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Benedicto XVI: verdadero, pero inútil Papa

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Benedicto XVI es verdadero Papa por Su Elección Divina: Dios lo eligió como Papa. Por tanto, el Poder de Dios está en el Papa Benedicto XVI.

Su renuncia al Pontificado ha puesto a la Iglesia en un gran peligro espiritual y humano.

Porque el oficio del Papa no es un oficio humano o eclesiástico. Es algo divino, con un Poder Divino, no humano. Y, por tanto, el Papa en la Iglesia es asistido en todo por el Espíritu de la Iglesia. Y no debe acogerse a lo que los hombres piensan sobre la Iglesia.

Ver la renuncia de Benedicto XVI como algo humano, debido a la enfermedad o a otra cualquiera circunstancia o razón que se diga, es no entender el oficio del Papa en la Iglesia.

Un Papa es elegido por Dios para una msión en la Iglesia. Y sólo es Dios quien decide el tiempo de ese oficio. No lo puede decidir ni la Iglesia ni el mismo Pontífice. Dios pone el tiempo del reinado de cada Papa en la Iglesia.

Benedicto XVI, en su renuncia, no manifestó esa Voluntad de Dios y sólo se fue por razones humanas. Y las razones humanas de su enfermedad no convencen a nadie. Es claro que Benedicto XVI ha sido presionado por miembros de la Alta Jerarquía de la Iglesia para que abandone el oficio de Papa. Pero estas razones no se dicen por temor a los hombres.

Benedicto XVI, con su renuncia, pecó contra Dios, porque se opuso a la Elección del Espíritu sobre su Pontificado.

Ese pecado debe ser comprendido en su realidad para saber qué consecuencias para Benedicto XVI y para la Iglesia tiene ese pecado.

El pecado contra el Espíritu Santo es un pecado contra la Obra del Espíritu en la Iglesia. Y, por tanto, no es un pecado cualquiera. Es un pecado que va en contra de la Voluntad de Dios en aquello para lo que es elegido esa persona.

Benedicto XVI, al pecar contra el Espíritu Santo, hace de la Cabeza de la Iglesia un lugar para el demonio. Es decir, a partir de ese pecado, Dios ya no puede asistir a la Cabeza de la Iglesia como Papa. Y, por tanto, los sucesores de Benedicto XVI ya no vienen de Dios. Los eligen los hombres.

Eso supone que ya la Cabeza de la Iglesia, que es el Papa y los Obispos unidos al Papa, no son asistidos por el Espíritu en la misión que tienen encomendada en la Iglesia. Porque si ya no está el Espíritu en la Cabeza, que es el Papa, tampoco lo está en los Obispos que se unen a esa Cabeza. Y, de esta manera, el Espíritu no rige la Jerarquía de la Iglesia por el pecado de la Cabeza.

Esto trae consecuencias para toda la vida de la Iglesia. Y consecuencias muy graves, porque ese pecado no es cualquier pecado. No es un pecado personal de la persona de Benedicto XVI. Es el pecado del Papa Benedicto XVI que produce que Dios se retire de la Iglesia en la Cabeza.

Por tanto, con la renuncia de Benedicto XVI ya no puede darse la obediencia a lo que diga el Papa en la Iglesia, ni lo que digan los Obispos, porque Dios se ha retirado de ellos como Cabeza de la Iglesia. El gobierno de la Iglesia está ahora en un usurpador, no en el Papa Benedicto XVI. Dios sigue rigiendo los corazones de toda la Jerarquía de la Iglesia, pero que por el pecado de renuncia del Papa, sus oficios en la Iglesia quedan inutilizados. Y toda la Jerarquía de la Iglesia, ahora debe mirar al Espíritu, y ver en Él el destino de la Iglesia y de lo que hacen en la Iglesia.

Cada Obispo, cada sacerdote debe regirse por el Espíritu y luchar por su sacerdocio y por la Iglesia como Cuerpo Mísitco de Cristo, pero no luchar por la Cabeza de la Iglesia, porque en Ella ya no hay Espíritu. En la Cabeza está un usurpador.

Benedicto XVI pecó contra el Espíritu Santo en su oficio de Papa, pero no pecó contra el Espíritu Santo como alma sacerdotal, porque sigue siendo sacerdote. No ha dejado su sacerdocio y se ha dedicado a otra cosa. Su pecado es un pecado en la Iglesia como Cabeza, no es un pecado como alma sacerdotal. Ese pecado contra el Espíritu no se debe entender como el pecado de blasfemia contra el Espíritu.

Por tanto, Benedicto XVI, en su pecado contra el Espíritu, hace de la Cabeza de la Iglesia el lugar para que se instale el falso Profeta y el Anticristo. Ya el camino ha sido abierto por ese pecado. Y los sucesores de Benedicto XVI son sólo falsos Profetas y así hay que verlos. No se les puede seguir como Cabeza de la Iglesia, como Papa o como Obispos. No son Cabeza. Son sólo instrumentos del demonio para que éste ponga su cabeza demoniáca en la Iglesia.

De esta manera, se produce en la Iglesia la división en la Cabeza. Unos van a seguir al falso Profeta y otros no van a seguirlo. En la Iglesia, muy pronto se va a ver esta división y los que quieran oponerse al falso Profeta, que se presenta como Papa, serán marginados y perseguidos dentro de la misma Iglesia.

Las consecuencias del pecado de Benedicto XVI son nefastas para toda la Iglesia. Y es algo que todavía nadie ha meditado en ellas. Ya se ve en este falso Profeta, que es Francisco, la cabeza de la serpiente del error. Pero como se presenta con bonitas palabras para todo el mundo, nadie ha captado el trabajo del demonio en esa cabeza. Sus días están contados, porque todavía no es la cabeza que quiere el demonio. Este falso Profeta es débil en el poder, pero ha abierto la puerta para que entre lo que tiene que venir a la Iglesia.

En Benedicto XVI queda el poder de Dios como Cabeza de la Iglesia. Pero es un poder inútil. Él podría, todavía, hacer algo por la Iglesia, como Cabeza. Pero tiene que pedir mucho al Espírtitu que le enseñe la forma de quitar parte del destrozo que su pecado ha hecho. Él sigue siendo la verdadera Cabeza de la Iglesia, pero inutilizada por el pecado de la misma Iglesia, y por el pecado de Benedicto XVI como Cabeza.

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3 comentarios

  1. Rafael Montesino dice:

    Padre, la primera lectura de hoy y el Evangelio explican muy bien este texto. Donde no hay Espíritu Santo es la pura razón que gobierna, esa es nuestra iglesia hoy por hoy. No queda otra cosa rezar, rezar…La Virgen lo bendiga.

  2. Luis Cornielle dice:

    me parece un verdadero ateo, así como a el lo asistía el espíritu santo para otra cosas, así quien sabe si lo asistió en esa desicion. creo que debe revisarse padre. Apoyo a Benedicto XVI, solo hizo un signo de humildad.

    • josephmaryam dice:

      La humildad consiste en seguir al Espíritu Santo, no en seguir el buen pensamiento. Y el Espíritu Santo lo eligió para Papa hasta su muerte. El Espíritu Santo no lo eligió para un tiempo, porque Dios no hace las cosas para un tiempo. Si Benedicto XVI renunció, no fue por humildad, sino por soberbia. Sepan distinguir una cosa de otra. Dios no pudo asistirle en la renuncia, porque si hubiera sido así, Dios habría comunicado a Benedicto XVI la razón divina de esa renuncia y el Papa debería haberla anunciado a toda la Iglesia, por ser el Papa, por la obligación que tiene para el Cuerpo Místico de la Iglesia. Pero el Papa no pudo dar esa razón divina, porque no existe. El Papa no puede callarse esa razón, por el hecho de ser Papa y del Don de Infabilidad que posee. No se ponga la humildad como se entiende en el mundo y con los hombres. La humildad es hacer la Voluntad de Dios, cueste lo que cueste. Y al Papa le costaba seguir en el Pontificado por las presiones de la Jerarquía Eclesiástica. No queramos excusarnos del mal de la Iglesia en la Jerarquía, que es su soberbia. Digamos a la soberbia, soberbia, y a la humildad, humildad. A los hombres les gusta mucho el sentimiento humano y tener compasión de los hombres, y ya no saben ver lo que es la humildad. Dios asiste al humilde, Dios levanta al humilde, Dios da su luz al humilde. Y el Papa Benedicto XVI, por ser soberbio, cayó en su pecado, no pudo encontrar la luz para seguir en la Elección Divina, y no supo ser Papa hasta el final en la Cabeza, que es donde lo llamó Dios. Sigue siendo Papa, pero en la comodidad de su soberbia. Y no llamen a esa comodidad: humildad, porque Cristo no se bajó de la Cruz porque le pesaba su misión. El humilde sigue los pasos de Cristo, imita a Cristo hasta el final de su vida. No pone una excusa cómoda para hacer su voluntad, su querer. No llama a su capricho: Voluntad de Dios, como lo sigue llamando Benedicto XVI en su retiro. Para él, eso que hizo fue porque Dios lo quiso. Y no sabe llamar pecado a lo que es pecado, porque no vivió la Fe de la Iglesia, la Fe del Papado. Tuvo miedo de los hombres. Y los hombres lo expulsaron de la Iglesia porque él no se enfrentó a ellos.

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