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La Apostasía de la Fe

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

catalina

«Mayo de 1823. Tuve de nuevo la visión de la secta secreta socavando por todas partes la iglesia de San Pedro. Ellos trabajaban con instrumentos de toda especie y corrían por aquí y por allá, llevado piedras que habían arrancado. Fueron obligados a dejar el altar, no pudieron quitarlo. Vi profanar y quitar una imagen de María. (AA.III.556)

«Yo me lamentaba al Papa y le preguntaba como él podía tolerar que hubiera tantos sacerdotes entre los demoledores. (…) Vi en esta ocasión porque la Iglesia ha sido fundada en Roma; es porque ahí está el centro del mundo y que todos los pueblos si vinculan con ella por diferentes relaciones. Vi también que Roma permanecerá en pié como una isla, como una roca en medio del mar, cuando todo, alrededor de ella, caerá en ruinas.»

«Cuando vi a los demoledores, me quedé maravillada de su gran habilidad. Tenían todo tipo de máquinas: todo se hacía siguiendo un plan: nada se producía por si mismo. Ellos no hacían ruido; ponían atención a todo; recurrían a artimañas de todo tipo, y las piedras parecían a menudo desaparecer de sus manos. Algunos de entre ellos reconstruían: destruían lo que era santo y grande y lo que edificaban no era más que vacío, hueco, superfluo. Llevaban las piedras del altar y hacían con ellas una escalinata en la entrada. (AA.III.556) (Visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich)

apostasiadelafe

El mal de la Iglesia es siempre su falta de Fe. No es otra cosa, porque la Iglesia lo tiene todo para hacer la Obra de Dios en el mundo que pertenece al demonio.

Pero los hombres de Iglesia, los hombres que están en la Jerarquía de la Iglesia, los Obispos, sacerdotes y demás miembros de la Jerarquía, no creen.

Ese es su pecado: el de la incredulidad.

A pesar de sus estudios eclesiásticos, teológicos, a pesar de tener el Espíritu, siguen sin creer, sin dejarse mover por el Espíritu Divino para hacer de la Iglesia lo que Dios quiere en Ella.

Por eso, estamos asistiendo al Tiempo de la Apostasía, que significa: apartarse de todo lo divino para entregarse a lo demoniáco.

Apostatar es hacer la obra del demonio en la Iglesia. No es irse de la Iglesia y fundar otra iglesia con otros objetivos o los mismos que se tenían en la Iglesia. Es permanecer en la Iglesia pero haciendo la obra del demonio, no la de Dios.

Esta Apostasía, que se llama la Apostasía de la Fe, es lo que impera en la Jerarquía, desde el Concilio Vaticano II. Ahí empezó el trabajo del demonio dentro de la Iglesia.

Ahí el demonio empezó a cambiar las mentes de los hombres de la Jerarquía eclesiástica y las condujo fuera del recinto de la Fe.

Así, los Obispos, los sacerdotes, en sus ministerios en la Iglesia sólo dan la mente humana, la filosofía humana, la perspectiva humana, la ciencia del hombre, y hace que la Iglesia vea el mundo como el mundo se ve a sí mismo.

Y una vez conseguido esto en la Jerarquía, el demonio empieza a cambiar todo lo espiritual en la Iglesia. Quita oraciones, destruye tradiciones, separa las congregaciones, y provoca, en medio de la Iglesia, una confusión en todo el campo espiritual que nadie puede hacer frente y que nadie sabe oponerse debidamente.

Por eso, sólo dos Papas fueron valientes en este tiempo de gran confusión en la Iglesia: San Pío X, que actuó en contra del modernismo, antes de que se introdujera en la Iglesia, y el Beato Juan Pablo II, que no tuvo miedo de los hombres que estaban en la Jerarquía de la Iglesia y puso el Espíritu de la Iglesia en medio de Ella para que manejara a la Iglesia como Dios quería.

Los demás Papas fueron débiles ante los hombres de la Iglesia y no pudieron hacer lo que Dios quería en la Iglesia. La mantenieron en la fe, pero no supieron atacar lo que el demonio iba haciendo en la Iglesia.

El Tiempo de la Apostasía es un tiempo marcado por la destrucción de todo lo divino en la Iglesia: desde Su Cabeza, pasando por la Santa Misa, hasta no dejar nada que pertenezca a Dios.

Hay que quitar las cosas divinas de la Iglesia: su tradición, Su Palabra, las obras de Su Espíritu.

Y se hace ese trabajo en silencio, destruyendo sin que nadie lo note, para en el momento oportuno asestar el golpe mortal y definitivo.

El trabajo en silencio ya ha sido realizado por el demonio en 100 años. Ahora, le es más fácil al demonio obrar en la Iglesia y poner la persona adecuada que dé ese golpe certero y definitivo para hacer de la Iglesia de Cristo, su iglesia. Hacer que la Jeraquía de la Iglesia se quede en la Iglesia pero enseñando la mente del demonio y haciendo que todos sigan esa enseñanza como cosa verdadera, como venida de la mano de Dios.

Entonces, se manifestará en la Iglesia el Tiempo del Anticristo, con todo su poder demoniáco, para demostrar al mundo que la Iglesia es de Dios y que hace en el mundo las maravillas de Dios. Pero sólo será la pantalla del demonio para embaucar al mundo en su negra inteligencia demoniáca.

Es necesario permanecer en la Iglesia, pero atacando todo aquello que sea del demonio. Y es hora de atacar la cabeza que el demonio ha puesto en la Iglesia y que actúa ante la Iglesia como Papa verdadero y sólo es un primer falso Profeta, que sigue los dictados del demonio en esa obra demoniáca en la Iglesia. En esta cabeza, que está ahora, se ven tantas cosas del demonio entre líneas que sólo hay que esperar que se manifieste completamente para comprender que no es un Papa verdadero, sino uno falso que no sabe dar el Espíritu de la Iglesia a la Iglesia.

Esta es la Apostasía de la Fe, difícil de comprender para aquellos que sólo buscan el agrado de los hombres y del mundo y que ven todas las cosas como algo bueno y algo que tiene solución entre los hombres.

En este Tiempo de Apostasía todas las cosas se van a complicar para todo el mundo, porque es una revuelta en todo para que el demonio consiga lo que quiere: la destrucción de la Iglesia.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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