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Francisco hiere a la Iglesia

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maria“¿Porqué muchos pastores de mi grey no se preguntan la razón de la esterilidad de su febril actividad?…Porque, íntimamente, se auto consideran buenos. Viven como si fueran buenos pero un velo los envuelve, el velo de su presunción por la que no ven su realidad interior que, aunque frecuentemente pasa desapercibida para los hombres, pero no para Mí, Dios. En otras palabras: les falta la verdadera y sincera humildad, esa humildad que debe hacer de cada uno de vosotros un niño; les falta la simplicidad de la humildad y a ellos mi Padre no les revela nada. Es difícil su conversión; su soberbia es refinada, revestida de humildad. Pero bajo aquella pseudo humildad está el veneno de Satanás, exactamente como ciertas joyas de apariencia preciosas, pero bajo el recubrimiento de oro está el metal vil. No creen sino en sí mismos, desdeñan y no aguantan que algún otro vea un poco más lejos que ellos”. (Michelini)

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El Papa Benedicto XVI puso en su motu proprio del 2007, “Summorum pontificum”, el camino para poder celebrar la Misa Tradicional de la Iglesia.

Francisco ha prohibido a la congregación de los frailes franciscanos de la Inmaculada celebrar y ha dado esta razón: “elección prudencial ligada a la ayuda hacia algunas personas que tienen esta sensibilidad”.

Esta frase de Francisco se apoya en su idea del Conciliarismo, en que el Concilio Vaticano II está por encima del Papado y, por tanto, en ese Concilio se deriva que el bien de la Iglesia es ir hacia lo más novedoso, lo innovador, y que aquellas personas que velan por lo antiguo, por el Vetus Ordo, la liturgia antigua, son personas enfermas que tienen miedo a los cambios en la Iglesia, a pensar de otra manera, a ver la vida de la Iglesia con otros enfoques más modernistas, más de actualidad. Y, por tanto, Francisco viene a sanar a esas personas y decide quitarles la libertad de celebrar la Misa según el rito antiguo como una ayuda a sus emociones, a sus sentimientos, a sus pensamientos, y así aprendan lo que significa estar con la Iglesia del Concilio.

Esta decisión de Francisco anula el derecho puesto por el Papa Benedicto XVI para ejercer la verdad contenida en la Misa celebrada por el rito antiguo. Verdad que Francisco no ve porque él ya no sigue la Verdad de la Iglesia, sino sus verdades.

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Benedicto XVI expresó en su momento en la carta a los Obispos que acompañaba el motu que ” las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente… “. Y ponía la razón del motu: “Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia… hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo”.

Esto es lo que ha destruido Francisco en esa prohibición. Y él se ha basado en esta razón: la reforma litúrgica postconciliar es “un servicio al pueblo como relectura del Evangelio a partir de una situación histórica concreta”.

Es decir, Francisco apela a la Universalidad del Concilio, no a la decisión de un Papa para legislar en materia de liturgia. Aquí se ve el daño, la herida que Francisco hace al Papado, en el motu propio del Papa Benedicto XVI.

Francisco rebaja la visión que tiene el Papa Benedicto XVI, que es buscar la unidad de la Iglesia, para poner su idea de la unidad en la Iglesia: «Yo veo claramente qué es lo que más necesita la Iglesia hoy: la capacidad de curar las heridas y de calentar los corazones de los fieles, la cercanía y la proximidad”. Esto es sólo la unidad de la Iglesia para Francisco: el servicio al pueblo. Y añade: “Hay que curar sus heridas. Después podremos hablar de lo demás. Curar las heridas, curar las heridas… Y hay que comenzar desde abajo”.

Esta visión de lo que es la Iglesia para Francisco viene de su pensamiento comunista en la Iglesia. Para Francisco la Iglesia es una comunión, no es un cuerpo. Es una comunidad y, por tanto, para gobernarla es necesario la colegialidad de los Obispos. No hace falta una cabeza, un Papa, sino un conjunto de hombres que atiendan las diversas necesidades que tiene la Iglesia abajo, en el Pueblo. No arriba, no en la Cabeza.

Por eso, llama a la Curia la peste, los leprosos, porque no atienden estas necesidades de las personas.

De esta manera, ejerce un acto de gobierno ejemplar sobre una comunidad que vive lo antiguo, que está en las cosas antiguas, pero que no está en las cosas de la gente, en las necesidades básicas de la Iglesia en el Pueblo.

La liturgia es para el pueblo, no es para la Jerarquía, no es para los religiosos, no es para los contemplativos. Hay que hacer liturgia curando las heridas materiales, humanas, económicas de las personas en la Iglesia.

Esto levanta ampollas en todos los sitios, porque así no se puede gobernar una Iglesia, según el capricho de Francisco que anula el motu propio por decisión sólo de su orgullo, no por hacer unidad en la Iglesia, no por buscar la unidad en la Iglesia.

A Francisco no le interesa la unidad en la Iglesia. A Francisco le interesa herir a la Iglesia, como lo ha hecho con ese acto de gobierno, que supone una decisión muy grave, porque es ir en contra de un Papa.

Y según conversaciones con las personas que visitan al Papa Benedicto XVI –como revela Chiesa-, el mismo Papa Benedicto XVI ve en ese acto de gobierno una herida hecha al Papado.

Francisco habla de curar heridas, pero para hacer eso tiene que abrir heridas, no sólo en cuanto a sus declaraciones, sino a su forma de gobierno que va en contra de la unidad de la Iglesia.

Y pocos han entendido lo que ha hecho Francisco con ese gobierno horizontal. Pocos ven la brecha que ha abierto en la Iglesia y que, con el tiempo, se verán sus obras de maldad.

Francisco ha provocado la división en la Cabeza. Y ha ido en contra del Papa Benedicto XVI sin una justificación ante lo que ha mandado el Papa en su motu. Y gobernar sin justificación, sin actos llenos de sabiduría, de prudencia, de respaldo en la verdad, es gobernar para hacer en la Iglesia el capricho de Francisco. Y eso es lo que desune la Iglesia.

La división en la Iglesia viene por Francisco, no por los franciscanos de la Inmaculada. El problema que la Iglesia tiene ahora es sólo Francisco, no los jóvenes que no tienen trabajo, o los ancianos que nadie cuida o los divorciados que quieren seguir en su pecado y comulgar con lo santo de la Iglesia.

El gran problema para toda la Iglesia es sólo Francisco. Un gobernante que no sirve para nada. Mucho hablar y pocas obras de verdad. Un gobernante que tiene miedo a gobernar y, por eso, se apoya en un grupo de hombres, mientras él se dedica a sus cosas, a fraternizar con los judíos, a llamar por teléfono a los jóvenes, a sonreír a las personas para conquistarlas en su vidas humanas, para ganarse el aplauso de los tontos, de los idiotas en la Iglesia, como él lo es.

Francisco hiere a la Iglesia, hiere al mundo, hiere a los corazones que buscan la verdad en sus vidas y que no pueden encontrarla en un charlatán, en un murmurador, en un demonio que ha hecho de su vida un honor a su pensamiento humano.

A Francisco lo quitan dentro de poco. No sirve para la Iglesia y tampoco sirve para el mundo. Sólo sirve para entretener a los ignorantes, a los que no saben discernir la verdad, a los que buscan en la vida lo que él proclama: seamos felices teniendo dinero, trabajo, salud. Lo demás, se encarga Dios. No importa vivir en el pecado. Lo que importa es el amor a Cristo. Y Cristo está en los pobres. Cristo no hay que buscarlo en las alturas de la contemplación de unos ritos antiguos, obsoletos, rígidos, que hacen que las personas se fundamenten en unas ideas morales, religiosas y tengan miedo a los cambios que hay que afrontar en la Iglesia.

Francisco pasará a la historia de la Iglesia como el que no hizo nada por la Iglesia. Sólo se dedicó a su teatro en la Iglesia.

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2 comentarios

  1. Cristina de López dice:

    “Francisco pasará a la historia de la Iglesia como el que no hizo nada por la Iglesia.”

    Lo peor de todo no es que no “haga nada por la Iglesia”, sino que todo lo que hace es maquiavélicamente pensado PARA DESTRUIR LA IGLESIA.
    Esa es su misión, desfigurar, bofetear, escupir, ultrajar, etc., etc., etc., el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo y todo ello entre aplausos, vivas y apoyo de aquellos que deberían defenderla.
    Cada palabra, cada gesto es una burla en contra del mismo Jesucristo y que lamentable y dolorosamente muy pocos pueden o quieren ver.
    “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo”, nos advirtió Nuestra Señora en la Salette, y Francisco es su precursor, quien viene allanando el camino para darle el “trono” y procurarle “adoración”.
    Velemos y oremos con nuestra lámpara encendida, pidiendo por intercesión de María la gracia de la perseverancia final.
    Gracias por compartir por medio de este blog estos artículos, llenos de LUZ, en estos tiempos de gran oscuridad.

  2. Raul Patiño dice:

    La prohibición de la Misa Tridentina tiene como implicación fundamental el rechazo de ésta como el Sacrificio Incruento de Nuestro Señor Jesucristo que se ofrece a la Santísima Trinidad.
    El Concilio Vaticano II preparó las bases para que en la Santa Misa el Centro no fuera Dios y lo hizo buscando que el centro de gravedad se desplazara lentamente hacia el hombre.
    Parecía muy complaciente: No al latín, que unificaba los creyentes del mundo en una sola lengua que agrada a Dios, para caer entonces en la Torre de Babel, no a darle la espalda al “pueblo”, entonces se le daría al Sagrario, no a la adoración después de la Consagración, pues vendría la algarabía de darse la paz, prestando más atención al hombre…
    Esta “Nueva” religión del hombre fue la sugerida por el demonio a Eva, cuando prometía cosas para el hombre -se os abrirán los ojos- si se dejaba de lado a Dios.
    Con la NUEVA RELIGION que está consolidando Francisco sucede lo que pasó con la que mató a Cristo, se aleja tanto que deja de ser de Dios y por eso es necesario que los Católicos que seguimos la Iglesia UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA sepamos vivir en esta roca sabiendo que no tiene que estar en los templos profanados ni en la jerarquía que fornica con los poderosos del mundo.

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