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La engañosa doctrina de Francisco sobre el mundo

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“Y hoy, muchos de vosotros habéis sido despojados por este mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda; no importa si en el mundo hay niños que mueren de hambre; no importa si tantas familias no tienen que comer; no tienen la dignidad de llevar pan a casa; no importa que tanta gente tenga que escapar de la esclavitud, del hambre y huir buscando la libertad y, con cuanto dolor, tantas veces vemos que encuentran la muerte, como sucedió ayer en Lampedusa. ¡Hoy es un día de llanto! Estas cosas son obra del espíritu del mundo. Es ridículo que un cristiano, un cristiano verdadero, un cura, una monja, un obispo, un cardenal, un papa, quieran recorrer este camino de la mundanidad; es una actitud homicida. La mundanidad espiritual mata. ¡Mata el alma! ¡Mata a las personas! ¡Mata a la Iglesia!” (Francisco en Asís. 4 de octubre).

Estas palabras de Francisco son la síntesis de su error, de su humanismo.

Francisco lucha por un mundo mejor, por una vida humana mejor, para que el mundo dé trabajo a los que no lo tienen, para que los niños no pasen hambre, para que cada familia lleve a su casa un pan y así tener dignidad humana. Francisco sólo habla de la esclavitud del hambre, de la esclavitud del dinero, de la esclavitud del trabajo, pero no como un pecado, sino como un mal social.

Para Francisco no existe el pecado sino el mal social, el error social, lo que cada uno entiende por el mal. Nunca Francisco va a predicar sobre el pecado, sino siempre sobre los males sociales sin atender a la raíz del mal social, que es el pecado.

Francisco lucha por el bien social, no lucha por el bien espiritual. Y llama a su iglesia para que se despoje del espíritu mundano y dé dinero al que no lo tiene y dé trabajo al que no lo tiene y quite los problemas económicos, sociales, materiales, humanos de las personas: “Estas cosas son obra del espíritu del mundo”. Estas cosas son obra del pecado, no de tu interpretación de lo que es el espíritu del mundo.

Francisco ha entendido mal lo que es el espíritu del mundo, el espíritu mundano. Francisco entiende que el mundo está mal porque tiene un espíritu mundano. Y, entonces, hay que sacarlo de ese espíritu y darle otro espíritu, el de Jesús. Pero, para hacer eso, hay que comenzar resolviendo los problemas económicos de la gente, dando pan al que no lo tiene, etc. Francisco se ampara en la enseñanza de Cristo en el Evangelio, pero no sigue el Espíritu de Cristo en el Evangelio.: “No me disteis pan, no me vestisteis…”. Cristo enseña la salvación por el amor, practicando la virtud del amor con los más necesitados. Y enseña la condenación, negándose a practicar la virtud del amor con los más necesitados. Cristo habla del bien espiritual. No habla del bien material. Cristo no enseña a dar pan a los hombres. Cristo enseña a practicar el amor para salvarse. Y se practica dando un pan al que no lo tiene. No se practica obligando a dar el pan a los pobres, como hace Francisco. Francisco no se centra en el bien espiritual del alma, de la Iglesia, que es buscar la salvación la santidad. Francisco se centra en resolver el problema económico de los demás.

Nunca Cristo enseña que hay que dar dinero. Cristo enseña a amar al pobre practicando una virtud con el pobre. Francisco no enseña eso. Francisco despotrica contra el espíritu del mundo en los sacerdotes, en los curas, en los religiosos, que -por ese espíritu mundano– no dan dinero a los pobres, no ayudan a los más necesitados. Francisco quiere que toda la Iglesia se dedique a resolver los problemas económicos de los demás, y así se sale del espíritu del mundo y la Iglesia se pone en el espíritu de Jesús. Todos en la Iglesia tienen este espíritu del mundo y, por eso, la gente pasa hambre y no tiene trabajo. Y él, que no tiene este espíritu del mundo, es lo que enseña a la Iglesia. Hay que ser como él, hay que obrar como él para zafarse de este espíritu mundano, que consiste en no resolver las necesidades de los demás por estar cada uno en su mundo, en su vida humana.

Quien lea toda su predicación se dará cuenta de la necedad que está diciendo, y cómo se esfuerza por querer que sus palabras sea captadas por todos como la verdad del Evangelio. Le gusta tanto improvisar que pierde el sentido espiritual de la Palabra de Dios y hace su interpretación humana de la miseria en el mundo. Qué diferente a otros Papas que, cuando tocaron estos temas, pusieron las íes sobre los puntos y llamaron a cada cosa por su nombre. A Francisco le da igual esto. Lo que importa es su doctrina sobre los pobres en el mundo y en su iglesia. Esto es lo que todos tienen que hacer en su nueva iglesia: despojarse de este espíritu mundano.

Francisco no ha entendido lo que es el espíritu del mundo porque él se ha fabricado su enseñanza del espíritu del mundo. Para él, tener el espíritu del mundo es eso: como no ayudas al pobre en sus necesidades, eres mundano, estás en tu mundo, en tus problemas, pero no sabes ver los problemas económicos de los demás, no tienes el espíritu de Jesús, él sí sabía ver las necesidades de los demás y las remediaba. Y, por eso, tienes un espíritu mundano que te impide tener el espíritu de Jesús. Este es su filosofía del espíritu mundano. Y todos, en esa predicación de Francisco, lloraron, se alegraron, aplaudieron a este idiota que no sabe lo básico en la vida espiritual.

Dijo su herejía favorita: amor a la carne de Cristo. Hay que amar la humanidad de Cristo, que, en lo concreto, son los pobres, los que pasan hambre, los que no tienen trabajo. Hay que dedicarse a eso. Eso es ser Cristo, eso es amar a Cristo, eso es tener el espíritu de Cristo. Y el Señor lo dijo muy claro: “Pobre siempre tendréis”, porque no queréis quitar vuestro pecado de avaricia.

El problema no está en que haya pobres, sino en que las almas no quitan su pecado de avaricia, que es lo que no predica Francisco. No hay que predicar que hay que dar dinero a los pobres. Hay que predicar que cada uno quite su avaricia. Y nada más. Aquel que quita su avaricia, entonces ayuda a los pobres. Pero aquel que no quita su avaricia, no ayuda. Y no hay que cansarse en dar un panfleto comunista en los discursos, en las predicaciones, para obligar a la gente a que dé dinero, que es lo que hace Francisco.

Está haciendo su política, su discurso comunista sobre el dinero, sobre el mal del mundo. Tiene la teología de la liberación empapada en todo sus espíritu. Se nota a legua que habla para conquistar las mentes de los hombres y llevarlos hacia lo que él quiere: su visión de los que tiene que ser la Iglesia hoy día. Y, para eso, coge a San Francisco y lo adultera, le da la vuelta, y predica la mentira.

La Verdad no está en la predicaciones, en los discursos bonitos, con fuego, en las obras buenas de los hombres. La Verdad es Jesús. Y los demás somo siervos de la Verdad, esclavos de la Verdad, no dueños de la Verdad. Y hay que estar en la Iglesia sirviendo a la Verdad, no sirviendo a la Iglesia. Y, entonces, se hace la Iglesia que Jesús quiere. Jesús es el que enseña la Verdad. No son los hombres, no son sus predicaciones, sus teologías, sus obras buenas humanas. La Verdad no está en cada hombre. La Verdad está sólo en Jesús. Y Jesús sólo da Su Verdad al corazón humilde, que no pone nada, que no hace nada en contra de esa Verdad.

Glosario

Misa espiritual

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