Lumen Mariae

Inicio » Benedicto XVI » Las Llaves de la Iglesia

Las Llaves de la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

llavesdelaiglesia

“los labios del sacerdote deben guardar la ciencia, y la doctrina han de buscar su boca” (Malaquías 2, 7).

Los labios de Francisco son los labios de la corrupción del demonio que habita en él. Todo sacerdote que habla como Francisco es porque vive en su pecado.

Francisco no guarda la ciencia divina, los tesoros de la Iglesia. Y eso se ve en sus obras en la Iglesia, no sólo ahora, estando sentado en donde no debería estar. Vean sus obras anteriores y juzguen las obras de ese sacerdote, que no da la verdad del sacerdocio a la Iglesia.

“Si pecas siendo hombre particular, tu castigo será menor, pero si pecas siendo sacerdote estás perdido” (San Juan Crisóstomo).

Francisco es un sacerdote perdido en su pecado, que se mofa de entender las cosas de la Iglesia porque tiene la experiencia de un ministerio en la Iglesia.

el sacerdote, al pecar pierde la luz y queda ciego: Mejor les fuera, dice San Pedro, no haber conocido el camino de la justicia que, después de haberlo conocido, volverse atrás de la ley santa a ellos enseñada [2 Petr. 2, 21]. Más le valdría al sacerdote que peca ser un sencillo aldeano ignorante que no entendiese de letras…. (San Alfonso María de Ligorio – De la gravedad de los pecados del sacerdote).

Mas le vale a Francisco dejar esa Silla antes que le ocurra algo peor. Mas le vale dejar el sacerdocio que continuar, de esa forma, en él.

La Iglesia, ahora, no tiene el Espíritu Santo, por el pecado del Papa Benedicto XVI, que hizo que el Espíritu se retirara de la Silla de Pedro. En la Silla de Pedro, -ahora-, está el espíritu del demonio que rige a toda la Iglesia en su conjunto.

Las llaves de Roma están ahora en manos de Jesucristo, por el pecado de Benedicto XVI, que es un pecado contra el Espíritu Santo.

Ahora quien abre y cierra la Iglesia, no son los hombres, no es la Jerarquía de la Iglesia, no es el que se sienta en la Silla de Pedro, no es ningún Pastor de la Iglesia, se llame sacerdote, Obispo, religioso, fiel.

Quien abre y cierra la Iglesia, quien decide el destino de la Iglesia, quien guía a la Iglesia, en estos momentos, es Jesucristo, que es la Roca de San Pedro y, por tanto, la Iglesia está fundada en esa Roca.

Y Pedro, y los sucesores de Pedro, pertenecen a esa Roca. Pero Benedicto XVI ha destruido la Cabeza Visible de la Iglesia y ya no hay más Papas en la Iglesia, más hombres que rijan a la Iglesia como se ha hecho hasta ahora.

Esta es una consecuencia del pecado de Benedicto XVI que nadie ha comprendido, pero que es una Verdad.

Las llaves de Roma, las llaves del Reino de Dios, las llaves de la Iglesia estaban en la Cabeza Visible de la Iglesia, que es el Papa. Como el Papa Benedicto XVI pecó contra el Papado, es decir, contra la vocación divina a la que había sido llamado por el Espíritu Santo, entonces, el Espíritu se retira de la Cabeza de la Iglesia, de la Silla de Pedro, y las Llaves de la Iglesia, retornan a la Cabeza Invisible de la Iglesia, que es Jesucristo, Rey y Pastor Eterno de Su Iglesia.

Jesucristo y la Cabeza Visible son la Roca de san Pedro. Y, en el pecado de un Papa, en la Roca de san Pedro sólo está Jesucristo, no la Cabeza Visible, que es el Papa.

Y, por tanto, no hay más Papas. El que queda, según la Profecía de San Malaquías, es puesto sólo por el Cielo en el Tiempo en que el Cielo lo juzgue oportuno para dirigir a la Iglesia hacia donde Dios quiere.

Con el pecado de Benedicto XVI, se acabaron los Papas, porque es un pecado contra el Espíritu Santo, y no hay perdón, no hay vuelta atrás, no hay misericordia. Sigue el Trono de Pedro, sigue la Roca de San Pedro, en que se fundó la Iglesia, siguen las Llaves de la Iglesia, pero sólo en Jesucristo.

Por eso, ahora sólo hay que esperar en la Iglesia la sucesión de hombres, de personajes, vestidos con sotana, para construir una Nueva Iglesia, según los hombres. Lo que hagan en la Iglesia, sea lo que sea, así sea una función solemne, sagrada, como la de proclamar un santo o un beato en la Iglesia, no viene de Dios, sino del demonio.

Ahora es Jesucristo quien dirige Su Iglesia sin cabezas humanas. Y los pastores de la Iglesia, si no creen en esta Verdad y dan oídos a la mofa de ese impostor, no pueden regir el rebaño de la Iglesia.

Cristo dirige la Iglesia con sus Pastores. Pero esos Pastores tienen que ver la Verdad de lo que pasa ahora en la Iglesia. Si no la ven, los fieles no están sometidos a ellos. Sólo los fieles se pueden someter a aquellos Pastores que ven esta verdad y atacan la mentira que la Jerarquía de la Iglesia propone actualmente.

El pecado de Benedicto XVI no es cualquier pecado. Trae un castigo enorme de Dios sobre Su Iglesia. Un castigo que tiene que ser medido sólo en la Inteligencia Divina, porque es un pecado contra el Espíritu Santo, no es cualquier pecado.

“Muy grande es, dice San Jerónimo, la dignidad del sacerdote, pero muy grande es también su ruina si en semejante estado vuelve la espalda a Dios” (…). “Cuánto mayor es la altura a que le sublimó Dios, dice San Bernardo, tanto mayor será el precipicio” (…). “Quien se cae del mismo suelo, dice san Ambrosio, no se suele hacer mucho daño, pero quien cae de lo alto no se dice que cae, sino que se precipita, y por eso la caída es mortal” (…). Alegrémonos, dice San Jerónimo, nosotros los sacerdotes, al vernos en tal altura, pero temamos por ello tanto más la caída” [In Ez. 44](San Alfonso María de Ligorio – De la gravedad de los pecados del sacerdote).

Grande es la caida de Benedicto XVI y, por eso, la Iglesia está en un precipicio por el pecado de un Obispo, elegido por Dios para lo más santo, lo más sagrado, lo eterno, que es el trato íntimo con la Cabeza Invisible de la Iglesia, que es Cristo Jesús.

Y el estar en ese precipio, hace que la Iglesia no vea la Verdad que se le viene encima, por el mismo pecado de Benedicto XVI. Es el castigo de Dios a Su Pueblo, por el pecado de un consagrado. Y, sólo por ese pecado, la Iglesia entera tiene que sufrir las consecuencias, por el Misterio del Cuerpo Místico de Cristo, en que todos somos Uno en la Cabeza de la Iglesia. Unidad para el bien y unidad para el mal.

Y, por eso, lo que se viene encima, no sólo es un caos, sino la destrucción de toda la Iglesia, como se la ha venido entendiendo desde siempre. Y quedará la Iglesia sólo en los corazones abiertos al Espíritu de la Verdad. Y esos corazones guardarán la Fe de la Iglesia, la Tradición de la Iglesia, el Evangelio de Jesucristo, tal como es, tal como la quiso Su Maestro desde que la fundó.

Sólo en los corazones ahora está la Iglesia. No está en la Jerarquía de la Iglesia. No está en ningún Pastor de la Iglesia. Cristo Jesús ahora habla a cada uno y le dice qué tiene que hacer en la Iglesia. Y eso basta para que la Iglesia siga viviendo y obrando la Verdad de la Iglesia.

Y no importa lo que los demás hagan. Lo que hagan, lo que digan, las normas que pongan, hay que despreciarlas porque ahora sólo el Cielo conduce a la Iglesia hacia la Verdad.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: