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El pecado de la Iglesia actual

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El pecado de la Iglesia es elegir un Papa cuando todavía el Papa está vivo.

Y este pecado no se quiere reconocer como pecado, porque los hombres se ajustan a sus leyes eclesiásticas, no al Espíritu de la Iglesia.

En esas leyes eclesiáticas se da la posibilidad de elegir un Papa en la renuncia de otro al Pontificado.

Cuando los hombres de Iglesia siguen sus preceptos y no siguen al Espíritu se vuelven fariseos y quieren ver la verdad de la Iglesia, el bien de la Iglesia, en sus preceptos, pero no en el Espíritu de la Iglesia.

Este pecado de la Jerarquía de la Iglesia es tan manifiesto que nadie lo toma como pecado, porque todos en la Iglesia siguen sus pensamientos humanos, sus razonamientos humanos, sus ideales humanos y, por eso, han hecho de la Iglesia un negocio humano, una empresa humana. Y creen que hay que hacer la Iglesia según perspectivas humanas, según circunstancias humanas, según lo que cada cual ve con su pensamiento.

Llaman a esas leyes eclesiásticas Voluntad de Dios, porque, para eso son la Jerarquía de la Iglesia. Están en el Poder y tiene derecho a decidir los destinos de la Iglesia y a mandar a la Iglesia, aunque a nadie le guste lo que se mande.

Muchos en la Jerarquía de la Iglesia usan su sacerdocio, su ministerio, su oficio eclesiástico para mandar su voluntad humana a los demás y declarar que eso que mandan es Voluntad de Dios.

Muchos en la Jerarquía de la Iglesia no saben discernir entre la Voluntad de Dios, la voluntad de los hombres y la voluntad del demonio. Y no saben hacerlo porque quieren discernir el bien de la Iglesia con su pensamiento humano, con su intelectualidad, con su teología, con su filosofía, con su psicología, con su psiquiatría. Y, de esta manera, nunca descubren la Voluntad de Dios, sino sólo la voluntad de los hombres o la voluntad del demonio.

El demonio trabaja en la mente de los hombres. Y trabaja mucho en los sacerdotes, en los Obispos, en los Cardenales, en los Papas, porque sabe que los hombres les gusta razonar la vida y, por tanto, sólo creer en lo que su razón descubre.

Dios habla al corazón del alma, no a la mente de la persona. El corazón es el sitio divino que la persona tiene para aprender la Voluntad de Dios y obrarla en su vida humana.

La Voz de Dios es la Voz del Amor en el corazón. Y esa Voz no es una idea muy bonita, no es un pensamiento positivo de la vida, no es algo que se prepara en una bandeja de plata para que los demás aplaudan lo bien que se ha pensado todo.

La Voz del Amor es una Obra Divina, porque el Pensamiento de Dios es una Obra de Dios. Para Dios, pensar es obrar. Para los hombres, pensar es sólo tener unas ideas, llegar a una ideas, buscar unas ideas acertadas sobre un asunto. Y, después, los hombres obran o no obran eso que han pensado.

Dios mueve a obrar el Amor, Su Amor Divino, que pone en el corazón de los humildes. Dios no mueve hacia algo porque el hombre haya pensado bien la cosa. Dios mueve sin más hacia la Obra que Él quiere del alma. Y, de esa manera, el alma obra el Amor, el alma hace un Bien Divino en su vida humana, el alma hace la Voluntad de Dios en la vida.

Pero el alma debe ser una persona de oración y de penitencia. Una persona que no se moleste por su vida humana, que no se preocupe por su vida humana, que no atienda a su vida humana, sino que esté siempre buscando la Presencia de Dios para poder discernir lo que viene de Dios, lo que viene de los hombres y lo que viene del demonio. Y sólo los santos saben hacer esto.

Y, por eso, cuesta entender la Voluntad de Dios. No es fácil hallarla en un mundo lleno de voluntades humanas, de razones humanas, de deseos humanos de la vida.

Por eso, ante la renuncia del Papa, la Iglesia se tenía que haber puesto en oración y penitencia, porque esa renuncia es un pecado gravísimo, que sólo con oración y penitencia se puede reparar. Y hallar, en esa oración, el Designio Divino sobre la Iglesia, la Voluntad de Dios sobre la Iglesia en esos momentos: ¿qué hacer en la Iglesia cuando un Papa renuncia a ser Papa?

Pero como la Jerarquía de la Iglesia no hizo oración y penitencia, sino que echó mano de sus preceptos eclesiáticos, por eso, lo que hizo fue otro pecado. Y llamó a ese pecado Voluntad de Dios.

Y ¡ay del que se atreva a decir que lo que hizo la Jerarquía de la Iglesia es un pecado y que no es Voluntad de Dios!, que ese hombre que se ha elegido es un falso Profeta, no es un Papa verdadero. Lo llaman hereje y cismático.

La Jerarquía de la Iglesia ha puesto su cabeza, la que ellos han elegido como hombres que son. Pero no han puesto la Voluntad de Dios, que es lo que el Cuerpo Místico pide a la Jerarquía de la Iglesia: que haga la Voluntad de Dios, no que llame al pecado Voluntad de Dios.

Esto es lo que se ha hecho, una vez más en la Iglesia. Porque esto no es nuevo. No se comprende lo que es la Obediencia al Espíritu de la Iglesia. Todos en la Iglesia, desde que fue fundada, han buscado la obediencia de los fieles a sus razonamientos humanos, a sus ideas de cómo debía ser la Iglesia, a sus preceptos eclesiásticos. Eso ha sido siempre. Y eso fue esa elección de un nuevo Papa por la falta de fe de toda la Jerarquía de la Iglesia.

Los hombres de la Iglesia han puesto su pecado en la Cabeza de la Iglesia para que todo el mundo asienta a su pecado, justifique su pecado, aplauda su pecado, siga su pecado, y así hacer de la Iglesia sólo lo que el pensamiento de ese hombre quiera.

Esto es lo que ha pasado y nadie se atreve a decir lo contrario, porque -claro- son sacerdotes, Obispos, Cardenales, que saben lo que tienen que hacer en la Iglesia. Y como nadie en la Iglesia busca la Verdad de la Iglesia, sino que todos buscan sus medias verdades, entonces tenemos lo que tenemos.

La Iglesia tiene su Papa: el que ellos han buscado, el que los hombres quieren. Pero no tiene la Voluntad de Dios. Porque Dios no ha querido ese falso Profeta para su Iglesia. Dios ha dado un Papa a su Iglesia y no elige otro Papa hasta que muera. Esa es la Fe de la Iglesia.

Por tanto, sólo se puede obedecer en estos momentos, a la persona que Dios ha puesto como Papa, que es Benedicto XVI. El problema es que Benedicto XVI no quiere ser Papa.

Este sigue siendo la Verdad de la Iglesia que todavía no se ha solucionado. La Iglesia está sin Papa, porque el Papa vive su pecado, está en su pecado. Y los hombres se han inventado un Papa que quieren que todos lo sigan, que lo imponen a toda la Iglesia como el verdadero Papa.

Y aquellos que tienen Espíritu, en seguida, ven la mentira de ese falso Profeta. Desde que fue elegido sólo se ha interesado por agradar a unos y a otros, por hacer la vida de la Iglesia una fiesta, por querer dar a la Iglesia ritos más conformes a los tiempos que vive el hombre, ritos acomodados a la vida humana, para que el hombre se encuentre contento en la Iglesia, y vea que la Iglesia es como el mundo y acepta las cosas del mundo y se hace más humana porque está con los hombres y sus problemas.

Un falso Profeta que, cuando habla, cuando se da a la improvisación, se le captan sus mentiras, sus debilidades intelectuales. ¡Cuántas cosas ha dicho que un Papa verdadero nunca las dice! ¡Cuántas medias verdades que dab a entender lo que hay en la mente de ese sacerdote, que revestido de Poder, se cree con derecho a gobernar la Iglesia con su inteligencia y con la inteligencia de los hombres! Porque eso es lo único que tiene: su inteligencia humana con la cual quiere descubrir la Verdad de la Iglesia.

Un falso Profeta que se muestra humilde en los exterior, que da a los hombres exteriores, sin vida espiritual, lo que los hombres quieren oír en sus mentes humanas. Pero que no es capaz de hablar la Verdad que está en el Espíritu Divino, porque nunca se ha guiado por ese Espíritu, sino que ha aplaudido a hombres de la Iglesia que han hecho de su sacerdocio el negocio de las cosas divinas.

Y ante ese falso Profeta, al hombre espiritual, al hombre que vive su vida espiritual, al hombre que sabe discernir espíritus, no se le puede exigir la obediencia. El que tiene espíritu tiene que enfrentarse a ese falso Profeta y seguir dando la obediencia al verdadero Papa.

Hay que luchar por quitar el pecado de la Iglesia. Y ese pecado ahora se muestra al mundo con la cara de un soberbio que quiere darse a todos como el verdadero Vicario de Cristo.

Ese falso Profeta es el hereje y el que provoca el cisma en la Iglesia, porque el Espíritu Santo marca la línea de división en Su Iglesia. La Iglesia es del Espíritu, no de ese falso Profeta, no de las leyes eclesiásticas de ese falso Profeta. Y hay que obedecer al Espíritu de la Iglesia en estos momentos. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Y si no se da esta obediencia, entonces los fieles se acomodan al pecado, a la mentira, a un Papa que no es verdadero Papa sino un impostor y, como tal, hay que tratarlo.

Hay que rezar mucho por este falso Profeta y no seguirlo en nada en lo que haga en la Iglesia. Hay que reconocer al verdadero Papa y pedirle al Señor que lo levante de su pecado, que él vea su pecado y lo quite. Porque una Cabeza que no quita su pecado hace de la Iglesia el pastizal del demonio.

Glosario

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Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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