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Francisco: un hombre sin Fe

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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dsc6086xxx“Los hombres saben poco y reflexionan menos todavía sobre lo poco que saben. Los hombres y muchos ministros míos y almas consagradas, no consideran que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente. Débilmente creen en la sublime realidad del Misterio de la Cruz, que se perpetúa en el Santo Sacrificio de la Misa. Los sacerdotes no piensan que junto a Mí, que estoy presente en la Hostia consagrada, está mi Madre como en el Calvario, que ofrece al Padre, al mismo tiempo que a Mí, también a sí misma.Piensa, hijo, qué tremenda sorpresa será un día para muchos de mis ministros el descubrir el hecho de haber sido sólo materialmente, Conmigo y con la Madre mía y suya, protagonistas de estos grandes misterios.Reflexiona en cuántos frutos no logrados, en cuántas almas no santificadas por la ceguera culpable de muchos ministros míos.Reflexiona en los sacrilegios continuos.Mi Madre está y permanece en perfecta comunión Conmigo. En Ella se han cumplido grandes cosas. ¡Qué ejemplo es mi Madre para todos los sacerdotes! Si mis sacerdotes se inspiraran en esta perfecta comunión que interviene entre Mí y mi Madre, lucharían cotidianamente por el aniquilamiento total del propio yo.” (Michelini)

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“La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria”. La fe, para Francisco, es una memoria. Y esta conclusión le viene por afirmar: “Es imposible creer cada uno por su cuenta.”, que le lleva a decir esto otro: la fe “se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia”

Para Francisco lo que hay en la Iglesia en una memoria, un recuerdo, un conjunto de conocimientos sobre Dios, sobre Jesús, sobre la Virgen María, sobre los santos. Es algo que viene por la Tradición, por el pensamiento de muchos hombres en la Iglesia.

Francisco se aparta de la Fe Divina, porque ya la persona no puede creer por sí misma. Es decir, Dios no habla a la persona, Dios no se muestra a la persona, Dios no habla al corazón de la persona.

Francisco habla de la Fe de Abraham como una fe humana, no divina. Dios habló a Abraham, pero Abraham no vio a Dios, sólo lo escuchó: “Abrahán no ve a Dios, pero oye su voz”. Esto es desconcertante, porque para oír la voz de Dios, hay que verlo. Dios, cuando se revela a Sí Mismo, cuando se muestra al alma, se hace ver. Francisco tiene miedo de la Presencia de Dios. Sin la Presencia de Dios no hay Revelación Divina. Abraham no sólo oye a Dios, sino que lo ve, está en Su Presencia. Como Moisés, que entraba en la Presencia de Dios en el Monte Sinaí.

Y, entonces, Francisco cae en su herejía: “De este modo la fe adquiere un carácter personal”. La Fe de Abraham es para Abraham, pero no para todos. Para todos está el recuerdo de las palabras que Dios dijo a Abraham: “la fe de Abrahán será siempre un acto de memoria”. Es decir, una cosa es lo que Dios dice personalmente a Abraham y otra cosa es lo que Dios dice a los hombres: para los hombres está el recuerdo de esas palabras. Y, entonces, como Dios dijo a Abraham que saliera de su tierra en busca de la Tierra Prometida, la fe de los hombres está en buscar siempre lo nuevo, la Tierra Prometida. Y, para eso, la fe se va haciendo según los tiempos de cada hombre, según las circunstancias de cada hombre, según las filosofías de cada hombre: “la luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas”.

Esta es la herejía de Francisco que destruye la Fe Divina y que, por tanto, crea la fe humana. Esa fe humana viene de lo que Dios dijo a Abraham y como éste es el Padre de la fe, entonces, todos tienen que interpretar esas palabras para su propia vida humana, para su tiempo humano, para sus obras humanas. La fe es recordar lo que Dios dijo a Abraham y obrar según ese recuerdo en la vida. Es, por tanto, una fe ciega, una fe humana, porque el hombre tiene que echar mano de su razón para ver qué tiene que hacer en su vida. Fe ciega en el pensamiento del hombre. Francisco no sabe caminar hacia Dios sin su pensamiento, sin sus ideas humanas, sin sus planes humanos en la vida.

Francisco sigue a todos los protestante en esa encíclica. Sigue a tantos filósofos de la fe que han hecho de sus sacerdocio el anaquel de las teorías del demonio.

Porque se niega que la persona pueda creer por su cuenta y que, por tanto, necesite una memoria, una narración de los hechos que hizo el Señor, entonces se niega toda la Revelación Divina.

Dios habló a Abraham, pero Dios habló también a Sara. Y Dios habla a cada alma que ha creado. Porque la Fe no es una memoria, no es un recuerdo, sino una Vida.

Una Vida ofrecida continuamente por Dios a cada hombre que Él crea. Y esa Vida entraña el misterio para cada hombre de su vida. En esa Vida está la Verdad que cada hombre debe obrar en su vida. En esa Vida está el Amor para el corazón del hombre. En esa Vida está el fin último para cada hombre. En lo que Dios da al hombre está la Vida. No en lo que los hombres dan a los hombres, no en los recuerdos de las hazañas de los hombres es lo que produce la fe.

Poner la fe en una memoria es decir que la Santa Misa es un recuerdo de algo que hizo Jesús. Y es sólo eso un recuerdo, un coger una serie de ritos, de actitudes, de oraciones, y crear una misa, crear una celebración, crear una comida. Esta es la enseñanza de los protestantes. Y no es otra. Y esto es lo que enseña Francisco en su encíclica.

Por eso, del gobierno horizontal viene la supresión del Sacrifico de la Misa. Por esta concepción de la fe. La Iglesia, no sólo Francisco, no sólo los que integran el gobierno horizontal, tiene una fe humana, porque han perdido la Fe Divina. Y la han perdido por sus pecados, no por otra cosa. Y en sus pecados se han apartado de la Verdad, que es Jesús. Y están creando sus verdades en su nueva iglesia.

Una fe humana producto de muchos conocimientos, de muchos saberes, de muchas cosas que los hombres piensan, dicen y obran, pero que no son la Fe Divina. Es sólo narrar el Evangelio de Cristo, pero no vivirlo, no obrarlo, que es lo que hace Francisco en sus homilías: recuerda el Evangelio de Jesús, dice muchas cosas sobre Jesús, pero no vive ninguna de sus palabras.

Porque Francisco es un hombre sin Fe, un hombre que se ha inventado su fe humana. Y eso es lo que predica, eso es lo que habla, eso es lo que enseña, eso es lo que obra: su inútil fe humana.

Para Francisco la Fe es la memoria de Dios, la memoria de los hechos de Cristo, la memoria de lo que obró su madre. Es la memoria. Es un conjunto de cosas, sean las que sean, y que producen la fe, su fe humana, totalmente desligada de la Fe Divina.

Esa Encíclica de Francisco hace aguas por todas partes. No se puede sostener doctrinalmente. No es una sana doctrina que ayude a amar a Dios, a buscar a Dios, a comprender la Voluntad de Dios. Es una herejía que se ha aceptado como verdad por la Iglesia. Y eso es muy grave. Porque quien acepta una mentira se opone a la Verdad, sale de la Iglesia, porque la Iglesia es la Obra de la Verdad.

Y Francisco nos da la obra de su mentira. Y la coloca como verdad de la Iglesia. Y nadie ha dicho nada. Y, entonces, ¿dónde están los sacerdotes y los Obispos que no leen esa irrisión, y la llaman por su nombre, y enseñan a la Iglesia a no seguir a Francisco?

Todos adulan el pensamiento de ese necio. Y nadie se atreve a decir la verdad que da ese necio, porque ese necio los ha comprado con sus tesoros materiales y con su poder en la Iglesia. Son asalariados que cubren sus bocas con la apariencia de la humildad y del amor, para obrar ante toda la Iglesia el pensamiento de Satanás, que está contenido en cada homilía de Francisco.

Francisco, al no tener fe, produce en la Iglesia un gran caos: porque da una doctrina contraria a la Iglesia, una doctrina que confunde a muchas almas, porque muchas almas no tienen los conocimientos teológicos para refutar todo eso, y se tragan cualquier cosa, cualquier palabra bella o pensamiento bello que diga Francisco o los que están en su gobierno horizontal.

Muchas almas se pierden por esto: los sacerdotes y los Obispos no usan su inteligencia para descubrir el error y entonces enseñan la mentira a sus ovejas. Grandísimo daño el que está haciendo ese hombre con su gobierno horizontal.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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