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El dictador Francisco

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La Iglesia es una Jerarquía, una Monarquía, un orden vertical, donde el Papa es la Cabeza y tiene todo el Poder en la Iglesia. Puede hacer lo que quiera sin consultar con nadie, sin escuchar a nadie, sin someterse a nadie. Y este Poder en el Papa es compartido con los Obispos que se unen a él en el Espíritu.

Por tanto, al Papa se le llama Papa porque es la Cabeza de un orden vertical, que va desde la cabeza hasta el Pueblo de Dios. Va en vertical, va de arriba a abajo. Se extiende desde arriba y se abanica en el suelo, se desparrama en los fieles. Y, por tanto, los fieles no pertenecen a la Jerarquía, al gobierno de la Iglesia. El fiel es sólo el que sirve a la Iglesia, no el que gobierna la Iglesia. El fiel recibe de la Jerarquía el mandato para hacer algo, y sólo tiene que hacerlo como la Jerarquía dice.

Francisco, al poner un orden horizontal en la Iglesia, es decir, un gobierno humano, hace que la figura del Papa desaparezca. Porque el Papa sólo existe en un gobierno vertical, en un orden vertical, no en un orden horizontal. Y esa figura se convierte en un dictador de forma automática en el gobierno horizontal.

Ahora mismo Francisco no es Papa, es un dictador, que tiene todo el Poder de la Iglesia, como cualquier dictador en el mundo. Y, por tanto, el daño que puede hacer ahora es inmenso, porque obra como dictador, ya no obra como Papa.

Por eso, las recientes declaraciones de este dictador a un periodista ateo son las palabras propias de un dictador, que combate contra su misma Iglesia, contra su misma curia vaticana, para así conseguir que todos le apoyen en su proyecto de la Iglesia. Y conseguirlo a través de la presión, del miedo, del enfrentamiento. Francisco no sabe enfrentarse cara a cara con la Jerarquía. Por eso, prefiere hacerlo fuera de Roma, fuera de los círculos vaticanos. Es un miedoso de la verdad. Sólo lucha por su mentira.

Es lo que hace un dictador: se va a los medios de comunicación que le interesa para difundir su herejía. No se va a los medios de comunicación que tiene la Iglesia. Eso no le interesa, porque sabe que no le van a dejar hablar tan claro como lo está haciendo.

Va a esos medios, que son ateos, que son comunistas, porque él es un político comunista, que entiende el gobierno horizontalmente, es decir, hay que descentralizar el gobierno del Vaticano.

Por eso, en esas declaraciones difama que sólo la curia vaticana vela y se interesa por las cosas del Vaticano, y no por los intereses de los fieles. Esto es una mentira y un grave daño a la Iglesia. Porque la Iglesia vela por toda la Iglesia, no sólo por el Vaticano, no sólo por la curia romana. Otra cosa es que en la Iglesia haya avaricia, ambición de poder, guerra entre cardenales, entre obispos y entre sacerdotes, y sólo se refleja eso al exterior: no se atienden a los fieles en la Verdad, porque la Jerarquía está en su pecado.

Pero Francisco no ve el mal de la curia vaticana, en el pecado de la Jerarquía, en el pecado de cada miembro de la Jerarquía. Y, por tanto, no se incluye él en el mal de la Iglesia. Tampoco ve su pecado. Para él el bien y el mal es sólo una concepción de la mente: “Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe.Bastaría eso para cambiar el mundo”. Y, por tanto, se hace el bien porque la mente piensa de forma positiva. Y se hace el mal porque la mente piensa de forma negativa. Para él la curia vaticana está llena de gente que piensa de forma negativa y que, por tanto, se centraliza en sus cosas, en su vida vaticana, no en la vida del pueblo, de los hombres, de las culturas, de las ciencias humanas.

Francisco sólo atiende a las necesidades humanas del Pueblo de Dios, no atiende a la vida espiritual del Pueblo de Dios. No le interesa el pecado de avaricia. Le interesa que no hay dinero, que no hay trabajo. Luego, se pierde la dignidad del hombre, porque el hombre es lo que es su trabajo, su ambición en la vida, sus obras humanas en su vida humana. Al diablo con la dignidad de ser hijo de Dios. No sirve centrarse en buscar la santidad de la vida ni la salvación del alma. Hay que dar a los hombres el camino nuevo de la salvación, que está en todo el progreso humano y la ciencia humana. Y la Iglesia tiene que acomodarse y estar en el mundo siendo del mundo, sin obligar a una vida espiritual, sin defender los valores divinos, espirituales que son los propios del Reino de Dios: “La Iglesia no irá nunca más allá de expresar y defender sus valores (habla de los valores humanos en la política), al menos hasta que yo esté aquí”.

Con tal de que el Pueblo de Dios tenga para trabajar y para divertirse en la vida, eso es- para él- la tarea de la Iglesia, como lo expone en esas declaraciones, que son sólo el fruto de su error: su humanismo.

Francisco no cuenta nada nuevo. Dice lo mismo, pero con otras palabras. El mal de la Iglesia es que los sacerdotes no hacen nada para que el pueblo tenga trabajo, dinero y salud. La curia vaticana tiene que centrarse en esto, no en sus problemas vaticanos, no en mirarse a ella misma, centrada en sus cosas. Este es el pensamiento de Francisco sobre el mal de la Iglesia. Nada dice del pecado.

El dictador ve el pueblo como una comunidad. El Pueblo está para hacer un común. La Iglesia está para hacer un común. Esta es la doctrina del comunismo: “La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del Pueblo de Dios”. Esta es su herejía sobre la Iglesia.

Así la ve Francisco, porque se ha convertido en dictador. Ya no ve a la Iglesia como una Jerarquía, en que la Cabeza es la que hace el Cuerpo. No; es el Cuerpo el que somete a la Cabeza a su voluntad. Esto lo que dice Francisco. Los sacerdotes tienen que servir al Pueblo de Dios: “los presbíteros, los párrocos, los obispos, que tienen a su cargo muchas almas, están al servicio del Pueblo de Dios”. Y este es su error. Porque los sacerdotes tienen que gobernar al Pueblo de Dios, no servirlo, ya que la Iglesia es una Jerarquía. Otra cosa es que ese gobierno se haga con el servicio de la humildad. Gobernar y servir son dos cosas distintas. Se gobierna con amor y se sirve con humildad.

Pero Francisco no entiende de humildad en el servicio y menos de amor en el gobierno. No sabe lo que es el amor. El amor es “levadura que sirve al bien común”. Esta es su otra herejía sobre el amor.

Porque el amor no es levadura, sino que es la Palabra de Dios. Y la Palabra se siembra en cada corazón para que dé su fruto. Pero si el alma no quita los impedimentos para que esa semilla dé fruto, que son los apegos, los pecados, los errores, etc., entonces la levadura de la fe no produce nada en el alma. La fe es lo que hace crecer el amor. Es la levadura. Francisco habla de lo que no sabe porque él entiende así la encarnación del Verbo: “El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de hermandad” . Nueva herejía sobre la divinidad de Jesús.

Jesús no se encarna para obrar lo humano en el hombre, no se encarna para dar sentimientos humanos al hombre, no se encarna para que el hombre viva su vida humana y sea sólo hombre. Jesús se encarna para divinizar al hombre, para dar al alma del hombre sentimientos divinos, obras divinas, vida divina. Pero, ¿qué sabe ese idiota de lo que es Jesús si sólo se viste de Cristo, pero no lleva consigo el Espíritu de Cristo? ¿A quién pretende engañar con esas palabras que nacen de su corazón desviado por su lujuria?

Ver así a Francisco es ponerse a llorar por la Iglesia. No por el alma de Francisco. Un alma que no ve su pecado y, por tanto, enseña el pecado como cabeza de la Iglesia. Un alma que no quiere convertirse. Un alma que se ve a sí misma como la salvación de la Iglesia. Él sirve a la Iglesia con arrogancia, con soberbia, con su lujuria de la vida. Y la gobierna con el odio que tiene en su corazón. Odio que aprendió de pequeño en las enseñanzas del comunismo: “Tuve una profesora de la que aprendí el respeto y la amistad, era una comunista ferviente. A menudo me leía o me daba a leer textos del Partido Comunista. Así conocí también aquella concepción tan materialista. Me acuerdo que me dio el comunicado de los comunistas americanos” Pero ¿qué se puede esperar de un dictador como Francisco? Aprendió el amor de quien no tiene amor ¿Pero qué se cree la Iglesia que es Francisco: un santo, un innovador, un gran profeta? Es un bastardo, es un canalla, es un demonio.

Francsico es un vividor. Tiene su vida social, su vida nocturna en Roma. No está asentado en los aposentos papales del vaticano pidiendo a Dios por la Iglesia, sino que hace tertulias con sus amigos judíos y come con ellos en sus ritos judíos para así hacer la Iglesia de su humanismo, de su error como hombre. Francisco no cree en la Iglesia. Cree en su vida humana, en sus luces humanas, en sus obras humanas. Y en no más. Y quiere que la Iglesia sea como él piensa. Y, por eso, ha instituido ese gobierno humano, que es lo propio que hace un dictador: pone a sus amigos en el gobierno: “He decidido, como primera cosa, nombrar a un grupo de ocho cardenales, que constituyan mi consejo. No cortesanos, sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos“. El camarada Francisco ha puesto en su gobierno, en su consejo, a sus amigos, que son para él los que tienen sus mismos sentimientos, es decir, los que tienen su mismo error: su humanismo.

Cuando se terminan de leer estas declaraciones de Francisco enseguida viene a la mente: este es un dictador, que habla como dictador y que quiere una iglesia como la quiere un dictador, no como la quiere Dios.

Para quien quiera ver en estas declaraciones una nueva primavera para la Iglesia, entonces más le valiera que salga de la Iglesia, porque ha comenzado el reino del terror en la Iglesia.

Un hombre que tiene todo el poder en la Iglesia es capaz de cualquier barbaridad a partir de ahora. Si ahora se ha dedicado a hablar, era porque no tenía el poder como lo quería obrar. Ahora lo tiene, y ahora puede hacer mucho daño como lo hacen sus palabras.

Palabras de dragón, parecidas al dragón rojo, al comunismo, que quiere apoderarse de todo.

Por eso, Francisco reunió el 12 de septiembre a su cúpula vaticana para informarles que iba a dar unas declaraciones a la Prensa y que necesitaba que todos callasen, que todos lo apoyasen en eso que iba a decir, que nadie dijera nada sobre sus palabras. Esta es la razón del silencio de muchos sacerdotes, Obispos, que tienen que callar porque el dictador Francisco lo ha ordenado en la Iglesia. Y nadie se mueve por miedo a Francisco. Nadie le dice que está pecando por miedo a lo que pueda hacer ese idiota que se ha vestido de blanco, de piel de oveja, para hablar las palabras de lobo y así arrastrar a tantos a la perdición, porque tienen miedo de la Verdad, de decir la Verdad, de levantarse y encarar a Francisco y mandarle que se vaya su casa porque está destrozando la Iglesia.

¿Habrá alguien en la Jerarquía que dé testimonio de Cristo ante la Iglesia? ¿Habrá alguien entre los sacerdotes que se atreva a predicar en la Misa de los Domingos contra las barbaridades de ese necio vestido de blanco? ¿Cuándo la Iglesia dejara de temer a Francisco y se opondrá a él? ¿Cuándo se le dejará de ver como Papa y se le verá como es en la realidad: un dictador?

Para que Francisco no sea dictador en la Iglesia, tiene que renunciar a todos sus poderes papales. Si no hace eso, viene el reino del terror en la Iglesia. Y será tarde para muchos.

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2 comentarios

  1. Cristina de López dice:

    Al final del artículo se hacen unos cuestionamientos muy interesantes:
    “¿Habrá alguien en la Jerarquía que dé testimonio de Cristo ante la Iglesia? ¿Habrá alguien entre los sacerdotes que se atreva a predicar en la Misa de los Domingos contra las barbaridades de ese necio vestido de blanco? ¿Cuándo la Iglesia dejara de temer a Francisco y se opondrá a él? ¿Cuándo se le dejará de ver como Papa y se le verá como es en la realidad: un dictador?”

    Más sin embargo yo encuentro el problema aún mayor, ya que desde mi muy humilde opinión no es por miedo a Francisco que muchos sacerdotes no se atrevan a señalar las barbaridades de este falso Pastor y por ello callen, sino antes bien, muchos sacerdotes no solo ciegos, sino fascinados por todo aquello que sale de la boca de este destructor, vienen adulando su persona y aceptan de buen agrado toda propuesta herética que sale de su boca.

    Que el Señor nos conceda el don de la perseverancia final y seamos soldados fieles y verdaderos dispuestos a dar la vida si fuese necesario por defender a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo….la VERDAD es inmutable….la misma ayer, hoy y siempre!

    Cristo Reinará!

  2. Juan Pablo dice:

    Yo leí la entrevista completa y lo más lindo del caso, es que el mismo ATEO que lo entrevista en más de una ocasión queda absolutamente escandalizado: “La lepra del Papado, ha dicho exactamente esto. ¿Pero qué corte? ¿Se refiere a la Curia? Pregunto.” le dice en una ocasión.
    Cuando Bergoglio le dice: ““El mal más grave que afecta al mundo en estos años es el paro juvenil y la soledad de los ancianos.” entre otras lindezas, el ateo le explica, con absoluta lógica, eso es asunto de los gobiernos: “Santidad, le digo, es un problema sobre todo político y económico, relacionado con los estados, los gobiernos, los partidos, las asociaciones sindicales.” Y lo deja mal parado. A éste ritmo, sí, efectivamente Francisco lo va a conventir a este hombre por el terror que le causa.

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