Lumen Mariae

Inicio » Benedicto XVI » La razón del pecado de Benedicto XVI

La razón del pecado de Benedicto XVI

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

maria

¿Qué se creen los hombres que componen la Iglesia en la Jerarquia que es la Iglesia?

¿Un conjunto de ideas humanas, de planes humanos, de obras humanas?

La Iglesia es el Pensamiento de Dios sobre el alma.

El alma es un ser espiritual y necesita alimento espiritual para que pueda vivir. Y ese alimento espiritual sólo lo puede dar la Iglesia.

Porque Jesús ha puesto todo en Su Iglesia para sus almas.

Pero los hombres han hecho de la Obra de Jesús un desierto espiritual, y ya nadie en la Iglesia se alimenta de lo espiritual.

Esa realidad es tan evidente que las predicaciones de los Pastores es sobre cosas humanas, naturales, carnales, materiales, pero no van a lo espiritual. No se enseña la vida espiritual, que consiste en seguir al Espíritu.

La vida espiritual no es hacer muchas cosas: oración, penitencia, limosnas, obras de misericordia, etc.

La vida espiritual es dejar que el Espíritu marque el camino hacia el Cielo.

Por tanto, la Vida de la Iglesia es dejar que el Espíritu de Cristo marque el camino para ser la Iglesia que Jesús quiere.

Pero los hombres quieren poner sus caminos humanos, sus puntos de vista humanos, sus soluciones a los tantos problemas que el hombre tiene sobre la tierra. Y no sabe buscar el alimento del alma.

Hacen de la Iglesia algo humano, un asunto de los hombres y así se dan a los fieles de la Iglesia cosas perjudiciales para el alma.

La Iglesia está, ahora, constituida por muchos Pastores que no son para la Iglesia, para hacer Iglesia, para enseñar en la Iglesia la Verdad, que sólo está en el Espíritu de la Verdad.

Muchos son los Pastores que enseñan sus verdades en la Iglesia y hacen que los demás sigan esas verdades. Y las imponen a los demás como si fueran Voluntad de Dios.

Eso es claro en la Iglesia. No se está diciendo nada nuevo. La Iglesia siempre ha sido así: soberbia, con el deseo de imponer su punto de vista a los demás.

Pastores soberbios y orgullosos son los que rigen el destino de la Iglesia.

Pastores que no escuchan la Voz de Dios en sus corazones, sino que están atentos a la voz de su pensamiento humano y deciden en la Iglesia según la necedad de su pensamiento.

Los Pastores de la Iglesia quieren salvar a las almas con su pensamiento, con su ciencia, con su filosofía, con su psicología, con su psiquiatría. No saben ver la verdad de un alma sin usar la ciencia de los hombres, que es inútil para descubrir el estado de un alma.

Los Pastores de la Iglesia se han vuelto tan intelectuales que ya no saben dejar sus entendimientos. Han hecho de sus entendimientos un dios, un ídolo que ellos siguen, sometiéndose a las razones que descubren en su necedad.

Y, por eso, conducen la Iglesia como lo hacen.

El por qué un Papa renunció a ser Papa, la razón de por qué un Papa llegó a anular la Fe en su Pontificado, en el Don que Dios le había dado, es sólo por su pensamiento humano, por su necio pensamiento humano.

Benedicto XVI es soberbio en su pensamiento. Había construido su sacerdocio leyendo teología protestante. Y quería llegar al Misterio de Cristo y de la Iglesia con sus razones filosóficas, y no de rodillas ante el Santísimo Sacramento.

Dejó la teología de Santo Tomás de Aquino, hecha en la devoción de la Eucaristía, para tomar como ídolo a tantos hombres que han hecho de la teología un pastizal del demonio.

Bnedicto XVI buceó toda su vida en intelectualidades que no daban la Fe de la Iglesia. Y, por eso, al ocupar cargos en la Iglesia, siempre erró en cuestiones de Fe.

Él se opuso a que en la Iglesia se revelara completamente el secreto de Fátima, porque su entendimiento lo tenía como inútil. Nunca escuchó la Voz de Dios en su corazón. Solamente escucha la voz de su razón.

Y, a pesar de tanta soberbia, a pesar de que su entendimiento es un obstáculo para ser Papa, Dios lo llamó al Papado, sólo por un designio de Su Misericordia. No lo llamó ni por sus estudios eclesiásticos, ni por su gran inteligencia, ni por las obras que hasta ese momento había hecho en la Iglesia.

Dios lo hizo Papa porque tuvo Misericordia de él y le mostró un camino para aprender la Verdad de Dios y de la Iglesia.

Pero el alma de Benedicto XVI no aprendió a ser Papa en su Pontificado. No pudo aprender del Espíritu cómo regir la Iglesia, porque su entendimiento era un obstáculo para ello.

Él vive apegado a su entendimiento. Se retiró del Papado para seguir leyendo los libros de sus teólogos más importantes, que son los protestantes. No se retiró para leer los libros de los santos e imitarlos. Él volvió a su pecado de siempre: su soberbio entendimiento.

Y, a pesar de su pecado contra el Espíritu Santo, con su renuncia, él sigue siendo el verdadero Papa, a la espera que Dios le muestre el camino para redimirse y hacer en la Iglesia lo que Dios quiere.

Dios elige sus Papas. Y eso es un Misterio que nadie puede comprender, porque en ese Misterio entra el pecado de los hombres, la Justicia de Dios por el pecado y la Misericordia.

La razón del pecado de un Papa, por qué un Papa llegó a renunciar al Don de Dios, siendo ese Don lo máximo que existe en la Iglesia, es la misma razón por la que Adán y Eva pecaron, siendo que lo tenían todo en el Paraíso.

Es sólo la soberbia del hombre que quiere poner siempre el camino de su vida y que no permite a Dios que le indique cómo caminar.

Benedicto XVI, antes de ser Papa, se metió en muchos problemas en la Iglesia y se hizo amigos de gente que, en su corazón, tiene a Satanás. Y escaló los puestos de su sacerdocio con amistades de la Iglesia, que le iban abriendo puertas para que él pudiera hacer su cometido en la Iglesia.

Benedicto XVI, antes de ser Papa, quería formar una iglesia más moderna, más actual, más del mundo. Pero no sabía cómo. Se topaba con la santidad de la Iglesia y tenía a su lado a un Papa santo, que le impidió, muchas veces, irse de la Iglesia para hacer su iglesia en otro sitio.

Benedicto XVI aprendió del Beato Juan Pablo II la poca humildad que era necesaria para subir al Papado, para no rechazar el Papado, en el primer momento, y asi poder realizar, cuando Dios lo quiera, su redención y la redención de toda la Iglesia.

Por eso, hay que contemplar al Papa caído, no sólo como un Papa que no supo seguir al Espíritu de la Iglesia en su Papado, sino como aquel que todavía no ha terminado su misión en la Iglesia.

Todavía Dios hablará por la boca de Su Papa y dirá a la Iglesia lo que tiene que hacer en esos momentos para salvarse, para seguir al Espíritu de Cristo.

Anuncios

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: