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Sólo hay una Verdad

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Sólo hay una Verdad.

Y no pueden darse muchas verdades.

Existe la Verdad Absoluta, y existen verdades relativas, pero no existe cualquier verdad que la mente de los hombres se fabrican.

Desde la Jerarquía de la Iglesia, desde la mente de muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales, se difunde que no existe la Verdad Absoluta.

Es lo que está enseñando el falso Profeta que se sienta ahora en el Trono de Pedro y que se hace llamar Papa.

Si no existiera la Verdad Absoluta, entonces el hombre crearía su propia verdad. Y, en cada hombre, habría una verdad distinta, que sólo pertenece a ese hombre y no a los demás.

Y con esas verdades que se inventa la mente no puede formarse una Verdad que aune a todas, porque todas son verdades y son vidas en sí mismas. Sirven para algo en la vida y eso es lo que importa en la verdad: que sirva para obrar algo.

Por tanto, si se enseña que no se da ninguna Verdad Absoluta, sino que cada cual tiene en su mente y en su vida la verdad: entonces, vienen cantidad de errores en la vida. Y ya no existe nada: ni el pecado, ni el infierno, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la cruz, ni la oración, ni la penitencia, ni el cielo, ni el demonio, ni los ángeles, ni la iglesia, ni el espíritu, etc. Sólo se da la verdad que está en la mente de cada cual. En consecuencia, sólo se da el pensamiento humano, que decide por sí mismo la verdad y la mentira, el bien y el mal.

Sólo hay una Verdad.

La que está en Dios.

Y Dios obra esa Verdad. Y, por eso, la Creación es la Obra de la Verdad. Y la Redención es la Obra de la Verdad. Y la Iglesia es la Obra de la Verdad.

Pero esa Verdad no es una idea o un pensamiento como están en la mente de los hombres.

Los hombres poseen la idea de una verdad, pero no la Verdad.

En Dios, la Verdad es Su Vida. Y la Vida es el Amor. Y el Amor es una Obra, no es un pensamiento bello, no es una idea muy bonita y bien orquestada.

Y, para entender esa Verdad, hay que penetrar el Corazón de Dios.

No es suficiente con pensar en Dios. Todo el mundo piensa en Dios. Todo el mundo piensa en muchas cosas bonitas. Pero pocos saben tener la Verdad en sus corazones.

La Verdad, que está en Dios, se da al corazón de la persona, no se da a la mente de la persona.

Por eso, la Fe no consiste en un conocimiento de las cosas de Dios, sino en la Obra de la Verdad: obrar lo que Dios quiere en la vida.

La Verdad de la Iglesia es Una. Y no hay otras verdades, otras iglesias, otros caminos, otros Cristos, otros Papas.

Y la Verdad es una sola: y no son varias, no son cosas que suceden y que hay que conformarse con ellas o que hay que dejarlas así.

La Verdad que vive la Iglesia ahora es que no tiene en Su Cabeza un Papa que la guíe. El Papa está en su pecado y no quiere salir de su pecado. Esa es la Verdad.

Y aquel que se sienta en el Trono de Pedro es sólo un falso Profeta. No puede ser llamado Papa, no puede ser seguido como Papa, no puede ser obedecido como Papa.

Se da la obediencia al Verdadero Papa, no al falso Profeta. Pero el verdadero Papa vive en su pecado. Y no se puede obedecer al que vive en pecado.

Por tanto, la Verdad de la Iglesia, ahora mismo, es que las almas de la Iglesia no tienen una Cabeza a quien seguir. Y eso es trágico en la Iglesia. No hay una Unidad, una Verdad, un Amor, un Camino en la Iglesia, porque Su Cabeza, la verdadera, ha renunciado a ser Cabeza sin Voluntad de Dios, por el capricho de algunos sacerdotes, Obispos, cardenales y por el pecado de la misma Cabeza.

Y, entonces, se está en la Iglesia y no se sabe para qué se está, porque ya la Iglesia no es camino de la Verdad.

La Iglesia ha errado el camino. Ante la renuncia de un Papa, la Iglesia tenía que haberse puesto en oración y penitencia por ese Papa para que hubiese visto su pecado y volviera a ser Cabeza. Pero nadie en la Iglesia ha hecho esto, porque ya no existe el Amor, la Caridad en la Iglesia. El amor de muchos se ha enfriado y ya ven las cosas de la Iglesia con ojos materiales, humanos, carnales, pero no espirituales.

La Iglesia vive, en estos momentos, un desastre espiritual. Y nadie atiende a ese desastre. Todos aplauden al falso Profeta que se presenta con una humildad exterior, con palabras hermosas, llenas de calor humano, protegiendo los derechos de los más débiles, pero sin hacer caso a los problemas espirituales de las almas.

Para este falso Profeta todos somos santos y justos, todos se pueden salvar, todos merecen el cielo por sus pecados y no importa no quitar el pecado. Lo que importa es que el hombre se sienta bien consigo mismo y así, en su comodidad de vida, vaya al cielo.

Esta mentira es la que se está predicando desde la Cabeza de la Iglesia. Y todos aplauden esta mentira como si fuera la Verdad.

Y Cristo ha enseñado otras cosas. Ha enseñado el Camino para salvarse. Pero ese Camino es una Verdad Absoluta. Pero como hoy no se cree en la Verdad Absoluta, entonces la Jerarquía de la Iglesia construye un camino para las almas de la Iglesia por el cual, dicen, hay salvación para todos.

Solo hay una Verdad. Y esa Verdad no está fuera, en lo exterior de la vida, en la mente de los hombres, en la forma de vivir de cada uno. Esa Verdad la tiene Dios en su Corazón y sólo la ofrece al humilde de corazón, no a los necios que creen que con su poder intelectivo pueden salvar al mundo de tanto desastre.

Lo que se avecina a la Iglesia no es cualquier cosa: es Su Purificación y Su Gran Tribulación, por no creer en Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

No es cualquier camino, cualquier verdad, cualquier vida. Son algo absoluto, que sólo se puede entender en Cristo, no con la cabeza de unos cuantos idiotas que se llaman sacerdotes, Obispos, Cardenales y que se atreven a sentarse en el Trono de Pedro para que la gente los aplauda y los tome por santos.

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