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Satanás: maestro de la mente

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Satanás presenta sus mentiras escondidas en lo que parece ser amor. El hombre busca el amor, pero no el amor verdadero, sino una figura del amor, un sentimiento del amor, una esencia malformada del amor.

Y, para esto, Satanás necesita poseer la mente del alma, de controlar la mente del alma. Y usa antiguas prácticas paganas, que son la esencia del espiritualismo del oriente.

Toda práctica que enseña a llevar el estado mental a un vacío, a un olvido, a poner la mente en blanco, para así conseguir una paz, una tranquilidad, es lo propio de la posesión demoniáca en la mente de la persona.

De esta manera, sin que la persona lo sienta, en silencio, queda poseída por Satanás. Y la razón es que Satanás es un espíritu de la mente. No es un espíritu de la voluntad, de la obra, de la libertad, de la conciencia. Satanás sólo actúa en la mente de la persona. Y, obrar en la mente, sólo necesita que la persona lo invoque con su mente.

Todas las prácticas que enseñen frases, palabras, mantras, están enseñando el culto a Satanás. Ahí empieza la adoración al diablo. El diablo no es sólo Satanás. Es su corte regia: Satanás, Lucifer y Belcebú.

Cuando el Evangelio nombre al diablo, nombra a estos tres espíritus, que forman un uno en la esencia del diablo.

Satanás se apodera de la mente y lleva a la persona de idea en idea hasta la obra que el diablo quiere.

Esa idea es algo machacona, es como un pensamiento fijo, que se hace ideal de vida, norte de vida, imán en la vida.

Por eso, hay muchos poseídos por Satanás que viven para sus pensamientos y sólo para sus pensamientos en la vida. Son hombres que se convierten en fariseos de la vida, en querer ser ejemplos para otros de un ideal humano, de un plan humano, de una conquista humana. Y viven sólo para eso, sin importar el mal que hagan, el pecado que obren, la maldad de su corazón.

Satanás esclaviza a los pensamientos del diablo. Pone en la mente del hombre sus pensamientos y, entonces, la persona termina viviendo el pensamiento del diablo. Y esta posesión es tan real como invisible. Nadie se da cuenta de que esa persona está siendo llevada por el demonio. Nadie. Porque lo que pasa en el pensamiento del hombre nadie lo ve, nadie lo entiende, nadie se da cuenta de lo que piensa el hombre. Y, por eso, esta posesión en la mente no tiene una forma externa de verse. No se da en el cuerpo, como los energúmenos del Evangelio.

yoga

Muchos hombres están hambrientos de una guía espiritual y caen en muchas prácticas paganas que invocan al diablo. Van buscando una armonía, una paz en su corazón, y se dejan arrastrar de la oscuridad del espiritismo.

Los cristales, la meditación o energía mental en la oración para sanar, el reiki, el yoga, la acupuntura, el tarot, los guías espirituales del budismo, del taoísmo, la metafísica, los sanadores espirituales, la sanación pránica, la aplicación de ceniza bendita (vibhuti) o de agua bendita, sanar con mantras, y tantas cosas más que ahí por ese mundo, son sólo iniciación para alcanzar el culto a Satanás en la mente. Y así ser llevados a esos estados mentales en que la persona es instruida por el diablo para obrar lo que él quiere en el mundo.

Muchos buscan un Maestro Ascendido para aprender la perfección humana y ponerse por encima de todos los hombres y así tener la sabiduría de la vida.
Esos Maestros Ascendidos son sólo los ángeles caídos, los demonios que, siguiendo a Lucifer en su pecado, son como él en el pecado de orgullo, que es ponerse por encima de Dios. Por eso, cada Maestro Ascendido invita al hombre a ponerse por encima de Dios y a reconocerse Dios.

Estos Maestros Ascendidos hablan de la luz divina, del conocimiento divino y son sólo la oscuridad del infierno, la maldad del infierno, la obra del infierno en el alma.

Cualquier práctica que enseñe la confianza en sí mismo, la autoestima, el control sobre los sentimientos, sobre las pasiones, sobre los pensamientos, está poniendo el camino para meterse en la escuela de estos Maestros.

Todas estas prácticas son mostradas al hombre como inofensivas, como algo que el hombre tiene que hacer en su vida para sentirse bien. Por eso, los hombres se acomodan tan fácilmente al pecado en sus vidas, porque todas esas prácticas espirituales del paganismo son sólo pecado, vida de pecado, cómo vivir en el pecado. Se presenta el pecado como un bien en la vida. Y ya no se deja el pecado porque se vive para ese pecado.

Hoy no se enseña esto desde la Iglesia. En Roma se habla del pecado y no se dice nada. Se dan voces contra el pecado y no se nombra los pecados que todo el mundo hace hoy con esas prácticas espiritistas. Y ¡cuántos van a comulgar después de una sesión de yoga! Después de despachar con el demonio, se sientan a recibir al Señor como si nada hubieran hecho.

Satanás actúa en la mente de la persona sin que ésta se dé cuenta, en silencio. Y, por eso, es tan difícil salir de esta posesión. Porque todas esas prácticas paganas son una posesión real. No es un juego en la vida. Hay que hacer exorcismos para quitar esas posesiones.

Pero como hoy los sacerdotes ya no creen en el poder que tienen en su sacerdocio, porque viven para ganar dinero y tener un poder en la Iglesia, entonces, dejan a las almas poseídas por Satanás. Nadie en la Iglesia vela por la salud de las almas. Todos velan para que el pobre tenga un dinero, el joven un trabajo, el anciano un cariño humano. Esa es la iglesia de Francisco, que no es la Iglesia de Jesús.

Francisco se la cae la baba cuando dice que en los pobres está Cristo con sus llagas y que hay que reparar esa falta material de ese pobre. Y Francisco no es capaz de hacer un exorcismo para quitar la llaga de la posesión demoniáca, porque no cree en el demonio. Cree en lo que ha leído del demonio en la Biblia. Y lo explica con sus palabras. Y nada más. No sabe hacer más. No conoce el juego del demonio en las almas ni en la Iglesia. No sabe llamar a su elección a la Silla de Pedro la elección de Satanás sobre su persona. No sabe llamar al gobierno horizontal la obra de Lucifer en la Iglesia. Y no sabe entender su vida como el augurio de Belcebú en su mente y en su voluntad humanas.

Quien no percibe la acción del demonio en su interior, tampoco ve lo que hace el demonio fuera de él, en la vida de los demás, en la Iglesia, en el mundo entero. Y se contenta con predicar sus palabras sobre el demonio. Y no más, porque no sabe hacer más que repetir lo que en su memoria está.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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