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Perfecto fariseísmo en la Iglesia

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“Nos encontramos actualmente ante la más grave confrontación histórica por que ha pasado la Humanidad. No creo que gran parte de la sociedad norteamericana, ni tampoco gran parte de la comunidad cristiana, tengan una clara comprensión de lo que significa esto. Actualmente estamos en presencia de la confrontación final entre la Iglesia y la Anti-iglesia, entre el Evangelio y el Anti-Evangelio. Se trata de una prueba que la Iglesia debe afrontar.” (visita a Estados Unidos en 1976, del Cardenal Wojtyla, futuro Papa Juan Pablo II)

La crisis de la Iglesia comienza por la Jerarquía. No comienza por el pueblo, por los fieles, porque el Cuerpo Místico de Cristo no tiene el Poder en la Iglesia y, por tanto, no tiene el Conocimiento de las cosas divinas. Sólo la Jerarquía tiene este Poder y este Conocimiento y, por tanto, son ellos los primeros en pecar y son ellos los primeros en engañar al Pueblo de Dios.

Que nadie se engañe en cuanto a la Jerarquía de la Iglesia. Dios los ha puesto en una gran dignidad, pero no han sabido ser fieles a esa dignidad. Por eso, dice la Virgen en La Salette, a Melania:

“Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios; por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza… Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”

La sede del Anticristo es por culpa de la Jerarquía de la Iglesia, no es por culpa de los fieles. Y, por tanto, para que la sede de Roma se convierta en el asiento del demonio, la Jerarquía debe tener una doble vida. Es decir, debe ser farisea, hipócrita, saducea, dada a la buena vida de los sentidos y de la carne.

Y, para conseguir esta doble vida, es necesario presentar dos caras al Pueblo de Dios y al mundo: una cara santa y otra cara del demonio. La cara santa es cuando se predica en los atrios de la Iglesia, cuando se pasea por los pasillos de la Iglesia, cuando se hacen cosas divinas, sagradas, en la Iglesia.

La cara del demonio es para obrar otra cosa diferente para dárselo al mundo. Es hacer vida social, es hacer vida nocturna, es alternar con los amigos de lo desconocido, introducirse en los ambientes del mundo, hacer camadería para conquistar el aplauso y la fama entre los hombres.

Esta cara del demonio se puede hacer de forma oculta o de forma visible. Quien lo hace ocultamente es porque teme que lo vigilen, porque teme represalias, porque quiere seguir donde está, en la Iglesia, en el sacerdocio, al ser fuente de dinero y de poder.

Esta cara del demonio ha sido una constante en la Iglesia en muchos sacerdotes y Obispos de todos los tiempos, no sólo de ahora. Y, por eso, dice la Virgen que se han convertido en cloacas de impureza, por su mala vida que nadie sabe, porque se hace en secreto.

Pero la cara del demonio también se hace de forma publica. Y hay muchos testimonios de esto, sobre todo, en los últimos sesenta años, desde el Concilio Vaticano II. Ya los sacerdotes y los Obispos no han tenido reparo en ofrecer su mala vida y darla a conocer a todo el mundo. Es una vida que ya viven, que ya obran y que se adapta a la vida de santidad que ofrecen en la Iglesia.

Es el fariseísmo puro, el que se encontró Jesús cuando se encarnó para fundar Su Iglesia.

Ese fariseísmo puro está metido en la persona de Francisco, que tiene dos vidas muy diferenciadas: la vida para la Iglesia y la vida para el mundo.

En la vida para la Iglesia, se muestra humilde, se muestra santo, habla palabras de serafín, dice cosas que gustan a todo el mundo.

En la vida para el mundo, se muestra arrogante, soberbios, fanfarrón, habla herejías, dice cosas que molestan a todo el mundo, obra la mentira en todas las cosas que hace para el mundo.

Este fariseísmo puro sólo se puede hacer cuando la persona tiene un Poder en la Iglesia, como es el caso de Francisco. Con ese poder puede hacer estas dos vidas y nadie le dice nada.

Y ¿por qué nadie le amonesta y le hace ver sus grandes pecados?

Sólo hay una razón: porque tiene todo el Poder. Y no hay otra razón.

Y, para comprender esto, es necesario saber que un Papa es sólo un hombre con todo el Poder. Es decir, que cuando ese hombre se sienta en la Silla de Pedro, todos doblan sus rodillas y se someten en cualquier cosa a lo que él diga. Y la razón: porque es el Vicario de Cristo en la Tierra. Es decir, es el mismo Cristo que habla, que enseña, que manda por su Vicario.

Esto es lo que señala la Fe en el Papa en la Iglesia. Esta es la Verdad del Papado. Una Verdad dura de seguir porque sólo se ve al Papa como un hombre, con sus errores, con sus debilidades, con sus pecados.

Cuando el Papa es verdadero, no hay que ver más para seguirle, no hay que investigar más para conocer que es verdadero. No hay que ver lo que pasa en la Iglesia. No hay que ver los pecados de los demás en la Iglesia. No hay que ver si firma un documento inoportuno en la Iglesia. No hay que ver nada. Es el Papa y eso basta para seguirlo.

Pero Dios, sabiendo cómo son los hombres, siempre da a cada alma su discernimiento para conocer si ese Papa es verdadero o no. Y para que el discernimiento sea útil, el alma, no sólo debe vivir en Gracia, sino que también debe tener vida espiritual. Si no hay esto, el alma no puede discernir si ese Papa es verdadero o falso.

La Iglesia, junto a la Jerarquía, adolece de discernimiento espiritual, porque la mayoría no vive en Gracia, sino en su pecado, y no tienen vida espiritual. Sólo tienen la rutina de las prácticas religiosas: ir a Misa el Domingo, hacer un ayuno en Cuaresma, rezar unas cuantas oraciones, con todas las prisas del mundo, y poco más. Después, se la pasan en su vida humana, creciendo para el mundo y siendo vividores de lo humano. (El discernimiento espiritual es completamente opuesto al discernimiento humano, racional. El discernimiento espiritual se hace sólo siguiendo al Espíritu. El discernimiento humano se hace siguiendo las razones de cada uno en su mente).

Y, entonces, están en la Iglesia y no perciben lo que pasa. Les habla un Francisco de cosas bellas y se lo tragan todo. Su discurso, que es una sucesión de herejías, nadie las ve, porque no tienen discernimiento espiritual. Lo que leen lo asimilan sin más por esta razón: es el Papa el que habla. Y punto. Han aprendido que hay que obedecer al Papa y no criticarlo en nada. Y hasta ahí su discernimiento espiritual.

Ya lo decía Juan Pablo II: No creo que gran parte de la sociedad norteamericana, ni tampoco gran parte de la comunidad cristiana, tengan una clara comprensión de lo que significa esto.

La gente no se entera de lo que está pasando ni en la Iglesia ni en el mundo, porque viven para lo suyo. Y ven la Iglesia para su interés personal, privado, pero no como el camino para salvarse y santificarse.

Ante un Francisco que, a las claras, tiene dos vidas, ni siquiera se atreven a pensar si eso es posible en un Papa. Ni se les pasa por la cabeza. Han perdido el sentido común. Tan opacas están las almas porque sólo están metidas en sus problemas humanos, en sus líos humanos, en sus obras humanas y todo lo ven para su vida humana. Y quieren una Iglesia que les dé trabajo y dinero, porque para eso viven en el mundo. Y, cuando Francisco, les muestra esa Iglesia, están tan contentas de que Dios les haya dado este Papa, tan santo, tan humilde, tan lleno de amor por los hombres.

Esto es lo que se percibe después de las terribles declaraciones de ese canalla: ¡qué bien ha hablado el Papa! ¡Qué amor es el Papa!

Cuando las almas de la Iglesia llegan a este punto es que están viviendo lo mismo que vive Francisco: su fariseísmo en la Iglesia. Su perfecto fariseísmo.

Esta es la única razón para poder explicar por qué nadie se mueve ante las palabras del Dragón.

“El Mensaje de Fátima es un llamamiento a la conversión, alertando a la Humanidad para que no haga el juego del «dragón», cuya «cola arrastró una tercera parte de las estrellas del Cielo, y las lanzó sobre la Tierra.» (Ap 12:4) (Cardenal Karol Wojtyla, ante el Congreso Eucarístico de Pennsylvania, en 1977)

Los fieles de la Iglesia, la Jerarquía de la Iglesia, están haciendo el juego del Dragón. El Dragón, que es Francisco, les habla de la vida que ellos quieren: una vida humana, una vida con dinero, una vida con trabajo, una vida con amor, una vida con placeres. Y las almas siguen sus palabras, se entretienen con el Dragón.

Francisco es visto como un mensajero del amor, de la paz y de la armonía en el mundo y en la Iglesia. Se pavonea y muestra lo que parece ser una verdadera compasión y amor por todos. Francisco da la fachada de la humildad, de la pobreza, del bien, porque eso es lo que todos quieren ver. No quieren ver un Papa que les hable del pecado, de la oración, de la penitencia, del sufrimiento, de cómo conquistar el cielo, porque eso no es lo que ya viven en la Iglesia.

Ya el trabajo duro de aniquilar la vida espiritual de los fieles en la Iglesia lo han hecho los sacerdotes y Obispos durante sesenta años en la Iglesia. Y ahora todo el mundo busca lo que esos sacerdotes han predicado en todas las iglesias: seamos hermanos unos con otros, ayudémonos unos a otros, seamos felices en este mundo, busquemos la paz y la justicia entre todos.

Francisco tiene el terreno preparado para obrar lo que está haciendo sin oposición de nadie. Porque es el Papa y porque esta vida que lleva, esta vida oculta, la ha enseñado por años en su sacerdocio a sus fieles y ha encaminado a todos hacia este fariseísmo. Estar en la Iglesia pero para hacerla más humana, más llevadera para los hombres, más apacible para todos. Los sacerdotes predican en sus homilías este fariseísmo, tan propio de los que han perdido el Espíritu de Cristo. Ya no saben predicar la Cruz, porque la rechazan. Quieren un amor cómodo que les lleve al Cielo.

Francisco es el modelo del fariseo puro, porque es Papa. Y nadie en la Iglesia tuvo discernimiento para comprender que no es Papa, por sus vidas malas, vidas que son cloacas de todos los vicios.

Y ahora que está diciendo esas cosas bárbaras, hay sacerdotes que empiezan a ver, pero tiene que callar, porque Francisco ha dado orden de callar. Nadie se atreve a decir nada. Y este silencio es ya un pecado muy grave, porque Francisco está obrando claramente: ha quitado el Papado a la vista de todos. Y eso los sacerdotes y los Obispos lo saben. Pero callan. Nadie puede poner un gobierno horizontal en la Iglesia, ni siquiera el Papa. Y esto lo sabe toda la Jerarquía, porque este tema es el principal en la Jerarquía. Este punto es el que trae todos los conflictos en la Jerarquía. Por la ambición de poder la Jerarquía calla la verdad. Toda la Jerarquía ha comprendido el gesto de Francisco. Y callan. Silencio culpable. Y no se atreven a hablar por que quieren un puesto en el poder. Por eso, decía la Virgen:

“Estos son los Tiempos, por Mí predichos, en que Cardenales se oponen a Cardenales, Obispos a Obispos, Sacerdotes a Sacerdotes y la grey de Cristo es dilacerada por lobos rapaces, que se han introducido bajo pieles de inofensivos y mansos corderos”(Al P. Gobbi. 6 de septiembre de 1986)

¡Qué inofensivo y manso cordero parece Francisco! Y es un demonio.

La Virgen predijo esto en Akita, en 1972: “La obra del demonio se infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos”. Y nadie la hizo caso. Todos callaron la verdad de la Virgen, porque se refería al Papado. Y cuando la Virgen toca el Papado, la Jerarquía calla su mensaje, como pasó en Fátima, y dice otra cosa porque no le gusta escuchar de la Virgen la verdad que Ella ve en la Jerarquía.

Ahora es el momento de ver esta lucha por conquistar el poder en la Iglesia. Lucha entre cardenales, entre sacerdotes, entre Obispos, para estar en ese gobierno horizontal. La Jerarquía ya no va a luchar por la Verdad de la Iglesia. Sólo va a luchar por sus verdades, las que a ellos les interesan: el poder y el dinero. Y, por eso, la grey, los fieles de la Iglesia, son los que más van a sufrir esta lucha entre los hombres de la Iglesia, porque se ponen como cabezas de las ovejas lobos feroces, rapaces, que van a aniquilar todo vestigio de vida espiritual entre los fieles de la Iglesia. Lobos que se revisten como Francisco, con el manto de la humildad, de la pobreza, del bien humano, para saquearlo todo en la Iglesia.

Es pena ver una Iglesia dormida en su pecado. Y sólo se despertará cuándo sientan la llaga en sus corazones y en sus vida materiales. Cuando vean que la Iglesia les despoja del amor a Crsito y del amor a la Virgen, entonces llorarán por haber estado tanto tiempo dormidas, en el juego del Dragón. Y no supieron levantarse de ese sueño porque había perdido la fe en el Amor. Y pusieron su amor en todas las cosas de la vida humana y se perdieron.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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