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La necedad impera en la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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michelini“Obispos y sacerdotes deberían estar bien instruidos acerca de las terribles consecuencias del primer pecado…Un pecado de soberbia, de orgullo y de presunción, hecho por un obispo o por un sacerdote, provoca en su Iglesia local consecuencias de males en cadena. Muchos desordenes tienen aquí su origen…Es doloroso deberlo constatar, pero bastantes obispos y sacerdotes son como el necio que al edificar su casa se ocupa en cosas de poca importancia, como ciertos motivos ornamentales, y descuida los cimientos y las estructuras de sustentación, por lo que el resultado será una bella casa destinada a un seguro derrumbamiento. ¿No es esto necedad? ¡Pues bien, esta necedad impera en la Iglesia!”(El Señor a Michelini)

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El primer pecado de Adán y Eva es el pecado de Francisco al poner su gobierno horizontal. Es el mismo, pero más grave, por ser cabeza en la Iglesia por su sacerdocio. Adán y Eva no eran sacerdotes, y su pecado incidía en toda la humanidad. Pero el pecado de Francisco, no sólo incide en toda la humanidad, sino en la misma Iglesia.

Y, así como el pecado original, trajo consecuencias gravísimas para todo, el pecado de Francisco trae consecuencias de males en cadena, como lo dice el Señor.

Soberbia, orgullo y presunción. Las tres cabezas, que el Señor recuerda en su mensaje, y que son el comienzo de la nueva iglesia de Francisco.

Soberbia, que es vivir para una forma de pensar. Orgullo, que es obrar para una forma de pensar la vida, dada por la soberbia. Y presunción, que es dar a la vida la importancia que no tiene, el valor que no le corresponde, y así se presume de una vida de pecado ante los demás, se ondea la bandera del pecado, y se lucha por una vida de pecado, y el hombre se pone como el ejemplo de los demás en su pecado, el maestro de la demás en su pecado, el salvador de los demás en su pecado. Hay que imitar la vida de pecado, hay que enseñar cómo vivir en pecado, hay que caminar en pecado para encontrar el sentido a la vida. Eso será el Anticristo, con su pecado de lujuria espiritual o presunción.

La necedad impera en la nueva iglesia de Francisco. Se construye la casa desde el cimiento de este triple pecado. Y, entonces, ¿cómo será esa casa?¿Cómo puede subsistir una casa cuyo cimiento es el pecado?

Jesús puso Su Iglesia sobre la Roca de la Verdad. Francisco ha puesto su iglesia sobre la arena de su pecado. Y, como Francisco no ve su pecado, entonces presume que su nueva iglesia la quiere Dios para estos tiempos.

¡Cuántos Obispos son como Francisco que ya no atienden al pecado en las iglesias particulares, sino que son ellos mismos los que obra el pecado!

El pecado de un Obispo o de un sacerdote no son cualquier cosa en la Iglesia. Son tres pecados que se hacen al mismo tiempo y que destruyen la Iglesia. Grandes males están en la Iglesia por los pecados de soberbia, de orgullo y de presunción de muchos sacerdotes y Obispos. Y esto es lo que no se atiende en la Iglesia y, por eso, se permiten tantas cosas en la Iglesia, que son pecado, que son el fruto de estos tres pecados. Y que todo el mundo dice que no son pecado.

La comunión en la mano es un pecado de sacrilegio. La nueva misa es otro pecado que reúne muchos pecados en ella. Todas las reformas litúrgicas en los Sacramentos, en las diversas oraciones, son otro pecado contra el primer Mandamiento, que es adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. Y ahora se le adora en la ciencia de los hombres y en su mentira. Las interpretaciones que se han dado a la Biblia, el quitar palabras o frases del Evangelio, todo el destrozo que el hombre ha hecho contra la Palabra de Dios es un pecado de herejía, en que se presenta la mentira de los hombres como verdad, y se oculta o se suprime la Verdad de la Palabra Divina. El negar las revelaciones privadas y el no tomarlas como algo necesario para salvarse y santificarse en la Iglesia es un pecado de orgullo, porque al hombre se le hace creer que está salvado y santificado con unas prácticas religiosas que nacen de la mente de unos hombres y no necesita más. La Iglesia necesita de las Palabras de Su Madre, la Virgen María, y de las Palabras de Su Rey, Jesús, que se dan continuamente a las almas y, sobre todo, se dan cuando la Iglesia oculta la verdad para hacer brillar su mentira.

Los Obispos y sacerdotes, con sus pecados, tienen la Iglesia en la más completa oscuridad, en que todo es lo que el hombre piensa. Todo es lo que el hombre obra. Todo es lo que el hombre enseña. Y Dios queda sólo en el recuerdo de los hombres, pero no en la vida de los hombres.

En la nueva iglesia de Francisco sólo importa la razón de las cosas, la ciencia de las cosas, el juicio que cada uno tiene sobre las cosas de la Iglesia. Pero no interesa la cosa en sí, la verdad de cada cosa, sino cómo se comprende la verdad en la mente de cada uno.

Esta es la herejía de Francisco: el bien y el mal es sólo aquello que cada uno fabrica en su mente humana. Entonces, ¿qué esperan de ese gobierno para la Iglesia? No comprendo a la gente que todavía tiene una esperanza en Francisco. Si a él también lo van a echar del gobierno, porque el rumbo que está llevando no es la iglesia que quieren los nuevos gobernantes. Es un secreto a voces: nadie que habla en contra de la Iglesia, -como lo ha hecho Francisco-, puede permanecer en la Iglesia tan tranquilo. A muchos no les gusta el estilo de gobernar de Francisco porque es lo propio de los políticos de pueblo. Pero no es el estilo que se necesita en el mundo de la política. Es necesario un hombre con carácter, fuerte en las decisiones, que arrase con todo. Y eso no es Francisco. Francisco, en su pecado, es sólo un pobre necio que se sentó en la Silla de Pedro para hablar sus necedades que, después nadie sigue, pero que a todos entretiene.

Porque Francisco es un payaso que entretiene a la gente con sus discursos, con sus palabras. Y una vez que ha dicho su gracia, la gente vuelve a lo suyo, esperando la siguiente gracia de Francisco. Francisco, como gobernante, sólo entretiene, pero no enseña, no manda, no obra lo que los hombres, -más poderosos que él-, quieren en la nueva iglesia.

El pecado de Francisco es lo que muchos sacerdotes y Obispos aplauden y acogen. Y van a luchar por ese pecado hasta el final. El amor de Francisco es su nuevo gobierno en la Iglesia. Y, por ese falso amor, él tendrá su castigo.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

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