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Caminar hacia la Verdad

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El camino de la Iglesia lo da el Espíritu de la Verdad, que es el que lleva a toda la Iglesia hacia la Plenitud de la Verdad.

Sin la guía del Espíritu, la Iglesia se confunde con los pensamientos de los hombres y camina mal.

Cuando el hombre sigue su pensamiento humano, ya no sigue al Espíritu, que es el problema, no sólo de Francisco, sino de muchos en la Jerarquía Eclesiástica.

La Verdad de la Iglesia nace del Pensamiento del Padre. Y los pensamientos de Dios no son como los pensamientos de los hombres. Los hombres, cuando piensan, sólo ven ideas, razones. Dios, cuando piensa, vive, no se instala en una idea, como hace el hombre.

Al hombre le gusta pensar, le agrada ir de idea en idea. Le gusta construir edificios de ideas, más o menos, colocados para levantar una vida en el pensamiento. Pero, después, cuando quiere poner ese edificio en práctica, ve que no puede. Vive algunas ideas, pero no puede vivir todas. Por eso, hay tantas filosofías de la vida que sólo dan ideas, pero no pueden hacer vivir la vida.

El Pensamiento de Dios es una Vida y, por eso, no es algo estático, no es algo relativo, no es algo para un tiempo, no es algo que se pueda medir con los conocimientos del hombre.

Dios, cuando piensa, vive eso que piensa. Dios, cuando habla, obra lo que habla. Dios, cuando decide algo, lo da en la vida.

Por eso, Dios hace Su Iglesia en la Roca de la Verdad, que es Su Palabra, que es Su Hijo. Y Su Hijo es la Palabra del Pensamiento del Padre. Es una Palabra, no es una idea racional, no es un concepto humano, no es un plan humano.

La Palabra viene de la Verdad del Pensamiento del Padre: “Tu Palabra es Verdad” (Jn 17, 17).

Jesús es la Verdad, porque el Padre es la Verdad. Y es una Verdad Absoluta, es decir, sin límites, sin condiciones, sin cercanías con las demás verdades que los hombres adquieren con su inteligencia humana.

Dios da la Verdad a Su Iglesia en Su Palabra. Y Dios hace de Su Palabra el alimento de las almas. Y lo que está escrito en Su Palabra eso es la Verdad.

Y, por eso, no se puede interpretar el Evangelio de cualquier manera, según está en el pensamiento de cada hombre, según lo estudia cada hombre, según lo ve cada hombre.

La interpretación del Evangelio la da el Espíritu de la Verdad. Pero la da al humilde de corazón, no a los soberbios que quieren escudriñar las Escrituras para encontrar sus verdades, las que tienen en sus entendimientos humanos, para instalarse en esas verdades, y no ir hacia la Verdad.

Por eso, Jesús enseña la Verdad en su Palabra, en los Evangelios.

Y cuando Jesús lava los pies a los hombres está enseñando la Verdad. Y no está la verdad en lavar los pies a las mujeres. Lavarlos es sólo el fruto del entendimiento humano que busca sus verdades, busca sus caminos, busca sus razones para hacer la obra que quiere esa persona. Y esa obra se aparta de la Obra de la Verdad, que es lavar los pies a los hombres.

Y, cuando los hombres quieren desfigurar la Verdad del Evangelio, entonces ponen sus mentiras como la Verdad. Y obran sus mentiras como la Obra de la Verdad. Y esa mentira se convierte en una realidad, porque todo el mundo la obra sin más.

Es una realidad que muchos sacerdotes lavan los pies de las mujeres en la Misa del Jueves Santo. Y no se ve eso como un pecado, como algo en contra de la Enseñanza de Jesús en el Evangelio.

Los sacerdotes obran ese pecado y lo enseñan como una verdad. Y nadie dice nada. Y nadie se molesta. Y todos lo ven como algo normal, natural, innovador que se hace en la Iglesia.

Es un gran pecado lavar los pies de las mujeres en la Misa del Jueves Santo. Pero el hombre, con su entendimiento, ya no lo ve como un gran pecado, ni siquiera como pecado.

El hombre, con su entendimiento, lo ve como algo que hay que hacer porque también la Iglesia es para las mujeres. También tienen derecho a ser sacerdotes. También tienen derecho a gobernar la Iglesia. También tienen derecho a decidir la vida de la Iglesia y llevarla a la santidad.

Para muchos sacerdotes el papel de la mujer debe ser en la Iglesia como el papel de los hombres. Y esto lo dicen porque han desfigurado la Escritura con sus ciencias teológicas, con sus ciencias humanas, con sus filosofías de la vida. Se han perdido en los caminos de su entendimiento humano y han fabricado edificios de ideas que, en la práctica, no saben vivir, no pueden vivir. Y, por eso, se dedican a hacer obras para imponer su idea: la idea de que la mujer debe estar en la Iglesia como los hombres lo están.

Es la idea de la mujer igualada al hombre. Es la idea que va contra la Verdad del Evangelio: el varón es la cabeza de la mujer. La mujer tiene que estar sujeta al varón.

Esta Verdad ya nadie la sigue en la Iglesia, porque no han comprendido el papel de la Mujer en la Iglesia. Hoy las mujeres no quieren ser como la Mujer, como la Virgen María. Quieren ser como los hombres, como Jesús.

Y la Virgen María no fue sacerdote. Tiene el sacerdocio, pero no el ministerio ni la consagración del Sacerdocio. El Sacerdocio es una cosa, la Virgen María es otra cosa en la Iglesia. Y, cada uno, debe obrar su misión en la Iglesia, aquello para lo cual Dios ha creado cada cosa.

Pero como a los hombres les gusta inventar la Iglesia, les gusta buscar caminos nuevos en la Iglesia, les gusta agradar al mundo y a los pensamientos de los hombres, entonces caen en este gran pecado de lavar los pies a las mujeres.

¿Qué es la Verdad? Se preguntan muchos sacerdotes, haciéndose la misma pregunta que hizo Pilatos a Jesús. Y se responden diciendo que la verdad está en cada uno, en cada mente humana, en cada idea humana. La verdad es algo del hombre, está referida al hombre, se relaciona con el hombre. Y, entonces, según los tiempos de los hombres hay que obrar ciertas verdades. Y si antes se obró el lavar los pies a los hombres, porque convenía con un tiempo. Ahora hay que comenzar a lavar los pies de las mujeres, porque es otro tiempo, más nuevo para la Iglesia, con otras ideas más revolucionarias para la Iglesia, con otras cosas propias de los hombres y del mundo.

Y, entonces, cuando un Papa obra esta mentira, como lo ha hecho Francisco a los pocos días de subir al Papado, todos están conformes con eso. Nadie dice nada. Porque es Papa. Nadie recurre a la Verdad del Evangelio y le enseña a Francisco esa Verdad. Y nadie la pregunta: entonces, ¿qué es la Verdad? ¿Lo que hizo Jesús o lo que haces tú?

¿Por qué haces eso? ¿Dónde Jesús enseña a lavar los pies a las mujeres? ¿Imitar a Cristo es imitarte a ti, porque tienes el cargo de ser Vicario de Cristo en la Tierra? ¿Tenemos que seguirte a ti porque eres el Vicario de Cristo, aunque tus obras no sean las de Cristo? ¿Tus obras son las que valen?¿Las obras que Cristo dejó en su Evangelio ya no valen, ya no sirven? Entonces, ¿qué es el Evangelio? ¿Un producto de la mente humana, de los tiempos de los hombres, de las modas de los hombres?

Si veo que tú no haces las obras de Cristo, ¿me vas a pedir obediencia a ti? ¿Vas a exigirme que me ponga de rodillas ante ti para someterme a tu pensamiento humano cuando tú obras una mentira? ¿Quién eres tú para enseñar la mentira a la Iglesia? ¿Quién te crees que eres para hacer caminar a la Iglesia hacia tu mentira?

Francisco: no amas a la Iglesia. Tus obras demuestran tu odio a la Verdad de la Iglesia. Y tus obras son lo que hay en tu corazón. Y tu corazón es un amasijo de mentiras que obran el amor que tienes en tu mente y que das con tu boca. Y ese amor te condena por sus obras de maldad.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

Fátima en directo

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