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La memoria fundante de Francisco

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Francisco dice en su encíclica Lumen Fidei:“La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural… es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús…”. Es necesario confesarla “fieles a la memoria del Señor”, porque la fe es “una madre”, que engendra la “vida divina, una nueva experiencia, una visión luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio público hasta el final”.

Estas palabras indican la falta de fe de Francisco y su herejía en la Iglesia, compartida por muchos que le rodean y por los fieles que no tienen conocimiento de Dios, que sólo están en la Iglesia siguiendo los conocimientos de muchos sacerdotes y Obispos que han perdido la fe y sólo ofrecen a sus ovejas su hombre viejo, el construido según sus ideas humanas, carnales, materiales de la vida: “no andéis ya como andan los gentiles, en la vanidad de su mente, que tienen entenebrecido el entendimiento, ajenos completamente a la Vida de Dios, por la ignorancia en que se hallan, por el encallecimiento de su corazón”. (Ef 4, 17). Muchos en la Iglesia andan como describe San Pablo y, por eso, no tiene fe, sino que han construido su fe, como Francisco lo muestra en toda su encíclica y en su vida en la Iglesia.

La fe es un don de Dios, pero no es la luz de una memoria fundante. La memoria fundante significa que Jesús da Su Palabra, obra Sus Obras entre los hombres y funda una historia para el hombre, un recuerdo para que el hombre lo viva en sus costumbres, en sus vidas humanas, en sus tiempos humanos, según sus filosofías que tiene en cada lugar, en cada época. Esta memoria fundante va en contra de la Tradición de la Iglesia, porque la tradición -para ellos- no nos da las Palabras exactas de Jesús, las obras exactas de Jesús, la vida exacta de Jesús, sino un móvil para hacer lo que hizo Jesús en su tiempo. La Tradición, -para el que sigue esta filosofía-, es sólo un movimiento que pone en marcha unas palabras de Jesús, unos ritos que hizo Jesús, pero no la Verdad transmitida de generación en generación a través de los Apóstoles y los discípulos del Señor.

La memoria fundante se basa en algo concreto que hizo Jesús en el pasado. Y, por eso, hay que investigar el pasado y ver realmente cómo vivió Jesús, cómo vivieron los Apóstoles, cómo vivió la Virgen María, qué hizo la Iglesia en sus comienzos. Y de esa investigación sacar una verdad para seguirla y construir un futuro apoyado en esa verdad.

La memoria fundante es un trabajo científico para analizar la vida de Jesús, para llegar a lo concreto de esa vida y así fundamentar el presente y dar un camino para el futuro. Por eso, el trabajo de tantos teólogos católicos durante cincuenta años, desde el Concilio Vaticano II, que se han hecho protestantes porque han destrozado el Evangelio con su entendimiento humano queriendo buscar esta memoria fundante.

La fe de muchos se ha apagado por la gran cantidad de doctrina errada que hay en la Iglesia, por este inútil querer investigarlo todo del hombre. Cuando la razón quiere ir por delante de la fe, entonces siempre se equivoca en el camino. ¡Cuántos errores se han difundido por esta doctrina de la memoria fundante!. Es lo que dice la Virgen al P. Gobbi: “Se enseñan y difunden los errores, mientras se niega con toda facilidad las verdades fundamentales de la Fe, que el auténtico Magisterio de la Iglesia ha enseñado siempre y defendido enérgicamente contra cualquiera herética desviación. Los Obispos mantienen un extralo silencio y ya no reaccionan” (La Gran Apostasía. 11 de junio 1988).

Esta filosofía de la memoria fundante es la de los protestantes, la cual sigue Francisco en su encíclica y muchos sacerdotes y Obispos de la Iglesia Católica. Y siguiendo esta filosofía de la memoria fundante anulan la Tradición de la Iglesia, el Evangelio de Jesús, los Dogmas de la Iglesia, el Magisterio Auténtico de la Iglesia y cualquier verdad humana o divina. La fe es sólo un recordar el pasado, un traer cosas del pasado, un hacer del pasado algo nuevo en el presente y que sirva para el futuro.

Dios da el don de la fe al hombre y el hombre lo funda en su historia. Es lo que dice Francisco. Y, a partir de esa fundación, entonces viene la memoria de esa fundación, el recuerdo de lo que se fundó. La fe ya no es un don de Dios a cada alma, sino que hay que buscarla en esa fundación, hay que buscarla en la Iglesia, hay que investigarla entre tantos conocimientos de Dios y de la Iglesia que han traído los Papas y los Santos Padres durante siglos. Hay que ver en cada Santo dónde esta esa fundación, esa memoria fundante. Por eso, Francisco sólo sigue de los santos lo que le interesa a su conocimiento humano y aquello que no le gusta lo desprecia del santo. En sus últimas declaraciones habla de eso cuando nombra a San Agustín.

Francisco, como ya apuntamos en otra entrada, niega que Dios hable a las almas, se comunique con las almas, que las almas puedan recibir la Fe de Dios, sino que deben buscarla en la Iglesia, porque la Iglesia es madre de la fe (n. 37 – 39), es la que engendra la fe.

Jesús, para Francisco, es el que fundó la Fe, no es el que da la Fe a los Apóstoles.

Jesús fundó un estilo de vivir, un estilo de pensar en Dios, un estilo de obrar el bien. Para Francisco, Jesús no es una Persona Divina, sino sólo un hombre con una persona humana que funda su pensamiento humano y que enseña su pensamiento humano a los Apóstoles. Y ellos sólo desarrollan ese pensamiento humano según sus vidas humanas, según sus filosofías humanas, según sus costumbres humanas.

La memoria fundante, para Francisco es una especie de espacio de vida, de luz, de plenitud donde es posible la experiencia de la verdad encontrada sólo con la razón humana. Y, por eso, para Francisco no se da la Revelación de la Verdad, sino sólo experimentar las verdades de los hombres en sus tiempos concretos de sus vidas.

Para Francisco hay que confesar esa memoria fundante fieles a la memoria del Señor, no fieles a Su Palabra, a Su Evangelio, sino a lo que Jesús fundó cuando vivió en la tierra. Y eso que fundó hay que investigarlo, porque muchas cosas se han olvidado y se han perdido después de tantos siglos. Por tanto, Francisco destruye la Obra de Jesús, que es la Iglesia. La Iglesia, para él es sólo una memoria fundante, un pensamiento de Jesús de cómo unir a los hombres para un bien común que aproveche a todos los hombres en sus vidas humanas, en sus tiempos humanos. La Iglesia transmite el contenido de la memoria fundante (n. 40) que va a engendrar el bien común para todos (n. 50 y sgs.). Pero la Iglesia no es lo que Jesús edifica en Pedro. Cristo fundó Su Iglesia sólo sobre la fe de Pedro. Jesús sólo rogó por Pedro para que su fe permaneciera íntegra. Sólo a Pedro, el Señor confió la misión de confirmar en la fe a sus hermanos. El Señor no confió la misión de confirmar la fe a la Iglesia, a los teólogos, a los sacerdotes, a los Obispos, a los estudiosos de la vida de Jesús, a los que quieren coger datos del pasado para hacer la novedad del futuro del hombre. Sin Pedro, la Iglesia se cae de la fe, que es lo que vemos con Francisco. Al ser un Anti-Papa destruye la Verdad que da la Fe y hace de la Iglesia una ruina porque en ella se dan cantidad de pensamientos humanos, de sentimientos humanos, de obras humanas que no sirven para nada.

Entonces, la Iglesia se convierte en madre de todos los hombres, porque la fe es una madre. Porque la fe se ha convertido en un trabajo del pensamiento humano, ya no es una vida, una obra divina. Esta herejía de que la fe es una madre, la Iglesia es una madre, es lo propio de la Nueva Era.

Para la Nueva Era la madre es la madre tierra, lo humano, lo material, lo carnal, lo natural, de donde salen todas las energías para el hombre, todas las verdades para la vida de los hombres. Hay unirse a la madre tierra y así engendrar en cada uno la verdad. Hay que unirse al pensamiento de los hombres, de los sabios humanos para caminar en la verdad de la vida. El hombre es lo que importa en la fe.

La fe no es una madre que engendra la vida divina, como enseña Francisco, sino que la Fe es un don de Dios que transforma al hombre viejo en hombre nuevo: “quien no naciere de agua y Espíritu no puede entrar en el Reino de los Cielos”, porque “lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es” (Jn 3, 5b-6). “despojaos… del hombre viejo y revestiros del hombre nuevo” (Ef 4, 22a-23a).

El don de Dios, que es la Fe, no es algo humano, un pensamiento humano, algo carnal, un sentimiento humano, que da lugar a una verdad conocida en ese pensamiento, en ese sentimiento. Y, por tanto, esa verdad engendra una vida, un estilo de vivir la vida. La fe no engendra la vida divina. La fe transforma la vida en el Espíritu. La fe hace nacer a la vida divina, transformando el alma de la persona en algo nuevo, algo místico, algo que la razón del hombre no alcanza. Es una transformación espiritual, no es un engendramiento racional. Hay que caminar “no según la carne, sino según el Espíritu” (Rom 8, 4). No hay que caminar según los pensamientos de los hombres, sus recuerdos, sus memorias, sus inteligencias, sus estudios, “porque los que son según la carne aspiran, (desean) las cosas de la carne, mas los que son según el Espíritu, a las del Espíritu” (Rom 8, 5). Por tanto, la Iglesia no transmite un pensamiento humano, no engendra un pensamiento humano, un estilo de vivir lo humano atendiendo a la memoria del Señor, sino que la Iglesia da al alma la posibilidad de obrar lo divino que ha transformado Dios en ese alma. Da los caminos para obrar lo divino. Nunca la Iglesia transmite la fe, enseña lo divino a las almas, enseña la auténtica Vida de Dios a las almas, pero no transmite una memoria fundante.

La Virgen María engendró a Dios, pero lo hizo por la Fe que estaba en su corazón, por la transformación de su alma al recibir el Don de Dios, que la dispuso en todo su ser para engendrar a Dios. Lo que engendra la Virgen María no es la Fe, no es el producto de su fe, no es una memoria fundante, no es un recuerdo de lo que ha sido Dios en el pasado y, que se hace presente a su vida en ese momento.. Lo que engendra es el mismo Dios, que es distinto a su fe. Y eso que engendra en la carne la transforma en su alma, en su espíritu y en su corazón. Y María es Iglesia porque da a la Iglesia la misma Vida Divina que llevó en su seno virginal. La Virgen María no da a la Iglesia una serie de conocimienntos sobre Jesús, sino al mismo Dios que se hace carne en Ella.

Francisco habla de que la fe engendra verdades. Y eso va en contra de todo el Dogma, de toda la Tradición de la Iglesia, del Evangelio de Jesús. La Fe transforma vidas humanas en divinas. La fe no da un pensamiento bello de la vida, un sentimiento agradable de la vida, una obra buena en la vida.

La fe no engendra la vida divina, sino que hace vivir la vida divina transformando el corazón del hombre. Es un nacimiento nuevo.

Por eso, cuando la Fe se pone en que es una madre que engendra, entonces se dice que los hombres tienen que acudir a todo lo carnal, a todo lo humano, a todo lo material, para encontrar la energía que da valor a su existencia humana, la verdad que reluce en su vida humana. La madre tierra de la nueva era es una energía interior producida en la mente de cada uno, recordando cada uno lo bueno que tiene para darlo a los demás. Esta es la enseñanza de Francisco en su encíclica. Una enseñanza de la mentira, de la herejía que nadie combate en la Iglesia, que todos aplauden y justifican porque no quieren luchar, oponerse a Francisco. Le tienen miedo, porque saben lo que significa ir en contra de la cabeza de la Iglesia. Han perdido su fe que les lleva siempre a la verdad. Y con la verdad no se juega, no se da el gusto a los hombres, no se acarician los pensamientos de ningún hombre, no se adula la necedad de ningún hombre, no se teme la estupidez de ningún hombre. Hay que levantarse en contra de Francisco y decir las cosas claritas, sin ambiguedades, sin idioteces, propias de hombres que sólo viven su vejez en el Espíritu, y que no han sabido transformarse en lo nuevo que da el Espíritu, porque su pensamiento humano lo ha impedido; sólo buscan la novedad de su razón humana, pero no la novedad de la Vida Divina en su corazón.

Quien no ponga su cabeza humana en el suelo para comprender la Verdad, que es Jesús, nunca saldrá de su estúpida vida y se dedicará a lo que hace Francisco: a lanzar herejías en sus homilías y a obrar en la Iglesia su pecado.

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