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Francisco: su poder masónico

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Todos quieren hacer la vista gorda ante las declaraciones de Francisco a los medios. Todos quieren mirar a otro lado y no dar importancia a ese hecho. Todos siguen con sus vidas, como si no hubiera pasado nada.

Esta verdad, que permanece en el ambiente, da a entender cómo la Iglesia se comporta, obra, ante el pecado.

La Iglesia ya no ve el pecado, ya no lucha contra el pecado, ya no nombra al pecado por su real nombre. Le pone otros nombres, los que sean, con tal de no llamarlo pecado. Le da a la gente lo que quiere oír la gente: no te preocupes, eso que dijo el Papa es una forma más de hablar, no está enseñando nada en la Iglesia, está dando su humilde opinión, está dialogando entre los hombres para así atraerlos hacia la verdad.

Francisco es un gobernante masón. Y eso significa que tiene la función de dar a los que le siguen la doctrina de la masonería.

Esa doctrina es varia, porque atiende a muchas cosas del mundo y de la Iglesia. Y, cuando un masón gobierna la Iglesia, o hace un ministerio en la Iglesia, como el sacerdote o el Obispo, tiene que ocuparse de dar la doctrina de la masonería usando lo propio de la Iglesia, es decir, el Evangelio, la Tradición de la Iglesia, sus Dogmas, el Magisterio Infalible de la Iglesia.

Es decir, el masón en la Iglesia no dice a las claras su doctrina masónica, sino que la oculta cuando predica el Evangelio, cuando dice la Misa, cuando hace un oficio en la Iglesia. Dice una verdad del Evangelio y, a continuación, dice su verdad, la propia de la masonería. De esta forma se oculta la doctrina masónica, pero arrastra al alma hacia esa doctrina, que la separa de la doctrina del Evangelio.

Francisco, al gobernar como masón, tiene que poner la doctrina masónica de una forma velada, pero segura. Porque no se trata de decir sus verdades entre las Verdades del Evangelio. Se trata de que cuando el alma escuche esa homilía se mueva, sin quererlo, hacia la doctrina masónica.

Por eso, Francisco tiene que ser obsesivo con ciertos temas, como el amor al dinero, amor al hombre, dar dinero a los pobres, etc., para llevar al alma hacia eso que quiere.

Las almas que no poseen vida espiritual son aquellas que oyendo un discurso se tragan ese discurso como venido de la mano de Dios. Es decir, no saben discernir nada de ese discurso. Sólo ven palabras bonitas, razones, más o menos coherentes, y no más. No entienden más. Por eso, son las primeras engañadas por todo lo que se dice en el discurso.

A los hombres les gusta oír lo que ellos piensan. Y esa es la misión de todo gobernante masón: dar al hombre lo que el hombre quiere. Darle las frases que el hombre quiere oír. Darle las palabras que el hombre quiere oír. Hacer las obras que el hombre quiere ver.

Esto es lo que ha hecho Francisco desde el comienzo de su reinado. Desde que apareció en el balcón. Lo primero era pedir la bendición al pueblo. Esto, que se ve como algo humilde, es lo propio del masón. Tiene que ganarse primero al pueblo. Y la mejor manera de hacerlo es pedirle algo al pueblo. Algo que no es malo, pero algo que revela lo que es Francisco.

Un Papa no pide nada al pueblo cuando tiene que proclamar su Pontificado. Un Papa tiene que ofrecer algo al pueblo para que el pueblo entienda que es Papa. Todos los Papas, en sus primeras palabras dan algo a los demás. Dan, no piden, porque lo propio del que ama es dar, ofrecer, otorgar, sin pedir nada a cambio. El amor verdadero siempre es así. Por eso, se conoce al que no ama sólo por sus obras, no por sus palabras bonitas.

Francisco ya obró en contra del amor sencillo, simple. Ya no dio algo, sino que pidió algo. El que ama no pide. El que no ama, pide. Para el que tenga vida espiritual, enseguida dice: este no tiene vida espiritual, no tiene espíritu, por lo que obra. Para el que no tenga vida espiritual, le gusta mucho que Francisco pida la bendición al pueblo, ve en eso un gesto de cariño, de atención al hombre. Y, entonces, yerra en su discernimiento: qué Papa más santo que ha pedido la bendición al pueblo.

Francisco es masón y así son su obras desde el principio de su reinado en la Iglesia. Él ya no es Papa, porque se ha cargado el Papado con su gobierno horizontal. Él tiene la figura del Papa, porque se viste de Papa y actúa como Papa, pero no tiene el Poder de Dios en el gobierno de la Iglesia. Es Cristo quien gobierna ahora la Iglesia, no es Francisco. Francisco gobierna su nueva iglesia, no la Iglesia de Cristo.

Francisco, al ser masón, tiene que dar a la masonería el gobierno de la Iglesia. Y, por eso, pone su gobierno horizontal, que está lleno de masones.

Francisco, en ese gobierno masónico, hará que la Iglesia sea dada al poder político. Es decir, se va a actuar en la Iglesia dependiendo de un poder humano, de un hombre, de una cabeza política. Porque el masón está sometido a un hombre.

Cualquier sacerdote que pertenezca a la masonería tiene como jefe a un hombre y se ata a ese jefe. Y, aunque ya no pertenezca a ningún grupo masónico, como ahora Francisco, por tener el cargo de Papa, se debe a un hombre, porque una vez que se es masón, se es masón hasta la muerte.

Francisco obedece a una cabeza que nadie ve, que nadie sabe, que sólo él conoce. Y obra en la Iglesia según esa cabeza humana. Por eso, el gobierno horizontal es sólo una pantalla. La verdad del gobierno de Francisco es otra muy distinta que no sale a la luz. Saldrá a la luz en su momento, cuando esa cabeza humana decida cambiar a Francisco por otro líder en la Iglesia.

Ahora la Iglesia la gobierna la masonería en todo su esplendor. No la gobierna Francisco. Francisco es sólo el primer líder de muchos que la masonería va a poner en la Iglesia para llevarla hacia donde la masonería quiere.

Francisco es sólo un juguete de los masones. Rinde culto al pensamiento de un hombre, que es el que gobierna toda la Iglesia actualmente. Y la gobierna en la oscuridad, porque no puede darse a conocer hasta que no llegue el momento.

Francisco es sólo el que prepara el terreno para esa cabeza. Es el primer precursor del Anticristo. No es el anticristo, es una imagen del anticristo, porque muchos anticristos han salido al mundo, por los cuales conocemos la mente del demonio, –la última hora-, donde se manifiesta, a las claras, qué quiere el demonio en la Iglesia de Jesús (cf. 1 Jn 2, 18).

Francisco es un gobernante masón, pero sin cabeza. Es decir, que no tiene poder de la masonería para hacer lo que él quiera en la Iglesia. Sólo tiene poder de la masonería para iniciar lo que ha iniciado: el gobierno horizontal. Pero no puede hacer más, por los dictados que recibe de arriba, del poder masónico. Tiene que estar ahí, haciendo que se desarrolle ese gobierno y, después irse, para dejar paso a otro.

Así siempre actúa el poder masónico. No da todo el poder a una persona, sino que a cada persona le otorga un poder para que lo obre. Una vez que lo ha obrado son ellos mismos los que deciden su partida. Y ellos mismos se sacrifican por su amor a la masonería.

Francisco dejará su reinado a otro por imposición del que lo gobierna, del poder masónico, cuando acabe su tiempo de obrar lo que se le ha mandado. Y lo dejará sin más, porque tiene obligación de dejarlo, está obligado a dejar su reinado a otro masón para que continúe lo que quiere la masonería en la Iglesia. No puede rebelarse ante esa orden, porque sería su suicidio en la Iglesia.

La Iglesia está gobernada por los masones. Ya no se da la oposición que antes, -cada Papa-, hacía contra ese poder masónico. Ya es un someterse a los dictados de la masonería y, por eso, Francisco hace lo que hace sin oposición de nadie, sin que nadie le diga nada, sin que nadie lo critique, sin que nadie se oponga a sus palabras ni a sus obras. La masonería lo controla todo en la Iglesia. Por eso, todos tiene que callarse. Tiene que hacer la vista gorda ante lo que obra el jefe masón, Francisco.

Por eso, es deber de quien sigue a Cristo predicar en contra de Francisco en las homilías y de enseñar la verdad de lo que es Francisco.

Y, cuando se hace eso, la gente se asusta, porque tiene a Francisco como un santo. Pero hay que predicar el Evangelio de Cristo y eso supone proclamar la Verdad, que es Jesús. Y si el Papa enseña otra verdad, distinta al Evangelio, hay que ir, sin misericordia, contra el Papa, y llamarlo mensajero del demonio, porque eso es lo que es Francisco. Él no pregona a Cristo. Él lanza llamaradas de fuego, como un Dragón, para vomitar las palabras del demonio en la Iglesia.

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2 comentarios

  1. Cristina de López dice:

    Alabado sea Jesucristo!

    Excelente artículo, en pocas líneas deine de una manera exacta quien es Francisco y su misión.
    Las profecías se cumplen ante nuestros ojos y el tiempo de “VOLAR AL DESIERTO” ha llegado. Aquellos que queramos ser fieles hasta el fin hemos de SALIR DE ESA FALSA IGLESIA que se gestó dentro de la VERDADERA IGLESIA CATOLICA y no seguir la voz de ese Falso Profeta, lobo con piel de oveja, que lo único que busca es llevar a las almas a adorar al mismo satanás y perderlas para Dios.
    Tiempo de erguir nuestra cabeza y unidos en los Corazones de Jesús y de María, vivir en una atenta, vigilante y confiada espera.
    El Señor está cerca, no cese nuestra oración y no decaiga nuestra esperanza….CRISTO REINARA!
    Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

  2. Raul Patiño dice:

    Es aquí donde llegan las definiciones. ¿Soy católico? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a demostrarlo hablando con claridad, desenmascarando, rezando y estudiando la verdad revelada para salir con la espada de la verdad a dar la lucha.
    La masonería se caracteriza por su capacidad de mimetizarse, de agazaparse, espera durante décadas. Ahora tiene afán.
    El demonio se caracteriza por eclipsar, como las serpientes.
    QUIEN MIRE A LOS OJOS DE FRANCISCO SIN TENER CLARO QUIEN ES SERÁ ECLIPSADO. Luego, hará lo que esta nueva religión quiera.
    ¡Viva Cristo Rey!

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