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El papel de la mujer en la Iglesia

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La Virgen María es el Modelo a seguir en la Iglesia para toda mujer.

Y no hay otra Modelo, otra perspectiva, otra idea de lo que una mujer tiene que hacer en la Iglesia.

La Iglesia es Ella Misma en la Virgen María. La Iglesia ya tiene a la Mujer. Que Francisco no diga que la Iglesia no tiene a la mujer. Que Francisco no diga que no hay que confundir la dignidad de la mujer con la función de la mujer. Que Francisco no proponga dar a la mujer el gobierno de la Iglesia, para no caer en la herejía de su falso sacerdocio.

Aquel sacerdote que no sabe la función de María en la Iglesia, sino que quiere profundizarla con su teología, que quiere ensalzar a la mujer para quitar el machismo que se da en la Iglesia, que quiere dar a la mujer una función que no posee en la Iglesia, una función que se inventa para así agradar a las mujeres, es un sacerdote que no cree en su sacerdocio y que tiene a Cristo como un mentiroso en el Sacerdocio.

La dignidad de la Virgen María es ser Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

De esa dignidad, sale su función en la Iglesia.

La Virgen María, por su dignidad de Madre de Dios, tiene la función de engendrar el Amor de Dios.

La Virgen María, por su dignidad de Madre de la Iglesia, tiene la función de engendrar las almas para la Iglesia de Su Hijo.

La función de la Virgen María es engendrar, dar a luz, dar la Vida de la Gracia, ser Canal de Gracias para todos los hombres.

La función de toda mujer en la Iglesia es imitar la función de la Virgen María.

La mujer está en la Iglesia para engendrar el amor, no para gobernar.

“… el varón es cabeza de la mujer, como también Cristo es Cabeza de la Iglesia” (Ef 5, 23).

Ser cabeza es gobernar, mandar, organizar, velar por el bien de la Iglesia. Si el varón es la cabeza de la mujer, la mujer no puede ser cabeza.

Esta es la Verdad de la Iglesia. Y no hay otra Verdad.

Toda mujer que quiera ser cardenal en la Iglesia se opone a Jesús y a la Virgen María. Se opone a la Fe de la Iglesia. Se opone a la Tradición de la Iglesia. Se opone al Evangelio.

La Virgen María no hizo nada en el gobierno de la Iglesia mientras vivió. Estuvo acompañando a Su Hijo y a los Apóstoles hasta el fin de su vida. No se metió a organizar la Iglesia de Su Hijo. Guardaba todo en su corazón. No mandaba nada en la Iglesia. No decidía nada en la Iglesia. No actuaba nada en la Iglesia.

En la Iglesia, el gobierno es del varón. Y eso no por machismo, sino por disposición divina.

En la Iglesia, quien habla es el varón. “las mujeres en las iglesias callen, pues no les es permitido hablar; antes muestren sujeción…” (1 Cor 14, 34)

En la Iglesia, la mujer está sujeta al varón. Y esto es lo que Francisco no acepta de la Revelación.

Esto es lo que muchos no han entendido sobre la función de la mujer.

La Virgen María es la esclava del Señor, la que se somete a la Voluntad de Dios, la que se humilla ante Dios.

Toda mujer tiene que imitar esta esclavitud, este sometimiento de la Virgen María.

La Iglesia es de Jesús, no de los hombres. Y Jesús en Su Iglesia puso al varón para gobernar, no a la mujer. Y al varón lo elevó a la dignidad del sacerdocio para que pudiera obrar esta función del gobierno. Y sin esta dignidad sacerdotal, no se puede gobernar. Porque quien gobierna la Iglesia es Cristo, el Sacerdocio de Cristo, todo sacerdote que es otro Cristo. Sólo el que tiene la consagración del sacerdocio puede ejercer el gobierno de la Iglesia. Quien no tiene la dignidad del sacerdocio, no puede gobernar la Iglesia.

Por eso, la Iglesia no la gobiernan los fieles de la Iglesia. Y, por eso, no se puede poner la infabilidad de la Iglesia en el Pueblo de Dios, como dice el hereje Francisco, porque el Pueblo de Dios no tiene la dignidad sacerdotal y, por tanto, no tiene el Poder que tienen los sacerdotes.

Si esta Verdad es desconocida por el Obispo Francisco, entonces él niega su sacerdocio, él niega a Cristo en su sacerdocio, él niega la función de Cristo y de los sacerdotes en la Iglesia, él niega la función de la Virgen María en la Iglesia, y está cayendo en una grave herejía, no sólo para su sacerdocio, sino para su vida humana, para su humanismo.

Las declaraciones de Francisco sobre la mujer son propias de un Obispo que ya no cree en la Iglesia, ya no cree en el sacerdocio de la Iglesia, ya no cree en el papel de la Virgen María en la Iglesia.

Él quiere nuevos caminos para la Iglesia sin poner su mirada en el Camino, que es Jesús, y en el Amor, que es la Virgen María.

Cada sacerdote en la Iglesia es engendrado por la Virgen María, para hacer de la Iglesia la Obra de la Verdad, que es Su Hijo.

Cada sacerdote tiene que hacer en la Iglesia una verdad, una obra de la Verdad, que es Jesús. Y esa verdad, esa obra que nace de la Verdad, es un poder en la Iglesia. Es obrar en la Iglesia el Poder de enseñar, el Poder de gobernar, el Poder de santificar.

El Poder, en la Iglesia, está en el sacerdocio. Y ese Poder es una obra para enseñar la Verdad, una obra para mandar la Verdad, una obra para encaminar hacia la Verdad.

Eso sólo lo puede hace el varón, no la mujer. Porque a la mujer no se le da el Poder. Se le da el Amor.

Toda mujer tiene que engendrar el amor en la Iglesia. Y sólo se engendra el amor con una vida espiritual. Y sin esta vida, la mujer no puede comprender qué es el Amor en la Iglesia, qué significa imitar a la Virgen María en la Iglesia, qué es hacer Iglesia, ser Iglesia como mujer.

La mujer no tiene que imitar la función del sacerdote, no tiene que imitar la función de Jesús en la Iglesia.

La mujer tiene que unirse a Jesús para engendrar almas para la Iglesia. Tiene que unirse místicamente a cada sacerdote para engendrar almas para el Cielo.

La mujer tiene que ayudar al sacerdote a salvar almas y a santificarlas, no a gobernarlas, no a decidir en la Iglesia. Eso es lo que hizo la Virgen María en la vida de Su Hijo: le ayudó con las almas, para que las almas aprendieran lo que era Su Hijo y cómo imitar a Su Hijo en todo.

Pero hoy la mujer ha perdido el sentido de su maternidad y, por tanto, desconoce lo que es ser amor, lo que significa engendrar el amor, la función que Dios quiere de toda mujer: amar para dar el amor.

Y, por eso, las mujeres se engañan cuando Francisco propone un falso camino para la mujer en la Iglesia. Y nadie en la Iglesia ha sabido contestar a Francisco en esta herejía. Porque ningún sacerdote en la Iglesia vive su sacerdocio como lo pide Jesús.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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