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El pecado del Papa Benedicto XVI

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El pecado del Papa Benedicto XVI es el pecado de toda la Iglesia.

No sólo es la conciencia del alma de Benedicto XVI, es el mal que la Iglesia ha hecho aceptando la renuncia del Papa.

Ni el Papa tiene derecho a renunciar al cargo para el cual Dios lo ha elegido, porque las cosas de Dios son para siempre. Se es Papa para el Cielo o para el Infierno. No se es Papa para un tiempo.

Ni la Iglesia tiene derecho de aceptar la renuncia de un Papa, como lo ha hecho, para después elegir una cabeza que no la quiere Dios para Su Iglesia.

Esta Verdad es la Fe de la Iglesia. Y esta Verdad, ni el Papa Benedicto XVI ni la Iglesia la han seguido. Han seguidos sus verdades, las que en su mente soberbia han fabricado y, por eso, han inventado toda una patraña para conseguir lo que se quería en la Iglesia: un hombre elegido por los hombres para gobernar la Iglesia como lo quieren los hombres.

Cuando no se vive de Fe, entonces los hombres se inventan, cada uno, la fe y siguen ese invento y no ven su pecado.

Ni el Papa Benedicto XVI ni la Iglesia entera ve su pecado. Sólo hay muy pocas almas que, en verdad, entiendan lo que ha sucedido en la Iglesia. La mayoría justifica el pecado del Papa y de la Iglesia. La mayoría aplaude el pecado del Papa y de la Iglesia. La mayoría dice que ese pecado es un bien para la Iglesia.

Estamos asistiendo a la lucha entre la Fe y la Razón Humana. Y no es otra la lucha. Entre lo que Dios da en Su Palabra Divina y lo que los hombres dan en sus palabras humanas.

Los hombres intentan tergiversar la Palabra de Dios y la interpretan, cada uno, según le conviene en ese momento.

Y al Papa Benedicto XVI y a la Iglesia les convenía mostrar la renuncia al Pontificado como un bien para la Iglesia. Y se atrevieron a llamar a esa renuncia Voluntad de Dios, algo que Dios quería.

Este es el pecado que nadie contempla hoy en la Iglesia, porque no existe, no se ve como pecado. Es una acción que hizo el Papa, y es una acción que aprobó la Iglesia. Y como el Papa tiene Autoridad, entonces, no se equivoca en lo que hace en la Iglesia. Y como la Iglesia se somete a lo que el Papa diga, entonces, está bien aceptar esa renuncia que hizo el Papa.

Así se ven las cosas para los hombres. Pero así Dios no las ve.

Dios no da el derecho a renunciar a una Elección Divina. Dios da el don de la libertad al alma para que elija o no esa Elección Divina. Esta Verdad es la que no se acepta.

El alma de Benedicto XVI aceptó ser Papa. Y tiene que ser Papa hasta la muerte. Y no puede renunciar a lo que ya eligió. Si renuncia comete un pecado. No se distingue entre la libertad para pecar y la libertad para seguir el Don de Dios.

Son dos cosas muy distintas.

Lo que Dios da en la Iglesia es para siempre. El sacerdocio es para siempre. El matrimonio es para siempre. El Bautismo es para siempre. Y el Papado es para siempre.

Dios no da cosas temporales. El Papado, para Dios, no es un oficio eclesiástico, no es un cargo público, no es algo humano. Es una vocación divina. Dios llama a algunas almas para el Papado. Dios no llama a todas las almas. Dios escoge a Sus Papas y les da el Don sólo para ellos. Y con ese Don el Papa puede gobernar toda la Iglesia sin ayuda de ningún hombre, de ninguna institución secular, sin recurrir a ningún rey o gobernante del mundo.

Esta es la Fe de la Iglesia que la Iglesia no vive, no sigue, no obra.

Y, por eso, desde que Jesús funda Su Iglesia sobre Pedro, los Papas han sido prisioneros de la Iglesia.

Han estado rodeados de fieles, sacerdotes, Obispos, Cardenales, religiosos, que no viven la Fe de la Iglesia, que no tienen vida espiritual, que ven la Iglesia con su pensamiento humano, con sus ideas filosóficas, con su actividad exterior de hombres. Pero no son capaces de ver la Iglesia como Dios la ve. Y, entonces, comienzan a presionar al Papa para que no haga la Voluntad de Dios en su Pontificado. Hacen muchas cosas para impedir que se siga el Espíritu de Cristo. Y, por eso, los Papas se sienten tentados a dejar el Pontificado, porque no es oro todo lo que reluce en la Iglesia.

En la Iglesia hay muchos intereses humanos, muchos egoismos, mucha ambición de poder y de dinero. Porque así son todos los hombres: los hombres viven para tener dinero y para poseer el poder.

Y la Iglesia, siendo divina, está compuesta de tantos hombres que son demonios, que son pecadores, que se visten de seda, que pasean haciendo que los demás los tengan por santos y justos, pero que no saben vivir el Evangelio, la Palabra de la Verdad. No saben ponerse en la Presencia de Dios y ver el Amor de Dios sobre Su Iglesia.

Por el pecado del Papa Benedicto XVI y de toda la Iglesia, Dios se ha retirado de la Cabeza Visible de la Iglesia.

Dios rige, ahora, su Iglesia con Su Cabeza Invisible, que es Cristo.

Y Cristo se une al Cuerpo Místico con Su Espíritu, que es el que da la Unidad a la Iglesia.

Por el pecado de un Papa, ya la Cabeza Visible de la Iglesia, que es el Vicario de Cristo en la tierra, no sirve para dar la Unidad a la Iglesia.

Dios dirige Su Iglesia hacia donde Su Espíritu quiere. Y, por eso, ahora hay que preguntar al Espíritu qué se hace en la Iglesia, cuál es el camino de la Iglesia. Porque la Iglesia está sin Cabeza Visible.

Esta es la Verdad de la Iglesia. Esta es la Fe de la Iglesia. Y hay una sola Fe, un solo Bautismo, una sola Iglesia.

Que los hombres no se inventen la fe, no se inventen el bautismo, no se inventen la iglesia.

Lo que hay ahora es un falso Cristo, que se ha puesto en la Silla de Pedro sin ser llamado por Dios, sin tener la vocación para ser Papa.

Y ese falso Cristo va a comenzar a lavar la cara de la Iglesia para presentar una falsa Iglesia.

Todo el mal de la Iglesia comienza por su cabeza. Y el mal de la Iglesia actual fue el pecado del Papa Benedicto XVI y de toda la Iglesia, que aceptó ese pecado como algo bueno.

Ese es el mal de la Iglesia que no se quiere aceptar por los que quieren hacer de la Iglesia de Cristo un conjunto de hombres para tener al mundo a su disposición y para llevar a los hombres al infierno.

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