Lumen Mariae

Inicio » Anticristo » Se destruye la Iglesia

Se destruye la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

destruccion de la igleisa

Dios concedió al demonio 100 años y poder para destruir la Iglesia.

Este permiso de Dios supone en la Iglesia una fuerza para repeler ese ataque del demonio (Sto. Rosario, Sta. Misa, Exorcismo de San Miguel).

Porque Dios no da permiso al demonio sin dar la fuerza a la Iglesia.

Por eso, Dios mandó al Papa León XIII que la oración a San Miguel Arcángel se rezara cada día en la Iglesia después de la Sta. Misa.

Esa oración es para repeler el ataque de los demonios en su intento de destruir la Iglesia.

Dios da un permiso al demonio para destruir la Iglesia. No le da cualquier otro permiso: no le da el permiso de dañarla de alguna manera o de causar en Ella algún estrago.

El demonio tiene poder para destruir la Iglesia.

Esta verdad no ha sido meditada en su realidad.

Porque “las puertas del infierno no podrán contra Ella” (Mt 16, 18). Entonces, ¿por qué Dios da este permiso si el demonio no puede en contra de la Iglesia, no puede destruirla?

En este permiso divino se pone de manifiesto el Misterio de Iniquidad. Misterio que obra en contra siempre de la Voluntad de Dios. Misterio que se opone siempre al Plan de Dios. Misterio que hace de la Obra de Dios una imitación demoniáca.

El demonio quiere, ante todo, ser como Dios. Y Dios formó Su Iglesia. Y, también el demonio, quiere formar su iglesia, pero haciendo de la Iglesia que Dios ha fundado, su creación demoniáca.

Siempre el demonio va en contra de Dios en sus obras: en la Creación, en la Redención, en el cumplimiento de toda Verdad que está en Dios.

Dios da este permiso porque así es el Misterio de la Iniquidad. Y no hay otra razón divina para otorgar este permiso.

El demonio nunca podrá destruir la Iglesia, pero el demonio quiere, en su Misterio, llegar a destruir la Iglesia y eso es lo que pide a Dios:

La voz gutural, la voz de satanás con su orgullo, jactándose a Nuestro Señor:

Yo puedo destruir tu Iglesia”.

La suave voz de Nuestro Señor: “¿Tu puedes? Entonces sigue adelante y hazlo”.

Satanás: “Para ello, necesito más tiempo y más poder”.

Nuestro Señor: “¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto poder?

Satanás: “75 años a 100, y un mayor poder sobre aquellos que se entregan a mi servicio”.

Nuestro Señor: “Tú tienes el tiempo, tú tendrás el poder. Has con ellos lo que quieras” (visión de León XIII, después de celebrar la Misa en el Vaticano).

Desde ese momento, ya hace más de 100 años, el demonio ha actuado en la Iglesia con el fin de destruirla.

Se ha tomado su tiempo para, poco a poco, ir consolidando su plan de destrucción.

En la Iglesia, durante estos 100 años se han visto muchas cosas que no son de Dios, sino del demonio. Y los hombres de la Iglesia se han dejado manipular por la mente del demonio y no han sabido repeler este ataque del demonio.

Porque no es cualquier tentación. No es cualquier obsesión demoniáca. No se trata de una posesión del demonio sobre las almas que pertenecen a la Iglesia.

El demonio se infiltra en la Iglesia con el fin de hacer su iglesia: transformar la Iglesia que Jesucristo ha fundado en el Papa, en Su Cabeza, en Pedro, y manifestarla al mundo como una obra demoniáca, no de Dios.

Este es el trabajo del demonio que muchos no han entendido, porque creen que la Iglesia es Santa, Inmaculada, Poderosa y que siempre Dios la sostiene en su actuar.

Y la historia de la Iglesia señala que no siempre ha sido sostenida por la mano de Dios, porque los hombres pecan en Ella. Y donde existe el pecado, Dios se retira de ese alma. Y, cuando Dios se retira, entonces el demonio actúa en la vida de ese alma y puede hacer lo que quiera en esa vida.

La vida espiritual de la Iglesia no puede ser Santa en un mundo que pertenece al demonio, cuyo Príncipe es el demonio. Los hombres de la Iglesia no están confirmados en Gracia y, por tanto, son débiles para pecar, son frágiles en todo la vida espiritual y no saben ver la acción del Mal a su alrededor.

Por eso, en la Jerarquía de la Iglesia, en estos 100 años, han habido muchos hombres que han sido del demonio, pero que han aparecido ante los demás como hombres buenos e incluso santos o justos.

Porque así es el trabajo del demonio: sin que se note exteriormente. De esta manera, puede introducirse allí donde le interesa en la Iglesia, que es la Jerarquía.

Y ha ido trabajando a la Jerarquía de la Iglesia hasta hacerla suya, hasta hacer que la Cabeza sea sólo un instrumento del demonio.

Por eso, logró el pecado en el Papa Benedicto XVI. Necesitaba ese pecado para instalarse en la Cabeza. Con ese pecado, hacía que Dios se retirara de la Cabeza y que Ésta fuera suya totalmente.

Por eso, todo aquel que se siente en el Trono de Pedro, que quiera ser Papa, después de Benedicto XVI, será un falso Profeta, asistido sólo por el demonio en el oficio de ser Papa en la Iglesia, porque ya la Cabeza es instrumento del demonio.

Y, una vez que el demonio ha conseguido ese trofeo, sólo le resta poner en esa Cabeza su cabeza demoniáca, aquella que cambiará la Faz de la Iglesia y hará de Ella la Iglesia del demonio, transformando todo lo que la Iglesia ha hecho en 20 siglos de historia.

Por eso, vienen a la Iglesia tiempos muy difíciles. Y no son como los anteriores, en que los hombres esperaban algo de cada Papa. Ahora, el demonio juega con la Cabeza, y la pone y la quita como quiere. Y la Iglesia comprueba su inestabilidad, precisamente en la Cabeza, que es la que debe dar la unidad a toda la Iglesia.

La destrucción de la Iglesia comienza con Su Cabeza. Una vez sometida la Cabeza de la Iglesia al demonio, lo demás viene sin más, por imposición de la misma Cabeza, que ya no es de Dios, pero que se muestra al exterior, al mundo, como si fuera de Dios.

Este es el Misterio de Iniquidad, que pocos meditan y pocos contemplan, porque creen que no existe el demonio, que no existe el pecado, y que todos somo ya santos y perfectos en la Iglesia y que, por tanto, no hay que oponerse a la Jerarquía de la Iglesia en su actuar.

Anuncios

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: