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Gobierno horizontal

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Don Bosco y la Eucaristía

“En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium”. (Sueños de San Juan Bosco. Dos columnas)

La Iglesia tiene un Amor: el amor a la Eucaristía y el amor a la Virgen María. Es un mismo Amor. Es una misma realidad. Es un mismo Corazón.

El amor a Jesús es el amor a la Virgen. Y el amor a la Madre es el amor al Hijo.

Sin este Amor, la Iglesia no puede caminar hacia la Verdad. Porque este Amor es la Verdad. Este Amor lo crea todo en la Iglesia. Y este Amor lo da todo en la Iglesia.

Dios lleva a Su Iglesia hacia este Amor. Pero la lleva como Él quiere. El camino sólo lo sabe Dios. La misma Iglesia no conoce el camino. Sólo tiene que dejarse guiar por la Mano de Dios.

Y Dios ha guiado siempre a la Iglesia a través de Su Cabeza, que es el Papa. Esta Verdad es la que ha permanecido siempre en la Iglesia. Es la única Verdad. No hay otra Verdad.

El Papa lo pone Dios y el Papa lo quita Dios. Dios usa el instrumento de los hombres, -que es un Cónclave-, para poner su Papa. Los Cardenales no eligen un Papa. Los Cardenales hacen una votación y es Dios quien elige.

Este Misterio de la Elección del Papa no se puede comprender con la razón humana. Es un Misterio que hay que creer. Y eso basta para tener fe.

El Papa no es una figura en la Iglesia. El Papa no ejerce un cargo en la Iglesia. El gobierno del Papa no está legislado en un libro. No hay normas que decidan lo que un Papa tiene que hacer en la Iglesia. Hay normas legisladas sobre algunas cosas que no son de la esencia del gobierno del Papa. El Papa es de la Iglesia. El Papa lo sabe todo en la Iglesia. El Papa se mete en todas las partes de la Iglesia, en todos los asuntos de la Iglesia. Y el Papa puede decidir lo que quiera en la Iglesia sin consultar a nadie, sin pedir un consejo, sin asesorarse de nadie.

Dios pone el Papa y Dios dice cómo gobierna el Papa. Dios da a la Iglesia un gobierno vertical para que el Papa pueda gobernar. Dios no da a la Iglesia un gobierno horizontal. En el gobierno horizontal ya no existe el Papa. Puede existir la figura del Papa, pero no el Papa.

El Papa es sólo para un gobierno vertical, un gobierno en Jerarquía, un gobierno en un orden jerárquico. Un gobierno que decide lo que pasa en la Iglesia sin consultar con la Iglesia.

Quien pone este gobierno vertical en la Iglesia es Dios, no los hombres. Los hombres no se inventaron este gobierno. Los hombres aprendieron este gobierno de Jesús, que es quien fundó la Iglesia. Y, a través de los siglos, se ha mantenido de la misma manera, porque es un gobierno Revelado por Dios. Es un Dogma en la Iglesia el Papado y la Jerarquía de la Iglesia. Y, por tanto, de ese Dogma se deduce la forma de gobernar en la Iglesia.

Cuando se pone un gobierno humano en la Iglesia se va en contra de esta Verdad Revelada y eso trae consecuencias múltiples en la Iglesia.

  1. La figura del Papa en un gobierno horizontal es sólo una legislación escrita. Por tanto, la figura del Papa no es Cabeza de la Iglesia. Es algo escrito. Y a esa figura se le puede llamar con el nombre que se quiera: jefe, presidente, camarada, etc.
  2. El Papa deja de existir en un gobierno horizontal y, por tanto, no se da la Obediencia al Papa. No existe Obediencia, porque no existe el Papa. Y si no se puede obedecer al Papa, tampoco a los Obispos que se unen a esa figura llamada Papa. Y, en consecuencia, no hay obediencia de los fieles a los sacerdotes. Y eso sólo por poner un gobierno humano, que significa quitar al Papa.
  3. Si no hay obediencia al Papa, tampoco hay obediencia a nada de lo que se diga desde el gobierno horizontal, porque -al no existir Papa- no hay Iglesia. La Iglesia es el Papa unido a la Cabeza Invisible de la Iglesia, que es Cristo. Cristo tiene Su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. El Papa no tiene el Cuerpo Místico de la Iglesia. Lo tiene cuando se une a Cristo. Un Papa que decide formar un gobierno humano, de forma automática, se separa de Cristo y, por tanto, de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo. Y ese Papa se convierte en otra cosa, llámese como se llame. Eso no interesa. Lo que interesa es que si sigue gobernando en la Iglesia, ya no gobierna la Iglesia, ya no gobierna el Cuerpo Místico de la Iglesia, sino que ya hace su iglesia y gobierna su iglesia, la que fabrica con su mente humana. Este es el punto en que vivimos ahora. Por eso, no hay obediencia a nadie en la Iglesia. Por eso, no hay que hacer caso a lo que se diga en ese gobierno humano. Sólo se puede obedecer a los Pastores que ven esta Verdad, que viven esta Verdad y que saben discernir esta Verdad.

Ahora mismo la Iglesia es sólo llevada por Cristo, no por ningún hombre, porque ya no existe el Papa, la Cabeza visible de la Iglesia, por haber sido anulada con el gobierno humano, horizontal, donde no puede darse la Jerarquía, el Orden Jerárquico. Se da sólo un orden humano, un orden legislativo, un orden moral, un orden ético, pero no un orden espiritual y divino.

Por tanto, el gobierno horizontal divide a la Iglesia en dos partes:

  1. una, los que siguen el gobierno horizontal y, por tanto, hacen lo que ellos mandan.
  2. otra, los que se oponen a ese gobierno horizontal y buscan la Verdad de la Iglesia, que sólo ahora la da Cristo en Su Espíritu. No la da una cabeza visible, porque la verdadera cabeza de la Iglesia, que es Benedicto XVI, renunció a ser Papa. Ahora la verdad de la Iglesia sólo la tiene Cristo. Y lo que está en toda la Tradición de la Iglesia y en todos los Dogmas de la Iglesia. Sólo se puede seguir lo que enseñaron los Papas hasta Benedicto XVI, excluído, por su pecado. Pero ni Benedicto xVI, ni Francisco, ni los sucesores de Francisco hacen Iglesia ni conducen a la Iglesia a la Verdad. Ellos se inventan su iglesia y la llevan a lo que ellos quieren, lejos de la Voluntad de Dios.

Quien no vea el Papado así, como se ha visto en la Iglesia siempre, entonces no puede comprender lo que pasa ahora en la Iglesia.

Quien vea lo que se está haciendo en la Iglesia como algo que Dios lo quiere, entonces no sabe lo que es la Iglesia, lo que es la Voluntad de Dios.

Quien quiera dar a Francisco un motivo para seguir haciendo lo que hace, entonces se opone a Dios y a la Iglesia.

Es Cristo quien decide los destinos de Su Iglesia. Ante esta situación, no hay que irse de la Iglesia. Porque la Iglesia es la Verdad. Porque no hay otra Iglesia. No existe otra Roca de la Verdad, donde Jesús fundó su Iglesia.

Ante esta situación, sólo queda una cosa: luchar por la Verdad de la Iglesia hasta el martirio. Y si no se hace esto, entonces nos ponemos al lado de Francisco y vivimos lo que él quiere: una vida humana, una vida feliz, una vida con dinero, una vida con placeres.

La Verdad hay que vivirla antes de obrarla, antes de predicarla, antes de enseñarla. Porque la Verdad es Jesús. Y Jesús es la Vida del Amor Divino, es la Obra del Amor Divino, es la Verdad del Amor Divino.

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