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La Iglesia juzga a Francisco

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juicio

“No os imaginéis que vine a poner Paz sobre la tierra; no vine a poner Paz, sino espada. Porque vine a separar al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su Casa” (Mt 10, 34).

Estas palabras de Jesús dan la enseñanza de lo que es Pedro en la Iglesia.

Pedro está para juzgar al hombre. Y se juzga al hombre, no con la razón, no haciendo buenas obras para que no se vean las malas obras de muchos, no señalando a los hombres en sus vidas y diciéndoles que son malos o pecadores, para no caer en lo que dice la Palabra: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Lc 6,37).

Se juzga al hombre diciéndole la verdad de su vida.

Es la Verdad la que juzga a cada hombre. No son las palabras o las obras que se dicen o se hacen.

Por eso, Pedro tiene que enseñar la Verdad y, de esa manera, juzga a cada hombre.

Y cuando se enseña la Verdad se pone la Espada entre los hombres, se hace separación entre los hombres: los que están con la Verdad y los que no están con la Verdad.

Por eso, el Señor dice en su mensaje: “Pedro tiene ese Poder de juzgar a cada hombre sobre la tierra”.

Un Papa que no enseñe la Verdad no puede hacer Iglesia, no puede ser verdadero Papa. Es el caso de Francisco, que al no ser elegido por el Espíritu Santo, no tiene el Poder para juzgar a los hombres y, entonces, se sienta con los pecadores para que sigan en sus vidas de pecado. Y, además, él se incluye en esas vida de pecado, al invitar a los pecadores a estar en su nueva iglesia donde reina el pecado.

Francisco es sólo eso: uno que se ha puesto en contra de la Verdad y, en su mentira, construye su obra de pecado.

Francisco es un Rey Absoluto en la nueva iglesia que él se ha inventado. Y, como Rey Absoluto, exige sumisión a su pensamiento humano. Y, por eso, los sacerdotes temen hablar. No temen hablar porque ellos vivan mal, como Francisco. Temen hablar, porque si lo hacen, entonces dejan de recibir el dinero y el poder que Francisco les da. Se teme hablar porque se sabe que si se habla lo retiran de en medio. Se inventan cualquier cosa para que ese sacerdote o ese Obispo no dé problemas en la Iglesia predicando en contra de Francisco.

Los sacerdotes no predican en contra de Francisco porque lo temen. No es que teman sus palabras, su filosofía, porque es claro que su filosofía no va a ninguna parte. Es que se está en la Iglesia porque se ha recibido un sueldo, que no se quiere perder, y un poder ante los hombres que nadie quiere perder: “el que es asalariado y no Pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa, porque es asalariado y no le importa de las ovejas” (Jn 10, 12).

Y esta verdad es tan clara que, por eso, las almas siguen sin ver lo que es Francisco, porque los sacerdotes le hacen el juego. Y, cuando las almas les preguntan sobre la conducta de Francisco, entonces le quitan importancia y dicen que hay que seguir apoyando a Francisco porque tiene fe, Dios lo ha dado para la Iglesia.

Pedro está para juzgar al hombre. Y a todo hombre. No sólo a unos pocos, no solamente a los hombres que pertenecen a la Iglesia.

Pedro juzga al mundo: “Y Él, cuando viniere, convencerá la mundo de su pecado, de la justicia y del juicio. Del pecado, porque no creen en Mí; de la justicia, porque Me voy al Padre y ya no me veréis; y del juicio, porque el Príncipe de este mundo ha sido juzgado” (Jn 16, 10).

La Iglesia tiene la misión de juzgar a Francisco, porque Pedro lo juzga.

Para hacer Iglesia hay que unirse a Pedro. No hay que unirse a Francisco. Es Pedro quien tiene la Verdad, que es Jesús. Y es Pedro quien juzga, con la Verdad, a cada hombre en la tierra. Si se está con Pedro, entonces el hombre se salva, camina junto a Jesús en Su Iglesia. Pero si no se está con Pedro, entonces el hombre se pierde y camina junto al demonio, fuera de la Iglesia. Y el demonio lo lleva a la condenación.

Francisco dejó a Pedro. Ha puesto en la Iglesia un gobierno regio, un gobierno de hombres, un gobierno para el demonio. Esa obra es ir en contra de Pedro. Porque Pedro es el Vértice de la Iglesia. Francisco ha puesto su realeza en la Iglesia.

Entonces, Pedro juzga a Francisco y le pone en la Verdad: Francisco te has apartado de Cristo y vives para hacer las obras de tu padre, el demonio: “y vosotros, por vuestra parte, lo que oísteis de vuestro padre eso obráis” (Jn 8, 37). “Vosotros tenéis por padre al Diablo y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre” (Jn 8, 44)

Y te has apartado de Cristo al poner el gobierno horizontal que no viene de Dios, que va en contra de la Palabra de Jesús en Su Evangelio: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”. Pedro y Piedra son la misma cosa para Jesús. Jesús edifica Su Iglesia sobre la Roca de Pedro. Por eso, Pedro es una “Roca de División espiritual”, como lo enseña el Señor en su mensaje. Es una Roca que divide, que separa, que no está para poner Paz entre los hombres, que está para juzgar a los hombres.

“Pongo en Sión una Piedra Angular, Escogida, Preciosa; y quien en Ella cree, no será confundido” (1 Pe 2, 6). Es necesario creer en Pedro para permanecer en la Iglesia, para edificar la Iglesia, para ser Iglesia.

Francisco no ha creído en Pedro, entonces se ha apartado de Pedro, y Pedro lo juzga. Y si Pedro lo juzga, toda la Iglesia que está unida a Pedro, también lo juzga.

La Iglesia juzga a Francisco. La Iglesia verdadera, la que está unida a su verdadero Pastor, que es Benedicto XVI. Y no importa el pecado de Pedro, el pecado del verdadero Papa, porque el pecado no derrumba la Iglesia, no la destruye. Lo que divide a la Iglesia es ir en contra de la Verdad, que es Jesús. Los pecados hacen daño a la Iglesia, producen un ambiente de confusión, de oscuridad, de maldad, pero no dividen la Iglesia. El pecado divide la Iglesia cuando está unido a un obra en contra de la Verdad, que es Jesús.

Es lo que ha hecho Francisco: su pecado le ha llevado a poner el gobierno horizontal. Esa obra es lo que divide a la Iglesia. Mientras no puso esa obra, su pecado dañaba a la Iglesia, pero no la dividía. Ahora, Francisco ha hecho el mal que no tenía que hacer en la Iglesia. Y eso basta para levantarse en contra de él y juzgarlo, como lo hace Pedro.

Y ¿dónde están los sacerdotes, los Obispos que hagan esto? En ninguna parte, porque se tiene miedo de perder el dinero y el poder que se recibe de Francisco. Y no hay otra razón. Son asalariados y sólo luchan por su bienestar en la Iglesia, pero no saben luchar por la Verdad de la Iglesia, no saben dar la cara por el bien espiritual de la Iglesia, que son las almas en la Iglesia.

Es necesario juzgar a Francisco en lo que está haciendo. Porque si no se hace, entonces todos cómplices de seguir a un impostor. Y juzgar significa decir la Verdad de lo que es un Papa y de lo que debe ser la Iglesia. Y, entonces, se ve en la Iglesia a los que no quieren seguir la Verdad, porque siguen sus pensamientos humanos, su estilo de vida humana, sus obras humanas.

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