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Exorcismo a Satanás y a los ángeles apostáticos

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Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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A SATANÁS Y A LOS ÁNGELES APOSTÁTICOS
(versión larga)

Salmo 67
Se levante Dios y se dispersen Sus enemigos: y huyan los que Lo odian de Su Faz.
Como el humo se disipa, así se disipen; como la cera se funde al fuego, así perezcan los pecadores de la Faz de Dios.
Salmo 34
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí. Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte. Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición. Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate. Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Súplica
Oh gloriosísimo Arcángel San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, defiéndenos en la batalla contra los Principados y Potestades, contra los poderes mundanales de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan alto precio rescatados (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio.
Con las huestes de los ángeles buenos, pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia, y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo: Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente, el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles (Ap 12, 8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de ángel de luz (II Cor. 11, 14), con la escolta de todos los espíritus malignos, rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el Nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh Invencible Adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su Guardián y Patrono, se gloría que eres su Defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la Suprema Felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20).
Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Venció el León de la tribu de Judá, de la Raíz de David.
V. Que se haga tu Misericordia, Señor, sobre nosotros.
R. A los que esperamos en Ti.
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Oremos:
Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre y, suplicantes, imploramos tu Clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José, Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.
Exorcismo
Te exorcizamos todo espíritu maligno, todo poder satánico, toda incursión del infernal adversario, toda legión, toda congregación y secta diabólica, en el Nombre y Virtud de Nuestro Señor Jesu + Cristo, para que te erradiques y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas con la Preciosa Sangre del Divino Cordero +. No te atrevas más, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo+. Te lo impera Dios Altísimo+, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (II Tim. 2). Te lo impera Dios Padre+; te lo impera Dios Hijo+; te lo impera Dios Espíritu Santo+. Te lo impera Cristo, Verbo eterno de Dios hecho hombre+, quien para salvar a nuestra estirpe, perdida por tu envidia, se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que las puertas del infierno nunca prevalecerían contra Ella, Él mismo permanece con Ella todos los días hasta la consumación de los siglos (Mat. 28, 20). Te lo impera el Sacramento de la Cruz+, y la Virtud de todos los Misterios de la fe cristiana+. Te lo impera la Excelsa Madre de Dios, la Virgen María+, quien con su humildad, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, aplastó tu orgullosa cabeza. Te lo impera la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo impera la Sangre de los Mártires, y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas+.
Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + Vivo, por Dios + Verdadero, por Dios + Santo, por Dios quien de tal modo amó al mundo que entregó a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga Vida Eterna (Jn 3): cesa de engañar a las criaturas humanas y de suministrarles el veneno de la eterna perdición: deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Vete Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Da lugar a Cristo, en quien nada has hallado a tus obras. Da lugar a la Iglesia una, santa, católica y Apostólica, la cual Cristo adquirió con Su Sangre. Humíllate bajo la potente Mano de Dios; tiembla y huye, al invocar por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante quien tiemblan los infiernos, están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; y alaban, con incesantes voces, los Querubines y Serafines, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.
V. Señor escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Oremos:
Dios del Cielo. Dios de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede ser otro sino Tú, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos de tu gloriosa Majestad que te dignes liberarnos potentemente de toda potestad, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales y guardarnos incólumes. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
De la insidias del diablo, libéranos, Señor.
Que tu Iglesia pueda servirte con libertad: te rogamos, óyenos.
Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia: te rogamos, óyenos.
(Se rocía con agua bendita el lugar)

pdfEXORCISMO
A SATANÁS Y A LOS ÁNGELES APOSTÁTICOS
(versión corta)

Príncipe gloriosísimo de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla contra los Principados y Potestades, contra los poderes mundanales de las tinieblas de este siglo, contra las huestes espirituales de la maldad que andan en las regiones aéreas (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres; que Dios creó a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y que a gran precio compró de la tiranía del diablo (I Cor. 6, 20). A Ti te veneramos como custodio y patrón de la Santa Iglesia; a Ti Dios te confió las almas de los redimidos para llevarlas a la Suprema Felicidad. Ruega al Dios de la Paz, que humille a Satanás bajo nuestros pies, y no sea capaz de esclavizar a los hombres y dañar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones en la Presencia del Altísimo, para que se anticipen a nosotros las Misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y coge al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y atado lo lances al Abismo, para que no seduzca ya más a las naciones (Apoc. 20).
Exorcismo
En el Nombre de Jesucristo, Nuestro Dios y Señor, intercediendo la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, el bienaventurado Miguel Arcángel, los bienaventurados Pedro y Pablo y todos los santos, y confiados en la autoridad de nuestro sagrado ministerio (Si fuera laico, se dice: en la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia), atacamos con firmeza para repeler la peste de las incursiones diabólicas.
Salmo 67
Se levante Dios y se dispersen Sus enemigos: y huyan los que Lo odian de Su Faz. Como el humo se disipa, así se disipen; como la cera se funde al fuego, así perezcan los pecadores de la Faz de Dios.
V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Venció el León de la tribu de Judá, de la Raíz de David.
V. Que se haga tu Misericordia, Señor, sobre nosotros.
R. A los que esperamos en Ti.
Te exorcizamos todo espíritu maligno, todo poder satánico, toda incursión del infernal adversario, toda legión, toda congregación y secta diabólica, en el Nombre y Virtud de Nuestro Señor Jesu + Cristo, para que te erradiques y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas con la Preciosa Sangre del Divino Cordero +. No te atrevas más, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo+. Te lo impera Dios Altísimo+, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (II Tim. 2). Te lo impera Dios Padre+; te lo impera Dios Hijo+; te lo impera Dios Espíritu Santo+. Te lo impera Cristo, Verbo eterno de Dios hecho hombre+, quien para salvar a nuestra estirpe, perdida por tu envidia, se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que las puertas del infierno nunca prevalecerían contra Ella, Él mismo permanece con Ella todos los días hasta la consumación de los siglos (Mat. 28, 20). Te lo impera el Sacramento de la Cruz+, y la Virtud de todos los Misterios de la fe cristiana+. Te lo impera la Excelsa Madre de Dios, la Virgen María+, quien con su humildad, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, aplastó tu orgullosa cabeza. Te lo impera la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo impera la Sangre de los Mártires, y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas+.
Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + Vivo, por Dios + Verdadero, por Dios + Santo, por Dios quien de tal modo amó al mundo que entregó a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga Vida Eterna (Jn 3): cesa de engañar a las criaturas humanas y de suministrarles el veneno de la eterna perdición: deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Vete Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Da lugar a Cristo, en quien nada has hallado a tus obras. Da lugar a la Iglesia una, santa, católica y Apostólica, la cual Cristo adquirió con Su Sangre. Humíllate bajo la potente Mano de Dios; tiembla y huye, al invocar por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante quien tiemblan los infiernos, están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; y alaban, con incesantes voces, los Querubines y Serafines, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.
V. Señor escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Oremos. Dios del Cielo. Dios de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede ser otro sino Tú, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos de tu gloriosa Majestad que te dignes liberarnos potentemente de toda potestad, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales y guardarnos incólumes. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
De la insidias del diablo, libéranos, Señor.
Que tu Iglesia pueda servirte con libertad: te rogamos, óyenos.
Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia: te rogamos, óyenos.

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