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Gobernar la Iglesia es dar la Luz del Espíritu

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El gobierno de la Iglesia se fundamenta sólo en el Papa.

No se apoya en otras personas, en ningún Obispo, en ningún grupo de la Iglesia.

Dios da al Papa la Infabilidad. Y, con este Don Divino, que es un carisma para el alma del Papa, el Papa puede gobernar la Iglesia sin apoyarse en los pensamientos de ningún hombre.

Dios da la Luz sólo al Papa. Dios no da luces a muchas cabezas para así formar una Luz. El gobierno, en la Iglesia, es del Papa, no de un conjunto de hombres que se reúnen para decidir el destino de la Iglesia.

Esta es la fe de la Iglesia. Esto es lo que han hecho todos los Papas, porque Dios sabe cuál es el pecado de los hombres: la soberbia. Y, por ese, pecado los hombres no tienen luz y no saben gobernarse ni a sí mismo ni a la Iglesia. Y, entonces, da un carisma, que es propio sólo del Papa, para ayudarle con su soberbia, que la tiene todo hombre, también los Papas.

Gobernar la Iglesia es dar la Luz del Espíritu en la Iglesia, no es dar lo que cada uno piensa en la Iglesia sobre las cuestiones espirituales y de la Vida de la Iglesia.

Gobernar la Iglesia es un Don de Dios. No se aprende de los hombres. Los hombres gobiernan sus negocios en la tierra mediante consejos humanos, porque no poseen este Don Divino y, por tanto, tienen que echar mano de otros soberbios -como ellos- para comprender lo que una cabeza soberbia no puede ver. Y, al final, resulta que la reunión de muchos hombres soberbios no da la luz suficiente para dirigir el negocio y, por eso, se hacen las cosas por imposición de una idea. Los negocios de los hombres son llevados por el demonio, porque no saben pedir luz a Dios para guiar ese negocio como Dios quiere.

Por tanto, ese falso Profeta anunció, al mes de ser elegido, que iba a poner en la Iglesia un consejo de ocho obispos para que ayuden a gobernar la Iglesia.

Esto es ir en contra de la Fe de la Iglesia.

Esto ningún Papa lo ha hecho, porque los verdaderos Papas conocen este don de la Infabilidad y no necesitan del apoyo de nadie para el gobierno de la Iglesia.

Y esta es la razón de por qué los Papas, en la Iglesia, se han sentido tan presionados en el gobierno, porque a los hombres les gusta hablar y pensar de cómo es la mejor manera de gobernar la Iglesia, y quieren imponer al Papa su punto de vista sobre el gobierno en la Iglesia. Y. no sólo imponer, sino que esos hombres promueven entre el Papa círculos de allegados para presionar al Papa, y que éste decida lo que los hombres digan. Y no haga caso de los que Dios le dice en su corazón.

Esta es una verdad que no puede desmentirse en la Iglesia.

El Papa Pablo VI fue Prisionero en la Iglesia por grupos de Obispos que querían decidir la Iglesia según su soberbio pensamiento y, como el Papa, se opuso, entonces lo maniataron, lo drogaron, para que así no pudiera ejercer la misión que Dios quería en la Iglesia. Y así los Enemigos de la Iglesia consiguieron muchas cosas en el gobierno de la Iglesia. No se puede comprender los desastres en la Iglesia, en tiempo del Papa Pablo VI sin recurrir a la estrategia de unos hombres para que el Papa no pudiera ejercer el gobierno de la Iglesia y así imponer el criterio de esos hombres en ese gobierno. Por eso, el Papa habló claro refiriéndose a ese grupo: “A través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios”.

El Papa Juan Pablo I fue asesinado por los hombres que estaban a su alrededor y que no lo querían como Papa. Dios no da a Su Iglesia un Papa para 33 días. Dios nunca hace eso. Dios no pone a un hombre enfermo, que se va a morir, para regir la Iglesia. Dios es Sabio. Los hombres son los que se creen sabios y, por eso, no aceptan la Verdad. Fueron los hombres los que anularon el designio divino sobre ese Papa.

Juan Pablo II estuvo maniatado en el gobierno de la Iglesia y no pudo llevar a cabo lo que Dios le pedía sólo por la soberbia de muchos que le inducían al error y no le dejaban hacer las cosas bien. No pudo consagrar a Rusia como Dios le pedía, mencionando a Rusia específicamente, por la presión de los Obispos y de muchos fieles que sólo temen a los hombres, pero no a Dios. Y tuvo que repetir esa consagración varias veces, pero no como Dios quería. No pudo dar a la Iglesia el verdadero mensaje de Fátima, porque así lo decidieron tantos Obispos que no creen en las Palabras de la Virgen a la Iglesia. No pudo dar en la Iglesia el castigo que se merecían muchos sacerdotes y Obispos por sus pecados. Tuvo que dejar que otros decidieran lo que había que hacer con tantas almas consagradas que no viven su vida espiritual. Pudo cerrar el chorro de tantos sacerdotes que pedían la anulación de su sacerdocio por el solo hecho de tener hijos por el mundo. Supo decir no a la falsedad de tantos hombres que no saben ver la vida espiritual y sólo se contentan con hacer de su vocación un asunto humano de la vida.

Juan Pablo II hizo mucho bien en la Iglesia, porque se opuso en muchas cosas a ese gobierno masónico, que la Iglesia no lo ve, porque obra en lo secreto, pero que existe y que los Papas siempre lo han comprobado y lo han vivido en el Gobierno de la Iglesia.

Ese grupo masónico está para poner oposición al Gobierno del Papa desde el principio de Su Pontificado. Y recurre a muchas estratagemas para que el Papa no pueda ejercer su misión como Dios se lo pide.

Porque este es el punto más conflictivo en la Iglesia: que la gobierne una sola persona.

Esto es lo que los hombres no aceptan. Muchos Obispos y sacerdotes no viven esta Fe de la Iglesia en el Gobierno. Y ven al Papa no como un Vicario de Cristo, sino como un hombre que tiene una idea de gobernar la Iglesia y, por tanto, no admite otras ideas para ese gobierno. Y, por eso, las guerras que tienen que sufrir los Papas en el Gobierno de la Iglesia son atroces. Son guerras espirituales, porque los hombres siempre quieren poner su punto de vista a Dios.

Esta es la soberbia de siempre en la Iglesia, desde que Adán y Eva pusieron su juicio al Plan de Dios sobre ellos. Y siempre el hombre cae en el mismo pecado, porque nace en la soberbia, vive en la soberbia y muere en la soberbia.

Benedicto XVI no supo oponerse a ese grupo masónico, que le pedía abrirse a los pensamientos de otras personas para dirigir la Iglesia y, por eso, tuvo que renunciar, cometiendo el pecado contra el Espíritu Santo, y haciendo de la figura del Papa un emblema humano, ya no divino.

Y, por eso, ese sacerdote, que se ha puesto en la Silla de Pedro para no hacer nada, tiene que poner el gobierno de la Iglesia en manos de otros, porque ha hecho oídos a lo que ese grupo masónico le ha pedido. Y comienza ahora en la Iglesia el gobierno de los soberbios, de muchas cabezas, que se van a creer con la luz de Dios para resolver lo que nadie puede resolver sin Luz del Espíritu.

Este es otro signo que Dios da para aquel que todavía no cree que Francisco sea un falso Profeta, un falso Papa, uno que se ha puesto en la Silla de Pedro sólo por elección de los hombres, no por Vocación Divina.

Si Francisco fuera verdadero Papa, entonces no haría tantas cosas como está haciendo en la Iglesia. Porque un verdadero Papa ve las necesidades de la Iglesia y las combate con las armas del Espíritu. Pero este falso Profeta, al ver lo que pasa en la Iglesia, sólo se dedica a entretener a todos con sus inútiles palabras y dejar que otros decidan en el gobierno de la Iglesia.

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