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El caos de la Iglesia

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Sacerdote

Decía San Juan Crisóstomo que “el sacerdote ha de ser tan perfecto que todos lo puedan contemplar como modelo de santidad, porque para esto puso Dios en la tierra a los sacerdotes, para vivir como ángeles y ser luz y maestros de virtud para todos los demás.”

La situación de la Iglesia, actualmente, es caótica en todos los sentidos.

No hay parte en la Iglesia que esté a salvo. Todos en la Iglesia han formado su política, su ideología, su forma de entender la Iglesia. Y ya nadie cree, sino que todos dicen tener Fe, pero sus obras no son los de la Fe.

El caos de la Iglesia es por el pecado de sus consagrados: sacerdotes, Obispos. Por ellos -y sólo por ellos- la Iglesia es pecadora, no santa en sus fieles.

El mal del Pueblo de Dios son sus sacerdotes. Es necesario que el obispo sea irreprensible (1 Tm 3, 2).

Francisco es hereje, es reprensible de herejía, y nadie en la Jerarquía se ha levantado para amonestar a Francisco.

Todos, en la cúpula de la Jerarquía han lavado la cara de Francisco tras sus declaraciones, llenas de odio hacia la Iglesia y el sacerdocio.

No se puede decir que hay que entender lo que dijo ese impostor sino en su contexto. Él hablaba de su vida, y entonces hay que entender lo que dijo en ese contexto. Esta es la política de la Jerarquía: el engaño al Pueblo con mentiras.

Si Francisco quiere contar su vida, que la cuente, pero que no se meta con los Dogmas de la Iglesia y que no critique a los sacerdotes en su oficio de confesar a las almas. Si tiene algo que decir a los sacerdotes, que lo diga claramente a ellos, no a través de un cuerno, en donde se dan las bases para la herejía.

“… y tenía ojos y boca que decía grandes arrogancias…y este cuerno hacía guerra a los santos y los vencía…”(Dn 20-21)

Todos saben lo que es la Compañía de Jesús, en qué se ha convertido esa Compañía que el Espíritu fundó para dar la Verdad en la Iglesia. Y, ahora, está llena de falsos pastores que sólo saben dar la mentira a la Iglesia a través de la teología, de la ciencia religiosa, de tantos retiros inútiles para las almas. Y Francisco ha ido a propagar sus herejías al cuerno ideal, al que dice todas las herejías en la Iglesia, al que se acomoda a toda la mentira que está en la Iglesia.

Da pena ver cómo está la Iglesia que tiene miedo de decir el pecado de Francisco, porque como está en la Silla de Pedro, entonces, nadie puede juzgarle, todos tienen que taparse los ojos y cerrar sus oídos y ver eso que dice como algo bueno, como algo que quiere Dios.

Muchos sacerdotes se equivocan con Francisco porque no tienen Fe. Y, por tanto, no saben ver la verdad que es Francisco. Y lo ven como Papa y, claro, dicen que hay que aprender del Papa. Y si el Papa dice eso es porque tiene el poder para decir eso y sabe lo que está diciendo.

El pecado de la Jerarquía es pecado. Y no se le puede llamar de otra manera sino pecado. Y el respeto a la Jerarquía es diferente a su pecado. Pablo respetaba a Pedro como Papa, pero le dijo -claramente- su pecado. Es lo que nadie hace en la Iglesia, porque es el Papa, es un Pastor, es un sacerdote. Y una cosa es juzgar al sacerdote o al Pastor, y otra muy distinta es decirle la verdad: su pecado. Decir el pecado de alguien no es juzgarle. Y, cuando esa persona que peca, no ve su pecado, no atiende a su pecado, no repara en su pecado, entonces es cuando viene el juicio, no ya sobre su pecado, sino sobre su falsedad como sacerdote, como Pastor de las almas. Su hipocresía, su fariseísmo, su maldad en la Iglesia.

Y hay que pedirle a Francisco que se vaya por su pecado que no quiere reconocer.

Durante once siglos estuvo excluido del estado de clérigo todo el que hubiera cometido un solo pecado mortal después del bautismo, como lo recuerdan los concilios de Nicea (Can. 9, 10), de Toledo (1can. .2), de Elvira (Can. 76) y de Cartago (Can .68). Y si un clérigo después de las ordenes sagradas caía en pecado, era depuesto para siempre y encerrado en un monasterio, como se lee en muchas cánones (Cor, Iu. Can, dist. 81); y he aquí la razón aducida: porque la santa Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible. Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas (…). Y en el concilio de Cartago se lee: “Los clérigos que tienen por heredad al Señor han de vivir apartado de la compañía del siglo”. Y el concilio Tridentino va aún más lejos cuando dice que “los clérigos han de vivir de tal modo que su habito, maneras, conversaciones, etc., todo sea grave y lleno de unción (…) (San Alfonso María de Ligorio – La dignidad y santidad sacerdotal)”.

La Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible y eso no lo está dando Francisco ni la Jerarquía de la Iglesia en su conjunto.

Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas, no deben estar sentados en la comodidad de una Silla buscando el aplauso y la alabanza de todos, como lo hace Francisco.

¿Qué se ha creído Francisco que es ser Obispo de la Iglesia? ¿Qué se cree ese impostor cuando dice tantas barbaridades y se queda tan tranquilo, como si no hubiera dicho nada? ¿Y qué se creen tantos Pastores de la Iglesia, que tienen la obligación de enseñar la Verdad al Pueblo y descubrir la mentira, que es el Pueblo de Dios cuando ve estas cosas que pasa en la Cabeza de la Iglesia?

La gente se está dando cuenta de lo que hay. Y muchos empiezan a ver, pero tienen miedo de la Jerarquía, de decir las cosas como son. De llamar al pecado, pecado. Se tiene miedo de hablar del pecado de la Jerarquía, porque al pueblo se le ha enseñado a callar ante las palabras que dice la Jerarquía y, por tanto, a no discernir nada de lo que dice la Jerarquía. Y esto es una falsa enseñanza, porque claramente dice el Señor: “Carísimos, no creáis a cualquier espíritu, sino probad los espíritus y ved cuál es de Dios” (1 Jn 4, 1).

Las almas no son tontas, pero pueden ser engañadas, como lo son ahora. Ante las estúpidas declaraciones de esa falso Profeta, la Jerarquía pone cara de santa y dice que no pasa nada, que todo está bien. Que el Papa está moviendo sus fichas y que sabe lo que hace.

Este es el engaño de la Jerarquía, esta es la forma de hablar, esta es la política de la Jerarquía, que no tiene nada que ver con la Verdad del Evangelio.

Y ¿hasta cuándo seguirá la Jerarquía engañando al Pueblo? ¿Hasta cuándo los sacerdotes dejarán su miedo de decir las cosas como son y se opondrán al cuerno de la maldad que está ahora en la Silla de Pedro y que va contra toda santidad en la Iglesia?

Nadie ve, nadie quiere ver la Verdad. Este es el caos de la Iglesia.

La Iglesia, fundada en la Roca de la Verdad, que es la Palabra del Pensamiento del Padre, vive, en la tierra el caos de la mentira, del engaño, de la falsedad, del discurso político, de los honores de los hombres, del dinero de los sacerdotes que han comprado el silencio de muchos para que callen la Verdad de lo que pasa.

Todo en la Iglesia es un caos y ya nadie se atreve a decir la Verdad. Nadie. Que nadie espere una respuesta convincente a las herejías de Francisco y a las mentiras de tantos sacerdotes y Obispos que quieren ocultar esas herejías.

“Mi santidad será conocida por la sanidad de mis ministros” (Lev 10, 3).

La santidad de la Iglesia, que es la santidad de Jesús, la da la santidad de sus sacerdotes. Y ya ve el Pueblo de Dios cómo están sus sacerdotes. Y, entonces, ¿qué santidad hay en la Iglesia? Ninguna. Sólo el caos que produce la división y el derrumbe de toda santidad.

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