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La herejía de la Fe en Francisco

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El Reino de la Paz

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elpadreeterno“¡La incredulidad, la indiferencia, el materialismo y el orgullo humano han hecho de tal modo, que muchos, repito, “muchos” no hayan querido aceptar mis advertencias; las han dejado caer en el vacío o se han burlado de ellas juzgándolas como frutos de demencia o de manía religiosa, haciéndose así culpables ante Dios de haber sofocado en ellos mismos la luz de la inteligencia y de la fe, por esto inexorablemente perecerán! Se hace excesivo mal uso de la inteligencia, el maravilloso don dado por Dios al hombre para la búsqueda de la verdad, ya que el hombre ha sido creado para la verdad… Yo soy la Verdad… verdad olvidada, no deseada y tantas veces incluso escarnecida y ofendida… y lo mismo se diga de la fe, muerta en el corazón de tantos hombres que rehúsan creer en Dios, Verdad absoluta y eterna, para creer en los hombres, verdaderos ídolos de arcilla, a los que basta el lanzamiento de una piedrecita para hacerlos derrumbarse…¡Oh estupidez y ceguera humanas, cuán deplorables sois! Hijo, creer, esperar y amar firmemente, he aquí la clave de la salvación en el tiempo y en la eternidad (Michelini)

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Francisco dice en su encíclica sobre la Fe: “Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el « yo » del fiel y el « Tú » divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al « nosotros », se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia”.

Esto es sencillamente una herejía bien construida.

Esta frase viene de su pregunta: “¿Cómo podemos estar seguros de llegar al «verdadero Jesús» a través de los siglos? Si el hombre fuese un individuo aislado, si partiésemos solamente del « yo » individual, que busca en sí mismo la seguridad del conocimiento, esta certeza sería imposible. No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distante de la mía”.

Para Francisco es imposible que una persona tenga fe por sí misma, que pueda creer en Jesús aisladamente, porque la persona no encuentra la certeza en sí misma, sino que tiene que encontrarla en otro. Y concluye: “No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distante de la mía”.

La fe la pone Francisco dentro de la comunión de la Iglesia, porque dice que la fe, por su propia naturaleza, se abre al nosotros, a una comunión de fieles, de hombres, que es la Iglesia. Por eso, Francisco dice que “La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe”.

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La fe es para el individuo, no es para la Iglesia: «Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et spes). Por eso, dice el Beato Juan Pablo II: “Fuera de esta perspectiva, el misterio de la existencia personal resulta un enigma insoluble. ¿Dónde podría el hombre buscar la respuesta a las cuestiones dramáticas como el dolor, el sufrimiento de los inocentes y la muerte, sino no en la luz que brota del misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo?”.

El hombre encuentra su sentido en la vida sólo en Cristo, porque cree en Cristo, no porque la Iglesia le enseña esa fe. Esa fe, primero, está en el corazón del hombre que se abre al Misterio. Si el hombre no se abre a ese Misterio, entonces no tiene fe y, aunque esté en la Iglesia, sigue sin tener fe. Sólo tiene conocimientos de la fe, que es lo que enseña la Iglesia. Conocimientos que vienen de la Fe -y que forman el Dogma-, pero conocimientos que no hacen la Fe en el corazón de la persona, no crean la Fe. Primero es necesario creer, después vienen los conocimientos que da la Fe, que son los Dogmas de la Fe. La Fe es para cada corazón, pero no se crea, no se origina de los conocimientos que se dan en la Iglesia o por el solo hecho de estar en la Iglesia.

La Iglesia enseña la Fe en la Palabra. La Iglesia transmite la Fe en la Palabra. Por siglos, se da en la Iglesia la misma Fe del principio, la que se dio con los Apóstoles. Y no hace falta remontarse al principio para tener fe. Para ver lo que pasó en el tiempo de Jesús, es suficiente tener fe.

Este es el problema para Francisco: como la persona no puede tener fe, no puede llegar al verdadero Jesús, porque nació hace siglos, entonces la persona necesita de una estructura, de una iglesia, de una comunidad, para tener esa fe. Ya la Iglesia no es sólo la que enseña la fe, sino la que origina la fe.

Esta es la herejía.

Jesús es la Revelación Divina. Y, como dice el Beato Juan Pablo II, en su encíclica fides et ratio, “no hay que olvidar que la Revelación está llena de misterio”.

El hombre, ante el misterio de Jesús se pierde, su razón no sabe caminar en el misterio de la Revelación. Por más que lo intente, por más que recuerde, por más que piense, la razón no comprende el misterio. Por eso, es necesario la Fe, para poder caminar en el Misterio.

La Fe es un misterio inescrutable para el hombre, para su razón. Y, por eso, el hombre necesita la ayuda del Espíritu para caminar en ese misterio. El hombre, por sí mismo, no puede caminar en el misterio, ni siquiera dentro de la Iglesia. En la Iglesia se necesita al Espíritu para explicar la Fe, -que es un misterio-, para dar a las almas la Palabra de la Fe, -que también es un misterio-, para gobernar con Fe, -que es otro misterio.

Francisco anula este misterio, porque anula el que el hombre tenga fe por sí mismo, anula la libertad del hombre para aceptar la Revelación. Y si anula esta libertad, también anula la verdad. Para Francisco, Dios no da la Fe al corazón del hombre, sino a la Iglesia. Dios no habla al hombre primero, sino a la Iglesia. El hombre, con esta concepción, pierde su libertad para ir a Dios de forma individual, porque tiene que estar esclavizado a una estructura para poder tener fe.

O se cree o no se cree. Este es el punto. Si se cree en Jesús, entonces se cree en la Obra de Jesús, que es Su Iglesia, y se hace la Iglesia para dar la Fe que Dios pone en cada alma, en cada corazón.

Pero si no se cree, entonces se hace nuestra iglesia, la que uno concibe con sus luces naturales, con sus razones naturales, que es lo que enseña Francisco. Francisco enseña su iglesia, que es la madre de la fe y del conocimiento divino. Y, entonces, se equivoca totalmente. Porque la Iglesia es Madre, pero no de la fe, sino de los corazones que reciben la fe.

«Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32). La Verdad es Jesús. Y conocer la Verdad es penetrar el Corazón de Jesús. Pero no se puede penetrar ese Corazón si el corazón del hombre no se abre en Fe a la Palabra de ese Corazón. La verdad no viene de estar en una iglesia. La Iglesia tiene que enseñar la Verdad, que es Jesús, no tiene que enseñar sus verdades, sus formas de conocimientos, que es lo que pretende Francisco en su nueva iglesia.

La Iglesia es la Madre de las almas, no la madre de la fe. La Iglesia no engendra la fe, sino que la enseña. Y la enseña porque hay almas que viven de fe, que tienen fe, que obran la fe en Cristo Jesús.

La Encíclica de Francisco es su gran herejía que nadie ha contemplado todavía. Todos ponen las herejías de Francisco en sus declaraciones a la prensa. Y tienen razón. Y, por eso, ahora se quiere lavar la cara a Francisco diciendo que el periodista no grabó la entrevista y que, por tanto, no pasa nada. Y esto no hay quien se lo crea, porque los periodistas no sólo graban, sino que toman sus notas. Y unas declaraciones tan largas, sin notas, sólo por el recuerdo de las palabras, sólo memorizando, es absurdo.

Que la Iglesia reconozca el pecado de Francisco y lo vea como, no sólo un Anti-Papa, sino como un rey Absoluto, que sólo quiere hacer su iglesia, a su manera, según su estilo de pensamientos, según su forma de vivir, según su orgullo. Y que se deje de cuentos. Porque los hombres ya estamos hartos de que nos cuenten historias baratas sobre que no se grabó la entrevista. Eso cuentos sólo se los cree los ingenuos, los que han escrito ese panfleto para acallar las voces que saltan por todos lados ante las gravísimas declaraciones de un Papa que no es Papa y que no sabe lo que significa ser Papa.

Un Papa nunca hace una entrevista así con un ateo, porque un Papa se debe a la Iglesia, no a los ateos. Y tiene la obligación de callar las cosas de la Iglesia ante los ateos, que no creen en nada, ni siquiera en su pensamiento humano.

¿Cómo un Papa da a un ateo ideas sobre la Iglesia para que ese ateo crea en lo que dice el Papa, si el ateo no cree en ninguna cosa, si lo que le interesa al ateo es sólo eso: propagar las mentiras y los engaños de los hombres? Y es lo que ha hecho Francisco buscando a ese ateo: para dar sus mentiras, sus errores, sus herejías a todo el mundo.

Pero, ¿qué cuento nos quieren contar ahora para no hacer sonrojar más la cara de la Iglesia, que ya está bastante herida con las obras de ese idiota que no sabe ser Iglesia, que no sabe hacer Iglesia, que no quiere a la Iglesia, sino que busca por todas las maneras posibles, destruir a la Iglesia?

Por esas palabras tan imprudentes de su boca tan llena de maldad, Francisco tendrá que irse muy pronto de su nueva iglesia.

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3 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Salió como “pepe” mi comentario pero quise poner “Juan Pablo”…

  2. pepe dice:

    Excelente y como siempre muy claro.
    Solamente una duda: Se dijo que la Encíclica sobre la Fe, la había hecho Benedicto XVI y la refrendaba Francisco. Esa frase analizada hoy ¿pertenece a Francisco o a Benedicto?
    Gracias.

    • josephmaryam dice:

      Benedicto XVI estaba trabajando sobre una encíclica sobre la fe. Por supuesto, que la que presenta Francisco no tiene nada que ver con Benedicto XVI. Quien lea el pensamiento de Benedicto XVI se dará cuenta que es totalmente opuesto al pensamiento de Francisco. La Encíclica es de Francisco. Que haya cogido cosas de Benedicto XVI, eso no lo sabemos. Si Benedicto XVI trabajó sobre una Encíclica nunca la deja al criterio de los demás. Puede entregar ese trabajo, pero como un estudio de la fe, no como una encíclica. El pensamiento que Francisco desarrolla en esa encíclica viene de Francisco, no de Benedicto XVI. Benedicto XVI es otra cosa muy distinta en la teología y en su propio pensamiento como hombre. A las claras se ve que eso es el producto del pensamiento de Francisco, porque Francisco es sólo un político, no un intelectual, no un teólogo. No sabe pensar, no sabe exponer la verdad, porque quiere llegar siempre a sus verdades, a proclamar lo que le interesa y por ahí siempre se pierde Francisco.

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