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Cisma y división en la Iglesia

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El Papa tiene la Autoridad Divina para gobernar la Iglesia. Y eso significa que no necesita apoyarse en ninguna autoridad humana para ejercer el gobierno de la Iglesia.

Por eso, el Papa puede aconsejarse con unos y con otros, puede pedir opiniones de unos y de otros, puede investigar sobre los asuntos, pero nunca formar un gobierno consultivo en la Iglesia para gobernarla, que es lo que ha hecho Francisco.

El legado de Benedicto XVI a la Iglesia es el gobierno humano. Su renuncia es porque le estaban imponiendo este gobierno por su mal gobierno en los asuntos eclesiásticos.

Benedicto XVI es una persona inteligente, pero con una sabiduría humana. Es un teólogo que sabe lo que dice en sus escritos, aunque lo diga mal. Su entendimiento tiene una lógica, una conexión, un camino. Pero su gran inteligencia le impide tener vida espiritual. Y, para gobernar la Iglesia, es necesario la vida espiritual, no la vida racional, no la vida que se adquiere por la inteligencia o la sabiduría humana.

Por eso, Benedicto XVI es inepto para gobernar. Pero, por ser Papa, porque lo ha elegido Dios para ser Papa, él, -en su gran inteligencia-, es humilde y Dios lo ha podido guiar en el gobierno de la Iglesia.

Porque Dios sólo necesita de un corazón humilde para hacer su obra. No necesita de cabezas que piensen, de mentes que escudriñen su Verdad. Y, Benedicto XVI, a pesar de su pecado, se mantenía humilde, con una humildad que -sin ser evangélica- le permitía ver sus errores, sus debilidades, sus fragilidades. Y eso basta para ser guiado por Dios. Dios guía en el pecado cuando el alma ve su pecado, aunque no lo confiese.

Dios podía guiar a Benedicto XVI en su Papado para que gobernara la Iglesia como Dios la quería. Los hombres, después, al ver la ineptitud del Papa, maquinaron todo eso para hacerle presión y que dejara el Papado. Entonces, Benedicto XVI deja a la Iglesia la razón de su renuncia: el gobierno humano, que todos quieren en la Iglesia y que va contra la Voluntad de Dios.

Francisco no es como Benedicto XVI. Francisco no tiene inteligencia humana, no tiene sabiduría humana, es un necio en su inteligencia. No es sabio. Sus escritos son sólo ideas que van apareciendo, que las toma de un sitio y de otro, y que las une de cualquier manera. Y, entonces, sale una ensalada de ideas, sin pies ni cabeza, sin lógica, sin conexión. Las ideas que lanzan quedan en el aire. Hay que estar adivinando qué quiso decir con todo eso.

Francisco, en su necia inteligencia, es un político, un hablador, uno que le gusta la vida social, la vida nocturna. Le gusta fraternizar con todos, compartir con todos, escuchar a todos, dialogar con todos. Pero no le gusta gobernar. Le gusta imponer su criterio sólo para hacerse sentir en la Iglesia.

Francisco es un mal gobernante y eso se ve a la legua. Y, por eso, para él el gobierno humano es la solución a su visión de la Iglesia. Lo que él ha concebido como la Iglesia lo logra a través de otros que piensen cómo hacer ese objetivo que tiene en su cabeza, pero que no sabe expresarlo con obras.

Francisco quiere meter a los homosexuales en la Iglesia, pero no sabe el camino. No sabe pensar sobre este punto. Cuando habla de los homosexuales se para ante el matrimonio homosexual y no lo concibe para ellos. Y, entonces, dice un absurdo: el homosexual hay que dejarlo que sea así, pero que no se case, que no se una con otro hombre. Si lo hace eso supone un retroceso antropológico. Esto es un absurdo. Y este absurdo no sabe explicarlo. Después dice otra cosa sobre la ley de adopción que no tiene nada que ver con los homosexuales, porque no sabe concluir su pensamiento, no sabe llegar a un término. Su pensamiento cojea siempre. Y esta forma de entender al homosexual es lo que le impide meter en la Iglesia al homosexual. No sabe obrar su pensamiento. Este es el fallo de Francisco.

Francisco habla mucho. Es para lo único que sirve. Pero no obra lo que habla, porque no encuentra un camino en su pensamiento. Su forma de pensar está cerrada en sí misma. Eso significa que Francisco no sabe lo que es la verdad del pensamiento. Sabe sus verdades, las que encuentra con los hombres, las que lee en los libros, pero no sabe ordenar su pensamiento para obrarlo.

Por eso, necesita un gobierno humano: alguien que piense y que obre lo que piense, que ponga un camino al pensamiento.

Francisco, por ser un necio en su entendimiento, no es humilde, no tiene la humildad de Benedicto XVI de reconocer sus errores, su mala vida, su pecado. Y, entonces, Dios no puede guiarle en la Iglesia. En su pecado, él se cierra a la verdad de su pecado. No ve su pecado como pecado. Benedicto XVI sí lo ve, por eso, es humilde. Otra cosa es cómo quitarlo.

Francisco, al poner un gobierno humano en la Iglesia se rebela contra la Autoridad de Dios en el Papado. Ese rebelarse significa que él se pone por encima del Pensamiento Divino y lo que vale ahora en la Iglesia es el pensamiento del hombre, no ya lo que Dios piensa sobre Su Iglesia.

Por eso, el temor de todos es este gobierno humano. Los que tienen vida espiritual saben lo que viene ahora a la Iglesia: una división y un cisma por este gobierno humano.

Los fieles de la Iglesia creen que con este gobierno humano todo se va a resolver y todos nos vamos a amar más y a ser más felices, a tener más fe y a ser una Iglesia más desprendida.

Es el sueño que todavía está en muchas almas, porque no saben discernir la Verdad, lo que ven, y creen que todo está bien, que todo marcha viento en popa, que las cosas van a ir a mejor.

Y hay que enseñar a las almas la ruina que viene ahora a la Iglesia. Ahora es cuando hay que hablar claro en la Iglesia. Y llamar al pecado con el nombre de pecado, para que se entienda la verdad y para que las almas despierten a la verdad.

Glosario

Misa espiritual

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