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La Iglesia no se salva sin sus Pastores

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

Jesús Buen Pastor

Jesús ha dado a la Iglesias Pastores que la pastoreen.

Y, por la maldad de Sus Pastores, la Iglesia obra el mal. Y, por la bondad de Sus Pastores, la Iglesia obra el bien.

Las almas, en la Iglesia, no se pueden salvar sin sus sacerdotes, sin sus Obispos. Es imposible.

Por eso, la Iglesia es un Misterio Divino. Y si no se ve como Misterio, entonces la Iglesia es el invento de cualquier hombre en la tierra.

Y -como Misterio- en la Iglesia se da la unión entre la cabeza y su cuerpo, entre los pastores y el rebaño. Es una unión mística, no sólo espiritual. Es una unión que se produce en el Espíritu de la Iglesia y que hace que las cargas del rebaño las lleve el Pastor (el sacerdote), y las cargas del Pastor las lleve todo el rebaño.

En esta unión mística, el pecado del sacerdote es el pecado de sus fieles. Y el pecado de sus fieles es el pecado de los sacerdotes.

Este Misterio sólo se resuelve en Dios, porque hay muchos malos pastores y hay muchas ovejas que son del demonio en la Iglesia. Y eso hace que la Iglesia se condene de muchas maneras, por sus sacerdotes malos y por sus fieles malos.

Estar en la Iglesia no es estar en una empresa donde se deciden algunos asuntos y se ven los caminos para resolver otros asuntos de los hombres.

Estar en la Iglesia es vivir este Misterio de comunión entre sacerdotes y fieles.

Y, cuando un Papa, peca contra la Iglesia, como es el caso de Francisco, hace que la Iglesia peque, no sólo contra Ella misma, sino contra la cabeza. El pecado de la cabeza rompe la Unidad de la Iglesia, destruye la Verdad de la Iglesia, provoca la Ruina de la Iglesia.

Esto es lo que no se discierne con la actuación de Francisco, porque está en la Silla de Pedro, actuando como cabeza y produce un mal en la Iglesia. Un mal para él mismo y un mal para toda la Iglesia.

La Iglesia no se puede salvar si sigue a un Pastor malo: “el que es asalariado, ve venir al lobo y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa” (Jn 10, 12).

Esto es lo que hizo Benedicto XVI, un mal Pastor, un asalariado, uno que no entendía el oficio para el cual lo llamó Jesús a Su Iglesia, y dejó al rebaño, por miedo al lobo. Y el rebaño quedó a la deriva, en manos del lobo.

El lobo es Francisco. Y, para muchos, es Papa, un buen Papa. Muchos lo ven como elegido por Dios. Y es sólo un Papa que Dios ha permitido tener en Su Iglesia para enseñar a Su Iglesia a discernir la Verdad.

Francisco ha hablado, pero no ha obrado. Y eso es una Misericordia de Dios con Su Iglesia. Francisco ha obrado ciertas cosas, pero que no tambalean la Fe de muchos, que no destruye el edificio de la Verdad de la Iglesia.

Dios ha permitido este Papa para un fin: porque en la Iglesia tiene que darse la Purificación.

La Purificación es un estado espiritual de toda la Iglesia en la que Dios salva a sus fieles sin su Cabeza Visible, que es el Papa.

Con la renuncia de Benedicto XVI, comienza la Purificación de la Iglesia.

Purificar significa quitar lo que impide la santidad. Purgar, arrancar lo que estorba en la Iglesia.

Y Dios comienza la Purificación de la Iglesia arrancando la Cabeza Visible de la Iglesia. La quita. Pero eso no quiere decir que no se dé la Cabeza de la Iglesia. La Cabeza es Cristo, no el Papa. El Papa es la Cabeza Visible, el Vicario de Cristo en la Tierra. Pero es un Vicario débil, frágil, pecador, porque es un hombre. Y, como Vicario, es impedimento para hacer la Iglesia que Dios quiere en la Tierra, que deber ser gloriosa. Y, por tanto, la Cabeza Visible de la Iglesia tiene que revestirse de Gloria. Y eso no puede darse si hay debilidad, fragilidad, pecado en esa Cabeza Visible de la Iglesia.

Por eso, Dios permitió la renuncia de Benedicto XVI para iniciar la Purificación de la Iglesia por la Cabeza Visible. Porque Dios siempre obra en Su Iglesia, primero por la Cabeza, después por las almas que están en la Iglesia.

Dios permite la renuncia del Papa Benedicto XVI por el pecado de un hombre. Si Benedicto XVI no hubiera pecado, Dios purifica a la Iglesia de otra manera. Pero, porque existe el pecado, entonces Dios suprime la Cabeza Visible, y deja a Su Iglesia sin Cabeza Visible. Esto significa la renuncia de Benedicto XVI: un pecado contra el Espíritu Santo, que tiene estas consecuencias. Pecado que, -para muchos en la Iglesia-, no es pecado y no lo ven como un pecado contra el Espíritu Santo.

Pero si Benedicto XVI tuvo la Infabilidad Papal, y -cuando se posee- no es posible pecar, entonces su renuncia es un misterio, no se puede explicar con palabras humanas. Si Benedicto XVI, como verdadero Papa, no puede hacer algo en la Iglesia que vaya en contra de la Verdad de la Iglesia, porque Dios lo asiste, Dios lo ayuda, entonces no se puede comprender su renuncia. O su renuncia es algo que Dios quiere y, por tanto, no es un pecado en Benedicto XVI. O su renuncia es algo que Dios no quiere y, por tanto, es un pecado. Pero si Dios quiere esa renuncia en el Papa, entonces el Papa tiene que dar la Mente de Dios en esa renuncia. Tiene que decir todo en esa renuncia. El motivo verdadero en esa renuncia. Si el Papa no dice eso, el Papa va contra la Infabilidad que tiene, va contra la Verdad que posee, y ahí su pecado contra el Espíritu Santo, que es un Espíritu de Verdad. Se es Papa para decir la verdad a la Iglesia, no para convencer a la Iglesia de un pecado, no para esconder a la Iglesia el pecado de unos cuantos para así no ofender, no dañar, a esas personas que hacen de la Iglesia una reunión para el pecado.

Si Benedicto XVI pudo ir en contra de su Infabilidad Papal, que le daba poder para no pecar, para no hacer algo en la Iglesia en contra de la Verdad en el Papado, es por el Misterio de la libertad y de la Gracia, que nos lleva al pecado de Adán y Eva en el Paraíso, donde tampoco podían pecar, porque lo tenía todo. Pero pecaron. Este es el Misterio: Adán y Eva no estaban confirmados en la Gracia, no tenían la Plenitud de la Gracia, que sólo la Virgen María posee. Tampoco la Infabilidad Papal hace al Papa confirmado en Gracia y, por tanto, puede pecar.

En la Iglesia, la única criatura que no puede pecar es la Virgen María. Esta es la excelencia de esa Mujer, a la cual se desprecia hoy en la misma Iglesia, porque se la persigue en tantas apariciones que da para toda la Iglesia y para el mundo. Cuando la Virgen habla hay que escucharla en silencio y poner en práctica lo que dice en la Iglesia. Y es lo que no se hace.

Y muchos sacerdotes no creen en la Virgen María y enseñan que lo que dice la Virgen es mentira. La llaman mentirosa y eso va contra la Plenitud de Gracia, que es Ella Misma en la Iglesia. Y, por eso, no se creyó en Fátima, porque los sacerdotes, los Obispos sólo tienen a la Virgen en sus Teologías, en sus entendimientos, pero no en sus corazones. No viven la Palabra de la Virgen en sus corazones, sino que la desprecian, porque viven las palabras que están en sus entendimientos humanos. Y eso es despreciar la Plenitud de Gracia, el Misterio de la Virgen en su Corazón.

Benedicto XVI pecó y dejó a la Iglesia en manos del lobo Francisco. Como lobo se ha comportado en su Pontificado. No como Pastor, no como buen Pastor. Y la Iglesia está en el mismo pecado que Benedicto XVI. Este es el Misterio: el pecado de la Cabeza es el pecado de toda la Iglesia.

Si Benedicto XVI pudo pecar contra su Infabilidad Papal, también toda la Iglesia puede pecar contra la Verdad, que es Ella Misma.

Y esta es la Purificación de la Iglesia. ¿Hacia dónde va la Iglesia, en estos momentos, si sólo se descubre su pecado y no quiere salir de su pecado, porque la Iglesia ve su pecado como un bien? Así ha visto el pecado de su cabeza, de Benedicto XVI: un bien. Y, entonces, la Iglesia no ve al lobo, no descubre en Francisco al lobo, sino algo bueno.

Y, por sus obras, se discierne lo que es Francisco. Y, por las obras de toda la Iglesia, se discierne lo que hay hoy en la Iglesia. Y, por eso, estamos en unos momentos de incertidumbre en la Iglesia. Tenemos un Papa en su pecado, que es Benedicto XVI, y un lobo sentado en la Silla de Pedro, no reconocido como lobo. ¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Cómo nos podemos salvar si quien nos guía es un lobo, que no da la verdad a la Iglesia, que no produce la Verdad en la Iglesia, que ha comenzado su Pontificado derribando verdades en la Iglesia?

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3 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Si de acuerdo a todo lo que dicen del “pecado” de Benedicto XVI de abandonar el gobierno de la Iglesia. ¿Cual sería le diferencia esencial con los otros Papas que renunciaron a lo largo de la historia? ¿Por qué ahora, según lo que se desprende del artículo, es más grave que antes?

    • josephmaryam dice:

      Se refiere usted a Gregorio XII, que tuvo que renunciar para acabar con el cisma. Gregorio XII no pecó en la renuncia y no renunció al Papado. Gregorio XII fue elegido por los Cardenales y es el verdadero Papa. Fue elegido con la condición de que renunciara la Papado nada más ser elegido, para así hacer que el anti Papa gobernara la Iglesia. Gregorio XII, nada más ser elegido, se enfrentó al anti Papa, y eso causó el problema político entre los hombres de Iglesia. Gregorio XII, como Papa verdadero tenía hacer que el anti papa renunciara. Pero los Cardenales se opusieron y le obligaron renunciar. Y, entonces, Greorrio XII tomó el camino correcto: cuando los hombres se empeñan en algo e impiden la Voluntad de Dios, hay que dar a los hombres lo que quieren, pero sin pecar. Eso hizo Gregorio XII. Un Papa, para que su renuncia fuese válida, tiene que decir su propia renuncia, personalmente y ante toda la Iglesia. Igual que personalmente y libremente acepta el cargo de Papa, así personal y libremente renuncia al cargo. Entonces, Gregorio XII hizo que otro leyera una carta de renuncia en su nombre y así dilucidó todo el problema. La Iglesia aceptó esa renuncia, pero Dios no. Él seguía como Papa y no cometió pecado, porque la renuncia la leyó otro, no él personalmente. Este camino en seguida se vio que era el verdadero y la Voluntad de Dios. Porque la Iglesia no eligió otro Papa hasta la muerte de Gregorio XII y el anti Papa fue depuesto. Ni el Papa Gregorio XII pecó ni la Iglesia pecó, porque no eligió otro. Pecó por aceptar la renuncia en una carta. Pero ese es otro pecado, distinto al pecado contra el Espíritu Santo. Y Gregorio XII tuvo que hacer esto por la soberbia, por el orgullo de los Cardenales y Obispos.
      Benedicto XVI tenía que haber imitado a Gregoorio XII, y entonces no hubiera cometido el pecado. No lo hizo y ahí están las consecuencias. Él pecó, hizo que la Iglesia pecara y está un Pastor que no ama a la Iglesia.

  2. Raul Patiño dice:

    Cuando la mayoría de los pastores han sido ganados para el modernismo apóstata en la Iglesia Post Conciliar, se debe pensar en la labor realizada desde el siglo pasado por otro pastor que no se dejó llevar por esta trampa: Monseñor Marcel Lefebvre, quien creí la FSSX. Pero aun la propia FSSPX ha corrido los riesgos anunciados en el Evangelio, de ser atacada por huestes de demonios y si llegare a pasar que sea absorbida o destruida, siempre habrá católicos, porque es la promesa de Cristo.
    Lo que debemos conocer esencialmente es que a un falso profeta no se puede seguir, pues el Apocalipsis llama: “huid de allí”.

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