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El problema de Francisco: su mentira

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El demonio, cuando habla la mentira, habla de su cosecha, porque es mentiroso y padre de la mentira (Jn 8, 44).

Francisco, cuando habla dice su mentira, pero no se queda en su mentira, sino que la envuelve y la sabe disfrazar para que no se vea su mentira.

“…el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina” (Francisco en la Entrevista al Director de la CC)

Aquí está diciendo su mentira, que es una herejía: el conjunto de fieles es infalible cuando cree. Y la dice sin caer en la cuenta de lo que está diciendo, sin saber explicar eso que dice. Lo dice de pasada, lo dice dejando caer la mentira, para después decir otra cosa:

“Obviamente hay que tener cuidado de no pensar que esta infallibilitas de todos los fieles, de la que he hablado a la luz del Concilio, sea una forma de populismo. No…, es la experiencia de la Iglesia como Pueblo de Dios.”

Francisco suelta la mentira y después la recoge. Este es el problema de su pensamiento: su mentira.

Un pensamiento confuso, loco, ligero, que no sabe pensar. Él no es inteligente, porque no sabe presentar su mentira con palabras bonitas como las puede decir cualquier teólogo herético.

Francisco es muy simple en su pensamiento y, por eso, va a lo que va. Su pensamiento le conduce a su error: su humanismo.

Él dice que en el Pueblo de Dios está la infabilidad porque todos somos hermanos, todos somos muy buenas personas, porque creemos sencillamente en las cosas de Dios. Y así pone el ejemplo de su mamá y de otras personas en su vida, que las ve como buenas personas, y pone la santidad de la Iglesia en la bondad humana.

Esta forma de hablar dice muchas verdades, pero que son mentira. No son verdades entrelazadas, son verdades para dar una mentira, para presentar una mentira. Se dice la verdad, pero con la intención de dar la mentira.

Para hablar de la santidad ordinaria, no hay que decir que la infabilidad está en el Pueblo de Dios. No hace falta sacar una mentira, una herejía, para después decir una verdad, y acomodar esa mentira a esa verdad. Este es el engaño de su pensamiento y así se introduce en las mentes de los demás, de las personas que se lo creen todo y que no saben discernir la verdad de la mentira.

Este es su pensamiento: dice muchas cosas y no dice nada. Dice muchas verdades y muchas mentiras juntas, una detrás de otra. Y lo dice con el fin de enseñar, de presentar sólo su mentira, no porque la verdad le interese.

El Evangelio dice: es pecado de adulterio. ¿Existe el adulterio espiritual?. No lo se, pensadlo vosotros.” ( A los Obispos, 19 septiembre 2013)

A él no le interesa si existe o no existe el adulterio espiritual. Lo que le interesa es que los Obispos sean amigos de todo el mundo.

Así habla el demonio: proponiendo su mentira al principio, para después esconderla y dar otra cosa, lo que interese decir.

Así habla Francisco, como el demonio. Ése es el espíritu que se está manifestando en él. Por eso, no hay que hacer caso de las cosas que está diciendo, porque no está diciendo nada. Está entreteniendo con muchas cosas. Está observando cómo puede atacar a la Iglesia en la Silla de Pedro. Está viendo las reacciones que se producen en la Iglesia con este hablar. Y lo que importa de él es su obra: ¿qué va a hacer en la Iglesia, además de decir que hay que acoger a los homosexuales, los que abortan, los ateos y demás gentes que no sabe lo que es la Fe de la Iglesia?

Porque todos esperan una obra donde se manifieste su pecado. Lo que habla, que es su mentira, es para una obra de pecado. No es para una obra de santidad, de justicia. Francisco va a iniciar el desastre de la Iglesia en Su Fe, en sus Tradiciones, en los Dogmas. Va a poner el camino hacia la ruina de la Iglesia. De él no hay que esperar nada bueno.

Después de seis meses diciendo estupideces, mostrando una humildad falsa, haciendo que la gente lo tome como una primavera de la Iglesia, como un innovador, como un emprendedor. Después de darse importancia a sí mismo dentro y fuera de la Iglesia, ahora es necesario contemplar su obra, fruto de su error, que es su humanismo.

Para eso, se espera que con las ocho cabezas que ha puesto para destrozar el Papado, se vea cuál es esa obra de pecado. Porque no puede pasarse la vida diciendo cosas para no decir nada. ¿Que es lo que va a hacer ahora?. Se necesita saber qué va a derrumbar Francisco en la Iglesia, qué dogma va a caer, qué Verdad ya no se va a seguir en la Iglesia.

Al mentiroso se le coge en su mentira. Su pensamiento es su mentira. Todos puede ver su pensamiento. Y todos contemplan la imprudencia de ese pensamiento.

Francisco es un imprudente en su pensamiento. Y, por tanto, en lo que hace se manifiesta la obra de la imprudencia, que es el mostrar la mentira sin que los demás se den cuenta, como de pasada, como un bien, como un valor, como si fuera lo importante.

Un sacerdote que no juzga ni al pecador ni a su pecado está diciendo que no existe el pecado. Francisco no dice que no existe el pecado. Francisco dice que no juzga al que peca. Es lo mismo, pero a él le gusta hablar así, diciendo mentiras, encubriéndolas con verdades. Lo que le importa es que los demás acepten la persona del pecador, no que se fijen en su pecado, no que combatan su pecado, no que juzguen su pecado. Esto es una herejía, que nadie ve ni nadie entiende.

Esto lleva a un problema en la Iglesia: un Pastor que habla así, es decir, que no es claro cuando habla, que toca muchas cosas para no decir nada, que está en la Silla de Pedro para nada, sólo para decir estas tonterías, hace que la Iglesia, el Pueblo de Dios -no ya el mundo, no ya las sociedades, no ya los hombres- sino que los fieles de la Iglesia se pregunten ¿qué pasa con este Pastor? ¿Los Obispos de la Iglesia están de acuerdo con lo que dice Francisco en la Iglesia? Y si están de acuerdo, entonces ¿qué hay que hacer en la Iglesia ahora? ¿Seguir el pensamiento de Francisco, que es un pensamiento débil en la inteligencia, que no posee la sabiduría espiritual de las cosas divinas?

La gente se está preguntando: ¿por qué un Papa habla así si los Papas nunca han hablado de esta manera? ¿Qué pasa con este personaje? ¿Hay que obedecerle porque es Papa, porque está en la Silla de Pedro, aunque diga lo que diga, aunque hable tantas herejías y tantos errores?

Este es el problema de la Iglesia que nace del problema de Francisco, de su mentira.

Francisco ha puesto a la Iglesia en un dilema con su mentira. Porque no ha sido inteligente desde el principio. Ha querido innovar la Iglesia desde el principio, pero sólo apoyado en su error: en su humanismo, sólo guiado por su error.

Ha hecho cosas desde el principio para acercarse a la gente, a la vida común, a la vida humana, que es para lo que vive.

A él le gusta la vida humana. A él no le gusta la vida de Cristo, que es una vida dura. No le agrada el camino de Cristo, que es un camino de Cruz y, por eso, dice a la Iglesia: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”.

Pero si ya tenemos la novedad del Camino de la Cruz. El camino existe. El camino no hay que buscarlo. El camino se da para aquel que pone su Fe en Cristo y deja su pensamiento humano a un lado, en el camino, como un estorbo para caminar.

Esto es lo que no hace Francisco. No deja su pensamiento a un lado. Este es su problema. Y, por eso, vive de su mentira y da vueltas a su mentira sólo para llegar a su error: ser una buena persona, ser un buen hombre que vive para los suyos, que vive para hacer el bien a todos, que conquista la vida humana porque eso es lo que da la felicidad al hombre.

Así piensa Francisco de la Iglesia. La Iglesia necesita caminos nuevos en el mundo. Caminos que fabriquen los hombres con sus obras y sus pensamientos humanos. Y eso es la santidad de la Iglesia. Y eso es la infabilidad de la Iglesia. En el hombre está la vida. En el hombre está la verdad. En el hombre está el amor.

Así piensa Francisco por su error, que es su humanismo. Y cae en ese error por su pensamiento, que es mentiroso y padre de la mentira. Sólo sabe mentir. No sabe encontrar la Verdad. “El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios” (Jn 8, 47).

Por eso, Francisco no escucha a nadie. No puede entender la verdad. La verdad, para él, es lo que encuentra con su pensamiento. No lo que está en el Pensamiento de Dios. No puede escuchar la Voz de Dios en su corazón, porque está cerrado en su pensamiento. Vive la vida dando vueltas a su pensamiento. Y sólo escucha la voz de su pensamiento.

Por eso, no hay que dialogar con él, no hay que sentarse con él para ver qué soluciones hay en la Iglesia. Hay que oponerse a él. Hay que decirle que se vaya de la Silla de Pedro y, si no quiere convertirse, que deje el sacerdocio y se dedique a su vida humana, que es lo que le gusta. Pero que deje, a los que quieren seguir el Camino de Cristo, preguntarle a Dios qué hay que hacer en la Iglesia ahora, porque la Iglesia no está para innovaciones, sino para una penitencia, por el pecado del Papa, Benedicto XVI.

Un Pastor que habla la mentira a su Pueblo no es Pastor de la Ovejas. Y los Obispos deberían levantarse en contra de Francisco y enseñar al Pueblo de Dios la Verdad de la Iglesia. Esto es lo que está esperando el Pueblo de Dios y, por supuesto, no se va a hacer. Porque todos han caído de rodillas ante Francisco y lo tienen como santo.

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1 comentario

  1. Raul Patiño dice:

    Los análisis presentados en torno al “sacerdocio” de Francisco ofrecen una clara radiografía de la situación actual: Quien aparece como papa está actuando en favor de la apostasía y los enemigos de la Iglesia. Olvidó que Cristo es el camino y llama a encontrar nuevos caminos. Llama a los judíos hermanos mayores, dando a entender que están en un mejor nivel que los católicos. Y la Iglesia tiene a sus fieles eclipsados. http://www.elcatolicismo.co

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