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Consecuencias del pecado del Papa y de la Iglesia I

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Las consecuencias del pecado del Papa Benedicto XVI y de la Iglesia, al aceptar la renuncia del Papa, son gravísimas para todo el Cuerpo Místico de la Iglesia.

Los Obispos se unen al Papa y forman así la Jerarquía de la Iglesia y, por tanto, la Unidad en la Fe de la Iglesia.

Cuando el Papa renuncia al Pontificado, los Obispos también renuncian al Pontificado, a la Jerarquía de la Iglesia. Y eso significa que, por el pecado del Papa, los Obispos también pecan en la Cabeza Visible de la Iglesia.

El mismo pecado que hace el Papa, lo hace cada Obispo que está unido al Papa.

El pecado del Papa es un pecado contra el Espíritu Santo. No es un pecado personal. Es un pecado que une muchas almas en ese pecado: las almas de la Jerarquía de la Iglesia, que están unidas a la Cabeza Visible de la Iglesia, que es el Papa.

Los Obispos, para no caer en ese pecado, tienen que oponerse a la renuncia del Papa. Y tienen que luchar por Su Papa, para que vuelva al Pontificado.

Esto es lo que no se ha hecho. Y, por eso, toda la Jerarquía Eclesiástica ha caído en el mismo pecado del Papa, que va en contra del Espíritu Santo y que no tiene perdón.

Por este pecado, Dios se retira de la Cabeza Visible de la Iglesia, que es el Papa y los Obispos unidos a él. Y la Cabeza Visible de la Iglesia ya no tiene valor en la Iglesia, por el pecado contra el Espíritu Santo de un Papa.

La Iglesia se queda sin Cabeza Visible. La Iglesia tiene Su Cabeza Invisible, que es Cristo.

Pero Cristo guía a Su Iglesia terrena con una Cabeza Visible, que es el Papa. Cristo no la guía sin esa Cabeza. Y, cuando un Papa renuncia a esa Elección Divina, produce un caos en toda la Iglesia.

Un caos que sólo Dios sabe medir, no los hombres. Un caos espiritual que sólo se puede entender en Dios.

Ahora la Iglesia no tiene Cabeza Visible. Y, por tanto, no se puede dar la Obediencia a nadie. No hay Cabeza. Ni los Obispos, ni los sacerdotes, ni los Superiores eclesiásticos, son, en este momento, cabeza en la Iglesia. Y eso sólo por el pecado del Papa.

Esto produce un caos en toda la Iglesia. Esto nadie lo ha meditado. Nadie contempla lo que le viene a la Iglesia por este pecado que los hombres no lo ven como pecado, sino como algo natural en la vida de la Iglesia.

Si no hay Cabeza Visible, no se puede dar la Obediencia a nadie. Ahora, nadie es cabeza en la Iglesia. Nadie. Ahora sólo hay que obedecer al Espíritu de la Iglesia, que es el Espíritu de Cristo, y que gobierna, ahora, a cada alma de Su Iglesia.

Dios , ahora, no gobierna Su Iglesia a través de una Cabeza Visible. Esta es la tragedia, que no se medita.

Dios, ahora, habla a cada alma y dice a cada alma lo que hay que hacer en Su Iglesia.

En este punto está el desastre de toda la Iglesia en la tierra.

Porque los hombres se guían por su razón humana, por sus consejos humanos, por sus obras humanas y no saben ver lo que Dios pone en el corazón. Por eso, muchas almas en la Iglesia están perdidas, ahora, porque, al no tener vida espiritual, van a seguir a los hombres en sus pensamientos, en lo que hagan desde esa Silla de Pedro, y no van a seguir al Espíritu de la Iglesia, que habla al corazón del alma, que ya no habla a través de una Cabeza Visible, de un Papa.

Aquí está el gran desastre que se avecina en la Iglesia.

La Iglesia se ha mantenido ahora sólo porque los Papas han sido fieles a Su Llamado Divino y no han renunciado, a pesar de tantas tentaciones de los hombres y del demonio. Y la Iglesia ha seguido caminando, aunque el mal persista. Y ha seguido caminado de la mano de su Cabeza Visible, que es el Papa. Y no ha habido pérdida en ello.

Pero, ahora, la Iglesia está sin esa Cabeza Visible. El Papa vive en su pecado, sin reconocer su pecado. Y no hay nadie que le ayuda a ver su pecado.

Y Dios habla ahora a cada alma y sólo hay que obedecerle a Él, no a los hombres.

Los hombres, ahora, van a presentar ante la Iglesia su invento de la Iglesia. Van a despojarla de todos sus tesoros divinos. Van a acoger a cualquiera en la Iglesia. Se quiere hacer una Nueva Iglesia, acorde a los tiempos que se viven. Cada uno puede estar en la Iglesia con sus pecados, sin rechazar sus pecados, porque Dios ama a todo el mundo.

Por eso, la vida en la Iglesia es un caos de intereses humanos, de razones humanas, de deseos humanos, en donde sólo se vive para agradar a los hombres. Pero nadie vive para hacer la Voluntad de Dios.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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