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O con Francisco o en contra de Francisco

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El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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“El Espíritu todo lo sondea, aun las profundidades de Dios” (1 Cor 2, 10).

Discernir es ver la Verdad. Y quien discierne nunca se equivoca.

El problema está en los que no disciernen y, entonces, viene la persecución: “…y la Luz brilla en las Tinieblas y las Tinieblas no la acogieron” (Jn 1, 5).

Si todo el mundo se pusiera a discernir sus pensamientos a la luz del Espíritu, las cosas serían de otro modo, pero, en la práctica, los hombres viven para sus pensamientos, sin discernir lo que piensan y, por eso, caen en el pecado y en la mentira de sus vidas.

Lo que se está viendo en la Iglesia no es para no hacer nada y para quitarle importancia. Es muy revelador que nadie, en la Iglesia, se levante en contra de tantas barbaridades de Francisco. Eso es una señal. Y una señal que da el mismo Dios a las almas. Y esa señal se debe entender así:

Si la Iglesia, -que tiene que dar la Verdad, que debe obrar la Verdad, que debe luchar por la Verdad,- no hace nada con las mentiras de un Obispo que se sienta en la Silla de Pedro, que calla, que lava la cara de Francisco, que hace como si nada hubiera pasado, entonces las almas -en la Iglesia- actúan de la misma manera. El Cuerpo Místico de la Iglesia, los fieles de la Iglesia, comulgan con todo lo que está diciendo la Cabeza. Esta es la señal.

Aquí está el engaño del demonio.

El demonio, para hacer suya la Iglesia, tiene que empezar por la Cabeza, por el Papa, porque sabe que el Papa es el que manda y lo que diga el Papa eso es en la Iglesia.

Entonces, el demonio pone un Papa que es un hablador, que dice muchas cosas, como de pasada, que tiene su lenguaje, propio de los políticos, que está dedicado a su vida humana y que todo, para él, es sus conquistas en el mundo.

Francisco es la cabeza ideal para comenzar la obra del demonio en la Iglesia. Porque habla. No es la cabeza para romper los dogmas de la Iglesia. Francisco no tiene esa fuerza. Pero sí tiene fuerza para hablar y, por eso, convence a tantas almas que viven lo que él vive: su humanidad.

Esta es la señal: los fieles de la Iglesia se han acomodado a sus vidas humanas y ya no hay vida espiritual en ellos. La vida espiritual consiste en aprobar todo lo que dice el Papa o la Jerarquía de la Iglesia, porque para eso están en la Iglesia.

Este acomodo a todo lo humano es lo que destruye las vidas espirituales de las almas. Y así comienzan a hacer su vida espiritual, a hacer sus apostolados en la Iglesia, a hacer su Iglesia, la que cada tiene en su acomodo de vida, en su pensamiento humano.

Y, para hacer Iglesia, lo primero es discernirlo todo. Sin este discernimiento, es imposible hacer la Iglesia que Jesús fundó.

Esta es la batalla de siempre en la Iglesia: la Luz, que es la Palabra Divina, y las Tinieblas, que es el esfuerzo del demonio por acallar y perseguir esa Luz, poniendo toda clase de pensamientos en los que tienen el Poder de hacer la Iglesia, que son los sacerdotes, Obispos, religiosos.

Hoy, en la Iglesia, todo el mundo se dedica a sus pensamientos humanos, a sus teologías, sus ciencias, sin discernir nada. Eso produce que la Verdad sea perseguida y sofocada por las verdades que están en las cabezas de muchos sacerdotes sin vida espiritual.

La Iglesia se hace en el Espíritu, no en la mente de los hombres.

La Iglesia es para el corazón de las almas, no para entretener las mentes de los hombres.

La Iglesia es para amar y hacer la obra del Amor de Dios en medio de un mundo que no sabe lo que es el amor.

La Iglesia está para dar la Verdad, que es Jesús. No está para dar las verdades de ningún sacerdote, de ningún Obispo, de ningún Cardenal, de ningún fiel.

La Iglesia es para seguir la Verdad, que es Jesús. No es para seguir las verdades que los hombres adquieren con sus entendimientos.

La Iglesia es la Verdad. Los hombres no poseen la Verdad. Sólo Dios posee la Verdad.

O se está con la Verdad o se está con la mentira. O se está con Francisco o se está en contra de Francisco. Pero no se puede estar con los dos.

Este es el punto. O la Iglesia es lo que piensa Francisco o la Iglesia es lo que piensa Dios. Hay que elegir.

Y Dios da la señal de que en la Iglesia no hay discernimiento ninguno. Todos están con Francisco. Todos en el mismo error de Francisco, que es su humanidad. A todos les gusta Francisco porque es muy humano, muy del pueblo. Es la cabeza ideal para que las almas estén en su engaño, permanezcan en su engaño: lo humano. Y vean lo humano como el centro de la vida, que es lo que predica Francisco: “Luchemos todos juntos para que, el centro, al menos en nuestras vidas, lo ocupen el hombre y la mujer, la familia, todos nosotros, para que la esperanza avance” (22 de septiembre – A los trabajadores en Cerdeña).

Un Obispo que hace de la predicación un argumento político está diciendo, a las claras, que él está en la Iglesia para hacer su política, no para enseñar el Evangelio a las almas.

Y nadie ve esta Verdad, que es clarísima, pero hay que verla en el discernimiento de los pensamientos de Francisco, que es lo que no se hace. No se discierne. Luego no se ve la Verdad. Conclusión: todos siguen en su mentira y nadie hace nada por la Verdad.

La Iglesia está pasando por momentos muy críticos para Ella misma. Francisco, ahora, sólo habla. Todavía no ha empezado a actuar. El problema está en que él no se va a dedicar sólo a hablar. Su hablar va a traer consecuencias graves para el Dogma y la Tradición de la Iglesia. Cuando comience a firmar documentos para aprobar el matrimonio homosexual o para subir al gobierno a las mujeres o para otra cosa, entonces viene el problema para la Iglesia.

Ahora Francisco habla, pero en Octubre empieza a gobernar con las ocho cabezas. Y ahí es donde las almas tienen que despertar, tienen que ver la Verdad de la Iglesia y saber enfrentarse a la mentira de un hombre que se ha vestido con sotana blanca para ser la primavera de la Iglesia. Y será la ruina de la Iglesia.

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