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Es católico decir: Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica


non e francisco

«La fe es obra del Espíritu Santo, es un don de Mi Corazón traspasado; ella exige que se confíen al plan salvífico del Padre, aun en los sufrimientos y en las pruebas…» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Yo bendigo a quienes escuchan Mi Palabra”, 10/05/1996, pág. 6) (PDF)

La fe no es la obra de la inteligencia humana, sino de la Mente de Dios en cada alma. Es lo que Dios piensa, planea. Es lo que Dios decide en Su Espíritu. Es como Dios lo ve, no como los hombres lo entienden. Po eso:

«Un corazón dividido no está hecho para Mí. Soy esposo celoso, reclamo enteramente para Mí el corazón del alma esposa. La santidad perfecta consiste en no querer rehusar nada al Amor». (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Un corazón dividido no está hecho para Mí”, pág. 14).

Una Iglesia dividida, como la que observamos en el Vaticano, no es para Jesús. No puede serlo. En Ella no está Jesús.

La división provocada en el Sínodo por Bergoglio es signo manifiesto de las intenciones de ese hombre en Roma. Quien es de Cristo no divide a la Jerarquía como Bergoglio lo ha hecho –y lo lleva haciendo- desde que asumió su falso pontificado, en su falsa iglesia. Quien es de Cristo une a toda la Jerarquía en la Verdad, que es el mismo Cristo. ¡Esto es lo que no ha hecho Bergoglio en el Sínodo!

Si las almas leen la Palabra de Dios: «Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelice fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema» (Gal 1, 8); y, después, no son capaces de llamar a Bergoglio como anatema, es que no tienen fe: en ellas no se da la obra del Espíritu Santo, sino que se da la obra de su misma inteligencia humana.

Un Papa legítimo no puede enseñar una falsa doctrina, un falso evangelio. Y toda aquella alma en la Iglesia, sea fiel o sea Jerarquía, que no deseche toda novedad en la fe, por grande que sea la Autoridad de los que la quieran introducir, esa alma no tiene fe verdadera; esa alma no se confía plenamente en el plan que Dios ha puesto para salvarla; esa alma está dividida en su corazón y, por tanto, no pertenece al Corazón de Cristo, por más que comulgue diariamente.

Las almas que pertenecen a Jesús no son las que reciben, cada día, la comunión, sino las que se someten a toda la Verdad que Jesús ha enseñado en Su Iglesia. ¡Someterse a la Verdad es lo que no quiere la Iglesia actual, la que gobierna en el Vaticano!

Bergoglio enseña un evangelio del demonio, en el cual se ve claramente las ideas protestantes, comunistas y masónicas; y, en consecuencia, Bergoglio es anatema.

Y ser anatema quiere decir ser desechado con maldición, con execración y con horror: «Si alguno no ama al Señor sea anatema. Maran Atha» (1 Cor 16, 22).

«Maran Atha quiere decir: El Señor venga para ser su Juez, y para vengarse de él según su rigor» (S. Jerónimo).

Bergoglio no ama al Señor: sus obras en la Iglesia lo demuestran. Entonces, sea anatema: sea separado de la comunión del Cuerpo Místico de Cristo; sea juzgado por el Señor en cada alma de Su Cuerpo Místico. ¡Toda la Iglesia tiene el deber y el poder de juzgar a Bergoglio y a todo su clan masónico, porque no son de la Iglesia Católica!

Y si el alma en la Iglesia espera que la Jerarquía haga oficial este anatema de la Palabra de Dios para poder creer, para poder obrar, para poder decidir en la Iglesia, entonces esa alma no tiene la fe verdadera, no es católica.

En la Iglesia no se cree a la palabra de los hombres, sino a la Palabra de Dios que los hombres deben manifestar. Y si esos hombres, por más Autoridad que tengan en la Iglesia, por más sacerdotes, Obispos, Cardenales, Papas, que sean, no manifiestan, no revelan, la misma Palabra de Dios como es, la Verdad como es, sin ese leguaje ambiguo tan común en todos hoy día, no hay que obedecerles, no hay que estar esperando un comunicado oficial para decir públicamente: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

«Es menester obedecer a Dios que a los hombres» (Act 5, 29), que a las autoridades legítimas de la Iglesia; porque esas Autoridades, esa Jerarquía, ya no da la Verdad en la Iglesia, ya no hace caminar hacia la Verdad en la Iglesia, ya no es legítima, porque está siguiendo la doctrina de un hereje, de un anatematizado por la Palabra de Dios. Esa Jerarquía se anatematiza, se excluye ella misma de la Iglesia, obedeciendo a un hereje.

Si el fiel de la Iglesia lee en la Bula «Cum ex apostolatus officio», de Paulo IV: «si en algún tiempo aconteciese que un Obispo… o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto…»; y, después, sigue llamando a Bergoglio como Papa, sigue diciendo a Bergoglio: gracias por habernos beatificado al Papa Pablo VI; es que, sencillamente, ese fiel no tiene la fe verdadera, no es de la Iglesia Católica, no es católico.

Porque la palabra de un Papa legítimo en la Iglesia es la Palabra del mismo Cristo, Cabeza Invisible de la Iglesia. Y si el alma no obedece lo que un Papa ha enseñado a la Iglesia sobre un falso Papa, sobre un electo Romano Pontífice que, desviado de la fe católica, falsamente gobierna la Iglesia; y está esperando que alguien en la Jerarquía diga oficialmente que los actos de Bergoglio en la Iglesia son inválidos y, por lo tanto, Pablo VI no está beatificado, es que, sencillamente, no tiene fe verdadera. Tiene, como muchos, una fe intelectual, que le impide al Espíritu Santo obrar en esa alma el don de la fe.

Ya Paulo IV ha manifestado oficialmente que Bergoglio no es Papa en la Iglesia Católica. ¿Por qué están esperando otro acto oficial de la Jerarquía? ¿No les basta ese? ¿Por qué no obedecen al Papa Paulo IV? ¿Es que sus palabras, su documento, ya no vale para este tiempo de la historia del hombre? ¿Es que han quedado anticuadas? ¿Es que ya no es el lenguaje políticamente correcto?

«…el que sea desobediente a Cristo en la tierra, que hace las veces de Cristo en el cielo, no tendrá parte en el fruto de la Sangre del Hijo de Dios» (Sta. Catalina de Sena – Carta 207, I, 435, Epistolario, di V. Mattini, Ed. Paoline, Alba 1966). La Iglesia está desobedeciendo a lo que un Papa, un Vicario de Cristo, ha enseñado en la Iglesia. No puede salvarse. No tiene parte en el fruto de la Sangre de Cristo.

A todos aquellos que critican y difaman a todos los Papas, sobre todo desde Juan XXIII: «Lo que le hacemos a él, se lo hacemos al Cristo del Cielo, sea reverencia, sea vituperio lo que hacemos». (Carta 28, I, 549). Si se llama a Juan Pablo II hereje, estamos llamando a Cristo hereje en su misma Iglesia. Y ¿piensas salvarte llamando a Cristo hereje en Su Iglesia? Y ¿pretendes salvarte llamando a Bergoglio como Vicario de Cristo? ¿Con una blasfemia a Cristo quieres ir al Cielo?

«Yo os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obediente a él, no por sí mismos (non per loro in quanto loro), sino por obediencia a Dios, como Vicario de Cristo» (Carta 407, I, 436). Todos esos que no pueden tragar a los Papas, desde Juan XXIII hasta el mismo Benedicto XVI, no pertenecen a la Iglesia Católica. No pueden salvarse. Se es Iglesia porque se obedece a un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

¡Qué pocos han entendido la obediencia a los Papas después del concilio Vaticano II! ¡Qué pocos! ¡Cómo está la Iglesia actualmente de dividida en su interior!

En la Iglesia no nos casamos con ningún Papa: nos casamos con Cristo. Nos unimos a Cristo, a Su Mente. Y aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la misma Mente de Cristo, que todos los Papas legítimos han manifestado – y eso no cambia, es inmutable, es para siempre, para todo tiempo- , no es Jerarquía de la Iglesia, no hay que seguirla, porque no lleva al alma, a la Iglesia, a vivir la fe en Cristo, a vivir la Mente de Cristo, sino que la hace esperar a un pronunciamiento de los hombres.

Así andan muchos en la Iglesia: tienen una fe colgada de la mente de los hombres: lo que diga la Jerarquía. Si la Jerarquía calla, entonces hay que seguir llamando a Bergoglio como Santo Padre, porque los hombres lo han sentado en ese Trono y le han puesto ese título de honor. ¡Y hay que respetar eso, hay que obedecer eso! ¡Formas externas de obediencia es lo que hay en muchos católicos! Pero no se da la obediencia a la Verdad porque, para eso, hay que someter la mente humana a toda la Verdad, que ningún hombre sabe dar.

Si te unes a Bergoglio haces comunión con toda la iglesia de Bergoglio; y ya te no puedes salvar. No hay salvación con un hereje. Hay salvación con un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

La fe es la obra del Espíritu Santo en el alma; no es la obra de la mente del hombre: no hay que llamar a Bergoglio como falso Papa cuando la Jerarquía lo llame. ¡Este es el error de muchos!

La fe es un don de Dios al alma, no es un don de la mente de la Jerarquía al fiel de la Iglesia. No es cuando la Jerarquía decida, es cuando Dios dice.

Es católico decir: Francisco Bergoglio no es Papa de la Iglesia Católica.

Es católico decir: Francisco Bergoglio es anatema en la Iglesia Católica.

Es católico decir: todos los actos de Bergoglio en el gobierno de la Iglesia Católica son ilícitos e inválidos.

Esto es lo que mucha gente, muchos intelectuales, callan. Esto lo calla toda la Jerarquía de la Iglesia.

O la Iglesia se pone en la Verdad – y la Verdad nace sólo de la Mente de Dios- o la Iglesia vive su mentira; y obra la herejía y el cisma obedeciendo a un hereje y un cismático, como es Bergoglio.

Si el dogma de la Iglesia dice: un Papa gobierna la Iglesia en vertical; ¿cómo es que puedes obedecer a un hombre que gobierna la Iglesia en horizontal? ¿Cuál es tu fe si en la Iglesia sólo puede darse un gobierno vertical en Pedro?

Muchos desconocen el dogma: las implicaciones del dogma, sus exigencias, sus obligaciones.

En la Iglesia Católica todo miembro está obligado a obedecer a un Papa, porque debajo del Papa se encuentran todos. No hay nadie que se pueda poner por encima del Papa o a su misma altura. Entonces, Bergoglio ha puesto un gobierno horizontal y, por lo tanto, no puede nunca estar gobernando la Iglesia Católica. ¿Por qué lo llamas Papa si ha anulado el dogma del Papado con su gobierno horizontal?

¿Cuál es la fe de muchos en la Iglesia? Fe a las formas externas, pero no fe a la Verdad Revelada.

Desde el momento en que Bergoglio decidió poner su gobierno horizontal: se acabó la obediencia en la Iglesia. No sólo a él, que es el líder, sino a toda la Jerarquía que le obedece.

Ya Bergoglio no puede nunca continuar la obra del Papado en la Iglesia. Nunca. Porque la gobierna con la horizontalidad. Por tanto, ha puesto la piedra del cisma con ese gobierno. Y está levantando su nueva iglesia. Y no hay manera de que esa nueva iglesia sea la de Jesús: porque no tiene a Pedro en la verticalidad. Tiene a un dictador, un falso Pedro, en la horizontalidad. Luego, no es posible la obediencia y todos los actos de Bergoglio y los de la misma Jerarquía son nulos.

Consecuencia: no esperan una nota oficial del Vaticano diciendo que Bergoglio no es Papa. ¡Nunca se va dar!

«Vestíos toda la armadura de Dios» (Ef 6, 11): la armadura son las virtudes necesarias para combatir contra nuestros enemigos, y defendernos de todas sus emboscadas: la fe, la esperanza y la caridad.

Quien no vista su corazón de fe no podrá combatir contra Bergoglio y su clan masónico. No podrá. Sino que le hará el juego de los hombres, que es lo que se ve en todas partes.

«Ceñíos vuestros lomos en la Verdad» (v. 14): arma poderosa contra el padre de la mentira es la rectitud, la sinceridad en el obrar, el vivir obedeciendo a una norma de moralidad, a una ley Eterna, a un dogma, que ninguna mente humana puede cambiar. Si la existencia del hombre no cabalga, no se rodea de la pura Verdad, la Verdad Absoluta, entonces el hombre sólo vive para su mentira, y es lo que obra siempre en su vida.

Esa iglesia del Vaticano es una obra de la mentira, del engaño, del fracaso del hombre.

«Sobre todo embrazando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno» (v. 16): si estás llamando a Bergoglio como Papa, si lo estás obedeciendo, entonces, ¿cómo pretendes ganar la batalla contra el demonio en la Iglesia? Es imposible, porque un reino, en sí mismo, dividido, no podrá subsistir por mucho tiempo.

«Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 26). ¡No puede subsistir lo que ha creado Bergoglio en el Vaticano! Y aquel que obedezca esa estructura externa de iglesia no puede salvarse nunca.

¿Cómo es que sigues rezando por Bergoglio?

«Además los herejes y cismáticos están sujetos a la censura de la mayor excomulgación por la ley del Can. “De Liguribus” (23, quest. 5), y de Can. “Nulli” (5, dist. 19). Pero los sagrados cánones de la Iglesia prohíben la oración pública por los excomulgados, como se puede ver en el capítulo “A Nobis” (cap. 4, n. 2), y cap. “Sacris,De Sententia Excomunicationis”. Aunque esto no prohíbe la oración para su conversión, aun así tales oraciones no pueden tomar forma por proclamar sus nombres en la oración solemne durante el Sacrificio de la Misa» (Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum # 23, 1 de marzo 1756).

Un Papa está prohibiendo la oración pública por una persona que sea hereje, que haya caído en el anatema, en la excomunión. Y, por tanto, no se puede pedir por las intenciones del Papa, si ese Papa se refiere a Bergoglio. No se puede nombrar a Bergoglio en las santas Misas. Se comete un pecado de sacrilegio, porque no se da a culto verdadero al Dios en el Sacrifico de la Misa o en las oraciones litúrgicas que se hacen en la Iglesia.

Nombrar en la oración al Papa legítimo es alabar, nombrar,  a Cristo en Su Iglesia. Pero nombrar a un hereje, a un cismático, a un apóstata de la fe, es llamar a todo el infierno para que se haga presente en esa oración, en esa santa misa.

«Por esta razón, el obispo de Constantinopla, Juan, declaró solemnemente – y después todo el octavo Concilio Ecuménico hizo lo mismo – «que los nombres de los que fueron separados de la comunión con la Iglesia católica, es decir, de aquellos que no quisieron estar de acuerdo con la Sede Apostólica con todo los asuntos, no deben ser nombrados durante los sagrados misterios» (Papa Pio IX, Quartus Supra # 9, 6 de enero de 1873).

Mucha gente ora por «nuestro amado papa Francisco»: esto es una abominación en la Iglesia Católica. Oren por su conversión: para que deje lo que está haciendo y se vaya a un convento a expiar sus negros pecados. Pero no oren para que lo haga bien en la Iglesia.

Por quien hay que rezar es por el verdadero Papa, Benedicto XVI, y clamar como lo hacía Santa Catalina, para que corresponda a las llamadas de Cristo en el Cielo:

«Abre los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti; porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están nuestra vida y nuestra muerte, y tiene él el cuidado de recogernos a nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioni, 1; Morta, 569).

La fe no es un acto racional en la Iglesia, sino que es la obra, es un acto del Espíritu santo, que sólo se puede dar en las almas humildes, en aquellas que han puesto su mente en el suelo y que son capaces de llamar a cada cosa por su nombre.

«el racionalismo ha hecho de Mi Iglesia un destierro, la ha convertido en ruinas donde las serpientes se han anidado. Mis almas sacerdotales reprimen hoy a Mis elegidos, bloquean el camino con su escepticismo, sus dudas, su hipocresía y esto Me hace sufrir» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “El racionalismo ha hecho de la Iglesia un desierto”, 20/07/1996, pág. 23).

La Iglesia no puede ser conquistada por Bergoglio


miserablevaricatura

Tres cosas son necesarias para discernir si un hombre es Papa o no:

1. Ley de la Gracia:

a. Se es Papa hasta la muerte: El Papa es, material y formalmente, siempre Papa.

b. No existe el Papa emérito: El Primado de Jurisdicción sólo lo posee el Papa legítimo: Benedicto XVI: Canon 218, § 1 (CIC 17) : «El Pontífice Romano, sucesor del primado de San Pedro, tiene no solamente un Primado de Honor, sino también el supremo y pleno Poder de Jurisdicción sobre la Iglesia universal, concerniente a la fe y las costumbres, y concerniente a la disciplina y el gobierno de la Iglesia dispersa por todo el globo».

c. La renuncia de un Papa es al Papado, no al Episcopado Romano: Benedicto XVI renunció sólo al Episcopado; sigue siendo Papa, pero no puede ejercer su Pontificado. El ejercicio del gobierno le ha sido usurpado por el apóstata Obispo de Roma, Bergoglio.

d. El Obispo de Roma, sin el Primado de Jurisdicción, no puede ser Papa, no puede gobernar la Iglesia como Papa legítimo. No tiene la Gracia del Papado: el Espíritu de Pedro. No es Sucesor de Pedro.

2. Ley Eclesiástica:

a. Se prohíbe elegir a un apóstata de la fe católica, a un hereje o a un cismático como Romano Pontífice; si es elegido, su elección es nula: Paulus IV, Septim. Cum ex apostolatus, 9, de haereticis, ann. 1559 : «… agregamos, que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes…»(ver texto)

b. Esta Constitución fue confirmada por Pío V en su bula Inter multiplices, ann. 1566: «Y además siguiendo las huellas de nuestro predecesor, el Papa Paulo IV, de feliz recordación, renovamos con el tenor de las presentes, la Constituci6n contra los heréticos y cismáticos, promulgada por el mismo pontífice, el 15 de febrero de 1559, año IV de su pontificado, y la confirmamos de modo inviolable, y queremos y mandamos que sea observada escrupulosamente, según su contexto y sus disposiciones».

c. Canon 2314, § 1 (CIC 17), sacado de la Cons. Cum ex, § 2. 3 y 6 de Paulo IV: «Todos los apóstatas de la fe cristiana, todos los herejes o cismáticos y cada uno de ellos: 1º incurren por el hecho mismo en una excomunión; 2º a menos que después de haber sido advertidos, se hayan arrepentido, que sean privados de todo beneficio, dignidad, pensión, oficio u otro cargo, si los tenían en la Iglesia, que sean declarados infames y, si son clérigos, después de monición reiterada, que se los deponga; 3º Si han dado su nombre a una secta no católica o han adherido a ella públicamente, son infames por el hecho mismo y, teniendo cuenta de la prescripción del canon 188, 4º, que los clérigos, después de una monición ineficaz, sean degradados»

d. Ningún Papa puede enseñar una doctrina diferente a la de siempre; no tienen el Espíritu Santo para enseñar el error, sino para custodiar íntegramente toda el depósito de la fe, que Dios ha revelado a Su Iglesia: «Los Romanos Pontífices, por su parte, según lo persuadía la condición de los tiempos y las circunstancias, ora por la convocación de Concilios universales o explorando el sentir de la Iglesia dispersa por el orbe, ora por sínodos particulares, ora empleando otros medios que la divina Providencia deparaba, definieron que habían de mantenerse aquellas cosas que, con la ayuda de Dios, habían reconocido ser conformes a las Sagradas Escrituras y a las tradiciones Apostólicas; pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la Fe» (Concilio Vaticano I, Primera Constitución dogmática sobre la Iglesia de Cristo, julio 18, 1870. Tomado del libro Dogmatic Canons and Decrees, [TAN Books and Publishers] p. 254. Dz. 1836; D.S. 3069-3070)

3. Ley divina: Todo acto humano en contra de la Voluntad de Dios es un acto moralmente malo.

a. El falso Papa, Bergoglio, ha puesto en la Iglesia un gobierno horizontal, quitando la verticalidad de hecho. Ha cometido un pecado de herejía, que va en contra del primer mandamiento de la ley de Dios. El pecado de herejía excluye toda obediencia en el miembro de la Iglesia: «Tal como es lícito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, también es lícito resistir a quien agrede las almas o quien altera el orden civil, o, sobre todo, a quien intenta destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirlo, no haciendo lo que él ordena y evitando que se ejecute; no es lícito, sin embargo, juzgarlo, castigarlo o deponerlo, ya que esos actos son propios de un superior» (De Romano Pontifice, lib. II, Cap. 29, en Opera omnia, Neapoli/Panormi/Paris: Pedone Lauriel 1871, vol. I, p. 418).

b. El falso Papa, Bergoglio, gobierna la Iglesia con una horizontalidad, cometiendo el pecado de cisma: lleva a toda la Iglesia hacia el protestantismo y comunismo. Ningún miembro de la Iglesia, así sea fiel o Jerarquía, puede obedecerle, sin caer en el mismo pecado de cisma: «Y de esta segunda manera el Papa podría ser cismático, si él no estuviera dispuesto a estar en unión normal con todo el cuerpo de la Iglesia, como podría ocurrir si intentara excomulgar a toda la Iglesia, o como observaron Cayetano y Torquemada, si él quisiera trastornar los ritos de la Iglesia basados en la Tradición Apostólica. …si da una orden contraria a las rectas costumbres, él no debería ser obedecido; si él intenta hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será legítimo resistirlo; si él ataca por la fuerza, por la fuerza él puede ser repelido, con una moderación apropiada a una justa defensa» (Francisco Suárez, De Fide, Disp. X, Sec. VI, N. 16).

c. El falso Papa, Bergoglio, enseña con una doctrina marcadamente masónica, cometiendo el pecado de apostasía de la fe. En dicho pecado, quien siga sus enseñanzas, pierde completamente la fe verdadera: «no oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es suprimirla» (Papa San Félix III)

Además, hay que añadir:

4. La ley del Espíritu: la profecía:

a. Conchita: «Ah, que el Papa murió. Entonces quedan TRES papas.– ¿De donde sabes que solamente quedan TRES papas?– De la Santísima Virgen. En realidad me dijo que aún vendrían CUATRO papas pero que Ella no contaba uno de ellos.– Pero entonces, ¿por qué no tener en cuenta UNO? — Ella no lo dijo, solo me dijo que UNO no le tenía en cuenta. Sin embargo me dijo que gobernaría la Iglesia por muy poco tiempo.– ¿Quizás por eso no lo cuenta?– No lo sé. –Y qué viene después:– Ella no lo dijo» (ver texto). Es claro, por esta profecía, que Francisco Bergoglio no es Papa.

b. San Malaquias: lema «De Gloria olivæ», que corresponde al papa Benedicto XVI. Último lema de la serie de Papas. Después de este lema, no hay más lemas. Como el Papa Benedicto XVI no ha muerto, entonces seguimos en este lema. No se puede cumplir lo que sigue en esta profecía. Cuando muera Benedicto XVI, entonces se cumple lo demás. Luego, Francisco Bergoglio no es Papa de la Iglesia Católica.

c. MDM: «El que se atreve a sentarse en Mi Templo, y que ha sido enviado por el maligno, no puede decir la verdad, porque no proviene de Mí. Él ha sido enviado para desmantelar Mi Iglesia y romperla en mil pedazos antes de que la escupa por su repugnante boca» (8 de marzo 2013). «Mi amado Papa Benedicto XVI fue perseguido y huyó, como fue predicho. Yo no he nombrado a esta persona, que dice venir en Mi Nombre. Él, el Papa Benedicto, guiará a Mis seguidores hacia la Verdad. No lo he abandonado y lo sostendré cerca de Mi Corazón y le daré el consuelo que necesita en este momento terrible. Su trono ha sido robado. Su poder no» (13 de marzo 2013).

d. Mensajes del Cielo: «Yo dije: el nuevo Papa será como los camaleones que cambia de color. Hijos míos, guardaos de tanta confusión y desorden, porque os harán ver lo que no es y sentir lo que en verdad no se siente (…) Benedicto XVI será Papa hasta la muerte» (ver texto). «Cuánto dolor ver la Casa de mi Señor cómo se llena de humo de Satanás…cómo caerán tantos sacerdotes, obispos, cardenales…que en secreto trabajan para la Bestia dentro de la Casa de Dios, como ese papa de alma negra que con el anticristo, destruirá la Iglesia; cómo trabajarán para la sede de la Bestia; y ella, ahí donde fue la Sede de Dios, sea por un tiempo de ella (la Bestia), destruyendo a su paso todo» (ver texto). «Comenzará un periodo de incertidumbre, de división entre la Iglesia y confusión, mucha confusión, engaño y los míos no se darán cuenta del engaño que los está llevando a ese orden mundial en mi propia Casa cambiando la Doctrina de siempre. Aquellos que sí se percatan del error serán acusados y señalados con el dedo. ¡Qué Dios, mi Padre os ayude! Amén» (ver texto)

5. La ley positiva (humano-eclesiástica): se ha demostrado que hubo irregularidades en el cónclave: Antonio Socci y su libro “Non e francesco” (ver texto): «Como ya he dicho, la nulidad de los procedimientos seguidos el Cónclave y la consiguiente elección no implica ausencia de culpa por parte de Bergoglio. Y la invalidez de la elección es en modo alguno un juicio de valor a su la persona» (ver texto).

Teniendo todo esto, entonces ¿por qué la Iglesia calla ante el hereje Bergoglio?

La Jerarquía de la Iglesia debería hablar y no lo hace. Están siguiendo esto:

Canon 1556 (CIC 17)): “La primera Sede no es juzgada por nadie”.

Cons. Cum ex, § 1 de Paulo IV «el mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie»

O con otras palabras: la fe de la Iglesia es dada no para juzgar a la Autoridad, sino para que ésta juzgue.

Muchos siguen llamando a Bergoglio con el nombre de Santo Padre, Papa, sólo porque la Iglesia oficialmente no se ha declarado en contra de este hombre, y consideran que posee todavía ese título honorífico. Un título exterior, que aunque sea hereje, hay que dárselo. Están esperando que alguien, ya sea el Papa legítimo, Benedicto XVI, ya sean unos Obispos reunidos, declaren que Bergoglio no es Papa.

Y esto es una ilusión esperarlo y pensarlo.

Porque toda la Iglesia, cuando permanece unida al Papa legítimo es infalible: «es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la Verdad» (1 Tim 3, 15). «La Iglesia Católica, luchando contra todas las herejías, puede luchar; sin embargo no puede ser conquistada. Todos los herejes salieron de Ella podados como sarmientos inútiles de vida: mas, Ella misma permanece en su raíz, en su vida, en su caridad. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (San Agustín – De symbolo serm. ad catech. 6, 14; M. 40, 635).

Y, por consiguiente, la iglesia que permanece unida a un hereje, es falible y totalmente condenable, porque no es la Iglesia Católica. Ya no estamos hablando de una usurpación del Papado, sino del establecimiento de una nueva iglesia en Roma.

No hablamos de un antipapa, al cual se examina su derecho a la Silla de Pedro, sin juzgar al Papa, sino sólo la elección y el acto de los electores: «De hecho, los papas cismáticos han sido tratados simplemente como usurpadores y desposeídos de una sede que no poseían legítimamente» (cf. El decreto contra los simoníacos del concilio de Roma de 1059, Hardouin, t. VI. col. 1064: Graciano, dist, LXXIX, c. 9; Gregorio XV: constitución 126 Aeterni Patris (1621), sect. XIX, Bullarium romanum, t. III, p. 446).

Sino que estamos hablando de una nueva sociedad religiosa en el Vaticano, que Bergoglio está levantando con su nuevo gobierno horizontal, al cual todos lo pueden juzgar porque esa sociedad no pertenece a la Iglesia Católica.

Nadie ha caído en la cuenta de la importancia de la verticalidad del gobierno en la Iglesia Católica. Es esencial para permanecer siendo Iglesia, la auténtica. Como a nadie le interesa el ejercicio del poder papal a través de la verticalidad, sino que todos se reúnen en la colegialidad para estar bajo Pedro, entonces es esperar en vano que, oficialmente, sea declarado Bergoglio como falso Papa. Esperar en vano: una ilusión. Ya los hombres no siguen la inmutabilidad de los dogmas en la Iglesia. Y, entonces, estamos como estamos, como Eliphas Levi lo expuso en el año 1862:

«Vendrá un día en que el Papa, inspirado por el Espíritu Santo, declarará levantadas todas las excomuniones y retractados todos los anatemas, en que todos los cristianos estarán unidos dentro de la Iglesia, en que los judíos y los muslimes serán benditos e invitados a ella. Conservando la unidad e inviolabilidad de sus dogmas, la Iglesia permitirá que todas las sectas se acerquen a ella por grados, y abrazará a todos los hombres en la comunión de su amor y sus oraciones. Entonces no existirán ya los protestantes. ¿Contra qué iban a protestar? El Soberano Pontífice será entonces el rey del mundo religioso, y hará cualquier cosa que quiera con todas las naciones de la tierra. Es necesario extender este espíritu de caridad universal…»

Siempre se cumple la Palabra de Dios:

«El rey Antíoco publicó un decreto en todo su reino de que todos formasen un solo pueblo, dejando cada uno sus peculiares leyes. Todas las naciones se avinieron a la disposición del rey. Muchos de Israel se acomodaron a este culto, sacrificando a los ídolos y profanando el sábado…Se les unieron muchos del pueblo, todos los que abandonaron la Ley…» (1 Mac 1, 43-45.55).

Bergoglio publicó su gobierno horizontal en toda la Iglesia y todo el mundo se ha acomodado a ese culto falso e ignominioso, y comienzan muchos a sacrificar a sus ídolos: los pobres, los homosexuales, los ateos, los pecadores,… el hombre.

Todos se han olvidado de Cristo y de Su Iglesia. Todos van corriendo a formar el nuevo orden mundial con la nueva iglesia para todos y de todos.

Que la gente siga llamando a Bergoglio como Papa no es sólo alucinante, sino una abominación. ¡Qué pocos en la Iglesia conocen su fe! ¡Qué pocos la saben guardar, la saben interpretar de manera infalible. Todos han puesto su grandiosa inteligencia y así vemos una Iglesia totalmente dividida, en la que a nadie le interesa, para nada, la Verdad.

«La doctrina de la fe que Dios ha revelado no ha sido propuesta a las inteligencias humanas para ser perfeccionada por ellas como si fuera un sistema filosófico, sino como un depósito divino confiado a la Esposa de Cristo para ser fielmente guardado e infaliblemente interpretado» (Concilio Vaticano I).

«Cuando está en juego la defensa de la verdad, ¿cómo se puede desear no desagradar a Dios y, al mismo tiempo, no chocar con el ambiente? Son cosas antagónicas: ¡o lo uno o lo otro! Es preciso que el sacrificio sea holocausto: hay que quemarlo todo…, hasta el “qué dirán”, hasta eso que llaman reputación». (San Josemaría Escrivá de Balaguer,”Surco”, No. 40)

El tour de Bergoglio en el Sínodo


red october

«Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia del “sínodo”, un itinerario solidario, un “viaje juntos”» (ver texto).

«Puedo decir serenamente»: el hombre de la falsa paz. Después del mal que ha hecho en todas partes el primer documento de la “Relatio”, un mal que ya no se puede quitar, un mal que va a engendrar muchos otros males, se atreve el bufón del Vaticano –al que muchos, en su malicia, llaman Papa- a declarar la paz con sus palabras blasfemas.

Este es el lenguaje propio de un falso profeta, de un hombre que sabe medir sus palabras para decirle al que le escucha lo que quiere oír, lo que hay en su mente, lo que piensa, lo que el demonio le pone. Pero no es un hombre que hable la realidad de lo que ha pasado en el Sínodo: no habla la verdad, sino su gran mentira, que es el gran engaño para todos, y que levantó una gran ovación en el Sínodo.

La Jerarquía de la Iglesia vive en el lenguaje herético de Bergoglio. No lo sabe discernir: se quedan con la boca abierta al escuchar sus infames palabras sobre lo sucedido en el Sínodo. ¡Qué pena! ¡Cuántos sacerdotes, Cardenales, Obispos, se van a condenar a partir de ahora! ¡Por no haberse opuesto a Bergoglio en el Sínodo! ¡Por haberle aplaudido! ¡No hay excusa en quienes tienen la plenitud del sacerdocio, como son todos los Obispos! ¡No hay excusa para su blasfemia contra el Espíritu santo!

Bergoglio habla para darse gloria a sí mismo, para ponerse como el santo, el justo, el que está ahí, en medio de todos, para producir la paz en el lenguaje de los hombres: «Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos». ¡Qué osadía no quitar el primer pecado y repetirlo ahora! ¡Qué terrible osadía! ¡Qué gran osadía ponerse como el santo en medio de demonios, como el que sabe lo que estaba pasando, pero callaba! Y callaba para hablar ahora: para ser el pacificador, el que une, el que da a todos la paz: aquí estoy yo…todos bajo pedro… Vivan todo esto con paz interior y tranquilidad… Yo ya sabía que se iba a producir esta división y, por eso, he tenido paz interior… Mi presencia es garantía para todos.. Y la Jerarquía de la Iglesia, como boba, aplaudiendo a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe.

¿No caen en la cuenta de que la Jerarquía ha sellado su condenación eterna? ¿O esto es difícil de tragar, de entender, para ustedes? ¡Qué ciegos están todos en la Iglesia Católica! ¡Cómo saludan a un mentiroso, a uno que los ha dividido durante este Sínodo! Uno que es maestro de división. El culpable de todo lo que ha pasado en este Sínodo: Bergoglio. Y terminan aplaudiéndolo, vitoreándolo. ¿Comprenden la jugada del masón Bergoglio? ¿O todavía están como “niños de pecho” en la Iglesia?

Y esos que hablan, no saben lo que dicen: «Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores».

¡Todos han contemplado, estos días, una Iglesia dividida, una iglesia que clama al cisma, que lleva al cisma! ¡Esa es la realidad! ¡No es una imaginación!¡ No es una fantasía de la mente!¡No ha sido un sueño!

«Tantos comentadores han imaginado»: ¿Cómo es que Bergoglio no se ha dado cuenta del cisma, de la clara división entre los cardenales, Obispos y sacerdotes de todo el mundo? ¿Cómo es que no ha visto a los fieles rebelarse contra él mismo porque es un hombre que ha callado cuando tenía que hablar?

¿Ahora, hablas, Bergoglio, para llevarte el triunfo que no has cosechado? Eso se llama traición a la Verdad, traición a Cristo, traición a toda la Iglesia. ¿Es que toda la Iglesia ha fantaseado con la división que se producía en el Sínodo, por culpa de mucha Jerarquía que ha abandonado la fe verdadera para seguir la fábula de la mente de los hombres? ¿Es que el documento que han sacado la primera semana no es un cisma oficial en la Iglesia? ¿No es una herejía pura que va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia? ¿De qué mentes que han imaginado una división hablas? ¿Se ha vuelto loca toda la Iglesia? ¿Tiene que ir al psiquiatra toda la Iglesia porque se ha inventado una división, un litigio, una guerra, un cisma que no existe? Y el documento final que han sacado ¿no es, acaso, la putrefacción de este Sínodo? ¿No es la defecación mental de Bergoglio y de todo el clan masónico que le apoya?

No hemos imaginado una Iglesia en disputa: hemos palpamos –y lo seguimos palpando- con nuestras vidas, con nuestras existencias, la Iglesia dividida, el cisma claro en toda la Iglesia, porque a nadie le interesa la Verdad Revelada. Todos están viviendo sus vidas enganchados a sus lenguajes humanos. Todos aplaudiendo a un maldito.

«dudando hasta del Espíritu Santo»: Y nadie ha dudado del Espíritu Santo, sino que todos dudan de Bergoglio y de toda la Jerarquía, que ya no tienen al Espíritu Santo; y, por tanto, que ya no pueden hacer nada por la unidad en la Verdad, porque se unen a un hereje, que sólo sabe hablar para ganarse el aplauso del mundo. Por eso, esa Jerarquía, esa colegialidad, ese Sínodo, esos hombres que se creen sacerdotes y Obispos, no son garantes ni de la fe, ni de la verdad en la Iglesia. Son conductores de demonios, son guías de ciegos, son maestros en engañar a todo el mundo, porque se han engañado a sí mismos.

¿Cómo Bergoglio se atreve a decir esto?: «he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia». ¿Dónde has visto y oído eso, Bergoglio? ¿Qué has estado soñando mientras escuchabas blasfemias en ese Sínodo? ¿En qué mundo de ideales vives que no te enteras de la verdad a tu alrededor? ¡Ven, cómo desvaría en su mente este charlatán!

Si hubiera habido esa fe, ese celo por la doctrina, esa sabiduría divina, esa valentía por decir la verdad -y sólo la verdad-, entonces no se hubiera sacado esa “Relatio” la primera semana del Sínodo, no se hubiera hecho ese gran mal a toda la Iglesia. ¿Cómo tiene la caradura de decir que ha visto y ha oído a gente llena de fe y después han sacado un documento que es pura herejía?

¡Ven, qué arte en la palabra del engaño tiene este personaje! ¡Ven, cómo se pone: en el centro, en la santidad, en la justicia! Y la culpa de lo que ha pasado en el Sínodo, la tienen los de fuera, los comentaristas, los blogs que han hablado de más. Ellos, los grandes Jerarcas, los grandes animadores de las masas, que han convertido la misa en una fiesta; ellos, los que ya no saben hablar ni de la oración ni de la penitencia, ni de la Cruz ni de las virtudes para ganar el Cielo, sino que toda su “parlanchanería” es sobre el diálogo, la tolerancia y el llenar estómagos de la gente; ellos, la gente llena de fe, de sabiduría, de parresia, que han sacado un documento para condenar almas. ¡Esto es estar loco! ¡Esto es hablar con la mente enajenada! ¡Esto es tomar por idiotas a toda la Iglesia!

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para seguir engañando a toda la Iglesia con su loca palabrería humana? ¡Qué desvarío el de este hombre!

¡Esto es un falso profeta! Así habla un hombre que mira la cara del demonio todo el día para ver qué lenguaje tiene que emplear para satisfacer a todo el mundo.

Mientras los hombres han discutido en el Sínodo, él ha estado callado. Es su maestría en el lenguaje humano. Calla y que otros se mojen, que otros metan la pata. Y, al final, cuando todos han visto sus errores, él no los cuenta, no parte de esa realidad, sino que empieza a criticar a todo el mundo, menos a los propios Cardenales y Obispos que han hablado herejías en ese Sínodo, y han puesto el cisma en medio de la Iglesia. Empieza a inventarse una falsa espiritualidad, a explicarlo todo con la putrefacción que tiene su mente.

Esto es siempre un falso profeta: calla, otorgando el error en los que hablan; habla, después, para recibir los aplausos de todos, para acallar los gritos que ya se escuchaban por todas partes. Es la sed de gloria que tiene este hombre, y que en este discurso se observa desde la primera palabra.

En ese Sínodo no han estado bajo el Espíritu de Pedro, porque Bergoglio no lo tiene. No es Papa, no es Pedro, es un falso Papa, una falsa cabeza para una falsa iglesia. En ese Sínodo han estado bajo el espíritu del mundo, que es el propio del espíritu de la sinodalidad: «con un espíritu de colegialidad…vivimos… un “viaje juntos».

¿Qué ha sido el Sínodo? ¿Una obra de fe? Un viaje juntos: un pasatiempo para Bergoglio. Un entretenimiento, unas vacaciones, porque todo estaba ya preparado por él y por su clan masónico.

El Sínodo ha sido el tour de Bergoglio.

Y todo lo que expresa en este discurso son sólo palabritas humanas, lenguaje barato y blasfemo, que gusta a todo el mundo, porque dice muchas cosas y no dice ninguna verdad. Lo dice todo y no dice nada. No dice lo que tiene que decir. No se atreve a hablar de la verdad de la división, que todo el mundo ha contemplado en el Sínodo. Todo el mundo, menos Bergoglio. Él lo calla y pone su falsa espiritualidad: «Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido sino hubieran estado estas tensiones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz».

Era necesario mover el ambiente: ése era el tour de Bergoglio. Tenía que tentar a todos poniendo dos temas a discusión: mal casados para comulgar; la bienvenida a los homosexuales. No hay que estar de acuerdo en la doctrina de la Iglesia y, por tanto, a discutir, a enzarzarse los unos con los otros, para que despierten de las añoranzas de lo tradicional. Hay que convertir las mentes de los hombres a la nueva interpretación del dogma que trae Bergoglio.

Bergoglio: el instrumento del demonio para mover los espíritus, para crear división. Él ha sido el culpable. Y él se pone como un santo, recurriendo a su falso misticismo.

En su tour, Bergoglio va recorriendo la historia del Sínodo: lo exterior de la vida: “momentos de correr rápido”, “momentos de cansancio”, “momentos de entusiasmo”, “momentos de consuelo”, “momentos de confort”….Lenguaje humano….¡Momentos, momentos, momentos!…Como la canción…Es el tiempo superior al espacio…Es su herejía favorita… Es el tiempo la medida del desarrollo del dogma. En el pasado, el dogma se entendía según ese tiempo. En el presente, en la iglesia de Bergoglio, el dogma ya no es dogma… Es el tiempo, pero lo principal es el fin al que se quiere llegar.

Bergoglio da vueltas y vueltas, endulzando la mente con expresiones bellas, cogiendo el sentimiento del hombre con afectos de un hombre que sólo mira al hombre, pero sin dar la realidad, la verdad. No puede: se la atraganta. Se inventa la realidad con su mente. Bergoglio es como Kant, como Hegel, pero en versión moderna, barata, mediocre. Y en ese lenguaje, propio de un hombre que es maestro en engañar, es sabio para emplear las palabras que hay que decir, comienza a criticar. Y los critica con su falso lenguaje místico, que es una aberración:

a. a los tradicionalistas: «el deseo de cerrarse en la escritura (la letra) y no ser sorprendido por Dios, el Dios de las sorpresas (el espíritu)»: un hombre que no ha comprendido el dogma, la Verdad Revelada y que la llama: la letra. Y a las sorpresas de Dios: lo llama el Espíritu. Esto es la mente de este sinvergüenza. Ni sabe lo que es el Evangelio, la Palabra de Dios; ni sabe lo que es el Espíritu de Dios. El Espíritu es una sorpresa, un juego de los tiempos actuales. Hay que dejar de aferrarse a lo tradicional, a la filosofía y teología de siempre, la de Santo Tomás, y hay que pensar como Kasper, con la mente arruinada de verdad que tienen ese personaje. Bergoglio no sabe lo que es un fariseo. Para este hombre, el fariseo es el tradicionalista. El que se aferra al dogma. Y no ha comprendido que el fariseo es aquel que vive en su propia mente humana, con su propia ley humana. Ejemplo vivo de un fariseo actual: Bergoglio. El fariseo no se ve fariseo, sino que ve al tradicionalista como fariseo.

«dentro de la ley, en la certeza de lo que sabemos y lo que todavía tenemos que aprender y lograr»: esto es hablar por hablar, para llenar una cuartilla de sandeces. Porque dentro de la ley no hay ninguna certeza. Es dentro de la Gracia donde se da la certeza de lo que el hombre tienen que saber. Dentro de la Gracia. Y, en Ella, siendo fiel a la Gracia, se aprende y se logra lo que el alma no sabe aún. Este «dentro de la ley», para Bergolgio, es su ley de la gradualidad. No se refiere a la ley divina, porque este hombre no cree en ella para nada. Habla de la ley. Pero ¿de qué ley? Quien sepa lo que piensa Bergolgio, enseguida le lee el pensamiento: habla de su ley masónica, que es la única que sabe seguir.

b. a los progresistas: «a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces». Bergoglio se distancia de mucha jerarquía que es modernista, pero que le ataca a él. Ataca su comunismo, su marxismo. Aquí este hombre está haciendo política. Hay que vendar las heridas, pero con el marxismo, no con otras ideas políticas que tienen algunos. Es el juego político de Bergoglio. Es lo que se cuece en su nuevo gobierno, que también está dividido. Muller contra Kasper. Muller, que es un progresista, pero no marxista. La causa de que no se resuelvan los problemas en la Iglesia es, para Bergoglio, que la Jerarquía no se hace marxista: se queda en un modernismo anticuado, de ideas, pero no de obras para el pueblo.

c. «La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso; y también de transformar el pan en piedra , y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos, de transformarla en “fardos insoportables”». ¿Qué ha querido decir con esta frase? Sólo una cosa: estoy desvariando… No sé lo que estoy diciendo… Hablo de romper el sacrificio y eso lo llamo tentación. Y esa tentación después la tiro contra los pecadores. ¿Tiene algún sentido esto? Ninguno. Ideas que mezcla, que confunde, y que, como resultado, saca un párrafo abstracto, idealista, que nadie comprende, ni siquiera él mismo. Esto es el lenguaje del falso misticismo: tomar de aquí, de allá, y sacar una conclusión que no vale para nada. Al final, sólo queda la idea que le interesa: no vayas contra los pecadores, no cargues fardos insoportables. Esto es lo único que quiere expresar. Y lo hace con una falsa espiritualidad en su lenguaje, con una oscuridad en la lógica.

d. «La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios»: aquí está la clave de su falsa espiritualidad: purificar el espíritu del mundo. El mundo es del demonio. Luego, no se puede purificar. Jesús da Su Espíritu al hombre para que viviendo en el mundo, no sea del mundo. No se puede inclinar el espíritu del mundo al Espíritu de Dios. Porque no se pueden servir a dos señores: o el alma está con Dios y, por tanto, tiene el Espíritu de Dios; o el alma está con el demonio y, por tanto, vive y obra con el espíritu del mundo, que es el propio del demonio. No se puede purificar al demonio. El infierno existe y está lleno de demonios que no pueden volver a tener el Espíritu de Dios. Esta es su gran herejía en su doctrina de la espiritualidad, que es su memoria fundante.

e. «La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!». Ven, ¿cómo es maestro en hablar de los demás, y ponerse él como el santo? ¿Ven, cómo ataca el depósito de la fe? ¿Acaso Bergoglio es custodio de ese depósito? Si fuera así, entonces ¿por qué, para Bergoglio, Dios no existe, Jesús no es un Espíritu, el pecado no es una mancha en el alma…? ¿Por qué ataca Bergoglio lo que él es? Sólo una razón: quedarse él como el santo en la Iglesia, como el que tiene la verdad, como el que sabe usar el lenguaje apropiado para dar esa verdad. ¿Todavía no han comprendido lo que es un falso profeta?

Vean su climax:

«Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el oleo y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste».

Este es el climax de su herejía. Aquí está resumido todo su pensamiento sobre la Iglesia.

a. una iglesia humana, no cristiana, no divina: El óleo y el vino se derraman sobre las heridas de Cristo, no sobre los hombres;

b. una iglesia sin justicia, sin verdad, sin ley divina: Se mira a la humanidad para juzgarla en el Espíritu de Cristo y ponerla un camino de salvación o de condenación;

c. una iglesia del pecado y para vivir y obrar el pecado: La Iglesia Católica está compuesta de santos, no de pecadores. Los pecadores, tienen el Sacramento de la Penitencia para dejar sus pecados y ponerse en el camino de la santidad;

d. una iglesia infiel a la gracia y al Espíritu: Sólo la Iglesia puede ser fiel a Su Esposo y a Su Doctrina con el verdadero Papa legítimo, que es Benedicto XVI. La iglesia de Bergoglio es infiel a Cristo y a su Iglesia;

e. una iglesia abierta al mundo, que bebe las mismas aguas del mundo: La Iglesia Católica no come con el mundo, con las prostitutas, con los pecadores, no hace una fiesta con ellos, no comulga con las ideas de los herejes, de los cismáticos, de los apóstatas de la fe. La Iglesia Católica va en busca del pecador para salvarlo, para alimentar sus lama, para inidicarle el camino de la santidad de vida;

f. una iglesia de la masonería y del protestantismo: La Iglesia Católica no está abierta a los pecadores que no quieren quitar sus pecados; la Iglesia Católica no predica una misericordia sin justicia, sin dejar claro que hay que estar en la Presencia de Dios con el corazón arrepentido de los pecados.

g. Una iglesia comunista y marxista, donde no puede darse el bien privado: La Iglesia Católica no es un comunismo de los hombres que sólo buscan el negocio de los negocios: tener el aplauso del pueblo para así poseer sus mentes y sus vidas.

Este ha sido el tour de Bergoglio en el Sínodo, que ha dado un documento herético. Es lo mismo que sacaron la primera semana, pero han cambiado el lenguaje. Pero ahí está toda la herejía para que, en este año, se trabaje en quitar los dogmas, como así se va a hacer en la práctica. Es lo que los Obispos han dicho a la Iglesia: caminen con nosotros este año.

Si se quieren condenar, háganlo. Si se quieren salvar, salgan ya de Roma. Que cada cual elija su vida.

La obra maestra de la jerarquía masónica en el Sínodo


blasfemia

Lo que ocurre en el Sínodo es ya irreversible. Es una jugada maestra de la jerarquía masónica: sacar un documento, la “Relatio post disceptationem”, que no admite correcciones, porque es la voz de la Iglesia. Es lo que la Iglesia ha dicho: es lo que queda en el ambiente, es lo que transmiten todos. Y cuando la Iglesia habla oficialmente, entonces no hay correcciones, no hay vuelta atrás. Puede haber el intentar limitar los daños, que es lo que van a hacer con el documento definitivo que van a sacar. Será lo mismo, pero lo único que va a variar es el lenguaje: darán la vuelta con mil razones, para dejar lo esencial: que los malcasados puedan comulgar y aprobar el divorcio, y que los homosexuales tengan derechos en la iglesia.

«La Secretaría General del Sínodo, tras las reacciones y discusiones originadas por la publicación de la Relatio post disceptationem, y al hecho de que se le haya atribuido un valor que no corresponde a su naturaleza, reitera que dicho texto es un documento de trabajo, que resume las intervenciones y el debate de la primera semana, y que ahora se propondrá a la discusión de los miembros del Sínodo reunidos en los Círculos menores, según lo previsto por el mismo reglamento del Sínodo» (Declaración del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede en nombre de la Secretaría General del Sínodo – Ciudad del Vaticano, 14 octubre 2014) : esto es mentir descaradamente a todos. Ese documento no refleja las intervenciones en el Sínodo, sino que ya había sido preparado con antelación.

Ese documento se pondrá a votación: cambiarán sólo el lenguaje, pero no el contenido de ese lenguaje. Todos están en la herejía del lenguaje. Este documento es herejía pura. No se sostiene en ninguna verdad revelada, sino que se apoya en la mente masónica que guía a la Iglesia con su poder horizontal, que Bergoglio ha puesto en Roma.

Los que esperan que Bergoglio se defina, no han comprendido lo que él mismo ha dicho el 28 de julio de 2013, en la rueda de prensa que dio en el avión:

«Si una persona es homosexual y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?».

«…los ortodoxos siguen la teología de la economía, como la llaman, y dan una segunda posibilidad, lo permiten. Creo que este problema, se debe estudiar en el marco de la pastoral matrimonial».

Bergoglio ya se ha definido y no se va a echar para atrás. No; porque un masón siempre tiene que ir hacia adelante en el progreso de su inteligencia.

Bergoglio ha montado, durante todo este año, su política: Kasper. Este hombre es la mente de Bergoglio, es la inteligencia, es el que rompe el dogma. Para eso, Bergoglio lo ha puesto como modelo de los hombres heréticos y que viven la apostasía de la fe. Y lo puso desde el inicio de su falso pontificado. Y este hombre es el que ha puesto la división en la cuestión del matrimonio en el Consistorio de los Obispo del 20 y el 21 de febrero, que se celebró a puertas cerradas.

Bergoglio apoyó y aprobó la tesis de Kasper. Bergoglio no hizo que Kasper callará su herejía, sino que la lanzó como una verdad que es necesario seguir en toda la Iglesia. Y no importan las críticas severas que Kasper ha tenido de todo el mundo. Es la mano derecha de Bergoglio en el gobierno de Roma. La mano derecha: es el que lo mueve todo, todos los hilos, para conseguir poner lo que Bergoglio quiere en su iglesia.

La “Relatio” del Sínodo es la obra de la mente de Kasper: es poner la teología de Kasper en este panfleto y darla como voz de la Iglesia, voz de los Obispos, voz del Papa.

Esta es la jugada maestra. Pocos han entendido todavía esta jugada y están esperando un comunicado de Bergoglio en que retire a Kasper y se saque una “Relatio” adecuada a la Iglesia Católica. Esperan en vano, porque siguen tendiendo, siguen viendo a Bergoglio como Papa. Es el castigo de muchos.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia no puede ver lo que las almas sencillas ven: Bergoglio no es Papa? ¿Por qué?

Porque el que vive la herejía queda ciego para siempre en su vida.

Los Obispos de la Iglesia Católica tienen la plenitud del sacerdocio de Cristo; es decir, tienen toda la Verdad: el Espíritu de Cristo los lleva a conocer toda la Verdad. No hay nada que esconda Dios a sus sacerdotes. Nada. El sacerdote es el que tiene el poder para penetrar todos los Misterios Divinos. Pero el sacerdote tiene que ser muy humilde en su vida eclesial. Si no hay humildad, entonces al sacerdote se le niegan cualquier verdad.

Todos los Obispos poseen el Espíritu de la Verdad para conocer que Bergoglio no es Papa. Todos. ¿Cómo es que nadie dice nada? ¿Cómo es que todos obedecen a uno que no es Papa? ¿Cómo es que no pueden ver las herejías que Bergoglio ha dicho durante 19 meses? ¿Cómo es que no disciernen la trayectoria herética de Bergoglio en la Iglesia antes de subir al poder? ¿Para qué les sirve tanta filosofía y teología? ¿Para qué?

Para cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Quien tiene todo el Espíritu, si no es fiel a Él, entonces con gran facilidad termina cometiendo esta blasfemia, de la cual no hay perdón.

Pocos conocen lo que es este pecado y lo fácil que es cometerlo. Muy pocos.

La Iglesia Católica tiene toda la Verdad porque posee el Espíritu de la Verdad, que lleva a todos, a los fieles y a la Jerarquía, hacia la plenitud de la Verdad.

Por tanto, es un deber, es una obligación moral, obrar la Verdad en la Iglesia. No se puede obrar la mentira porque en la Iglesia sólo está la Verdad. Y toda la Verdad, no sólo una parte.

Aquel fiel, aquella Jerarquía que no trabaja para tener en su corazón toda la Verdad, entonces comete este pecado.

En la Iglesia Católica tenemos la Gracia de Cristo y el Espíritu de la Verdad. Son dos cosas, que cada alma tiene que saber vivir en la Iglesia.

La vida de la gracia, que se da en los Sacramentos: y sólo en los Sacramentos. La vida del Espíritu que se da en todo lo demás: es el Espíritu el que enseña a cada alma la vida de la gracia. Sin el Espíritu no se puede vivir lo divino, obrar lo divino, ser santo, hacer la Voluntad de Dios, tener la Mente de Cristo.

La Gracia es la Vida Divina. Para poder vivir esa vida, es necesario el Espíritu. Por eso, el Señor mandó a Sus Apóstoles que no hicieran nada sin el Espíritu, porque la Iglesia es la obra del Espíritu, no es la obra de la mente de los hombres. Es el Espíritu el que enseña a los hombres cómo usar la gracia de cada Sacramento para poder vivir la vida divina que cada Sacramento da al alma y a la Iglesia.

¿Por qué la Jerarquía que tiene la plenitud del Espíritu para poder conocer si un Papa es o no es legítimo, calla, no dice nada, se conforma con lo que tiene, obedece a un hereje?

Porque han blasfemado contra el Espíritu Santo en sus vidas sacerdotales: «No importa cuánto conocimiento teórico tengan de la doctrina y los dogmas que mi Hijo les legó. Yo ya imprimí, en todos sus corazones, el conocimiento de la Apostasía, y quien lo siga será tan apóstata como Francisco Bergoglio y su clan de abominación» (Mensaje de Dios Padre a un alma – 19/9/2014).

Tenéis toda la Verdad que Cristo ha dado a Su Iglesia y preferís la mentira de un hereje, de un cismático, de uno que lleva a toda la Iglesia hacia el protestantismo, hacia la masonería y hacia el comunismo. ¿Y pretendéis ser salvados y justificados por esto?

Están cometiendo el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Es el momento de que los Obispos se levanten en el Sínodo y se vayan: sólo así no cometen ese pecado. Ellos tienen que hacer un acto público en contra de Bergoglio porque públicamente han aceptado un Sínodo maldito, un Sínodo que no pertenece a la Iglesia Católica, sino que ha sido promovido por la nueva iglesia del Vaticano. ¡Qué difícil es entender esto para muchos católicos!

La Iglesia es la obra del Espíritu, no es un juego de los hombres, no es la lectura que los hombres hacen, con sus lenguajes, de lo que debe obrarse y vivirse en la Iglesia.

Quien no sea humilde al Espíritu no va a poder salvarse en este tiempo tan oscuro en que no hay una cabeza que guíe hacia la Verdad, que una en la Verdad, que se apoye en la Verdad. No existe esa cabeza en la Jerarquía de la Iglesia. No existe. Ni siquiera el Papa Benedicto XVI puede hacer algo por la Iglesia. Ya no puede, porque no tiene las llaves del Reino. Tiene el Primado, pero no puede atar y desatar: no puede decidir nada en la Iglesia Católica. Todos los cambios que se den ahora, a partir de este Sínodo, sólo pertenecen a la nueva iglesia de Bergoglio.

Si esto no lo tienen claro, es que no han comprendido lo que pasa en el Vaticano.

Hay que alejarse de Roma y ver su destrucción a manos del enemigo, que es la Jerarquía masónica. Jerarquía que no es la verdadera Jerarquía de la Iglesia. Son unos falsificadores de Cristo y de Su Iglesia. Todo es falso en ellos. Todo.

La Iglesia, ahora, está en cada corazón fiel al Espíritu. Y guía a cada uno según la mente del Espíritu, no según la mente de ningún hombre, de ninguna Jerarquía. Ya no puede darse la obediencia, en la Iglesia, a un hombre. Ya no puede darse la obediencia a ningún documento que la nueva iglesia saque y diga que es magisterio católico, ordinario, que todos tienen que aceptar. Quien acepte el documento que va a sacar el Sínodo, se condena sin más. ¡Es muy fácil cometer el pecado contra el Espíritu Santo! Y quien lo comete es aquel que ya vive su herejía como algo normal en su vida.

¡Cuántos católicos van a San Pedro a escuchar a un hereje, a aplaudirle, a vitorearle, sabiendo lo que ese hombre habla! ¿Tienen excusa de su pecado? ¿Pueden salvarse haciendo unidad con un hereje? Quien se una al falso Papa, se une a su vida de herejía y, por tanto, está en comunión con la nueva iglesia ecuménica, la cual no es la Iglesia Católica. Y fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

¡Qué jugada maestra la del demonio! ¡Ponerse como Papa para condenar muchísimas almas al infierno! El demonio conoce la Verdad. Y la conoce toda. Y se puso por encima de toda esa Verdad y, por eso, se condenó sin más, con gran facilidad.

La Jerarquía de la Iglesia conoce la verdad. Y toda la Verdad. Y se ha puesto por encima de Ella. Conclusión: se condena sin más. Es muy fácil cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Es el mismo pecado que hizo Lucifer: orgullo. En su mente estaba la verdad, pero su persona se pone por encima de ella. Eso es el orgullo, el cual no tiene perdón, porque se va, con la persona, en contra de toda la Verdad: yo soy, mi persona dice lo que es verdad o no.

Dios ha dado luz a toda la Jerarquía para que conozca la Verdad: Bergoglio no es Papa. La Jerarquía se pone por encima de esa verdad. Es el orgullo de cada miembro de esa Jerarquía. Es cada persona la que se pone por encima de la verdad. Y es una verdad clave en la Iglesia Católica, porque allí donde está Pedro, el Papa legítimo, allí está la Iglesia, se es Iglesia, se pertenece a la Iglesia. Luego, allí donde está un falso Pedro, está una falsa iglesia y a ella se pertenece. ¡Condenación fácil!

¡Qué difícil es entender esto para toda la Iglesia Católica! ¡Qué difícil! Los hombres están metidos en sus cariños, afectos, sensiblerías humanas. No son capaces de dejar a un lado eso y ver la vida de manera valiente, con la fortaleza que da el Espíritu al alma para poder enfrentar a los muchos enemigos que tiene el alma. Y uno de ellos: la falsa Jerarquía.

Pero los católicos en la Iglesia han hecho una idolatría de la Jerarquía, no sólo una papolatría. Tienen a los sacerdotes y Obispos como santos, inmaculados, intachables. Y somos como todo el mundo: hombres. Hombres que si no seguimos al Espíritu en nuestro sacerdocio, entonces nos convertimos en maestros del error, en guías de ciegos, en conductores hacia un falso misticismo, una falsa santidad, una falsa espiritualidad. Nos convertimos en enemigos de Cristo y de Su Iglesia. Nos dedicamos a condenar almas en la misma Iglesia de Pedro, con los mismos instrumentos del Espíritu, con las mismas obras de Cristo.

¡Cuántos sacerdotes celebran su misa para condenar a las almas! ¡Muchos! Y las almas, por no saber discernir lo que es un sacerdote, siguen sus enseñanzas heréticas y se condenan sin más, con mucha facilidad.

Lo que se ve en el Vaticano es la obra maestra de la masonería: buscar la unidad en la diversidad. Y esa búsqueda supone destruir la verdad que da el Espíritu a la Iglesia. Destruirla con un lenguaje apropiado: el de Babel. Arruinarla con una ley del hombre: la gradualidad. Obrar la mentira, para ocultarla, con una falsa doctrina: la misericordia sin justicia, sin verdad, sin orden divino.

Por eso, sean valientes en decir no a Bergoglio y todo su clan. Valientes en decir no a Roma, a sus parroquias, a sus sacerdotes que comulgan con un traidor, y que se hacen traidores con él. Sean valientes en ser de Cristo, no de los hombres.

Cristo no quiere, en Su Iglesia, hombres: no los necesita. Ha dado el Espíritu de filiación para que el hombre sólo sea hijo de Dios. A Cristo no le interesa el lenguaje humano, ni las ideas de los hombres, ni sus obras, ni sus vidas. No ha levantado una Iglesia para recaudar dinero, para llenar estómagos de la gente, para solucionar problemas sociales, para aprobar la vida de pecado de muchos.

Cristo no necesita a ninguna de la Jerarquía que está en el Sínodo, a nadie, para seguir gobernando Su Iglesia. Él lo hace solo, con Su Espíritu. Toda la Jerarquía ha traicionado a Cristo como Cabeza Invisible de la Iglesia. Nadie sigue a Cristo, Su Mente, en la Iglesia. ¿Acaso se van a salvar porque sean Jerarquía? ¿Acaso Cristo salva a sus sacerdotes porque son sacerdotes? Cristo salva a sus sacerdotes porque obran las mismas obras de Cristo en Su Iglesia. Y si no hacen esto, esos sacerdotes se condenan por ser sacerdotes.

Cristo no salva a nadie por su cara bonita. Cristo salva a las almas porque ve en ellas humildad, sencillez, disponibilidad a Su Espíritu. Es el Espíritu el que lleva a vivir la vida de la gracia. Es sólo el Espíritu. Y sólo se exige al alma: humildad. Poner la mente en el suelo, pisotear sus grandes pensamientos sobre su vida humana. Y, entonces, el alma conoce la Verdad y la obra sin más. Y eso es signo de salvación.

Quien no obra la Verdad está demostrando que quiere condenarse.

Eso es toda la Jerarquía en el Sínodo: demuestran que han cometido el pecado contra el Espíritu. ¡Y muchos estas palabras todavía no acaban de comprenderlas!

Bergoglio gobierna la Iglesia con sus delirios de grandeza


sanroberto

«para alcanzar la linfa espiritual del Evangelio, es necesario imaginar y experimentar una nueva cultura en todos los campos de la vida social: desde la familia a la política y a la economía. Es decir, la cultura de las relaciones. El principio de la sabiduría es el sincero deseo de instruirse, la instrucción es amor» (ver texto).

Esta es la boca de un masón. Y no de cualquier masón, sino de un hombre que está sentado en el Trono de la Bestia. Un hombre con delirios de grandeza.

Él habla la palabra de la fraternidad, que es su evangelio: «la ciudadela fundada por Chiara Lubich, que está inspirada en el Evangelio de la fraternidad – esa fraternidad universal-» (Ib). El movimiento de esta persona no se inspira en el Evangelio de Jesús, sino en la carne y la sangre, en la amistad entre los hombres, en la mente de cada hombre que quiera formar una unidad en la mentira.

«no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos» (Jn 1, 13) los que creen en el Nombre de Jesús. El poder de ser hijos de Dios lo da la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús, aceptado, obedecido, por la mente del hombre. No se es hijo de Dios por el evangelio de la fraternidad, por ninguna palabra humana, por ningún afecto humano.

El hombre tiene que unirse a la Verdad de la Palabra de Dios para ser Iglesia, para ser de Cristo. No tiene que unirse a Cristo, sino a la Verdad que enseña Cristo, a su doctrina inmutable, para ser de Él. Aquel hombre que, con su mente, se une a la mentira que nace de la palabra de todo hombre, no es Iglesia, no está unido a Cristo, aunque tenga un Bautismo, aunque sea sacerdote, aunque se siente en la Silla de Pedro. Bergoglio no está unido a Cristo, porque su mente no acepta la verdad que nace de la mente de Cristo.

Someterse al Evangelio de Jesús, a las enseñanzas que Cristo dio a Sus Apóstoles, que nadie puede cambiar, y que la Iglesia ha enseñado siempre, eso es pertenecer a la Iglesia Católica, ser Iglesia, que muy pocos lo comprenden. Muy pocos han comprendido que Chiara Lubich no es de la Iglesia Católica. Y el mismo Bergoglio lo confirma al poner la inspiración de ese movimiento en un evangelio falso, que es anatema en la Iglesia Católica: el evangelio de la fraternidad. Bergoglio habla para los suyos: para la gente masónica que está dentro de la Iglesia Católica. Pocos entienden que Bergoglio no es de la Iglesia Católica.

Bergoglio predica como un masón: la palabra del humanismo, de la fraternidad universal, del amor en la que toda idea humana tiene valor, porque simboliza que los hombres son hermanos. Es el ideal del masón. La fraternidad es «uno de los lemas de la Orden. Es la palabra secreta de muchos grados masónicos. Es el título de muchas logias (…)» (Diccionario de la masonería – Frau Abrines Lorenzo, Tomo 1, pag 320).

Bergoglio no es católico, sino que pertenece a la religión de la masonería: «Cada Logia Masónica es un templo de la religión; y sus enseñanzas son instrucciones en religión» (Albert Pike, Morals and Dogma, pag. 213 – 13° Cavaliere dell’Arco Reale di Salomone – ver texto). La masonería no es un grupo de amigos que se reúnen para tratar diversos temas, sino que es la Iglesia del Anticristo, es una religión de orden mundial, en la que se engloba a todo el mundo, a todas las creencias, a todas las mentes de los hombres. Esa iglesia, que el demonio ha ido manteniendo durante siglos, para oponerse a la Iglesia de Pedro, que es la auténtica Iglesia de Cristo.

Para el masón, toda la Palabra de Dios es un símbolo: «la Biblia es usada entre los masones como símbolo de la voluntad de Dios, en cualquier modo que ésta pueda expresarse» ( Albert G. Mackey en su “Lessico della Massoneria” bajo el término ‘Biblia’- ver texto). Por lo tanto, nunca Bergolgio va a dar la Voluntad de Dios cuando habla o cuando escribe. Sino que va a dar el símbolo de esa Voluntad de Dios: va a dar su interpretación, su visión humana, su idea que concibe en su mente. A todos aquellos que esperan que Bergolgio diga algo del Sínodo, que quite ese cisma que se ha levantado, y que ponga las cosas en su sitio, es que no han comprendido el juego del lenguaje de un masón.

Un masón nunca puede hablar como un católico, con una fe católica: nunca va a decir, Bergoglio, la verdad católica, lo que quiere escuchar todo católico que se precie: la Verdad como es, como está en el Evangelio, como la Iglesia siempre la ha enseñado. Esto no lo puede hacer Bergoglio, porque pertenece a la iglesia del Anticristo, que es la iglesia de la masonería. Y se dedica a jugar con las palabras, con las verdades reveladas, con los dogmas. A jugar: a dar vueltas a la tortilla para que sólo se vea su mentira como una verdad que todos tienen que seguir. Sólo resalta lo que él quiere explicar, lo que la gente quiere oír.

Bergoglio no cree en Dios, sino en su concepto, que en su mente tiene, de Dios. Es el símbolo que él ha sacado de la sagrada Escritura. Es su símbolo, su interpretación. Por eso, “Dios no existe”; “Jesús no es un espíritu”, etc… Sólo un hombre masón, arrogante, que tiene un delirio de grandeza, se atreve a decir tantas herejías desde la Silla de Pedro y quedarse tan tranquilo, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera dicho nada. Sólo un hombre que tiene delirios de grandeza puede hacer esto.

Muchos sacerdotes, piensan lo mismo, pero lo callan. Ocultamente obran su pecado, porque saben lo que es la dignidad del Sacramento del Orden en la Iglesia. Saben lo que es ser sacerdote, aunque ellos vivan otra cosa. Pero ya se ve, desde el Vaticano, la Jerarquía propia de la masonería, la jerarquía bergogliana, la propia que vive y obra su delirio de grandeza, la cual no le interesa el sacerdocio de Cristo para nada, ni Su Iglesia, sino que sólo viven para un plan masónico.

Bergoglio ha iniciado una nueva iglesia, con un nuevo gobierno, con un nuevo evangelio, comandado por su delirio de grandeza; y que es la misma iglesia del Anticristo. Él está sentado en el Trono de la Bestia. Es ya su Trono (no es el Trono de Pedro), porque Bergoglio ha puesto en el Vaticano el gobierno de la Bestia: su gobierno horizontal. La masonería ha tomado posesión oficial del Vaticano en la persona misma de Bergoglio, en la obra misma que este hombre se ha dedicado a hacer en su tiempo de gobierno en la Iglesia. Obra masónica y, por tanto, obra demoniaca, obra que pertenece al Anticristo, unido a esa mente, a esas intenciones maquiavélicas.

Bergoglio se ve a sí mismo con centro del mundo: «Estaremos siempre con el Señor» (ver texto). Bergoglio hizo que la gente coreara esto tres veces. Esto es lo propio de un líder de masas, no de un pastor de almas, que se cree el centro de todos. Bergoglio lleva a las masas al juego de su lenguaje humano, de su obra humana en la Iglesia. Entretiene a las masas con el lenguaje de su simbolismo, ocultándoles la verdad, para que todos hablen de él, para bien o para mal. Pero que hablen de él, que es lo que quiere: está sediento de la gloria del mundo.

Todo tiene un sentido para Bergoglio, menos para los demás. Lo que piensen los otros, eso no le interesa. Sólo busca su sentido masónico, que es una interpretación simbólica, en su gobierno: una ética humanista, fraternal, globalizante. Y, por eso, Bergoglio es un hombre que genera muchas reacciones cada día. Y, muchas de ellas, agresivas y violentas.

Cada día el mundo se despierta con una frase que este hombre ha dicho; con una entrevista nueva; con una herejía, la cual se va añadiendo a su lista como lo único que puede hablar este hombre a la Iglesia.

Bergoglio no puede decir una verdad católica, porque él está metido en su idea fija de lo que debe ser la Iglesia. Esa idea, que le obsesiona, es el nexo que usa para ser social, para estar en la realidad de la vida. Es una idea que forma parte de su vida de manera esencial: si la quita, su vida ya no tiene sentido. Esa idea, carente de toda verdad, es el centro de su existir. Por eso, este hombre no puede convertirse: está atrapado en su mente. Una mente pragmática, pero incurable. La vida le ha hecho un eterno demonio: su forma de vivir, su manera de poner su idea obsesiva como obra, como acto en su existencia. Todo son sus pobres, su comunismo, su libertad, su diálogo, su fraternidad. Pero no le interesa la Iglesia Católica. ¡Le trae sin cuidado!

«La cultura de las relaciones»: Para ser Iglesia hay que fantasear con una nueva cultura. Bergoglio es el nuevo Kant, pero en moderno. Kant, en su herejía, era lógico en la mente. Bergoglio, en su idea loca, es precisamente, un hombre que desvaría.

A Bergoglio no le gusta la teología, el orden del pensamiento: coge de aquí, de este filósofo; coge de allá, de aquel teólogo, y cocina su idea. Una idea sin el orden de la lógica, pero con un fin en el pensamiento. Un fin oscuro, secreto, que sólo él comprende, le da sentido. Los demás, no comprenden por qué se dedica a decir herejías todo el día. Y menos comprenden a la Jerarquía de la Iglesia que calla ante esas herejías.

Bergoglio habla la moderna herejía, que tiene que abarcar todas las verdades fundamentales, absolutas, dogmáticas, para ocultarlas con ideas mentirosas, pero fabricadas con un lenguaje de salón, puestas en una bandeja de plata: el lenguaje del simbolismo. De esa manera, quien lee, quien escucha, queda agradado por el lenguaje, sin ver el contenido de la mente, de lo que se está diciendo, que es todo una mentira.

Todo es relación en la creación y en las criaturas. Las Personas Divinas se comunican según una relación real, que no puede ser comprendida por la mente del hombre.

Los hombres, en sus vidas, buscan la relación, de muchas maneras, para darse uno al otro.

La relación es algo que está ahí, es real, pero nadie piensa en ella: se da sin más. Se da en la vida diaria, sin necesidad de hacer un acto mental para tener una relación. Se piensan las cosas, se obran y surgen las relaciones.

Pero para Kant, la relación es un ser mental, una idea. No es algo real. Para Kant, como para Bergoglio, no existe la Verdad: la verdad sólo está en la mente del hombre. No está fuera de ella. Entonces, el hombre, para vivir su vida, tiene que crearse, él mismo, con su mente, las relaciones con los demás, que significa crearse una ley para poder obrar en la vida: es la ley de la gradualidad.

Hay que crear «la cultura de las relaciones»: de las múltiples relaciones que el hombre tiene en su vida: familiar, social, económica, sexual, política, etc… De estas muchas relaciones, hacer un común; juntarlas todas en una cultura, que defina la vida de todos los hombres. En esa cultura de las relaciones, se da la ley de la gradualidad: los grados distintos, en las diversas facetas de la vida, para constituir una comunidad armónica, ordenada, fraternal, liberal, pragmática, movida por una caridad ficticia: «una ciudadela que es testimonio vivo y eficaz de comunión entre personas de distintas naciones, culturas y vocaciones, prestando atención sobre todo al vivir cotidiano, manteniendo entre ustedes la mutua y continua caridad» (Ib).

La comunión entre distintos credos, culturas, naciones, vocaciones: unir las múltiples mentes de los hombres, con sus diversas ideas, filosofías, en un lenguaje que sirva para todos. Un lenguaje que gobierne todas las mentes, en que todos se pueden apoyar para construir esa ciudad, ese mundo de todos y para todos.

«Esto significa que la Iglesia, además de esposa, está llamada a convertirse en una ciudad, un símbolo por excelencia de la convivencia y la relación humana» (ver texto). La Nueva Jerusalén es un símbolo, pero no una realidad divina. Esa Nueva Jerusalén hay que entenderla como una ciudad del mundo, en donde se dé lo humano: «la convivencia y la relación humana». La Iglesia está llamada a ser ciudad del mundo, a ser del mundo.

No hay nada divino en esa ciudad, porque es un símbolo de la Voluntad de Dios: «¡Qué bien, entonces, poder contemplar ya, según otra imagen muy sugerente del Apocalipsis, todos los pueblos y todas las naciones agrupados en esta ciudad, como en una tienda de campaña, será ”la tienda de Dios” .Y en este marco glorioso no habrá más aislamiento, ni intimidaciones ni discriminaciones de cualquier tipo – social, étnica o religiosa – porque todos seremos uno en Cristo» (Ib.). Todo es un símbolo, una imagen del Evangelio, que hay que ponerla en la realidad de la vida actual, según lo que pide el mundo. Así habla un hombre que tiene delirios de grandeza, que busca el nuevo orden mundial, la nueva iglesia para todos: «qué bien poder contemplar todas la naciones, todos los pueblos, todos los hombres…agrupados en esta ciudad….todos seremos uno en Cristo». Para Bergoglio es el vocablo humano: todos, sin excluir a nadie. Todos: santos y demonios. Todos: justos y pecadores. Todos. La comunión con todos: la cultura de las relaciones, la ley de la gradualidad, la ciudadela de todos los pueblos.

Para el Evangelio de Jesús no son todos, porque: «los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicadores, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque, que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte» (Ap 21, 8). Este pasaje, tan importante para poder comprender qué es la Nueva Jerusalén, Bergoglio lo tiene que callar, porque va en contra de la idea masónica, que él sigue a ciegas: «La masonería es el adelanto hacia la luz en todas las líneas del progreso, moral, intelectual y espiritual» (Albert Pike – Diccionario de la masonería, pag 318). Y, entonces, la idea católica del infierno hay que superarla, hay que llevarla hacia adelante e interpretarla como otro símbolo, no como una palabra real, dogmática, absoluta. Hay que desarrollarla en el lenguaje positivo de la vida: la ley de la gradualidad.

El infierno es un grado del intelecto del hombre: una idea que el hombre ha concebido, que es una proporción, una relación entre su vida religiosa y su vida humana de su tiempo. En este tiempo actual, hay que hablar a la Iglesia en positivo, avanzando de esos grados negativos a los grados positivos, que pertenecen al pasado, y que hay verlos y entenderlos de otra manera, simbólicamente. No son realidades, son sólo una manera de pensar antigua, propia de un grado de perfección intelectual, que ya no tiene valor para el mundo actual.

Bergoglio usa un lenguaje que dice: «para alcanzar la linfa espiritual del Evangelio, es necesario imaginar y experimentar una nueva cultura en todos los campos de la vida social» (ver texto). La linfa espiritual del Evangelio es la santidad. Pues bien, para ser santos hay que imaginar, hay que fantasear, hay que experimentar la cultura. Es el lenguaje del símbolo. Es la interpretación de la Sagrada Escritura según la mente del hombre, según su cultura, según los tiempos que vive, según lo que pide y exige el mundo actual.

¿Qué es la cultura? Es cultivar (= labrar, cuidar) la inteligencia en productos, en obras, en servicios para el hombre. Y una cultura que integre todos los campos de la vida social, humana, significa: crear el habitante del mundo. Crear el nuevo orden mundial. Crear una nueva religión mundial. Crearlo todo según la mente del hombre, según su ley de la gradualidad.

Bergoglio está hablando del nuevo orden mundial, que es la idea eje del masón. Todo es llevar al hombre a vestirse de lo humano, a presentarse ante los demás con la educación de un hombre que acepta a los demás, que lo tolera todo, que lo abarca todo, no por la verdad que cree el hombre, sino por la mentira que obra.

Para el masón, sólo existe la verdad que se encuentra en su mente. Fuera de ella, todo es mentira. Todo. Todos son grados del intelecto, pero no la verdad. En el progreso de todas las líneas humanas, se alcanza la verdad. En el progreso, en la gradualidad, en ver la vida como una proporción entre lo espiritual y lo humano.

Por tanto, el masón busca la mentira en todos los hombres. No puede buscar la verdad, porque ésta es una gradación, un desarrollo de toda idea humana. Busca todos los simbolismos para unirlos, para tolerarlos, para acogerlos, para formar una gradación de la mente del hombre, una perfección en su inteligencia. Perfección que no es la verdad. Es sólo un símbolo, pero no la verdad: «los símbolos se inventan con el fin de ocultarla (la verdad), y no de proclamarla» (Albert Pike – Diccionario de la masonería, pag 318). Nunca Bergoglio puede proclamar la verdad. Nunca. Siempre la oculta, para que se vea su mentira. Esto es el delirio de grandeza.

El masón quiere todas las obras de los hombres, quiere todas las ideas que han concebido los hombres, a lo largo de toda su historia, y ponerlas en grados, para aunarlas, para ocultarlas, en una mente humana modelo, maestra de todas, que tiene el grado mayor, que sólo uno puede poseer, el Anticristo. Quiere llevar a todos los hombres hacia el Uno: hacia una unidad mental, no real. Una unidad impuesta por una cabeza humana, que es una cabeza demoniaca, que contempla en ella misma todas las ideas de los hombres, las abarca todas.

La ley de la gradualidad es la propia de los masones. Todo en la masonería se concibe en los grados. Pero no se puede comprender la masonería en los grados, porque son sólo éstos símbolos que ocultan otras cosas. La masonería sólo se puede comprender en la mente del Anticristo. Los demás, trabajan para esta mente diabólica. Bergoglio trabaja para la mente del Anticristo.

El Anticristo es maestro en unir mentes humanas, todas con sus ideas, todas son mentiras, son símbolos que ocultan la verdad, porque sólo existe una mente verdadera: la de Él.

Bergoglio predica que hay que experimentar el nuevo orden mundial: «una nueva cultura en todos los campos de la vida social». En esa nueva cultura estarán todas las mentes de los hombres, en una ley de gradación, unidas en una mente maestra, en un arquitecto del mundo, que es el Anticristo.

Bergolgio sólo atiende a su lenguaje simbólico: «El principio de la sabiduría es el sincero deseo de instruirse, la instrucción es amor» (ver texto). Ser sabio es una gradación en la mente del hombre: hay que instruirse, hay que estudiar, hay que filosofar, hay que pensar… La fe es un acto de la mente del hombre para Bergoglio… La perfección del hombre es un acto de la mente del hombre, es una obra de la ley de la gradualidad.

Pensamiento que es totalmente contrario a la Palabra de Dios: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y son necios los que desprecian la sabiduría y la disciplina» (Prov 1, 7). No pecar, no ofender a Dios es el comienzo de la vedad divina. Es la verdadera instrucción, enseñanza. Pero el masón ha quitado la ley del pecado. Luego, ya no hay temor de Dios. Este pasaje de la Sagrada Escritura, sólo hay que entenderlo de manera simbólica, no real.

Si no existe este comienzo, si los hombres no aprenden esta sabiduría (= quitar sus pecados, mirarlos, arrepentirse de ellos), que es una disciplina para todo el hombre, para dominar su cuerpo y sus pasiones desenfrenadas, entonces el hombre habla, piensa y obra como un necio. Esto es lo que es Bergoglio: un necio, que vive de su lenguaje humano, en el cual no es posible hallar una verdad.

En el lenguaje humano que buscan en el Sínodo se quiere poner la ley de la gradualidad: el grado homosexual, el grado de los malcasados, el grado del Papa emérito, el grado de los sacerdotes que se casan, el grado de las uniones libres….Todo es un grado en la mente del hombre… Todo es un grado en la masonería.

La ley de la gradualidad es dividir la verdad absoluta en muchas partes, en muchas medidas, y seguir avanzando hasta conseguir el grado mayor, la cima en el grado, que sólo uno puede tener: el Anticristo. Y todos haciendo un común en esa mente, atados por una lenguaje humano, que se rige por una ley: la ley de la gradualidad.

¿Entienden por qué en el Sínodo en la primera semana sólo se han dedicado a esto: lenguaje humano, ley de la gradualidad, acompañar a todos en sus vidas de pecado? Estamos ante la religión del Anticristo, ante su iglesia, ante su trono en el Vaticano.

A mucha gente todavía le cuesta entender este punto, porque sólo se queda en el exterior del hombre Bergoglio, pero no sabe penetrar lo que hay en él. Él lo sabe esconder de manera maravillosa, porque es maestro de su propio lenguaje. Y todos quieren aprender de ese lenguaje, que es barato y blasfemo. Y nadie quiere aprender de la Palabra de Dios, que sale de la boca de los humildes, de los sencillos, de los disponibles a la Voluntad de Dios. Por eso, hay tantos falsos profetas por todas partes; tantos falsos doctores de la ley; tanto intelectual del demonio, que sólo habla doctrinas del demonio. Pero nadie quiere dar la Verdad como es.

Bergoglio tiene delirios de grandeza sólo por esto: desde la Sede de Pedro, siendo un sacerdote, siendo un Obispo, no se puede predicar la cultura de las relaciones, el evangelio de la fraternidad, el nuevo orden mundial, la iglesia ecuménica, en la que todos se salvan…. porque esto no es la Mente de Cristo. Esto no es lo que ha enseñado la Iglesia. Esto no es lo que está en el Evangelio. Todos han perdido el juicio en la Iglesia si callan ante las locuras de un hombre que sólo habla para él mismo, pero no para la Iglesia.

Es necesario no dar la obediencia a un hombre que sufre delirios de grandeza y que no sabe ver su pecado en la Iglesia. No se puede obedecer la mente de un hombre que no se arrepiente públicamente de las muchas herejías que ha dicho durante más de 18 meses en la Iglesia. No se puede. Hay que enfrentarlo y hay que invitarlo a que deje ese cargo para que su alma pueda salvarse. Pero él no va a escuchar esto, porque vive centrado en su delirio: ser grande entre los hombres; alcanzar el grado mayor entre ellos; ir a la profundidad de la inteligencia sin la verdad del amor. Sólo con el odio de su mentira.

Los engaños del Sínodo I


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Primer engaño: «esto motiva la necesidad de que la Iglesia anuncie sin descanso y con profunda convicción el “Evangelio de la familia” que le ha sido confiado con la revelación del amor de Dios en Jesucristo» (v. 4): no existe el Evangelio de la familia, sino sólo el Evangelio de Jesús. Dios no ha confiado a la Iglesia ningún Evangelio de la familia, sólo le ha confiado la Palabra de Dios, que es Jesús.

Segundo engaño: «Ya el convenire in unum alrededor del Obispo de Roma es un evento de gracia, en el cual la colegialidad episcopal se manifiesta en un camino de discernimiento espiritual y pastoral» (v. 3). El sínodo no es un evento de gracia, sino de desgracia, por haber sido convocado por un falso Papa, Bergoglio. Todos hacen unidad alrededor del Obispo de Roma, que es apóstata de la fe, hereje y cismático. Conclusión: la colegialidad episcopal se halla sin la luz del Espíritu, marcando un camino en que no se puede dar ningún discernimiento espiritual ni pastoral. Nadie busca la verdad, la sola verdad, que es Cristo. Luego, nadie discierne nada, sino que abren un camino de auténtica mentira para toda la Iglesia.

Tercer engaño: «Es necesario partir de la convicción de que el hombre viene de Dios y que, por lo tanto, una reflexión capaz de proponer las grandes cuestiones sobre el significado del ser hombres, puede encontrar un terreno fértil en las expectativas más profundas de la humanidad» (v. 11). Han anulado el pecado original y el pecado personal de cada hombre. Porque si se quieren hacer las cosas bien en la Iglesia, es necesario partir del hecho de que el hombre es pecador por naturaleza, es decir, nace en pecado original, y comete el pecado en su vida de forma diaria, si no se ayuda de la gracia, de los sacramentos. Ya no se parte del hecho del pecado, sino de que el hombre viene de Dios. Por lo tanto, la reflexión que se hace es totalmente falsa, llena de mentiras y de claras herejías. El significado del ser hombre no se busca en la humanidad, sino en Dios: en el plan que Dios puso al hombre en el Paraíso. En el plan que Cristo puso al hombre en Su Iglesia. Como no se va a la Revelación Divina, sino que se la niega con bonitas palabras, con la jerga del lenguaje humano, entonces tenemos un documento que no pertenece a la Iglesia Católica.

En este Sínodo están respirando lo mismo que pasó en el Concilio Vaticano II, pero hay un agravante: no hay un Papa legítimo que sostenga esta impiedad, este cisma claro, que se da ya con este documento.

Cuarto engaño: «Es necesario aceptar a las personas con su existencia concreta, saber sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas» (v. 11). Es necesario dar a las personas la doctrina de Cristo, para que acepten la vida de Cristo. No hay que aceptar la vida de las personas, con sus existencias, porque todos son pecadoras. Este es el punto que anulan. Se dedican a lo social, a lo cultural, a dar un gusto a la gente. Te acepto como homosexual, pero no te obligo a vivir la doctrina de Cristo, porque es más importante ser homosexual, que ser cristiano, que ser de Cristo. Si no se les enseña a las personas a buscar la vida de la gracia, sino que se les anima a seguir en sus existencias humanas, nunca van a encontrar a Dios. ¿Cómo es posible alentar el deseo de Dios si no se les alienta en el deseo de que quiten sus pecados? ¿Ven que con gran facilidad engañan con sus lenguajes humanos? Así es todo el documento: una bazofia sacada de la mente del demonio. Hay que llevar a esas personas, a la cuales se les acepta como son, a sentirse Iglesia. Pero, ¿de qué Iglesia están hablando? De la de ellos, no de la de Cristo.

Quinto engaño: la herejía de la ley de la gradualidad. Esta ley consiste en decir que todo es por un grado en la Creación. Ya no es por Gracia:

«Desde el momento en que el orden de la creación es determinado por la orientación a Cristo, es necesario distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios comunica a la humanidad la gracia de la alianza. En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina, se trata de leer en términos de continuidad y novedad la alianza nupcial, en el orden de la creación y en el de la redención» (v. 13)

¿En qué parte de la sagrada Escritura está la ley de la gradualidad? En ninguna parte. Este es el invento de la Jerarquía modernista que quiere explicar la historia de los hombres, desde Adán hasta nuestros días, con la graduación, la proporción, la relación.

Ellos no parten del hecho del pecado original, sino del orden de la creación. Orden que es orientado a Cristo. Ellos anulan el pecado original y sólo lo tienen como una fantasía, un cuento; pero no una realidad.

Y Dios no comunica al hombre la gracia según estos grados. ¿Captan la herejía? Como no existe el pecado original, ni ningún pecado, hay que entender los males porque el hombre no ha evolucionado en su vida. Entonces, en la medida en que va evolucionando, en la medida en que va de un grado a otro (en lo afectivo, en lo sexual, en lo humano, en lo natural, en su madurez psicológica, etc), en esa medida Dios va dando la gracia. Según avance el hombre, Dios da la gracia.

Uno que se masturba es porque no tiene una madurez psicológica o afectiva adecuada. Hay que esperar a que alcance ese grado, y entonces Dios le da la gracia. No tiene que dominar su cuerpo. No tiene que hacer ayunos ni penitencia. Tiene que seguir masturbándose hasta que alcance el grado necesario y así pasar a otro.

Esta herejía de la ley de la gradualidad viene de Kant: todo es un grado en el Universo, en la vida de los hombres. Los hombres se relacionan con todo lo demás dependiendo del grado, de la proporción, de la relación que en sus mentes hay con lo demás. Es una relación mental, no real. Es un grado mental, ideal, que en la práctica se desarrolla en mucha facetas humanas.

Es poner la vida divina de la gracia a la par de la vida humana. Como en lo humano estás en un grado inferior, entonces no avanzas en la vida divina. ¿Captan la herejía?

Hay niños de tres años en el infierno por su pecado sexual. Y eran inmaduros en todo. Pero se merecían el infierno sólo por su pecado.

Dios no enseña con la ley de la gradualidad: «En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina». Dios enseña con la ley de la gracia, que completa la ley divina, que nace en la ley natural, inscrita en todo hombre. Y esa ley natural es independiente de los grados en la vida humana o afectiva o psicológica o cultural, etc. Independiente. Las dos cosas no se pueden relacionar de la misma manera, no dependen una de la otra.

La ley natural, que es la ley eterna en el hombre, obra de manera independiente de la vida humana o natural de cada hombre. La ley natural no depende del grado de la vida humana. La ley divina no depende del grado de la vida del hombre. Y menos la ley de la gracia. Es clara la herejía de todo el Sínodo, que se han reunido sólo para esto: destruir la Iglesia con un lenguaje bello, pero totalmente herético.

Con esta ley de la gradualidad, van a decir sus herejías. Han anulado la ley de la gracia y cualquier ley en el hombre. Van a poner sus leyes, el concepto que ellos tienen de toda ley.

«Podemos distinguir tres etapas fundamentales en el plan divino sobre la familia: la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó el matrimonio primordial entre Adán y Eva, como fundamento sólido de la familia: hombre y mujer los creó; la familia histórica, herida por el pecado y la familia redimida por Cristo» (v. 16).

La maldad de este texto es la siguiente: No existen tres etapas en el plan divino sobre la familia. Ellos ponen su ley de la gradualidad. Primer grado: Adán y Eva; segundo grado: el pecado en toda la historia del hombre; tercer grado: la redención de Cristo. No existen tres etapas, no existen tres grados de familia. ¿Van comprendiendo qué quieren transmitir? Se centran sólo en el hombre, pero no en la Gracia. Se centran en los problemas sociales, culturales, etc.; pero no en la vida de la gracia de las personas.

¿Qué pasó con la Gracia en el Paraíso? No lo dicen. Sólo dicen que Dios instituye un matrimonio primordial que es el fundamento de la familia. Y eso es una mentira bien dicha, con el lenguaje que a ellos les gusta. Su lenguaje humano, el propio de gente mentirosa y que engaña con su palabra humana.

Dios crea a un hombre y a una mujer y les pone a prueba. No instituye ningún matrimonio, porque al crearlos, hombre y mujer, en sus naturalezas humanas está la ley natural, que les empuja a unirse naturalmente como hombre y como mujer. Y, por eso, Adán exclama, al ver la mujer: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne»: aquí está el matrimonio entre hombre y mujer. En la ley natural. Todavía no se dice nada de la ley divina, ni de la ley de la gracia.

Está en la misma naturaleza humana, que Dios ha creado, el matrimonio. Y aunque el hombre peque, el matrimonio sigue en la naturaleza humana. ¿Ven que no puede darse la ley de la gradualidad en la familia?

Hay un solo matrimonio. Punto y final. Hay una sola familia. No tres grados, no tres etapas. No existe ni la familia histórica ni la familia redimida. No existe la familia del origen. Sólo existe el matrimonio natural, como hecho natural, como debido a la ley natural.

Ven: se están reinventando la ley de la naturaleza con la ley de la gradualidad. ¿Van viendo la herejía?

Después, en el matrimonio está la gracia en cada alma; está el pecado en cada alma. Son dos realidades diferentes: la vida divina de la gracia en cada alma, que es independiente de la vida del matrimonio, o de la vida humana o natural o carnal o afectiva o material. Independiente. Dios da una gracia al alma sin mirar su vida matrimonial. Dios no espera a la historia de los hombres, ni a sus avances, ni a sus evoluciones, ni nada de lo que piense u obre el hombre. La Gracia no está condicionada por ninguna vida del hombre, por ningún pensamiento del hombre, por ninguna vida de lástima o de peligro que tenga el hombre. Dios no tiene misericordia de los cuerpos de los hombres, sino de sus almas. Y sólo de sus almas. Un alma arrepentida de sus pecados, merece la gracia de la conversión. Pero un alma no arrepentida, aunque pase por momentos graves económicos, merece el castigo de Dios.

Adán, en el Paraíso, tenía toda la Gracia para hacer con su mujer lo que Dios le pedía. Adán en el Paraíso tenía toda la luz infusa para comprender lo que es la vida humana al detalle. No se le escapaba nada. Era el hombre perfecto, no sólo en la gracia, sino en lo humano. No necesitaba leer libros para avanzar en su conocimiento de lo humano, ni de la Creación. Todo lo sabía. Todo lo podía. No tenía que atender a la gradación de su vida humana, porque era perfecta en todo. Y, en esa perfección humana, pecó: no obró la Voluntad de Dios. Y se condenó por su pecado. Adán, desde lo más alto en su grado de humanidad, desde la perfección humana, cayó en el pecado. No tienen que ver lo humano para pecar. No se trata ni de estar arriba ni de estar abajo en la vida social o humana. No se trata de que se tengan o no se tengan problemas en la vida. Se trata de que cuando el alma quiere pecar, aunque esté en lo más alto de su vida de gracia, cae sin más al más profundo de los abismos. Y cae, no por el grado de su perfección en lo humano, sino por su malicia en la obra de su pecado: por su voluntad. Es la voluntad del hombre lo que no admite gradación. La voluntad del hombre no se mide por la ley de la gradualidad. Ningún hombre quiere porque está más alto en su vida humana o en su vida de gracia. Todo hombre quiere algo en la vida porque quiere, por la fuerza sola de su voluntad, así sea un pobre mendigo, que pasa hambre todo el día, así sea santo o pecador.

Adán comenzó otra vida con su mujer llena de imperfecciones, de maldades, de pecados, de impurezas, de miserias. Y lo hizo con su mujer, unida a ella, en matrimonio. Y es un matrimonio el mismo del Paraíso, pero en estado de pecado. El mismo matrimonio, la misma mujer, la misma familia, con más hijos, pero todo lo mismo. El mismo matrimonio que viene por la ley natural. No hay otro matrimonio. No hay otra familia.

Empezó desde la nada una nueva vida de pecado en su matrimonio. Y por más que avanzase en esa vida de pecado o en esa vida humana, Dios no le daba la gracia. Ya perdió toda la Gracia. Él tenía toda la Gracia para usar de Ella sólo en la Voluntad de Dios. ¿Iba a darle Dios, iba a retornarle la gracia sólo porque iba de grado en grado en su vida humana? Nunca. Dios no atiende a la vida de los hombres para dar una gracia. Dios sólo atiende a la vida espiritual del alma: es necesario merecer esa gracia. Y se merece con una vida de oración y de penitencia, que es lo que nadie en el Sínodo está diciendo. Todo está en la ley de la gradualidad.

Entonces, ellos se preguntan: «En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia?» (v. 17). Respuesta: No hay ninguna posibilidad para los cónyuges que viven un fracaso en su matrimonio. Ninguna. Sólo si se arrepienten de sus pecados, si hacen penitencia, entonces por la ley de la gracia, hay posibilidad. No se les puede ofrecer la ayuda de Cristo, porque esta ayuda es de la ley de la gracia, no de la ley de la gradualidad.

Ellos caminan en el lenguaje de la herejía. Y este lenguaje está en todo el documento. Tengan cuidado al leerlo, porque ellos saben hablar bien, escondiendo la verdad en múltiples palabras afectivas, bellas, que gustan a la gente de hoy día. Ellos van a poner su clave hermenéutica y, por eso, cogen el Concilio Vaticano II y le dan la vuelta, porque no han comprendido de lo que trata el Concilio cuando habla de que en el mundo hay elementos de santificación, de verdad, positivos.

Como no comprenden la Gracia que Cristo da en el Bautismo, entonces hacen más daño con sus interpretaciones del Concilio.

Tengan en cuenta que desde Adán hasta Jesús no hay Gracia: no existe la ley de la gracia. Desde Jesús, esa ley se da en todos los bautizados, aunque reciban el bautismo fuera de la Iglesia Católica. Por eso, hay elementos de santificación en almas que tienen el Bautismo, el mismo que la Iglesia da, pero que no pertenecen a la Iglesia, sino a otra religión.

Si esa persona, que ha recibido la gracia por ese bautismo, es fiel a esa gracia, entonces se va acercando a la verdad, que es Cristo. Necesita, esa persona, los demás sacramentos para poder subir en la vida espiritual, para avanzar en la vida de la gracia. Y, por eso, si esa persona es fiel a esa gracia, el Espíritu le llevará a la verdadera Iglesia, para que entre en Ella y pueda recibir los demás Sacramentos.

Por la ley de la gracia, esa persona, tiene la posibilidad de levantarse cuando peca, por el acto de contrición perfecta que la misma gracia da. Esa persona no necesita, en ese estado, el Sacramento de la Penitencia, que está en la Iglesia Católica. Y, por eso, puede volver a la gracia sin necesidad de ese Sacramento. No le obliga el confesar porque todavía no está en la Iglesia. Si es fiel a la gracia, entonces esa persona está en camino de santidad, pero fuera de la Iglesia. Y, por eso, existen elementos de santificación, que son los mismos que están en la Iglesia Católica. No son distintos. No es que en la Iglesia Católica falte un elemento de santificación que se da, entonces, fuera de Ella. No. La santidad que vive esa persona, es la misma que se vive en la Iglesia, pero de una manera imperfecta, por no tener los demás Sacramentos.

Ellos dicen: no. Esos elementos no son de la Iglesia Católica, sino formas nuevas que hay que acoger en la Iglesia. Mal interpretan todo el Concilio Vaticano II, no sólo en cuanto al matrimonio, sino a cuanto a las demás religiones.

Hay que saber bien leer e interpretar el Concilio a la luz de la fe, de los otros documentos de la Iglesia Católica. Si no, hacen como estos herejes: hacen un dogma de las palabras del Concilio.

«Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre, la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas» (v. 20).

No hay que discernir nada. Porque el matrimonio civil entre dos bautizados es un pecado. Y punto. Que salgan de su pecado, para poder recibir la gracia. Los malcasados, lo mismo: que salgan de su pecado. No hay que reconocer las semillas del Verbo en ellos porque no existe. ¿Ven el lenguaje humano tan agradable a los hombres? No hay que dirigirse con respeto a aquellos que están malcasados y en un matrimonio por civil, para apreciar lo positivo y callar sus pecados. No; no es eso. Hay que dirigirse a ellos para que vean sus pecados y lo quiten de la vista de Dios, porque a Dios no le agrada el alma que peca, sino que la aborrece. Esto es lo que no enseñan en ese Sínodo del demonio.

Se está dando culto sólo al hombre en este documento. Pero no se da culto a Cristo. No es Cristo el norte del Sínodo, sino que es sólo los hombres y sus ideas maravillosas.

Continuaremos analizando lo que queda del documento.

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