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Las mentiras del lobo Francisco

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Francisco es un lobo en la Iglesia, no es un santo, no es un Pastor de almas, es el instrumento del demonio para derribar la Santidad de la Iglesia con la mentira de una boca que no sabe decir la verdad, sino sus verdades al mundo.

Francisco hay que verlo como es. No hay que cerrar los oídos a lo que dice. Hay que abrirlos para comprender que lo que dice no viene de Dios, sino del demonio.

El problema de muchos en la Iglesia es que cierran sus corazones a la Verdad y abren sus mentes a la mentira del demonio. Muchos no han entendido lo que es Francisco porque sólo saben escuchar sus palabras sin discernirlas en el Espíritu de la Verdad. Y, por eso, el silencio de toda la Jerarquía, que es un pecado que compromete a toda la Iglesia y que esclaviza a toda la Iglesia a las mentiras de un demonio.

“El problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar”: que los jóvenes no tengan trabajos, que los ancianos estén solos, descuidados.

Problema político y económico, pero que nace del pecado de avaricia de muchos y de su pecado de orgullo. El problema más urgente de la Iglesia es de orden espiritual, no de orden humano, natural, económico, científico. Los problemas de la Iglesia nacen de hombres que no viven para las cosas de Dios y se dedican a hacer un iglesia para el mundo, para la concepción del mundo, para vivir en el mundo. Y eso trae consigo un grave problema espiritual en la Iglesia. Poner el problema de la Iglesia en lo material de la vida es no entender para qué sirve la Iglesia.

“La Iglesia debe sentirse responsable tanto de las almas como de los cuerpos”

La Iglesia es responsable de las almas, no de los cuerpos. La Iglesia se ocupa de la vida espiritual, no de la vida económica, no de la vida política, no de la vida humana. La Iglesia atiende al pecado de los jóvenes que no tienen trabajo, se ocupa del pecado de los ancianos que están solos. La Iglesia no remedia el problema del paro, ni los problemas humanos de los ancianos, porque no está para eso. La Iglesia está para hacer las Obras del Espíritu, no las obras de los hombres, no lo que los hombres entienden por las obras de Dios, sino por lo que Dios entiende por Sus Obras.

“Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal”

La visión que cada uno tiene del bien y del mal viene por su pecado de soberbia, que es lo que hizo que Adán y Eva fueran contra el Bien que Dios les proponían y eligieran el Mal que pensaron en su cabeza. Ese Mal fue el fruto de escuchar al demonio en sus mentes. Y, por eso, desde ese pecado de Adán y Eva, los hombres han perdido la visión de lo que es el Bien y el Mal. Nadie sabe discernir eso sin la ayuda de Dios, que es lo que no se dice, se calla, porque no se cree en la ayuda de Dios, sino sólo se cree en el propio pensamiento del hombre, como el descubridor de la verdad en todas las cosas. Herejía que pone el pensamiento humano como un ídolo, como un dios, por encima del Pensamiento de Dios.

“Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien”

La tarea de la Iglesia no es animar a que se siga el propio pensamiento, sino a despreciar el propio pensamiento, para no caer en la soberbia que impide la Obediencia al Espíritu de la Verdad. Si cada cual sigue lo que piensa, entonces no puede darse la unidad en el pensamiento. Cada uno piensa una verdad y la sigue. Y, entonces, ya no existe la Verdad, sino muchas verdades, según mentes haya en el mundo. Cada uno puede dar su verdad y afirmarse en su verdad y decir que esa verdad le salva y le santifica. Esta herejía se basa en la herejía que dice que Cristo tiene dos personas: la humana y la divina. Y, por tanto, Cristo hacia sus obras según el hombre, según el pensamiento del hombre, según el yo del hombre y hacía otras obras según el yo divino. Y esto produce un caos en el mundo de la verdad. De esta manera, se oculta la verdad que viene de Dios y se enfatiza en la verdad que está en cada hombre. Y de aquí se sigue que ya la Verdad no es absoluta, sino relativa. La verdad es lo que piensa cada uno. Y los hombres se relacionan unos con otros según sus pensamientos. Y la relación del hombre con Dios es también según el pensamiento, ya no según el Espíritu. Esta herejía de Nestorio la lleva Francisco a todas partes y la proclama en todos sus discursos en la Iglesia. Cristo, para Francisco, se relaciona con Dios sólo con las verdades de su pensamiento humano. Y, entonces, en Cristo es más importante el pensamiento humano que el pensamiento de Dios. Y esto le lleva a Francisco a otra herejía contra la Trinidad de Personas.

“Cada uno…debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe”

Francisco está negando al demonio como origen del Mal. El origen del mal está sólo en cómo uno entiende el mal. Esto, al ir en contra de todo la Revelación, hace que para Francisco no exista el pecado original, no se den los diferentes pecados personales y la figura del demonio es algo mítico, algo de la mente, algo que los hombres adquieren según sus investigaciones, según sus costumbres, según sus culturas, pero que no se da en la realidad. La realidad es que hay que combatir el Mal como uno lo entiende. Ya no se puede combatir al demonio, porque –para él- no existe y no es el origen de todo el Mal que existe en el mundo. Esto hace a Francisco el mayor hereje en la Iglesia. Después, él querrá explicar el pecado y el demonio según lo tiene en su mente de hombre, pero no como son en la realidad.

“¿Usted sabe lo que es el agape?…Es el amor por los otros, como nuestro Señor predicó”

El ágape es la caridad divina, no es el amor por los otros. El amor por los otros es el amor al prójimo, diferente del ágape. El ágape es el Corazón Divino que se da al alma para que pueda obrar lo divino en la Iglesia. El amor al prójimo viene del ágape, de la caridad. Y se refleja en el prójimo cuando la persona obra las virtudes en ese prójimo. Para amar al prójimo hay que hacerlo con las virtudes morales, que se oponen a los vicios. Francisco quiere amar al prójimo con los vicios, no con las virtudes.

“Amor al prójimo, levadura que sirve al bien común”

El amor al prójimo no es una levadura, porque el amor es la semilla de la Palabra de Dios. El amor, que es semilla, crece con el agua de la oración y con el sacrificio de los pecados y de los apegos que la persona tenga en la vida. A esa agua se le añade la levadura de la fe, porque sin fe la persona se queda sólo en sus miras humanas y tiene que elevarse hacia otra cosa, hacia lo divino, que es lo que da la esperanza al hombre. Sin fe, el hombre no tiene esperanza, sino que vive con los ojos puestos en un mundo triste y desolado, sin caminos y sin puertas para dar a su vida un sentido. Francisco pone la esperanza de los hombres sólo en tener dinero, en tener un trabajo, en tener un futuro asegurado en lo material y en lo humano de la vida. Y, por eso, da a la Iglesia un camino de desesperanza, de tristeza, de terror, de miedo, porque ése camino es el del mundo. Y el mundo todavía no ha sabido tener esperanza porque no tiene amor. Para esperar un mundo mejor hay que aprender el amor de Dios, como lo enseña Dios en Su Espíritu. Pero Francisco aprendió el amor de los hombres, como los hombres conciben el amor en sus pensamientos humanos. Y Francisco no puede entender lo que es el ágape, porque no sabe renunciar a sus pensamientos humanos, que son el norte de su pecado en la Iglesia.

“El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de hermandad”

El Hijo de Dios se Encarnó para divinizar al hombre, no para que el hombre tenga sentimientos humanos. El hombre es creado humano y, por tanto, ya tiene sus sentimientos humanos, ya tiene un amor humano hacia los demás. Ese amor humano, por el pecado original, es una imperfección en el hombre, no es un camino para amar al otro. El hombre tiene que purificar su corazón para que ese amor humano se corrija y se dé al otro la verdad de ese amor. Para eso la Encarnación del Verbo, para dar al hombre el instrumento de su purificación y hacer que el hombre alcance su perfección, no sólo en lo humano, sino en lo divino. Por eso, cuando el Verbo se encarna es para dar al alma la Gracia, que le hace ser hijo de Dios. Ya la Gracia no deja al hombre en sus amores humanos, sino que eleva los amores humanos hacia lo divino. Francisco se queda en su negocio en la Iglesia, que es dar a los hombres pan y comida para la vida. Pero no sabe dar en la Iglesia el Pan de los Fuertes, el Alimento del Alma, el Amor de la Verdad, que es Jesús en Su Eucaristía. Por eso, dice esta herejía, que es fruto de su herejía de concebir al Hijo de Dios con dos cabezas.

“Todos somos hermanos e hijos de Dios”

Porque Francisco anula la Gracia con su concepción del bien y del mal, entonces dice otra herejía sobre al amor. Porque el amor no hace hermanos. El amor obra la verdad entre los hombres. Y, en los hombres, hay personas que no quieren ser amadas, que son como el demonio, malas, que no quieren hacer amistad con nadie. Y, entonces, no se puede decir que todos somos hermanos, ni siquiera hablando humanamente, refiriéndose a un amor humano imperfecto. Eso es una realidad entre los hombres. Hay muchos enemigos entre unos y otros, y los mismos hombres no se llaman hermanos. Pero lo más grave es que dice que todos somos hijos de Dios, que es concebir al hijo de Dios como un hombre, como una persona humana. Aquí está otra herejía, que nace de Nestorio. Es preocupante que Francisco se dedique a decir Misa y a predicar la Palabra de Dios cuando no cree en la Divinidad del Hijo de Dios. Sólo cree en su humanidad. Por eso, no es temeroso pensar que Francisco no celebre Misa, sino que haga un teatro, porque ya no cree en lo que enseña la Iglesia cuando se celebra la Misa.

“Los jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisistas, halagados y exaltados por sus cortesanos”

Francisco concibe la Iglesia en su herejía. Para Francisco no se da la Autoridad Divina en la Iglesia. Eso le viene por Nestorio. Al no darse esa autoridad, lo que hay en la Iglesia, sus jefes, su gobierno, es algo humano, en que se procura hacer las cosas según un planteamiento humano de la Iglesia. Francisco no ve el camino divino de la Iglesia. No ve el Papado y la Curia como algo divino, algo que Dios ha concebido desde siempre. Y, por eso, ve sólo jefes y cortesanos. Tiene la visión del gobierno que se da en el mundo. Está hablando de cómo el ve el gobierno de la Iglesia, que es un gobierno mundano, con sus ambiciones, con sus rebeldías, con sus cosas propias de los hombres. Francisco no llama súbditos a los que están debajo de la Cabeza, sino cortesanos. La Cabeza no reina para Francisco, sino sólo preside la Iglesia. Es una presidencia que es un servicio. Quien gobierna la Iglesia son las mentes de los hombres, mentes inteligentes, filosóficas, científicas. Y entonces tiene que saltar con que “la corte es la lepra del Papado”. Pero esta frase es la conclusión de lo que él piensa sobre la Iglesia. La Jerarquía de la Iglesia, porque sigue una Autoridad Divina, entonces es una lepra, no es solución para los problemas de la Iglesia. Todos los Papas son una lepra, han dejado a la Iglesia en un camino sin solución, en un camino sin retorno, en un camino absurdo. Ningún Papa ha sabido dar a la Iglesia la Verdad, porque se han apoyado en la Autoridad Divina, en la Piedra Angular de la Iglesia. Y, entonces, son una lepra. Esta calumnia contra la Iglesia no sólo va contra la Jerarquía actual de la Iglesia, sino que va contra toda la historia de la Iglesia. Y, por tanto, también va hacia el Cuerpo Místico de la Iglesia, porque lo que es la Cabeza, por la unión mística en Cristo, lo es también Su Cuerpo. Francisco sólo sigue su herejía, que va contra todo lo divino, contra todo lo que se llame santo en la Iglesia, contra todo lo sagrado. Y uno se pregunta: ¿qué sentido tiene para Francisco proclamar santos y beatos en la Iglesia si no cree en la Autoridad Divina de la Iglesia? ¿Para qué se molesta en proclamarlos? ¿Por qué no obra en consecuencia con lo que dice?

“la curia… Es vaticano-céntrica… No comparto esta visión y haré todo lo que pueda para cambiarla”

La Curia es divina, es algo que Dios ha puesto en la Iglesia en la sucesión apostólica. Francisco niega la sucesión apostólica en la Iglesia. Niega que el orden sacerdotal esté compuesto por diáconos, por sacerdotes, por Obispos. Y niega, además, que la Gracia se pase por imposición de manos en este sacramento. Por tanto, esa sucesión apostólica da a la Iglesia una Jerarquía, en la que el Obispo es la Cabeza de los Sacerdotes, los Sacerdotes son la Cabeza del Rebaño, de los fieles en la Iglesia, y los diáconos están sometidos a los Sacerdotes en el ministerio de la Iglesia. Esto hace a la Jerarquía centrarse en la Iglesia, porque hay una Cabeza que pone un orden en la Iglesia. Un orden que centra las cosas de la Iglesia. Un orden que une a muchos en la Iglesia para dar un Poder y para servir a ese Poder. Francisco no comparte esta visión, que es la visión de todos los Papas en la Iglesia, que es la visión de toda la Jerarquía en la Iglesia y que es la visión de toda la Iglesia en su conjunto. Y él quiere cambiarla. Aquí está su mayor herejía. Porque nadie puede cambiar esto, ya que la Iglesia la puso Jesús de esta manera, no de la manera como Francisco la entiende en su mente humana. Francisco no está hablando de lo que hay en la iglesia por el pecado. Se está metiendo en la esencia de la Iglesia, en el Fundamento de la Iglesia, en la Piedra Angular de la Iglesia. Y esto es muy grave. Esto es gravísimo. Si pone en obra este pensamiento, el terror comienza en la Iglesia, porque tiene que ir en contra de muchas cosas que la Iglesia tiene por divinas, por sagradas, por santas y que ningún Papa se ha atrevido a tocar, porque han tenido el auxilio del Espíritu en su Papado. Y Francisco se cree Dios para hacer esto. Aquí su mayor pecado en la Iglesia.

“La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del Pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos que tienen a su cargo muchas almas, están al servicio del Pueblo de Dios”

La Iglesia no es una comunidad, sino que es el Cuerpo Místico de Cristo, que son dos cosas muy distintas. Comunidad es hacer un común en todas las cosas de los hombres. Cuerpo Místico de Cristo es una Vida en el Espíritu, es una Obra en el Amor, es una Verdad en el Corazón. Francisco concibe su comunidad. Concibe su forma de estar en la Iglesia y de hacer Iglesia. Una forma humana, sentimental, cariñosa, pero desprovista de la Verdad de lo que es la Iglesia. Y, por eso, insiste en que los sacerdotes son los servidores de la comunidad. Pero la Jerarquía es la que gobierna a la Iglesia y la sirve con humildad. La Jerarquía no sirve a la Iglesia. Los fieles son los que sirven a la Jerarquía. Francisco va contra toda Verdad en la Iglesia. No ama a la Iglesia porque no sabe ver el fundamento de la Iglesia, la Roca de la Verdad fundada por Cristo en Él Mismo. Como ha negado la divinidad de Cristo, por Nestorio, niega la Divinidad de la Iglesia. Una herejía le lleva a otra.

“Descartes, sin embargo, nunca renegó de la fe en el Dios trascendente”

El yo pienso, luego existo de Descartes le lleva a negar la Transcendencia de Dios. Porque una cosa es conocer a Dios por el pensamiento, que son las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, otra cosa es llegar por el pensamiento a la Transcendencia de Dios. Son cosas diferentes: conocer que Dios existe y conocer la Transcendencia de Dios. Descartes conoce que Dios existe, pero no llega a meterse en lo que es Dios. Dios existe, pero no sabe dónde buscarle. Cuando se ve la Transcendencia de Dios se ve el camino para buscarlo. Descartes no puede encontrar este camino con su pensamiento. Sólo se encuentra con la fe, que es distinta a la mente del hombre.

“La gracia no forma parte de la conciencia, es la cantidad de luz que tenemos en el alma, no la de sabiduría o de razón. También usted, sin su conocimiento, puede ser tocado por la gracia”

La Gracia no es la cantidad de luz en el alma, porque la Gracia se da al corazón, no al alma. Los dones son los que se dan al alma, a su entendimiento y a su voluntad. Francisco habla así porque no cree que el hombre esté compuesto de alma y de espíritu. Y, por tanto, no sabe lo que es el corazón, que pertenece al espíritu. Para Francisco, el hombre tiene una mente humana y una conciencia humana, pero no tiene espíritu. El hombre tiene alma, pero no espíritu. Y, entonces, cae en el error de poner la Gracia en el alma. La Gracia es para el espíritu del hombre. Y para darle la vida divina, que se da en el corazón del hombre. Francisco niega la Gracia, porque niega la Divinidad de Cristo. Lo niega todo y hace de todo su propia concepción en su mente. Explica las cosas a su manera y, por eso, dice tantas barbaridades.

“Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser.”

Él no comprende a Dios en la Trinidad de Personas, es decir, en el Dios que se Revela. Por tanto, niega el dogma de la Santísima Trinidad. Sólo cree que existe Dios. Y lo cree por su entendimiento humano. No por otra cosa, como Descartes.

Entonces, viene el problema de Jesucristo: él lo llama su Encarnación, es decir la encarnación de Dios, no del Hijo. No cree en la Trinidad, pero tiene que explicar lo que es Jesús y lo que es el Padre. No explica lo que es el Espíritu, porque no tiene una razón para ello. Su pensamiento no la encuentra.

De Jesús, dice que es su encarnación. Encarnación de lo divino, no de la segunda persona de la Stma. Trinidad. Esa encarnación de lo divino es una forma de energía, de conocimiento, que se traduce en la iluminación de la conciencia.

Jesús es el que ilumina la conciencia del hombre. Se encarnó para eso. Por tanto Jesús es el maestro que le enseña esta conciencia, es el pastor que le lleva hacia esta iluminación.

El Padre es el papaito, la luz, pero no la iluminación. La luz en el Padre es el origen de la conciencia. Y como origen se da la iluminación en Jesús. El Padre es origen. Está siguiendo a Orígenes, que no creía en la Procesión del Padre y del Hijo, sino en el origen.

Esta es su herejía. El Padre crea por ser origen, no porque de él proceda la Creación. Proceder y ser origen son dos cosas distintas en Dios.Entonces, para él Dios es eso: un ser, una energía una iluminación, un origen. No sabe meter al Espíritu, como no lo sabía tampoco explicar Orígenes. Se carga toda la Trinidad y entiende a Dios como lo entiende la Nueva Era.

“soy el obispo de Roma y el Papa de la catolicidad. He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal”

Se dice el Papa de la Catolicidad y no cree en el Dios Católico. Primer absurdo de su pensamiento humano. Porque ser Católico significa ser para todos los hombres. Y no cree en un Dios para todos los hombres. Es un Papa para todos los hombres pero que no ofrece un Dios para todos los hombres, sino que va a ofrecer su dios, como él lo entiende en su iglesia.

Ningún Papa puede decidir nombrar o poner un gobierno horizontal, porque anula el Papado, la Jerarquía de la Iglesia y la misma Iglesia. Francisco ha decidido suprimir al Papa, a la Jerarquía y a la Iglesia con ese nombramiento. Va contra la Revelación de la Iglesia que Jesús manifestó en Su Palabra: Tú eres Pedro y sobre esta Roca edificaré Mi Iglesia. La Iglesia de Jesús se edifica en el gobierno vertical, desde la Cabeza, en la Cabeza, por la Cabeza, que es Pedro. Y Pedro no tiene derecho a suprimir este gobierno vertical. Si lo hace, se carga todo en la Iglesia. Es decir, que Francisco ha comenzado su iglesia, que no es la de Cristo. Francisco se ha desprendido de la Roca, en la que Cristo fundó la Iglesia, que es Él mismo Cristo. Y, al desprenderse de la Roca, se aparta del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Y, por tanto, Francisco funda su propia iglesia con el gobierno horizontal que no existe en la Iglesia que Jesus funda. Existe sólo en su iglesia. Grave herejía la de Francisco. Gravísimo pecado que anula toda la Iglesia y todo el papado.

Francisco ha puesto a sus amigos para hacer su nueva iglesia, según está en su torpe cabeza humana.

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1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    ¿POR QUÉ LA CEGUERA DE LOS CATÓLICOS FRENTE A ESTO?
    Porque la llegada de Francisco no fue casual sino preparada durante mucho tiempo, por parte de la masonería eclesial y sus directores fuera de la iglesia. Por ejemplo, mediante falsas apariciones o falsos mensajes que destacaban supuestos llamados de Jesús y María a defender el Papa a toda costa y creerle hasta el final. Por ejemplo, mediante el direccionamiento de los fieles a espectáculos de milagros, prestándole la mayor importancia a éstos y no a las cuatro notas de la iglesia. Por ejemplo mediante la aplicación de la “nueva” visión del vaticano II.
    Ese trabajo de adoctrinamiento se dio de múltiples formas, mientras los templos eran reformados destacando al hombre, el sacerdote en la Nueva Misa volvió la espalda al Sagrario y dio la mayor importancia a los hombres, poco después de la Sagrada Comunión convierten la misa en un circo dándose la paz.
    Ha llegado Francisco cuando le prepararon todo, lo cual hace pensar en a quién representa, quién es y hasta dónde llegará…. con el aplauso de fieles eclipsados.
    Por eso debemos volver a las Verdad absoluta representada en la COHERENCIA de la TRADICIÓN, LA PALABRA Y EL AUTÉNTICO MAGISTERIO DE LA IGLESIA, sin que el uno contradiga al otro. Buscar la Santa Misa Tridentina como expresión de fidelidad. Leer el Apocalipsis como libro clave en los actuales momentos.

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