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¿Qué es la Fe de la Iglesia?

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Muchos no comprenden lo que significa la Fe de la Iglesia.

Muchas almas están en la Iglesia sin Fe, es decir, con diversas prácticas, como ir a Misa el Domingo, dar una limosna, asistir a un retiro, hacer algunas oraciones, hacer algunos apostolados, etc., movidos sólo por algo humano, algo material, por una costumbre, por una idea social e incluso por algo demoniáco.

Y hacen muchas cosas en la Iglesia, y comulgan, y se confiesan, y se casan por la Iglesia, y son sacerdotes, etc., pero no tienen FE.

La Fe en Cristo, que es la Fe de la Iglesia, es imitar lo que hizo Cristo en su vida humana, mortal.

Cuando se hace eso, cuando no se quiere entender la razón de por qué Cristo hizo eso, sino que se hace porque Cristo lo hizo, entonces el alma vive de Fe, posee la Fe, obra la Fe.

Muchos quieren entender las obras de Cristo, pero no quieren aceptarlas como las hizo Cristo, y así se van inventando la Fe. Por ejemplo, la comunión en la mano es una práctica que el hombre ha metido en la Iglesia y que va en contra de lo que hizo Jesús con la Eucaristía.

Jesús, al instituir la Eucaristía, se la dio sólo a Sus Apóstoles, no a los fieles de la Iglesia. Y son los Apóstoles los que distribuyen la Eucaristía. Y para recibir la Eucaristía, la persona tiene que arrodillarse, porque es a Dios a quien se recibe: “…al Nombre de Jesús toda rodilla se doble de los seres celestes, y de los terrenales y de los infernales,…”(Flp “, 10). Esto es lo que enseña la Fe en Cristo, la Fe en la Palabra de Dios.

Jesús es Palabra de Dios, no es una palabra humana. Y, cuando se da la comunión, se nombra a Jesús. Y, ante el Nombre de Jesús, la persona tiene que arrodillarse y recibir de manos del sacerdote a Jesús Eucaristía.

Esta es la Verdad, esta es la Fe de siempre.

Los hombres de la Iglesia, como no viven de esta Fe, sino que se han inventado una fe, en la que se puede comulgar en la mano, porque así lo dicen los hombres de la Iglesia, porque hay un documento en donde se da permiso para hacer esto, entonces se sigue las leyes de los hombres, se sigue el pensamiento de los hombres, se sigue un documento que los hombres se han inventado y han puesto la firma del Papa, para que todos hagan caso de ese documento y no hagan caso de lo que dice la Fe de la Iglesia, la Palabra de Dios.

Este ejemplo de la comunión en la mano es claro para entender lo que pasa en la Iglesia.

Todo el mundo ve eso. Y nadie dice nada. La razón: es que el Papa lo permite, el Papa también da la comunión en la mano. Los sacerdotes los hacen. Todo el mundo lo hace. Luego, debe ser bueno hacerlo y practicarlo. ¿Qué mal hay en eso?

Para los hombres no existe ningún mal en la comunión en la mano. Pero para Dios existe el pecado de sacrilegio en la comunión en la mano.

Pero, como hoy día, no existe el pecado, no se reconoce el pecado, no se arrepienten las almas de sus pecados, sino que los valoran y luchan por sus pecados en la Iglesia, entonces la comunión en la mano es un bien para la Iglesia. Así se hace la Eucaristía más asequible a todo el mundo. La Iglesia se humaniza y vive al amor fraterno, que es lo que importa en la realidad.

No hay Fe en la Iglesia porque se vive una fe inventada por los hombres, una fe de documentos papales, sacerdotales, que vienen de los nuevos Escribas y Saduceos, que eran los que escribían las leyes de Dios en la Iglesia en tiempos de Jesús.

La gente tiene una fe de escritorio. Y lo que diga un Papa o un documento papal, eso basta para tener fe en la Iglesia.

Por eso, hay tantas prácticas en la Iglesia que son sólo doctrina de hombres, doctrina del demonio, pero que no es la doctrina de Cristo, la Vida de Cristo.

Cristo enseñó Su Palabra. Y Su Palabra es Verdad.

Y ningún pensamiento humano puede interpretar esa Verdad según sus razonamientos, ideas, proyectos humanos de la vida. Que es lo que se viene haciendo en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.

Dar a la Iglesia la doctrina de los hombres, de cómo los Escribas y Saduceos de este tiempo, que son los teólogos, sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles, ven la Palabra de Dios y, por tanto, cómo la interpretan según su filosofía, que cada uno tiene en su cabeza. Y no recurren a la tradición de la Iglesia, a lo que tantos Santos y Pastores de la Iglesia han dicho sobre la Fe de la Iglesia, sobre la Escritura, sobre la verdadera Ciencia Divina.

Por eso, se da en la Iglesia lo que tenemos: una cabeza que no es Cabeza Visible de la Iglesia, que es un impostor, que se dice Santo porque es un sacerdote y hace cosas santas en su oficio.

Un hombre que busca llamar la atención de los demás hombres. Un hombre que vive para las redes sociales, pero que no vive para el Espíritu de la Verdad.

Un hombre que atrae con su palabra engañosa a las almas que quieren escuchar sólo que la vida es para lo humano, para crecer en lo humano, para tener éxito en lo humano.

Un hombre que se presenta con una humildad falsa para engañar a todos y para hacer creer que en él está el Espíritu de la Verdad. Él está como Cabeza y él sabe cómo guiar la Iglesia. Y todos deben ser enseñados por él, porque es Papa, porque Dios lo ha puesto ahí.

Un hombre que es visto como un innovador de la fe, dinámico en lo humano, que es como una bocanada de aire fresco, como una primavera para la Iglesia, y que sólo está ahí para comenzar la Ruina de la Iglesia.

Un hombre que no sabe lo que es la vida espiritual y que no sabe seguir al Espíritu de la Verdad, porque sólo sabe seguir su pensamiento humano. Es un saduceo más en la historia de la Iglesia. Uno que hace la Iglesia a base de documentos papales, pastorales, humanos. Pero que no sabe vivir el Espíritu de la Iglesia, porque no sabe combatir a los hombres en la Iglesia. No sabe combatir al demonio, que ya está presente en la Cabeza de la Iglesia. No sabe luchar contra el pecado, porque no ve su pecado.

Ese hombre todos los siguen por una razón: porque no viven la Fe de la Iglesia, la Fe en Cristo, sino que también se han construido su fe humana, la que a ellos les interesa para su vida humana. Y, por eso, buscan a un Papa que les hable de lo que ellos tienen en sus mentes humanas, que les abra el camino de lo humano para hacer de la Iglesia sólo un conjunto de hombres, un conjunto de ideas humanas, un conjunto de obras humanas. Y no quieren saber nada de la santidad de la Iglesia, de lo sagrado de la Vida de la Iglesia, del Amor Divino de la Iglesia, porque no viven para hacer la Iglesia de Cristo, sino que viven para inventarse la Iglesia de los hombres, como los hombres la pintan en su soberbio pensamiento humano.

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