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Contagio maléfico en la Iglesia

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“La Iglesia de Jesús está llagada por el contagio maléfico de la infidelidad y de la apostasía. En apariencia todo permanece tranquilo y parece que todo va bien. En realidad está invadida por una falta de fe, que crece de día en día, extendiendo a todas partes la Gran Apostasía”. (La Virgen al P. Gobbi – Dongo, 6 de septiembre de 1986. Mi Corazón sangra)

Para discernir las Palabras de la Virgen, es necesario explicar lo que significa contagio maléfico.

El contagio maléfico es la obra del demonio en las almas cuando éstas no viven una vida espiritual y se acercan al mundo para encontrar lo que no buscan en la oración y en la vida de ascetismo y misticismo.

Son muchas las almas que han perdido la fe por su vida humana, por sus obras humanas, porque se pasan la vida atendiendo a lo humano.

Y en lo humano, el demonio pone sus lazos. Esos lazos contagian a las almas que se exponen a la tentación y que cometen pecados.

Esos lazos son múltiples y no se observan con los sentidos humanos, con la mente del hombre.

Los lazos del demonio son obras que se hacen en el mundo, en los ambientes de los hombres, en sus trabajos, en sus familias, en sus vidas. En la TV, en la radio, en la prensa, en cualquier cosa que esté el hombre, el demonio pone sus lazos.

Lazos invisibles que los hombres no ven. Se ve la TV, pero no se capta el lazo del demonio en un programa o en una película.

Esos lazos demoniácos actúan en la mente del hombre sin éste darse cuenta.

El demonio, para ganar a un alma, penetra en su entendimiento, porque la puerta la tiene siempre abierta, por el pecado original. El demonio no puede entrar en la voluntad de la persona, pero sí puede atar su voluntad con la acción en su mente. El demonio va a la mente de la persona con el fin de atar su voluntad y que esa persona haga lo que el demonio le pone en la mente.

Atar la voluntad no es decidir sobre el bien y el mal. Atar la voluntad consiste en que la persona se vea inclinada hacia lo que quiere el demonio que haga. Es una inclinación más fuerte que la tentación. En la tentación, el alma está libre para dejar la tentación. En el contagio maléfico, el alma no está libre para dejar esa obra que le propone el demonio. Está atada.

Cuando la Virgen dice que la Iglesia está llagada por el contagio maléfico, está diciendo que en la Iglesia hay obras donde el demonio pone sus lazos y así ata a muchos sacerdotes, Obispos, fieles, para que hagan lo que quiere el demonio.

Y eso es una realidad después de todo lo que pasó con el Concilio Vaticano II. Un Concilio Pastoral, bueno, sin ningún error doctrinal. Un Concilio que no definió ningún dogma nuevo, sino que se dedicó a dar las verdades de la Iglesia de una forma nueva, pero sin error. El problema vino después del Concilio Vaticano II. El problema vino por los lazos del demonio.

Esos lazos tienen dos caminos: la infidelidad y la apostasía. El demonio ata para que las almas en la Iglesia sean infieles a la Verdad de la Iglesia, infieles a la Gracia, infieles a los dones y carismas que Dios da a cada alma para que crezca en la vida espiritual de fe.

Y esa atadura para ser infiel trae otra atadura para oponerse a la Verdad, que es la Apostasía. No sólo el demonio ata para que el alma peque contra la fidelidad a Cristo y a Su Iglesia, sino que produce una segunda atadura, que hace que el alma viva en contra de la Verdad de la Iglesia, y permanezca en la Iglesia viviendo la mentira.

Este es el contagio maléfico en la Iglesia: el demonio va a la Tradición de la Iglesia, al Evangelio, a las normas litúrgicas y hace que los hombres de la Iglesia, -los sacerdotes, los Obispos, los teólogos,- los que tienen el poder para enseñar y legislar en la Iglesia, comiencen a transformar toda esa riqueza y presenten algo nuevo. Eso que presenta lleva el contagio maléfico.

Por ejemplo: la comunión en la mano, el cambio en el rezo del Padre Nuestro, quitar la oración a San Miguel Arcángel, quitar los reclinatorios para arrodillarse y recibir la comunión, quitar oraciones que siempre se han dicho en los exorcismos, rebajar los distintos sacramentos a una fórmulas de devoción, sin fuerza para dar el Espíritu en ese Sacramento (por ejemplo, quitar los exorcismos del Bautismo, las unciones que se hacían durante el Bautismo, desvirtuar las diferentes oraciones para consagrar a un sacerdote, para confirmar a los fieles, cambiar las palabras en la consagración en la Misa, etc).

A raíz del Concilio Vaticano II, se empezó la innovación en toda la Iglesia: esa innovación es el contagio maléfico.

Por ese contagio maléfico, las almas permanecen en la Iglesia, pero viven en sus pecados y ya no saben discernir la Verdad.

Cuando un jefe de la Iglesia, como es Francisco, empieza a decir cosas extrañas, todos siguen en sus vidas como si nada hubiera pasado.

Por eso, dice la Virgen: En apariencia todo permanece tranquilo y parece que todo va bien.

Porque este es el efecto del contagio maléfico: como las almas se contagian sin saberlo, obran todo eso, esas oraciones, esa forma de recibir a Cristo en la Eucaristía,etc., como una verdad, como algo que hay que hacer porque así lo ha decidido el Papa. Lo hacen sin miedo. No ven la maldad de esa acción. Y todo está tranquilo porque todos hacen lo mismo.

Entonces, viene el problema: ese contagio maléfico hace vivir a las almas, dentro de la Iglesia, sin fe. Las almas se han inventado una nueva fe y eso es lo que siguen y obran. Esa es la gran apostasía, que se va extendiendo por toda la Iglesia, sin que nadie se de cuenta, porque se hacen las cosas por un decreto de un Papa o de un Obispo. Pero ya nadie hace las cosas porque así las hizo Cristo en su vida y así lo enseñó con su vida. Se perdió la fe en Cristo. Y entonces la Tradición de la Iglesia, que recoge durante siglos, esta vida de Cristo en muchos santos, de un plumazo se descarta, se dice que ya no sirve, y que hay que hacer otras cosas en la Iglesia.

La obra del demonio en la Iglesia es terrible y nadie medita sobre ella, porque ya nadie cree en el demonio. Eso es para asustar a las personas, para meterles miedo.

Si las almas en la Iglesia no saben ver la acción del demonio en sus vidas y en la Iglesia, tampoco saben ver la acción de Dios, ni en sus vidas ni en la Iglesia. Porque donde está Dios está, también, el demonio. Este mundo no es un Paraíso. Este mundo es del demonio. Y Dios bajó a este infierno para rescatar las almas del demonio. Y cuesta rescatarlas, porque las almas no tiene fe, no viven de fe, no saben creer sencillamente, como un niño. Sólo saben vivir sus vidas, hacer sus obras y llamar a todo bueno y verdadero.

Lo que dice la Virgen es tan cierto que nada más hay que contemplar lo que vivimos para asentir a esa Palabra de la Virgen y pedirle su ayuda para conocer hacia donde va a ser dirigida la Iglesia con toda este contagio maléfico del demonio en Ella.

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