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Por sus obras los conoceréis

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Muchas personas todavía no han comprendido lo que está pasando en la Iglesia.

No captan la gravedad de los acontecimientos que han surgido desde la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Se ha presentado esa renuncia como un derecho del Papa. Y eso es una mentira. Y el propio Papa Benedicto XVI ha tenido que mentir a toda la Iglesia, y no ha podido decir la verdad porque hay un poder en la Iglesia por encima del Papa. Un poder dictatorial, distinto del Poder que tiene el Papa, recibido de Dios.

Un poder de los hombres, escondido en la Iglesia desde siempre, pero que actúa en contra del Poder del Papa.

Y ante esta verdad, no se puede decirla como es, porque ese poder mata, aniquila, destruye. No es un poder benigno que lucha en la Iglesia para poner una idea. Es un poder maligno que se alimenta de odio contra la Iglesia y que busca todos los caminos para impedir que la Iglesia sea lo que Jesús quiere.

Y, por eso, hay que leer la historia de la Iglesia bajo esta perspectiva de la existencia de un poder humano, dictatorial en Ella.

Este poder humano es el castigo del Padre a la Iglesia por haber matado a Su Hijo.

Fue el poder político de entonces el que juzgó a Jesús y lo condenó. Y la Iglesia, los Apóstoles y los discípulos, fueron los que abandonaron a Jesús a merced de este poder humano.

El poder humano no tiene derecho a juzgar a la Iglesia, ni las cosas divinas que están en la Iglesia. Y no tiene derecho porque el poder humano nace de la razón humana. Y la Iglesia no se rige por la razón humana, sino por la Mente Divina: el Pensamiento del Padre, la Palabra del Hijo, el Amor del Espíritu Santo. Esos tres forman la Mente Divina.

Porque el hombre, con su razón, juzgó a Jesús ,y nadie le dio un refugio, nadie le defendió, nadie le importó su muerte, entonces la Justicia Divina pone en la Iglesia, que es Su Iglesia, la que estableció Jesús en la Roca de la Verdad, este poder humano, movido por el demonio, para purificar a la Iglesia de su pecado en contra de Jesús, que es Su Cabeza.

El pecado de Pedro, la negación de Pedro, trae este castigo a toda la Iglesia. Si Pedro no hubiese negado al Señor, entonces lo habría defendido y la Iglesia sería otra cosa distinta a lo que hemos visto en 20 siglos de Iglesia.

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Pero Pedro negó a Su Maestro, se arrepintió de su pecado, pero queda expiarlo. Y se expía de la forma que el Señor quiere. Por ser el pecado del Vicario de Cristo, de la Cabeza Visible de la Iglesia, la Iglesia tiene que soportar la presencia de otro poder que guerrea continuamente contra el Vicario de Cristo. Por eso, hay que leer la historia de la Iglesia mirando también este poder humano, que no se muestra, que está oculto, pero que lo mueve todo para impedir que las almas vivan la Fe de la Iglesia, que es la Fe en Cristo Jesús.

Por tanto, cuando un Papa renuncia a su cargo, hay que ver la razón de esa renuncia, la razón que da el Papa a toda la Iglesia. Y una vez que se da esa razón entonces se juzga el acto del Papa.

El Papa Benedicto XVI sólo da una razón material, humana, carnal: su salud. Esa razón no sirve para renunciar a la Elección de Dios sobre él. Y, entonces, viene el juicio: el Papa sigue siendo Papa, porque no ha dado una razón divina.

Sólo Dios quita un Papa. Nadie más. Sólo Dios une en el sacramento del matrimonio. Hasta la muerte están casados. No vale el divorcio, no vale la separación. Lo que Dios ha unido nadie lo separa, nadie lo quita. No hay razón humana para dejar el matrimonio. No hay excusa. E igual vale para el sacerdocio y para el Papado.

Dios llamó a Benedicto XVI a ser Papa. Esa elección divina es hasta la muerte. Y ya el hombre puede decir lo que quiera del Papa, puede presionar lo que quiera al Papa, puede matarlo o lo que quiera hacer, Dios elige a un Papa hasta la muerte. Y si Dios quiere quitarlo, el Papa tiene que dar la razón divina de eso. Y Dios no dio ningún razón al Papa para irse. El Papa puso su mentira y nada más. El Papa está obligado a dar esa razón divina. Y si no puede darla, tiene que hacer lo que hizo Gregorio XII, cuando se le pedía renunciar al Papado: huir y que otro leyera la renuncia. Y, entonces, el Papa no peca.

Ese poder humano en la Iglesia es ahora cuando se ha destapado y se le ve a las claras. Y es lo que las personas no acaban de ver.

Toda la Iglesia se ha movido para poner un Papa mientras vive el anterior. Y lo ha hecho bajo el dominio de ese poder político. No lo ha hecho por Voluntad de Dios, porque la Fe dice: mientras el Papa vive, no se puede elegir otro Papa. Si se elige, ese Papa es un Anti-Papa. Ahí tienen la historia de la Iglesia con los Anti-Papas.

Nunca un Anti-Papa sale de la elección divina. Un Anti-Papa sale de la elección de los hombres.

Y aquí está el engaño en que ha caído toda la Iglesia: todos han montado el número de un nuevo cónclave, poniendo cantidad de razones para elegir un nuevo Papa, mientras el anterior sigue vivo. Este es el teatro de la Jerarquía de la Iglesia. En ese teatro, en es cónclave, no estaba el Espíritu Santo, porque el Espíritu no llamó a la elección de un nuevo Papa. Fueron los hombres, impulsados por ese poder político, los que entraron en ese cónclave y pusieron su Anti-Papa.

Ese Anti-Papa, -que es ahora Francisco-, es sólo la figura del Papa, la imagen del Papa, lo exterior del Papa, lo material del Papa, pero sin lo espiritual: no tiene el Poder recibido de Dios. Tiene el poder político, que en la Iglesia siempre ha estado escondido, y que ahora se revela a las claras al mundo.

Y es lo que hace Francisco en su reinado: mostrar este poder político, este poder humano. Y nadie se ha dado cuenta de ello. Un Papa verdadero no hace lo que hace Francisco. Un Papa verdadero es prudentísimo en el hablar. Y ¿dónde está la prudencia en Francisco? En ninguna parte. Un Papa verdadero obra en la Iglesia como la Iglesia ha enseñado desde siempre. Y ahí están sus obras en la Iglesia, que no son las obras de un Papa, sino de uno que se viste como Papa. Y no hay más.

Y Francisco es el primero entre muchos reyes. El sólo tiene que poner lo que ha puesto en la Iglesia: el gobierno horizontal. Una mesa redonda donde se discuten de muchas cosas, pero no se hace nada para la Iglesia. Se hace todo para el poder político ya constituido en la Iglesia y que va a obrar en consecuencia. Ya no va a obrar ocultamente, como en 20 siglos de Iglesia. Ahora es a las claras. Y, por eso, viene lo peor.

Mientra Francisco sigue en su juego dando discursos bellos a la gente y haciendo que la gente no caiga en la cuenta de su gran error, la mesa redonda hace sus planes para ir desbaratando todo lo divino en la Iglesia. Y se va a empezar por las cosas pequeñas, pero que duelen a la Iglesia. Y de las pequeñas se va a llegar hasta suprimir el Sacrificio de la Misa. Porque todos siguen la concepción de la fe en Francisco.

La fe para Francisco es sólo una memoria, un recuerdo, un pensar sobre lo que pasó en el pasado, para sacar ideas y entender lo que se hizo en el pasado, y así formar un futuro, con esas ideas, con ese entendimiento del pasado. Esto va en contra de la Fe Divina. Francisco es sólo un hombre sin fe, que se ha inventado la fe y la forma de estar en la Iglesia haciendo lo que hace, pero sólo da lo material en lo que hace, no lo espiritual.

Está como Papa, pero sólo da lo material del Papado, no enseña la vida espiritual a las almas y a la Iglesia porque no tiene fe, no vive la Fe en Jesús, vive sólo su recuerdo, su inteligencia, su pensamiento de lo que hizo Jesús. Por eso, él no consagra, no bendice, no hace nada espiritual en la Iglesia. Habla de Dios, de la Virgen, de Jesús, de la Iglesia, de muchas cosas, y no da el Espíritu de esa Palabra. Sólo enseña su forma de entender todo eso. Una forma que le viene de su falta de Fe absoluta. No es que tenga un poquito de Fe. Es que no tiene nada.

“Por sus obras los conoceréis” (Mt 7, 25), no por sus palabras. Por las obras de su corazón. Y Francisco tiene un corazón para el hombre, para el mundo, para el demonio, pero no para Dios.

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