mi seno.” (Lc 1, 43). María tiene que ir para santificar al niño que tiene Isabel en su seno con la Presencia de Dios en Su Vientre, porque ese Niño es el Precursor del Mesías. Entonces, no es un gesto de caridad, es un acto de Justicia Divina en Isabel, porque hay que santificar al niño. Y la santidad en Dios corresponde a Su Justicia por el pecado original.

Segundo: El Magnificat no es un canto de alabanza y de acción de gracias, sino que es el Canto del Corazón de la Virgen a Dios. Es cómo María comprende la Obra de Dios en su seno virginal y lo que significa para Ella y para toda la Obra Redentora de Su Hijo. Alabar y dar gracias a Dios es otra cosa. Pero eso no lo sabe Francisco en la Iglesia. Él se alaba a sí mismo y se da gracias a sí mismo porque sólo se ve a sí mismo.

María enseña a abajarse para recibir lo divino en el corazón. María da al hombre la forma de entrar en Dios, que es la humildad de corazón. María obra esa humildad en el silencio de su fe y en la soledad de su amor. Y María hace que Dios la mire, no sólo con Amor, sino con todo el Poder del Amor en Su Espíritu. Dios se entrega a la Virgen y se entrega sin condiciones, sin medida, sin poner en la Virgen algo que la impida buscar toda la Voluntad de Dios. Y, por eso, el Magnificat es el Canto de Amor de la Virgen a Su Amado, que le ha descubierto todos los Misterios de Su Amor.

Anuncios

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: