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Vida racional en la Iglesia

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El Reino de la Paz

“…ceñidos los lomos de vuestra mente, señores de vuestros sentimientos, poned totalmente vuestra esperanza en la Gracia que os será traída en la Revelación de Jesucristo” (1 Pe 1, 13).
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La verdad de cada alma en la Iglesia está unida a Pedro.

Nadie en la Iglesia puede hacer algo sin Pedro.

Nadie en la Iglesia puede enseñar nada sin Pedro.

Nadie en la Iglesia puede hacer una obra sin Pedro.

Pedro es la Iglesia. Y donde esté Pedro allí está la Iglesia.

Esta verdad, al no seguirla, produce que -en la Iglesia- las almas vivan de sus pensamientos, y a esos pensamientos, los llaman su fe.

Los hombres piensan, tienen una vida racional, pero eso no significa tener Fe.

Y muchos en la Iglesia tiene su fe, pero no la Fe en Cristo Jesús, no la Fe en la Verdad.

Ante lo que está haciendo Francisco, los sacerdotes no pueden decir a las almas esto: “Este Papa no ha cambiado ningún dogma ni cosa sustancial en la fe de la Iglesia, sigue a Jesucristo con toda integridad de doctrina“. Esta mentira es la que predican y enseñan en los púlpitos los sacerdotes en la Iglesia. Y esto se dice porque el sacerdote vive de su vida racional, de su pensamiento humano, vive para sus ideas racionales, apoyándose en ellas para hacer Iglesia; y a eso lo llama su fe en la Iglesia.

Francisco lavó los pies a dos mujeres y eso es un error en la doctrina de Cristo y en la Enseñanza de la Iglesia. ¿Cómo se puede decir que Francisco sigue a Jesucristo con toda integridad de doctrina cuando lava los pies a dos mujeres? Pero, ¿no ven lo que hizo el Jueves Santo, públicamente, como Papa, con el poder que tiene un Papa?

Y entonces se pone la excusa, para no ver la Verdad: “lavar los pies de las mujeres no es una verdad necesaria para salvarse”. Y lo que importa es que el alma se salve, no importa lavar los pies a los hombres o las mujeres. Eso que hizo Francisco no tiene importancia, es sólo un gesto para atraer a la Iglesia a los que están fuera de la Iglesia. Aquí está el error.

Lavar los pies de las mujeres es no enseñar lo que hizo Jesús, que es lavar los pies a los hombres. Y si no se enseña la Verdad, que es Jesús, toda la Verdad que Jesús obró y que dejó escrita para algo, -no como palabras bonitas, o sentimientos bellos, sino para significar algo al alma para encontrar la salvación-, esa obra de lavar los pies a las mujeres hace daño a toda la Iglesia, porque se opone a la Verdad, a la sencillez de la verdad que da la Palabra de Dios.

Y todo aquello que se oponga a la Verdad, no construye la Iglesia, no la edifica. Porque la Iglesia está puesta en la Roca de la Verdad, no en la mentira. Y toda obra que no se ajusta a la Verdad, aunque sea algo pequeño, como lavar los pies a las mujeres, es destruir la Iglesia, poner un camino para derribar las Verdades fundamentales de la Iglesia, que nacen de la Verdad, que es Jesús. Y ese camino de destrucción va en contra de la salvación del alma. Es un impedimento, no grave, -por ser una verdad que no daña el dogma-, sino leve que impide que Dios dé su gracia al alma y a la Iglesia. Cualquier pecado leve voluntario impide que Dios bendiga al alma, porque ese pecado frena los dones de Dios al alma.

Y si no se ve ese gesto de Francisco como un daño para toda la Iglesia, un daño en la Verdad, que es la Iglesia, -como un pecado de un Papa-, entonces se dice lo que se está diciendo: que Francisco está dando la doctrina de Jesús en toda su integridad. Y eso es una mentira como una casa. Para que Francisco diera la integridad en el lavatorio de los pies, tenía que haber lavado los pies sólo a los hombres, porque así lo hizo el Maestro. Pero como él es su propio maestro, su pensamiento humano le enseña sus verdades, entonces obra en contra de la Verdad, y lo hace con el aplauso de toda la Jerarquía de todo el mundo, no sólo de los que estaban ahí en ese momento. Los demás, al enterarse de lo que hizo Francisco, asintieron con eso y predicaron lo que se predica.

No se está condenando a Francisco por lavar los pies a las mujeres, sino que se está enseñando que un Papa en la Iglesia nunca obra una mentira en Ella, nunca dice un error en Ella, nunca hace nada que cree confusión en la Iglesia. Y como Francisco produce confusión, entonces hay que llamarlo pecador por sus obras y por sus palabras que no quiere quitar y que son -para él- la verdad en la Iglesia, pero -para la Iglesia- la mentira de un hombre que se viste de blanco para ganarse el afecto de los hombres.

Ante las declaraciones de Francisco a los medios de comunicación, en que se pone en tela de juicio lo que es la Iglesia; ante sus homilías, todas ellas llenas de errores en la doctrina, como éste dado ayer -6 de octubre-, en el rezo del Angelus: “La oración es la respiración de la fe”; ante las barbaridades que dice Francisco sobre el pecado, sobre el bien y el mal, sobre Dios, ¿cómo se puede decir que este Papa no ha cambiado ningún dogma ni cosa sustancial en la Iglesia? ¿Cómo se dice eso y se vive tan tranquilo?

¿Qué es el gobierno horizontal? Es quitar el Dogma del Papado en la Iglesia. Sólo eso. Y no más que eso. Ese Dogma, Francisco no lo quita con una filosofía, sino con una obra, que es lo que destroza a la Iglesia: la obra de la mentira es lo que destruye la Iglesia. No las palabras mentirosas. Mientras Francisco no obró poniendo su gobierno horizontal, sus palabras no hacían nada en la Iglesia, sólo confusión, inquietud, malestar. Pero ahora ha obrado dividiendo la Iglesia. Y nadie ve esa división. Nadie atiende a esa división, porque todos viven en su vida racional, en sus pensamientos bellos y maravillosos de cómo hay que estar en la Iglesia.

Francisco se ha cargado el Papado, y sólo se le ocurren a los sacerdotes decir que no ha pasado nada. ¡Si es un gobierno de apoyo, de ayuda, de amor fraterno hacia todos! ¡Qué maldad habrá en esos sacerdotes que así enseñan la mentira de Francisco como una verdad en la Iglesia!

Dios hace Su Iglesia sobre Pedro, no sobre un traidor a la Verdad, como es Francisco. Dios da a Su Iglesia Su Pedro, a quien los hombres nunca lo han comprendido y lo han apoyado, porque buscan en la Iglesia su verdad, la que cada uno tiene en su razón humana. Y, cuando se busca la verdad de cada uno, el alma se aparta del Camino, que es la Verdad, que es Jesús. Y ese apartarse del camino impide la Fe en Jesús. Y se vive según la fe que cada uno tiene en su mente.

Por eso, Francisco predica que la oración es la respiración de la fe. Tremenda herejía que nadie ve, por supuesto. A todos les parece una hermosa frase, brillante, con garra, con estilo, dicha con la autoridad de un papa, enseñando una verdad. Y nadie se fija en tamaña herejía que se esconde en esa frase. Pero, ¡qué importa la herejía de Francisco!. Es su estilo de predicar, son sus palabras, son sus bellas palabras dichas con su calor humano para hacer un bien humano en la Iglesia.

Ya no importa lo que Francisco hable. Los sacerdotes van a decir que Francisco enseña la integridad de la doctrina de Jesús en todas sus homilías. Entonces, ¿qué es la doctrina de Jesús? ¿Qué es la Verdad? ¿Qué significa ser Papa en la Iglesia?

Para el que tenga Fe, es claro que tiene que oponerse a ese hereje, y tiene que hablar claro cuando la Iglesia calla las mentiras de Francisco, y las hace ver como verdades que hay que seguir y aprender de ellas. Y hay que oponerse, no por fanatismo, no por ser tradicionalistas, sino porque la Verdad es la Verdad. Y lo demás es cuento de la gente, que habla para seguir en sus verdades humanas, en sus vidas humanas, haciendo sus obras humanas, pero que ya no saben luchar por la Verdad, porque no saben ver la Verdad.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

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