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La Iglesia ha errado el camino

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La Iglesia ha errado el camino en la renuncia del Papa Benedicto XVI a su Pontificado.

No ha visto esa renuncia como lo que es en Dios: el pecado de la Cabeza de la Iglesia.

Y, por no saber mirar esa renuncia como pecado, la Iglesia comete el mismo pecado que su Cabeza.

Porque el Papa se une a la Iglesia en Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico de la Iglesia. Y Cristo da a su Cuerpo una Cabeza visible, que es el Papa, Su Vicario en la Tierra.

Y lo que haga ese Vicario como Cabeza de la Iglesia pertenece también al Cuerpo Místico de la Iglesia. Las virtudes y los pecados de la Cabeza lo son también del Cuerpo Místico.

Este es el Misterio de la Iglesia: misterio de Unidad y de Amor.

El Cuerpo Místico de la Iglesia no supo apreciar el pecado de su Cabeza, de su Papa, y, por tanto, sufre las consecuencias de ese pecado.

Porque el pecado no es sólo una cuestión de la conciencia, como pretende enseñar ese falso Profeta que se pone como Papa. El pecado del bautizado pertenece a toda la Iglesia, no sólo a la conciencia del que lo comete.

El Papa Benedicto XVI pecó contra el Espíritu Santo en la renuncia al Pontificado. Porque Dios no da derecho al Papa para renunciar al Don que se le da. El Papa no tiene ese derecho de dejar de ser Papa, porque el Llamado de Dios es único y para el alma del Papa.

Dios no juega con la Cabeza de la Iglesia. No la pone para después quitarla. Nunca la quita por una razón humana, natural, física, carnal, material.

Dios da el Poder a la Cabeza para hacer su misión en la Iglesia. Y los poderes del infierno y los poderes del mundo no pueden con un Papa, porque Dios lo asiste desde el principio hasta el fin de sus días.

Dios elige un Papa hasta su muerte. Y hasta que no muera, Dios no elige otro Papa. Esa es la Fe de la Iglesia. Esa es la Fe en Cristo. Y no hay otra Fe. Y los hombres no quieran inventarse la fe, según su manera humana de entender las cosas divinas y de la Iglesia.

El Papa es Elegido por Dios hasta su muerte, hasta el último hálito de vida. Y no retira esa Elección Divina ni por enfermedad del Papa, ni por el pecado del Papa, ni por los intereses humanos.

Dios es muy serio en la Elección del Papa. No pone a cualquiera. No da a la Iglesia el Papa que los hombres quieren. Da a la Iglesia el Papa que Su Corazón Divino quiere.

El Papa, como hombre, tiene el don de la libertad, con el cual puede renunciar a la Voluntad de Dios. Ese don, Dios no lo anula en el Papa. Dios da al Papa todo el Poder Divino para obrar su misión como Cabeza de la Iglesia. Pero ese Poder Divino no hace santo al Papa, no lo confirma en Gracia. A pesar de ese Poder Divino, el Papa tiene facultad para pecar, por su libre albedrío. Y Dios siempre respeta la libertad de sus almas si quieren elegir otro camino que el que Dios les traza.

Por tanto, el Papa Benedicto XVI ha pecado con su renuncia al Pontificado. Y ese pecado hace que Dios se retire de la Cabeza de la Iglesia. Y una Iglesia sin Cabeza es una Iglesia sin Unidad, sin Amor, sin Paz.

Por tanto, el Cuerpo Místico de la Iglesia, al contemplar el pecado de su Cabeza, el Papa, debería haber esperado y pedido al Señor la Luz para obrar en la Iglesia cuando la Cabeza renuncia a ser Cabeza del Cuerpo Místico.

Es lo que no hizo el Cuerpo Místico de la Iglesia, porque no vió en esa renuncia un pecado, sino algo propio de la vida de un hombre que está cansado de la vida que lleva y que quiere un poco de paz a su alrededor.

La Iglesia se embarcó en el juego del demonio y buscó una cabeza, cuando el Papa todavía está vivo. Este es el error en el camino.

Teniendo un Papa vivo, Dios no da otro Papa hasta que no muera. Hay que esperar a su muerte para elegir un Papa.

La Iglesia, por tanto, erró en el camino porque no tiene vida espiritual.

Ni el Papa Benedicto XVI tiene vida espiritual, ni tampoco la Jerarquía de la Iglesia tiene vida espiritual. Carecen de fe, de oración, de penitencia. Tienen miedo a la Cruz del Señor. Tienen miedo de las palabras de los hombres. Es una Iglesia que sirve al pensamiento de los hombres, pero no es capaz de servir al Corazón de Dios.

Por tanto, la Iglesia al errar el camino, eligió a uno que no es Papa, que no es elegido por Dios. Ese falso Profeta no es un Don de Dios a la Iglesia, porque todavía el Papa está vivo. Dios no da dos Papas. Es el hombre y el demonio el que busca sus cabezas, sus jefes para hacer de la Iglesia un pastizal del infierno.

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