Lumen Mariae

Inicio » adoracion a Dios » El Fundamento de la Verdad de la Iglesia

El Fundamento de la Verdad de la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

inma

Francisco ha dividido a la Iglesia en la Verdad. Y esto es muy grave. Porque no se tratan de cuestiones filosóficas, científicas, humanas, naturales. Se trata de un planteamiento espiritual de lo que es la Iglesia.

Y la Iglesia tiene una base, un fundamento: Cristo y Su Vicario en la tierra.

Y de este fundamento, de esta Verdad, nacen las demás verdades en la Iglesia. Se quita esta Verdad y la Iglesia desaparece.

La primera división es quitar el Papado y, por consiguiente, se quita el Vicario de Cristo. Ya el Papado es la reunión de un Papa con 8 cabezas que lo siguen. Ya el Papado no es el Papa y el sometimiento de los Obispos al Papa. Ya los Obispos tiene voz y voto para hacer en la Iglesia lo que ellos quieren, sin someterse al Papa, porque se ha visto en una mesa redonda.

Esta es la consecuencia del gobierno horizontal. Consecuencia clara, que todo el mundo la ve, pero que nadie dice nada, nadie se opone a ese gobierno horizontal, por miedo, por ignorancia, por estar de acuerdo con la mentira de Francisco.

Francisco ha dividido el fundamento de la Iglesia: “sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia”. Jesús edifica Su Iglesia -no la Iglesia- sobre el Papado. Sobre Pedro, unido al Espíritu de Cristo en la Cabeza de la Iglesia. Cristo y Pedro son las únicas cabezas de la Iglesia. Una de ellas es invisible, -la de Jesucristo-, otra es visible, palpable, humana, natural, -la del Vicario de Cristo.

Francisco destruye esta Verdad. No es que ponga un gobierno consultivo, es que pone un gobierno de ocho cabezas, que no hacen falta para nada para edificar la Iglesia. Para gobernar la Iglesia: Cristo y su Vicario. Y nadie más. Los demás, en obediencia al Papa y a Cristo.

Como Francisco pone ocho cabezas, más la de él, es decir, nueve cabezas, viene la confusión en toda la Iglesia. Viene el desorden, la oscuridad y el pecado en toda la Iglesia. No sólo en unos miembros de la Iglesia que no les gusta Francisco y su desorden, sino en todos los miembros de la Iglesia.

Ahora la Iglesia lucha por lo que deciden ocho cabezas, pero no lucha por lo que decide Jesucristo, como Cabeza Invisible de la Iglesia.

Jesús, como Cabeza de la Iglesia, sólo se comunica con su Vicario en la Tierra. Y sólo con él. Jesús no se comunica con las ocho cabezas del gobierno horizontal.

Este es el error dogmático de la Jerarquía Eclesiástica, que muchos Obispos no ven, porque quieren la colegialidad, quieren estar en el gobierno de la Iglesia, pero sin la obediencia al Vicario de Cristo. Y les conviene este gobierno horizontal para dar rienda suelta a todas sus soberbias, todas sus prepotencias, toda su lujuria espiritual o presunción de la verdad.

El Espíritu de Cristo se da al Vicario de Cristo, no a ocho cabezas, a ocho purpurados, a ocho Obispos. Por eso, el gobierno horizontal es sólo un muñeco de Satanás. Y no es otra cosa.

El Espíritu de Cristo es el Espíritu de la Iglesia. Y sin este Espíritu, la Iglesia no puede caminar, no puede vivir, no puede obrar la Verdad, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, Jesús.

La Verdad no la tienen las ocho cabezas del G8, porque la Verdad no se da en la Iglesia a través de ocho cabezas, sino a través del Vicario de Cristo, de una cabeza humana. Y, cuando alguien que se sienta en la Silla de Pedro, pone lo contrario al fundamento de la Iglesia, que es la verticalidad, entonces ese alguien ya no es Vicario de Cristo, ya es un Anti-Papa.

Ningún Papa ha puesto un gobierno horizontal, consultivo, en la Iglesia. Ninguno. Porque todos han estado unidos al Espíritu de Cristo y, al ser humildes, han seguido lo que el Espíritu de Cristo les ha puesto en sus corazones. Durante 20 siglos el Espíritu de Cristo ha guiado a la Iglesia por la misma Verdad: sólo hay una cabeza visible en la Iglesia, el Vicario de Cristo, sólo una cabeza. No hay más cabezas. Y esta Verdad, que es una Verdad Dogmática, una Verdad que nace del Evangelio, de la Palabra de Dios: “sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia”, es lo que ha anulado Francisco al poner el gobierno de ocho cabezas.

Y, ante esta gravedad de lo que ha hecho Francisco, uno no se puede callar. Han quitado el fundamento de la Iglesia en el Papado. Y, entonces, ¿que la vida siga, porque la vida es bella? ¿Comamos y bebamos que mañana moriremos?

Hay que hablar claro y, no sólo hablar, hay que enfrentarse a Francisco, porque ya a Francisco no se le da ningún respeto, ni siquiera como sacerdote. Un sacerdote que peca y se arrepiente de su pecado, merece el respeto de la Iglesia. Pero un sacerdote, un Obispo que peca y que no se arrepiente de su pecado, sino que pone en la Iglesia su pecado para que todos lo sigan, entonces no merece respeto ni obediencia.

La obediencia, en la Iglesia, es, al mismo tiempo, a Cristo y al Vicario de Cristo. Es una obediencia en la Cabeza de la Iglesia, porque Cristo dice Su Voluntad al Vicario de Cristo.

Pero la obediencia, en la Iglesia, no es sólo al Vicario de Cristo, como muchos promulgan y defienden, y se olvidan que la Iglesia es la Obra del Espíritu de Cristo, no es la obra de los hombres, no es la obra de lo que piensan los hombres.

Como hoy se sigue la doctrina protestante sobre la Fe, entonces se dice que el Vicario de Cristo es el que da la palabras de Jesús, las obras de Jesús, lo que hizo Jesús en su vida, pero las da según su interpretación personal de su visión de Cristo. No las da unido al Espíritu de Cristo.

Y, entonces, viene la herejía: como hay que seguir dando las palabras de Jesús -como hay que recordarlas-, pero hay que darlas según los tiempos de los hombres, según las filosofías de los hombres, según las necesidades de los hombres, según el gusto de cada cual. Y aquí se cae en el pecado de orgullo: como hoy hay tantos problemas humanos en la Iglesia, problemas que vienen de la situación de muchos que viven en sus vidas el pecado (divorciados, homosexuales, etc), hay que resolver esos problemas humanos para que la Iglesia vaya caminando en un mundo nuevo, en un mundo que se rige por otra mentalidad, por otro estilo de entender la vida, por el pensamiento de los hombres. Y, por eso, el pecado de tanto miembros de la Iglesia es sólo una cuestión social, una esclavitud social, de la cual la Iglesia tiene que liberarlos de alguna forma. Y, por eso, hay que abrir la mano a los divorciados, a los ateos, a los homosexuales, a los pecadores que quieren seguir pecando, que quieren vivir en su pecado dentro de la Iglesia, pero que no pueden hacerlo porque eso un problema humano, social, político, en la Iglesia.

Este es el pecado de orgullo: primero el pensamiento del hombre para resolver los problemas de los hombres. Y segundo, poner ese pensamiento del hombre por encima del Pensamiento Divino, de la Ley Divina. Buscar una manera de no cumplir la Ley Divina que nadie comprenda que está faltando a esa Ley divina. Es el juego de las palabras humanas de que hace alarde Francisco en todas sus homilías, en todas sus declaraciones, en toda su palabrería en la Iglesia.

Cuando se plantea así la situación de la Iglesia, entonces cae la obediencia, porque ese planteamiento se aparta del Espíritu de la Iglesia.

La Iglesia está para liberar del pecado a las almas. La Iglesia no está para liberar de los problemas sociales, humanos, económicos, políticos, a las almas. El Evangelio no está para eso: Jesús viene a salvar a los pecadores, a perdonar el pecado de los pecadores; no viene a dar dinero, ni trabajo, ni para ensalzar el pecado de nadie en la Iglesia. Jesús se opuso a todo hombre que no quería quitar su pecado. Y en eso consiste la Misericordia.

Las Misericordia no es dar un dulce al hombre, sino una cruz al hombre, para que aprenda lo que es su pecado y aprenda a salir de su pecado por el único camino que puede salir, que es la Mano de Jesús.

Jesús ofrece su mano a todo hombre, pero no levanta de la miseria a todo hombre. Jesús da Su Misericordia a los que ven su pecado y se arrepienten de su pecado. A los demás, Jesús los deja en la Justicia de Dios, porque eso es lo que ellos han elegido para sus vidas: su pecado.

Como hoy no se enseña esta Verdad, entonces tenemos la falsa misericordia, la falsa compasión de Francisco por los pecadores. Falsa compasión que nace de su concepción de la Fe, de su herejía de la Fe, que bebe en las aguas del Protestantismo, que es verlo todo como una memoria, un recordar lo que es Jesús, sin unirse al Espíritu de Jesús.

Por eso, no puede darse la Obediencia a Francisco, no sólo por ser un Anti-Papa, sino porque ya no tiene los honores de Obispo, al no reconocer su pecado en la Iglesia. No se puede obedecer a quien quiere seguir su pecado y hace todo lo posible para que se pecado se obre en la Iglesia. No se puede hacer el juego a Satanás.

Y esta Verdad es la que no se predica desde la Jerarquía de la Iglesia. Todos callan porque todos quieren lo que pregona Francisco: dinero y poder en la Iglesia. Pero nadie hace nada para salvar un alma. Todos buscando dinero para salvar la vida económica de los pobres, de los jóvenes, de los ancianos. Y eso no es hacer Iglesia. Eso es sólo construir la nueva iglesia montados en el poder que da la Silla de Pedro.

Anuncios

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: