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Francisco no consagró nada a la Virgen

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

Virgen-de-Fatima1“Con renovada gratitud por tu presencia materna
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada”
.

Esta oración a la Virgen está hecha con el sentimiento humano, pero no con el corazón. No se consagra nada a la Virgen, sino que se dice que la Virgen protega a todo el mundo, a toda la humanidad, porque todos somos hermanos y todos formamos la Iglesia. Francisco da en esta oración su mente a la Iglesia. Y la Virgen rechaza esta oración de Francisco porque se pide en el pecado de orgullo. Tiene el atrevimiento de ponerse de rodillas ante la Virgen mientras la Iglesia sufre su pecado. Y todos felices por las bellas palabras que hacen de su boca el charlatán del amor universal en la Iglesia. Quien lea esta oración con fe se dará cuenta del alma tan negra que tiene Francisco en medio de la Iglesia.

Francisco llama a la Virgen Bienaventurada, pero no dice por qué. La frase se queda sin sentido. María es Bendita por dos cosas: por su Fe y por ser Madre de Dios. Su Fe la hace bendita entre todas las mujeres. Y el fruto de Su Fe la hace ser Madre de Dios. Francisco no termina lo que es necesario decir en la Palabra de Dios que se da en Lc 1, 42. Se queda en un sentimiento humano de la felicidad en el alma de María, pero no da la Verdad que está en el alma de María: su fe en el Hijo de Dios. María es Bendita porque ha creído, porque ha hecho en su corazón una obra divina de amor, porque ha dado a la Iglesia el camino del amor, porque ha dado a cada alma la vida del amor.

“Celebramos en ti las grandes obras de Dios,”

y ¿qué grandes obras son esas? No las dice Francisco. Las grandes obras que ha hecho Dios en la Virgen es solo una: Su Maternidad Divina. Y no hay más que esto en la Virgen. Esta Obra encierra todas las obras que todos los santos de todos los tiempos han hecho o harán en la Iglesia. Ninguna obra de ningún santo puede equipararse a esta Obra de la Maternidad Divina y de Ella provienen todas las obras en la Iglesia. María es el Canal de Gracias por el cual Dios da a la Iglesia el Amor. Y las grandes obras de Dios en la Iglesia provienen de la Maternidad Divina.

“que nunca se cansa de inclinarse con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.”

Esto no se entiende para qué se dice. Porque las grandes obras de Dios en María no significan inclinarse con Misericordia sobre la humanidad afligida por el Mal. De la Maternidad Divina salen dos cosas para la humanidad: la Misericordia y la Justicia. La Misericordia para dar a la humanidad un camino de salvación en Su Hijo Jesús. Un camino que no es para todos los hombres, porque muchos hombres desprecian la Misericordia. Y, por tanto, se tiene que dar la otra cosa: la Justicia Divina sobre los que desprecian la Obra Redentora de Jesús. Si sólo se habla de la Misericordia de Dios como fruto de la Maternidad Divina, entonces se da un error en la doctrina. Hay que decir más para que esa frase no se quede en el mero sentimiento que sólo da Francisco. Como él quiere que todo el mundo se salve, entonces aplica la Misericordia para todo el mundo.

“Acoge con benevolencia de madre
el acto por el que nos ponemos hoy bajo tu protección
con confianza, ante esta tú imagen
tan querida por todos nosotros.”

Este acto no es un acto de consagración sino de protección a la Virgen. Para consagrarse a la virgen es necesario ofrecer todo el corazón a Ella antes de pedir su protección materna. Hay que expresar con palabras lo que se da a la Virgen: la mente, la voluntad, los deseos humanos, las obras humanas, el corazón, el espíritu, la vida humana, todo lo que se quiera consagrar. Por eso, se llama consagración. Y, después, se pide a la Virgen todo los demás. Francisco sólo hace un acto de protección, como se verá después.

“Estamos seguros que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos”

Seguridad presuntuosa de Francisco, porque hay muchos que no son agradables a los ojos de María. No se puede orar así en público dando una seguridad falsa, diciendo que cada uno tiene valor a los ojos de María.

“Tú eres precioso a Mis Ojos” (Is 43, 4) significa de los hombres con fe que buscan la Palabra de Dios para obrarla en sus corazones. No habla en ese pasaje de todos los hombres, sino de los dóciles de corazón a la enseñanza de Dios. Francisco dice que todos los hombres son humildes ante la Virgen y que, por eso, la Virgen los ama.

“y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.
Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.”

Vanas palabras, porque a la Virgen hay que pedirle la Gracia de seguir a Su Hijo hasta el Calvario. La Virgen no da miradas dulces a los hombres, no da sonrisas consoladoras a los hombres. La Virgen enseña a amar a su Hijo Jesús y, por eso, da a los hombre sufrimiento, dolor, humillaciones, para que aprendan el camino de su Hijo.

Francisco nos muestra una Virgen sentimental, como todos las mujeres. Y María no es como la mujer del mundo, la mujer del hombre, la mujer del sentimiento flácido, la mujer del cariño, del beso, de la caricia, del abrazo carnal.

María es la Mujer que se enfrenta al Demonio para combatir el pecado en los hombres. Y, por eso, da a cada hombre una cruz para seguir a Su Hijo. No da sonrisas. Ella se pone seria ante los hombres de este tiempo que han perdido la Fe en su Hijo Jesús. Ella muestra su cara de ira a los hombres que no saben dar en la Iglesia la Verdad, que es su Hijo Jesús. Ella no es cualquier mujer de la calle. Ella es la Mujer que triunfa de la soberbia y del orgullo con que Francisco y toda la Jerarquía Eclesiástica ha puesto en la Iglesia con su pecado de orgullo, que no ven y que no quieren quitar.

¡Qué estupideces está pidiendo Francisco, un pecador enaltecido en su pecado! ¿Y se atreve a pedir una dulce mirada de la Virgen sin quitar su pecado? ¿Pero quién se ha creído que es Francisco para pedir Misericordia sin quitar su maldito pecado antes los ojos de la Virgen? Francisco no sabe lo que está pidiendo en este acto, que no sirve para nada a la Iglesia.

“Proteje nuestra vida entre tus brazos:”

¡Qué pensamiento más orgulloso de aquel que ha hecho de la vida de la Iglesia un pastizal, una ruina al anular el Papado! ¿ Y quiere ahora que la Virgen le acoja entre sus brazos? Por favor, mayor fariseísmo imposible. ¡Qué hipocresía la de Francisco ante la Iglesia!

“bendice y refuerza cada deseo de bien;”

Error dogmático en esta frase. No hay que pedir que Dios bendiga nuestros deseos humanos, nuestras obras humanas, nuestras vidas humanas. Hay que pedir que Dios nos dé sus deseos divinos, sus obras divinas, su vida divina.

Consagrarse a la Virgen es obrar lo divino en lo humano, no es agrandar lo humano, engrandecer lo humano, es pisotear todo lo humano para poder hacer lo divino. ¡Cuánto sentimentalismo el de Francisco que lo ciega en la mentira y no da la Verdad!

“reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;”

Y hay que preguntarle a Francisco qué entiende él por fe, esperanza y caridad. Qué son para él estas tres virtudes que habla y habla mal.

La Fe se alimenta de la Palabra de Dios, la Fe se reaviva de la Palabra de Dios. Es lo que no dice Francisco. Reaviva y alimenta la Fe en la Palabra de Dios. ¿Por qué no dice Palabra de Dios? Lo deja todo sin concluir. Y, entonces, viene el error: la Fe, para Francisco, ¿de qué se alimenta?, ¿de qué se reaviva?

La Esperanza no se sostiene, sino que Ella sostiene al que cree. La Esperanza no es iluminada y no ilumina, porque el que espera tiende hacia las cosas divinas. La Esperanza es una tensión, un anhelo, un mirar constante hacia el Cielo, sin perder de vista el Cielo.

La Caridad se suscita por la intención del corazón, se anima por la Fuerza del Espíritu. ¿De qué caridad está hablando Francisco? Todo a medias. Un desastre de oración.

“Guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.”

¿Cómo puede pedir esto un pecador que no quita su maldito pecado de en medio de la Iglesia?. Y, entonces, hay que preguntarse qué significa para él el camino de la santidad. ¿Hacía qué camino quiere que la Virgen le guíe en la Iglesia si no lucha Francisco contra el pecado que hay en la Iglesia y que es lo que impide la santidad?

“Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres,”

La Virgen sólo tiene amor de predilección por sus hijos Predilectos, que son los sacerdotes. Y, en sus hijos, Ella ama, con otro amor a los demás. Y la razón: su Maternidad Divina, por la cual sólo los sacerdotes tienen el privilegio, entre todas las almas de amar a María por encima de todos los hombres. Un sacerdote puede alcanzar tan alto grado de amor por todos los hombres porque la Virgen le da su mismo amor con el que amó a Su Hijo. Y eso no lo puede alcanzar ninguna otra alma que no sea sacerdote.

“hacia los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y por los que tienen el corazón perdido:”

los pequeños y los pobres, los excluidos y los que sufren, los pecadores y lo que tiene el corazón perdido no son amados por la Virgen con un amor de predilección. Hay que saber lo que se está pidiendo a la Virgen para no pedir estupideces como hace Francisco.

“reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales
a tu Hijo Predilecto, el Señor Nuestro, Jesús.”

Este acto de consagración que hizo Francisco no vale para nada porque no se consagra nada. Sólo se piden cosas a la Virgen, y punto y final. En verdad, que a Francisco lo aman por ser estúpido. Y no por otra cosa. Pero quien tenga sabiduría, se da cuenta que este necio no merece ningún amor de nadie.

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