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Purificar la Iglesia

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Nada en la Iglesia lo deciden los hombres, sino Dios.

Este es el Misterio de la Iglesia.

Y, en este Misterio, nos movemos en este momento de la historia.

La Iglesia es la Obra del Espíritu, no es la obra de ningún hombre.

Si no se ve así la Iglesia, entonces no se puede comprender lo que pasa en la Iglesia en este período de tiempo.

Vivimos la Purificación de la Iglesia.

Esta Purificación no es un tiempo más, como los anteriores, en la Iglesia.

En todas las etapas de la Iglesia, han habido sus problemas: Papas, anti-Papas, y muchas luchas por el Poder de la Iglesia.

Pero, en este tiempo, se vive otra cosa en la Iglesia: su Purificación.

La Purificación es un camino espiritual en que la Iglesia pasa a ser otra cosa, distinta a como se ha entendido siempre.

Dios quiere elevar la Iglesia hacia la Gloria. Pero no puede hacerlo si no quita, en Su Iglesia, lo que impide que sea Gloriosa.

Y los impedimentos para alcanzar esta Gloria son dos: el Poder y la Riqueza.

Los hombres, en la Iglesia, son como en el mundo: codiciosos y ambiciosos. Dinero y Gobierno.

Los sacerdotes, los Obispos, los Cardenales, los religiosos, los fieles, son hombres, como todo el mundo, y no saben desprenderse de lo que son, de lo humano, para hacerse divinos.

Si Dios no llaga, el hombre se queda igual: es humano, piensa como hombre, obra como hombre, vive como hombre. Y eso lo traslada a la Iglesia, y la Iglesia es un conjunto de hombres, que hacen lo mismo que los hombre en el mundo: viven para lo suyo humano, con un vestido talar, con un sacerdocio, con un ropaje que les indica su consagración, pero que no la viven.

Siempre ha sido así en la Iglesia: el elemento humano impide la santidad de la Iglesia. Y, entonces, Dios tiene que purificar lo humano para que la Iglesia se vuelva divina.

Y Dios tiene que ir al centro de esta Purificación: que son el Poder y el Dinero.

El Poder, que está en el Papa y en la Jerarquía de la Iglesia.

Dios tiene que Purificar el Papado. Y, para hacerlo, hay que quitar la Cabeza Visible de la Iglesia. Y se quita para poner la Cabeza Gloriosa, que Cristo quiere. Por eso, Pedro Romano, es un Papa Elegido sólo por el Cielo, no por los hombres. Dios tiene que poner el Papa que lleve a la Iglesia hacia la Gloria, hacia el Reino Glorioso de Cristo en la Tierra. Para poner este Reino no sirven los Papas como hasta ahora, porque no se quita en la Iglesia la ambición de poder, que todos los hombres buscan, aunque sean religiosos, sacerdotes, Obispos.

Dios ha quitado de en medio la Cabeza Visible, que es el Papa. Y lo ha quitado por un pecado contra el Espíritu Santo que un Papa hizo. En atención a ese pecado, Dios se retira de la Cabeza Visible, pero no de la Cabeza de la Iglesia, que es siempre Cristo.

Eso significa que la Silla de Pedro es ocupada por hombres, revestidos de sotana, pero que no hablan las Palabras de Dios a la Iglesia. Eso ya se ha comprobado con Francisco. Un Papa que no es Papa, y que sólo es un hombre que dice muchas cosas y no obra la Voluntad de Dios.

En la Cabeza Visible está ya la Purificación de la Iglesia. Ante eso, la Iglesia debe reconocer cómo Dios guía ahora a la Iglesia. La Iglesia tiene que despertar de su sueño, porque todavía no ve la realidad de lo que pasa en la Iglesia. Muchos creen que todo está igual de siempre. Que no pasa nada. Que lo que ha dicho Francisco, sí son palabras delicadas, pero que todo sigue igual, que no se va a ir más allá de esas palabras.

La Iglesia todavía está dormida ante lo que pasa en la Jerarquía de la Iglesia. No ve las luchas por el poder que, en estos momentos, se están dando, porque no se dan a conocer. Se calla, como siempre se ha callado esto en la Iglesia. Pero si uno está dentro de los corrillos del Vaticano, uno ve, enseguida, lo que pasa en el interior de la Iglesia.

Los hombres quieren quitar a Francisco para dejar a otro que siga con la función que ahora se tiene en la Iglesia. Eso es un verdad. Y, más, después de las declaraciones gravísimas de Francisco sobre la Iglesia. Un gobernante muy imprudente para la Iglesia, que muchos no lo quieren porque perjudica su deseo de poder en la Iglesia.

Hay que poner a un gobernante que hable menos y obre más. Es decir, lo opuesto a Francisco. Y en los corredores del Vaticano se está diciendo el Poder en la Iglesia.

Pero Dios también tiene que purificar a la Iglesia en cuanto al amor del dinero. Y, para eso, Francisco ha sido un ejemplo de lo que es el sacerdote hoy día en la Iglesia: vive para buscar dinero para su Parroquia. Así están todos los Párrocos, siempre con la excepción de unos pocos.

Los sacerdotes están preocupados por mantener la estructura física de la Iglesia, las distintas edificaciones, todo lo material que hay en la Iglesia (radios, tv, prensa, colegios, etc).

Dios, para purificar este aspecto, tiene que dejar a la Iglesia en una crisis económica. Es lo que ya se está viendo en el mismo Vaticano. Un agujero económico que no se sabe cómo pararlo. Y eso va a traer que quien ocupe el Poder pida dinero a quien no tiene que pedirlo, y se produzca en la Iglesia un sometimiento a un poder económico: si me das dinero, te doy poder religioso.

Esto es lo que se está fabricando en la Iglesia. Esto es lo que viene. Esto señala la Purificación de la Iglesia, para hacerla como Dios quiere.

Y, ante esto, ¿qué tiene que hacer los fieles? Sólo una cosa: permanecer en la Iglesia, pero defendiendo la Verdad de la Iglesia, todas las verdades de la Iglesia. Y eso supone ir en contra de cualquier herejía, de cualquier mentira, de cualquier hombre que quiera lavar la cara de la Iglesia y mostrar una cara que no le pertenece.

No hay que irse de la Iglesia. Hay que dar la vida por la Verdad de la Iglesia. Hay que defender a la Iglesia de aquellos que no la aman, que la quieren destruir con sus cosas humanas, con sus vidas humanas, con sus obras humanas.

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1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    Los fieles debemos permanecer en la Iglesia Católica, NO en la falsa religión que se ha estructurado desde el Concilio Vaticano II y que ahora avanza hacia la religión única mundial.
    Cuando en tiempos de Jesús la religión se corrompió hasta el punto del deicidio, Nuestro Señor dejó claro que su Iglesia seguía por un camino diferente, fundada sobre la roca. Ya no volvieron a los templos judíos.
    Cuando La Virgen de La sallete dice que “Roma perdería la fe y sería la sede del anticristo” estaba llevándonos a recordar que debemos aprender del apocalipsis, donde el falso profeta lleva incluso a adorar al anticristo. No es solo el papa Francisco, es casi toda su jerarquía que guarda silencio. No es la estructura, es la falsificación de la sana doctrina.
    Debemos ser cuidadosos y sobre todo no caer en la ingenuidad de creer que los obispos y sacerdotes, “fornicando con el mundo” llegarán a corregirse. Recordemos que en Apocalipsis se advierte que hasta los santos podrán ser engañados.
    Permanecer en la Iglesia no es estar dentro de la organización del Vaticano, es ser fieles a las cuatro notas y sus tres pilares. Es ser consecuentes con la verdadera doctrina.
    http://elcatolicismo.co/nueva_religion.htm

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