Virgen de Guadalupe

Santa Faz

Videos de interés

Análisis doctrinal del Evangelii gaudium

Visto en Sanguis et Aqua

Imitación de Cristo – Libro 1

Imitación de Cristo – Libro 2 – Avisos para la dirección interior

Imitación de Cristo – Libro 4 : Del Santísimo Sacramento

En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo


zanatema

«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

El Sínodo de los masones


xzxabomi

«Nadie en el mundo puede cambiar la Verdad. Lo que podemos y debemos hacer es buscar la verdad y servirla cuando la encontremos. El conflicto real es el conflicto interno. Más allá de los ejércitos de ocupación y las hecatombes de la los campos de exterminio, hay dos irreconciliables enemigos en la profundidad de cada alma: bien y mal, amor y pecado. ¿Y qué uso pueden tener las victorias en el campo de batalla si nosotros mismos somos derrotados en nuestro yo personal más interno?» (San Maximiliano María Kolbe “El Caballero de la Inmaculada” – Diciembre de 1940).

El Sínodo que viene no puede cambiar la Verdad, porque la Verdad es Cristo. Y los hombres de la Iglesia no pueden cambiar la Mente de Cristo con sus ideas.

Es lo que quiere hacer Kasper, que es el típico modernista, masón: «Depende de qué cosa es la verdad católica que no es un sistema cerrado sino abierto a posibles desarrollos» (ver).

La frase de Kasper es la respuesta de Pilatos a Jesús: «Todo el que es de la verdad oye Mi Voz. Y le dice Pilatos: ¿Qué es la Verdad?» (Jn 18, 37d-38).

Kasper sabe lo que es la verdad, porque conoce toda la teología, pero declara: la Verdad no es Absoluta, sino relativa. No hay una única verdad, cerrada en sí. Hay que descubrir muchas verdades. Hay que tener la mente abierta a todas las posibilidades que ofrece el desarrollo de la verdad, del dogma. Para Kasper, Cristo no es la verdad.

Para los Santos, Cristo es la verdad y, por eso, nadie en el mundo, nadie en el Sínodo, puede cambiar la Verdad.

Con esta idea del desarrollo de la verdad, este personaje quiere tumbar, también la Humanae Vitae: «Promever un sentido de que tener hijos es una buena cosa, eso es lo primario. Entonces, cómo hacerlo y cómo no hacerlo, eso es una cuestión secundaria. Por supuesto, los padres tienen que decidir cuántos hijos son posibles. Esto no puede ser decidido por la Iglesia o por un Obispo, esto es responsabilidad de los padres…los métodos naturales de planificación familiar pueden tener también un elemento artificial» (ver)

¿Ven el lenguaje del anticristo? «Cómo hacerlo y cómo no hacerlo, eso es una cuestión secundaria». Lo primario, en un matrimonio, no es tener hijos, sino el tenerlos en la Voluntad de Dios, que es lo que anula este hombre. Hay que tenerlos en la ley natural, en la ley divina y en la ley de la Gracia. Y, por tanto, hay que aconsejarse con un sacerdote por si hay dudas de cuántos hijos se deben buscar. Es Dios quien decide los hijos, no son los padres los que tienen que analizar, según sus circunstancias de la vida, cuántos hijos son posibles. Es Dios quien dice cuántos hijos quiere. Pero hay que tener vida espiritual para esto, que es lo que muchos católicos no tienen. Y, por eso, les gusta el lenguaje de Kasper: metamos también los métodos artificiales. ¿Por qué no? La Iglesia no decide los hijos. La Iglesia no es maestra, no enseña la verdad del matrimonio, no enseña la verdad de los hijos. La Iglesia está ahí para contentar a la gente y darle lo que ella pide.

¡Esto es Kasper! ¡Esto es Bergoglio! ¡Así hay muchos sacerdotes que enseñan lo mismo! ¿Y por qué? Porque no buscan la verdad ni la sirven. La destrozan con sus desarrollos de la verdad. Buscan las verdades que su razón va desarrollando, sintetizando, y a ésas sirven. Pero no pueden pararse en la verdad. No pueden apoyarse en una verdad que no cambia, que no puede cambiar, única. Y no lo pueden hacer sólo por su soberbia, que les impide ver la verdad, escuchar la voz de Cristo en sus corazones.

El conflicto real en el Sínodo es el conflicto interno en cada miembro de la Jerarquía. Si los Obispos, Cardenales, no quitan sus soberbias en ese Sínodo, entonces no van a ver al enemigo de sus almas, a ese enemigo que vive en cada alma, por el pecado original, y que batalla contra el bien, contra la verdad.

Y se van a encerrar en ese Sínodo mucha Jerarquía soberbia y orgullosa, que han echado a Cristo de sus vidas, y que realiza sus ministerios anulando toda la verdad. Jerarquía incapaz de luchar por la verdad porque el enemigo de sus almas ya los ha vencido con el pecado, con la mentira, con el error.

El Sínodo que viene no es como el Concilio Vaticano II. Es el Sínodo de la Jerarquía masónica, infiltrada en la Iglesia: Sacerdotes, Obispos, Cardenales masones, que trabajan para la idea masónica.

Ese Concilio trajo discordia, desunión y muchas almas que se dispersaron y se perdieron, a causa de los mismos Obispos infiltrados por la masonería. Este Sínodo va a traer condenación, justicia sin misericordia.

Ellos se unieron con toda clase de herejes y maestros falsos y así –muchos otros- quedaron engañados en el lenguaje de la paz y de la hermandad. Pero hubo una oposición a esos Obispos, hubo una lucha contra el mal en ese Concilio. Y se sacó un Concilio que no es herético, pero que hay que saber leerlo en la Verdad. El lenguaje resultante es espiritual, y sólo el sacerdote que está versado en teología y que es recto, no se pierde en ese lenguaje. Pero los demás, hacen del Concilio un dogma. Los fieles de la Iglesia no saben leerlo como conviene.

De ese Concilio entraron a la Iglesia muchos errores, haciendo de la Iglesia una iglesia del hombre, una iglesia sin la verdadera base, sin la verdad. Todo es el juego del lenguaje humano, que es ambiguo por los cuatro costados.

Y quienes abrieron la puerta a todos los errores no fueron los Papas, sino todos esos Obispos rebeldes, orgullosos, desobedientes, a los Papas. No fue el Papa Pablo VI el hereje. Fueron los Obispos infiltrados, que hicieron del Concilio, el juego del demonio.

«Satanás se sentó con este Concilio, y él observó su ventaja. Él ahora juega ajedrez con los Sombreros Rojos y los Sombreros Púrpuras, moviéndolos con gran felicidad a medida que observa cómo acelera el mal, y toda clase de personas que fluyen rápidamente a través de las puertas de la Santa Ciudad y de todos los cuerpos ecuménicos» (Verónica Lueken en Bayside – San Miguel, 18 de Marzo, 1976)

En el Concilio Vaticano II hubo lucha entre Cardenales y Obispos: entre la Jerarquía infiltrada y la verdadera. Ganó la infiltrada, pero no puedo romper toda la Iglesia. Sí pudo infiltrarla, imponer en Ella otros valores morales, otros mandamientos, que es la creación de Satanás.

Y muchos no comprendieron el juego del demonio y comenzaron a atacar a los Papas. Y nadie se preocupó de atacar a los verdaderos culpables: los Obispos y Cardenales que, unidos a los herejes, contaminaron a la verdadera Jerarquía en el Concilio.

¿Qué fue la comunión en la mano? La obra de unos rebeldes Obispos, que hicieron lo imposible para que el Papa firmara un documento que permitía eso. Y el Papa no pudo negarse. Esto es lo que muchos no comprenden. Y es muy fácil comprenderlo.

Los padres, en sus familias, muchas veces tienen que dejar a sus hijos viviendo en el pecado, porque no hay manera de que salgan de él. Se han vuelto tan desobedientes, tan rebeldes, que ningún castigo los transforma, ningún consejo les hace recapacitar. Y los papás, en sus casas, tienen que permitir el pecado. Y permitir el pecado no significa perder la fe, no es cambiar a Dios por la criatura, es dejar que cada uno decida libremente su vida: si mi hijo quiere seguir pecando, que lo siga haciendo.

Esto es lo que han hecho todos los Papas después del Concilio Vaticano II: ellos han visto la herejía, el cisma, la apostasía de muchos Obispos y sacerdotes, y ya no han podido hacer nada. Hay que dejarles en el pecado. Eso produce mucho mal social en la Iglesia. Pero eso es otra cuestión.

La Iglesia, como la conocíamos antes del Concilio, ya no existe. Y Roma no ha podido hacer nada al respecto. Los Papas no han podido hacer nada. Lo han sabido todo, pero han estado maniatados. El Papa Benedicto XVI tuvo que renunciar porque era imposible seguir gobernando una Iglesia con Obispos y Cardenales que lo dejaron literalmente solo en la Verdad: todos combatían el dogma, todos querían otra iglesia; y entonces ¿qué tiene que hacer un Papa? ¿Excomulgarlos a todos? Tuvo que irse, porque ya no se podía gobernar la Iglesia. Hay que dejarlos a todos en sus pecados: que hagan otra iglesia. Con el Papa Juan Pablo II, todavía se podía gobernar. Él fue valiente hasta el final. Pero Benedicto xVI sucumbió por la fuerza de los rebeldes. Y esos rebeldes ahora son los que están con Bergoglio.

Por eso, el Sínodo es totalmente diferente a lo que pasó en el Concilio. Después del Concilio, todavía había que seguir obedeciendo a los Papas. Hubo mucho mal, pero no era la culpa de los Papas. Ningún Papa legítimo es herético: son todos infalibles, es decir, no pueden caer en el pecado de herejía, de cisma, ni de la apostasía de la fe. Pueden caer en los demás pecados, porque no son inmaculados. Pero nunca en los pecados que ponen al alma fuera de la Verdad, de Cristo y de la Iglesia.

Satanás ha ido poniendo a sus agentes, a sus Obispos, a sus Cardenales, a sus sacerdotes, dentro de la Iglesia. Y la culpa de por qué la Iglesia tiene un Bergoglio, o un Kasper, o un Muller, no son de los Papas que los pusieron ahí. No echen la culpa a los Papas, porque no han podido hacer nada contra estos sujetos.

La culpa de por qué tenemos a un Bergoglio es de Bergoglio: no supo combatir el mal en su propia alma y se dedicó a escalar puestos en la Iglesia, hasta llegar a dónde quería: el Trono de Pedro.

¡Que nadie ataque a un Papa legítimo! ¡Que nadie juzgue a un Papa legítimo! Cada uno en la Iglesia tiene su culpa. Si quieren juzgar a alguien, busquen los sacerdotes, Obispos, Cardenales que rodearon a Pablo VI, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, y que no se sometieron a los que ellos decían. Y los Papas tuvieron que dejarles en sus pecados, en sus herejías, en sus rebeldías, sabiendo el mal que eso producía en toda la Iglesia. Permitieron el pecado, pero no se contaminaron con él.

Quien juzga a un Papa legítimo destruye la Iglesia. Es lo que contemplamos en todas partes desde el Concilio Vaticano II. Se ha perdido el respeto por el Papa. Y empezando por los propios Obispos, que han querido tener más independencia en el gobierno de sus diócesis y se han ido apartando, poco a poco, de Roma.

Ustedes no saben cómo está la Jerarquía en su estructura interna: sólo se dedica a cumplir leyes canónicas. Y todos imponen esas leyes si quieren trabajar en sus diócesis. Pero a nadie le interesa cumplir la ley de la gracia. Ningún Obispo está interesado por la vida espiritual de sus sacerdotes. Ninguno. Todos están abocados a la vida humana, a dar contento al pueblo. Y, por tanto, exigen una obediencia de sus sacerdotes a la mente del Obispo. Los sacerdotes tienen que pensar como piensa el Obispo. Y si no se le siguen el juego, si en algo no les gusta, el sacerdote tiene que buscarse otra diócesis para seguir trabajando. No hay vida espiritual en ninguna diócesis de la Iglesia. Todos los Obispos están contaminados de humanismo: el lenguaje preferido de Bergoglio. Y ¡ay si se predica algo que no va con el hombre! ¡No prediques infierno, pecado, purgatorio, cruz, sufrimiento, penitencia…! Si predicas eso, te echan de la diócesis. Hay que ir a lo que le gusta al pueblo: hay que tocar temas que son la comidilla del pueblo: derechos humanos, injusticiias sociales… Pero no prediques que Bergoglio o el Obispo de la diócesis son herejes, porque te echan sin más. No te metas con la Iglesia. Son todos muy santos. No te metas con las misas sacrílegas que muchos Obispos hacen en sus diócesis. ¡No hay vida espiritual en la Iglesia desde hace mucho!

Por lo tanto, ¿qué es el Sínodo que viene? La reunión de muchos Obispos contrarios totalmente al dogma, a Cristo y a la Iglesia. Son ellos los encargados de levantar la nueva iglesia que Bergoglio ha fundado en el Vaticano. Ya no habrá la oposición que existía en el Concilio Vaticano II.

¿Es que no tiene inteligencia? ¿Qué es Muller? Un hereje, un cismático y un apostata de la fe. ¿Y cómo Muller puede estar de acuerdo en que no se dé la comunión a los malcasados? ¿Es que se ha convertido? ¿Es que pertenece a la Iglesia Católica de nuevo? No. Ustedes tienen que comprender que entre los herejes, los cismáticos y los apóstatas, hay sus grados, sus perfecciones en el mal, en el error.

Bergoglio y Kasper son los que lo niegan todo: todos los dogmas y todas las partes de los dogmas: es decir, llegan hasta lo que es doctrina católica en teología, hasta lo cierto en teología. Para ellos, en teología no hay nada cierto. Todo es relativismo. No sólo niegan lo que es de fe divina y católica, sino todo lo demás que surge del dogma.

Pero Muller no llega a esa perfección y, por tanto, en su pensamiento herético, no ve la necesidad de dar la comunión a los malcasados. Pero eso no significa que ya dejó de negar la Resurrección, el pecado, la Inmaculada, etc. Él sigue en eso. Él es un hereje pertinaz, pero no perfecto en la herejía. No niega todas las verdades. Niega aquello que le conviene y se pone de parte de los buenos.

Esta es otra trampa. Eso es fariseísmo: soy santo con los santos y soy pecador con los pecadores. Doble vida es lo que muestra Muller. Y esta doble vida está en mucha Jerarquía del Sínodo. Defiendo que los malcasados no pueden comulgar, pero anulo la divinidad de Jesucristo. Esto es la maldad de la Jerarquía masónica. Esta es la maldad que hay en el Sínodo.

Por eso, son poquitos los Cardenales y Obispos que sean buenos en ese Sínodo y que puedan hacer lo se hizo en el Concilio Vaticano II. Ya no lo van a poder hacer. Ya no.

Se ha iniciado el tiempo de la Justicia. Ha sido consolidado la Cabeza de Apostasía en el Vaticano. Esa Cabeza ya no la mueve nadie. Se ha cumplido la primera parte del secreto de Fátima, que no ha sido revelado a la Iglesia. En esa parte, ocultada a todos, se hablaba de dos Papas en Roma y uno de ellos bajo Satanás.

En este tiempo del nuevo gobierno de la cabeza de Satanás, todos han tenido tiempo para ver la maldad en Roma. Y no hay excusa para nadie. Por muchos caminos se ve que Bergoglio no es Papa. Por muchos caminos. Dios ha dado luz a todo el mundo. Y ahora comienza el tiempo de la Justicia. Ahora, los que tienen que salir de Roma, saldrán. Pero los que han decidido quedarse con Bergoglio, ya no hay Misericordia para ellos, porque la cabeza de Apostasía ya ha sido consolidada por el demonio: ha sido aceptada por la Iglesia.

Y, por tanto, la nueva iglesia en el Vaticano ya no puede salvar; y es necesario salir de ella. Es la iglesia del demonio, que condena sin más, por el solo hecho de unirse a ella, de obedecer a su cabeza apóstata, de hacer lo que ellos dicen.

Y, por eso, el Sínodo condena a todos. Ya no sólo va a crear discordias, disensión, desunión. Quien lo acepte se condena, porque va a aceptar una mentira como verdad. Por tanto, va a quedar ciego para la verdad y perderá totalmente la fe. No puede salvarse. El sínodo condena. Y los que condenan son los propios Obispos, que son masones, son lobos vestidos de cordero, para matar la vida espiritual de las almas y dárselas al demonio.

En 1998, el fallecido P. Malachi Martin afirmó en el programa “The Art Bell Show” que, a principios de febrero de 1960, cuando era Secretario del Cardenal Bea, tuvo la oportunidad de leer el Tercer Secreto de Fátima, que, según él, estaba escrito en una sola hoja de papel.

Un oyente del programa intervino: «un sacerdote jesuita me dijo más sobre el tercer secreto de Fátima, hace años en Perth (Australia). Él me contó, entre otras cosas, que el último Papa estaría bajo el control de Satanás, pero fuimos interrumpidos antes de que pudiéramos oír el resto. ¿Algún comentario sobre esto, padre?»

El padre respondió: «Sí; me suena que esto que ellos estaban leyendo o se dijo, como el texto del tercer secreto de Fátima. Parece auténtico. Me hace titubear, pero suena como el secreto»

Lo tienen en el video: minuto 10:04 al 11.

Bergoglio es decadencia, destrucción e iniquidad


49798-popefrancismasonictimes

Bergoglio es tres cosas: decadencia, destrucción e iniquidad.

1. Decadencia en su sacerdocio porque no tiene el Espíritu de Cristo y, por lo tanto, se dedica a hacer obras para el hombre, para el mundo, lo social, lo político. Obras sin Cristo, sin verdad, que no son camino para llevar las almas al Cielo, que es lo que todo sacerdote tiene que ser en la Iglesia.

Y esta decadencia en lo espiritual se refleja en todo el actuar humano de este hombre. Si se vive una vida espiritual contraria a la vocación divina, entonces la vida humana es de acuerdo a esa decadencia. Y, por eso, sus obras, sus escritos, sus palabras, son también, en lo humano, una insensatez. Si un sacerdote o un Obispo no enseña la verdad en la Iglesia, tampoco enseña a vivir rectamente en lo humano. Tampoco es maestro de lo humano, porque no es maestro de lo divino.

Bergoglio no es maestro de nada: es decadencia. No reforma nada, no innova nada, no señala ningún camino. Su magisterio no es papal; está en un cargo que no es papal. En el mundo, hay hombres que, sin ser católicos, son más interesantes, en sus vidas y en sus escritos, que Bergoglio. No merece la pena dedicarse a leer los libros de este hombre ni a seguir su vida: no tiene nada que ofrecer ni al hombre ni a la Iglesia. Es un degenerado en lo humano y en lo espiritual.

2. Destrucción de Cristo y de Su Iglesia, porque está en ese cargo para aniquilar toda la doctrina de Cristo y todo el Magisterio de la Iglesia. No levanta la Iglesia en la Verdad, sino que las destruye con su mentira, con sus engaños, con sus bonitas palabras sociales, políticas, económicas, humanas, naturales, carnales, que agradan a todo el mundo, porque está sediento de la gloria de los hombres. Busca el aplauso, la alabanza, el conseguir un encuentro, una idea motriz que aúne a los hombres y se dediquen a obrar anulando la Iglesia.

Su gobierno horizontal es el eje de su destrucción, es el motor. Aquí inicia su nueva iglesia con una nueva doctrina. Esa nueva iglesia es falsa en todo, porque está apoyada, no en Pedro, sino en muchas cabezas, en una horizontalidad. Y, en esa falsedad, tiene que predicarse un falso cristo: el de su misericordia barata, sin Justicia. Es una doctrina que lleva tres ideas claves: la idea de la masonería, la del protestantismo y la del comunismo. Con estas tres filosofías, Bergoglio da su lenguaje ambiguo a todo el mundo. Por eso, su magisterio no es papal.

Los otros Papas se centraban en la doctrina católica. Y tenían otras ideas, pero no producían ambigüedad. En Bergoglio lo principal es su ambigüedad. Y, después, él da un poco de doctrina católica, pero de pasada, en su lenguaje barato y blasfemo, para contentar a los católicos. Bergoglio habla para todo el mundo, pero no para la Iglesia Católica. Los otros Papas hablaban para la Iglesia Católica; después tenían palabras para los demás. Esta es la gran diferencia entre un destructor y un constructor.

Bergoglio destruye la Verdad; los otros Papas se dedicaron a defender la Verdad, la Iglesia Católica. Bergoglio no defiende la Verdad porque no hay verdad en él. Por eso, se ha enojado contra los Cardenales que han escrito el libro sobre la doctrina católica del matrimonio. Él quiere que todo el mundo piense como él. Esto es lo propio de un destructor: va seduciendo a los demás para que acepten su idea destructora. Es lo propio de un falso Papa: no hay verdad en él; no hay línea de catolicidad; no hay continuidad en el Papado.

En los otros Papas, sí había verdad, sí había continuidad con los anteriores. Y, por eso, eran legítimos. Nunca cayeron en la herejía, ni material ni formalmente. Bergoglio, desde el principio, cae en la herejía. Desde el principio de su reinado, que no es pontificado. Es un falso pontificado. Es un falso Papa. Esto es lo que a la gente le cuesta decir, porque no ha comprendido lo que es un Papa en la Iglesia, la misión de un Papa en la Iglesia.
pies

Bergoglio no sabe lo que es un Papa. Ha vivido toda su vida rodeado de Papas y nunca los ha obedecido. Nunca se ha sometido a la mente de un Papa. Nunca. Siempre ha hecho en la Iglesia lo que ha querido y como lo ha querido. Y, por supuesto, ha sido hábil en darse a conocer a los Papas. Es fácil poner cara de santo. Es fácil vestirse de humildad, bajar la cabeza delante de un Papa y besarle el anillo. Eso lo hacen todos. Y la humildad no está en eso. Se es humilde porque se da testimonio de la Verdad ante cualquiera, sea Papa, sea Obispo, sea sacerdote, sea fiel la Iglesia. Y esto es lo que nunca ha hecho este hombre. Se pone la careta de humildad y de pobreza, que es como consigue engañar a todo el mundo. Y, después, obra el pecado. Así inició su reinado en el Vaticano: quiso pagar el alquiler de su habitación y después, a los pocos días, lava los pies a las mujeres, insultando a Cristo en la Misa más importante de todas. Esto es destruir la Iglesia con las ropas de la humildad y de la pobreza. Esto es ser un lobo vestido de piel de oveja. Y esto es lo que mucha gente no sabe discernir porque ya no tiene vida espiritual. Y enseguida salen con la política: es que los tradicionalistas no perdonan a Bergoglio que haya lavado los pies a las mujeres.

La Iglesia es Cristo y es para hacer las mismas obras de Cristo en Ella. Esto es lo que no hace Bergoglio. Y nunca lo va a hacer. Nunca. Él hace sus obras en su falsa iglesia con su falso doctrina sobre Cristo.

3. Iniquidad es la obra de Bergoglio en el Vaticano.

El Misterio de iniquidad se ha abierto con la subida al poder de este hombre. Es el hombre que necesitaba el demonio, que es el que actúa en todo el grupo masónico que rige el Vaticano, para poner al Anticristo en el Trono de Pedro.

Lo único que le interesa al demonio es poner su hombre rigiendo la Iglesia Católica. Esto ha sido toda su lucha desde que Cristo inició Su Iglesia en el Calvario. Por eso, en la historia de la Iglesia ha habido tantas cosas: cismas, herejías, apostasías, etc. Es el demonio el que ha turbado la Iglesia con su misma Jerarquía, que se ha prestado para este servicio.

Los hombres de la Iglesia tienen la historia de 2000 años de Iglesia y no han aprendido nada. Sube un Bergoglio y todos lo adoran. Esto es la iniquidad.

La iniquidad se manifiesta en sus obras: el Papa en la Iglesia es obediencia. Todos tienen que obedecer. Pongamos a un hombre, que es un demonio, para que todos le obedezcan. Esta fue la primera jugada del demonio, en la que todos o casi todos cayeron. Han dado obediencia a uno que no se lo merece.

La primera obra de la iniquidad en el Vaticano: poner a Bergoglio como Papa para conseguir el sometimiento de todos. Que todos sigan lo que diga ese falso Papa. Así se va abriendo el camino para algo más en la Iglesia. Si todos se acomodan a un falso Papa y lo llaman como verdadero, entonces el demonio puede hacer más en el Papado. Se rompe la Iglesia desde Su Cabeza, no desde sus miembros. Los miembros pueden ser cismáticos y herejes, pero si la cabeza es recta, la Iglesia sigue sin más, porque la sostiene Su Cabeza, Su Papa legítimo. Pero si se consigue hacer renunciar al Papa legítimo y poner el Papa del demonio, entonces la Iglesia cae en toda la decadencia y se destruye por sí misma.

Como todos han dado obediencia a uno que no es Papa, entonces viene ahora la jugada maestra del demonio. Un Bergoglio no puede sostenerse mucho tiempo en la Iglesia. Todos, los buenos y los malos, ven la calidad de ese hombre. Todos acaban por darse cuenta de lo que, en verdad, hay en ese hombre. Y ese hombre es sólo un vividor. Y no más. No es un teólogo. No es un intelectual. El demonio necesita una cabeza que rompa el dogma. Y esto es lo que viene ahora.

Una vez conseguido quitar la verticalidad; una vez que se han puesto a los hombres en los puestos claves en el vaticano y fuera de él, en las demás diócesis; ahora es necesario un hombre inteligente. Porque la división es muy clara, en todos los aspectos. Y la Verdad está ahí para todo el mundo. Pero los hombres no les gusta la verdad, sino sus verdades. Y esta es la fuerza que tiene ahora el demonio en toda la Jerarquía.

Es una Jerarquía que está sometida a un lenguaje humano, que le incapacita para decir éste es hereje, cismático, no lo sigan. ¿Quién en sus parroquias escucha de labios de sus sacerdotes que Bergoglio es hereje? Nadie. No se atreven porque siguen una teología que les impide juzgar al otro y que les oscurece la mente para decir: esto es mentira, esto es herejía, esto no se puede seguir.

La verdadera teología católica ya no está en la Jerarquía. Ha sido el trabajo de muchos años para conseguir esto. La Jerarquía ya no tiene las ideas claras sobre lo que es la verdad y sobre lo que es la mentira. Son muy pocos los que se apoyan en la verdad Absoluta. Son muy pocos los que dicen que existe una única verdad. Por eso, no pueden llamar a Bergoglio como falso Papa. No pueden. En sus teologías, ya no se da esta verdad. Los hombres de la Iglesia están oscurecidos por toda la política que en el Vaticano se muestra. Y prefieren hacer lo políticamente correcto que predicar la Verdad, que dar testimonio de la verdad. Por eso, dicen: hay que seguir obedeciendo a Roma.

Esto es otra obra de la iniquidad en la mente de toda la Jerarquía. Es el trabajo del Anticristo, que posee la mente: la pervierte. Pone muchas ideas y lo confunde todo. Hay mucha Jerarquía contaminada por el demonio. Y esto es un triunfo del demonio en muchos sacerdotes y Obispos. Esto, después, se refleja en todos los demás miembros de la Iglesia. ¿De qué se llena ahora todas las parroquias? De gente tibia y pervertida que no sabe nada del dogma, de la tradición de la Iglesia. Sacerdotes y fieles que se dedican a lo social, a lo político, a lo económico. Y lo hacen en nombre de Cristo.

Con Bergoglio han aparecido todos los tibios en la Iglesia. Todos. Toda esa gente que vive cualquier cosa en una misa, en un apostolado, en unos sacramentos, menos la verdad. Y, claro, les agrada la doctrina de Bergoglio: vivimos en nuestro pecado y ya podemos comulgar. La ley de la iniquidad: conseguir que el pecado ya no sea pecado, ya no se mire como pecado, sino como un valor. Las soluciones pastorales que son soluciones políticas, de intereses creados por los hombres.

¿Qué viene ahora para la Iglesia? Un falso Sínodo. Es la jugada maestra del demonio. Todos tienen que obedecer a Bergoglio, aunque mande un pecado. Es la fuerza del demonio: ha puesto a un hombre como Papa. Y todos en la Iglesia tienen que obedecerlo. Durante 18 meses nadie se ha levantado para decir: no obedezco a Bergoglio. Esta es la señal de lo que viene después de ese Sínodo. El pecado va a ser una ley, una obligación: tienes que dar la comunión a los malcasados. Si no la das, excomulgado, porque no obedeces al Papa.

Esto es el cisma, que nadie ve, que a nadie le interesa, porque nadie se pone en la verdad. Nadie sabe lo que es la Verdad. Todos están en sus verdades, que no es la de Cristo. Nadie llama a las cosas por su nombre. Nadie. Todos siguen su teología ambigua, que les oscurece todavía más y que les lleva a condenar la misma doctrina católica. Todos critican a todos los papas anteriores. Y nadie critica a Bergoglio. Es la obra maestra del demonio.

Bergoglio es un patán: eso todo el mundo lo ve. Pero todos tienen miedo de decirlo con claridad. Bergoglio ya no le sirve más al demonio. Pero tiene que quitarlo de la manera más honrosa. Él lo ha llevado a la santidad: todo el mundo lo proclama santo en sus herejías. No ha podido matarlo para oscurecer más a los tibios y pervertidos en la Iglesia. Pero puede hacerle renunciar de una manera que la Iglesia la acepte: acepte el engaño de su renuncia. Todos los tienen como Papa, todos han aceptado su gobierno horizontal, y él está creando división en todas partes. Una forma de renunciar: me voy y deje a este personaje que siga con todo este lío, que aclare las cosas. Dejo a un hombre de mi gobierno horizontal. Y yo me dedico a mi vida que me gusta tanto.

Es necesario poner las nuevas leyes en el gobierno horizontal: es un poder político, en donde se nombran jefes como se hace en el mundo: por votación, por referéndum. Hagamos leyes para poner papas eméritos sin necesidad de cónclaves. Esto es lo que viene ahora a la Iglesia. Hay que romper el dogma. Y hay que empezarlo a hacer ya. El sínodo es el principio. La familia es el comienzo de la obra de la iniquidad. Y después vendrán otras cosas, porque todo está unido.

No es fácil romper la Iglesia desde la cabeza. Pero no es imposible. Y el demonio no se va a echar para atrás una vez que ha conseguido su objetivo: poner su bufón en el Trono de Pedro. Ahora tiene que continuar su obra: hay que poner al temido, al que da excomuniones si no le obedecen.

El cacao mental de Bergoglio


jmc

«Dos Papas no pueden subsistir en el Vaticano. Y quien quiere destruir a Mi Iglesia no puede ser Mi Vicario… mas sí vicario de Satanás… y entonces de Mi Casa se debe ir, porque el Trono que se ha tomado… lo ha tomado con el engaño, y no tiene valor a Mis Ojos, aún quedando en los papeles» (ver).

El Papa verdadero Benedicto XVI no puede estar donde se encuentra Bergoglio, falso Papa. Tiene que irse el falso Papa porque no es Papa. Es un hombre que quiere destruir la Iglesia de Cristo. Ahí están sus obras clarísimas en 18 meses: obras de abominación, obras de herejía, obras de cisma.

Bergoglio es el vicario de Satanás: la boca del diablo. El que habla palabras malsonantes, pero dichas en la seducción del lenguaje humano. Un hombre que no ha sido capaz de romper con el pecado, porque se ha pasado toda su vida rompiendo con la Mente de Cristo.

Bergoglio es experto en «introducir disimuladamente herejías de perdición» (2 Pe 2, 1c); es decir, sin que la mente se dé cuenta de la herejía, porque en el lenguaje humano que se utiliza, se da una vuelta a la herejía y no se dice, sino que sólo se resalta aquello que interesa en el discurso. Se dice una media verdad, que está sustentada por un pensamiento herético que se escapa a la mente. Es simular que se dice la verdad, que se está hablando la verdad, pero que es necesario tener la mente fija en una cosa, no en toda la verdad.

Esto es siempre Bergoglio. Siempre.

«Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre» (ver).

Todo este párrafo es una herejía pertinaz para aquel que ya comprende el lenguaje simulado de Bergoglio. Para quien no lo ha captado, aquí Bergoglio no dice ninguna herejía.

El texto de la Escritura es el siguiente: «Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas Al que era Poderoso para salvarle de la muerte, fue escuchado por su reverencial temor. Y, aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la obediencia, y por ser consumado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna, proclamado por Dios Sumo Sacerdote, según el rito de Melquisedec» (Hb 5, 7-9).

Como ven: el día y la noche.

«Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres»: este es el invento de Bergoglio sobre este pasaje. Este pasaje se centra en el sufrimiento de Cristo en el huerto. Jesús carga con todos los pecados de todos los hombres, suda sangre, y le pide a Su Padre que pase de Él este cáliz. Y Su Padre dice: no; hay que beberlo: «Y, aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la obediencia».

¿Dónde está que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre? No está en este pasaje y en ninguna parte. ¿Por qué dice esto Bergoglio? Por su herejía, que aquí calla: «Jesús no es un espíritu. Es un hombre, una persona como nosotros, pero en la gloria» (28 de octubre 2013). En la mente de este hombre, como Jesús no es Dios, no es el Verbo Encarnado, sino una persona humana, entonces ha nacido para ser hombre, para estar con los hombres, para caminar con ellos.

En esta sola frase se esconden muchas otras herejías. Jesús es el Camino: luego, Jesús no viene a caminar con los hombres, sino a indicarles el camino: hay que ir detrás de Jesús, pisando sus huellas. Jesús no va al lado del caminante, que es lo que le gusta a la gente: el sentimiento fofo de ver a Jesús como un amigo, olvidándose que es el Maestro que enseña el camino; enseña a caminar, enseña su misma vida.

Jesús no vino a aprender a ser hombre, sino a destruir las obras del pecado y del demonio: Jesús «se manifestó para quitar de en medio nuestros pecados» (1 Jn 3,5), «por quien ahora obtuvimos la reconciliación» (Rom 5, 11b). «Para esto se manifestó el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8), para que «también nosotros en novedad de vida caminemos» (Rom 6, 4b). Quien vea a Jesús como aquel que se dedica a leer libros, a socializar con la gente en internet, trabajar para ganarse el pan, etc…, sigue el mismo pensamiento de este hereje.

Los tibios y pervertidos no ven esto: no ven la mentira de esta frase. Y no la pueden ver, porque son como Bergoglio: viven para dar culto a la humanidad. Lo humano es lo principal en el lenguaje simulado de Bergoglio. ¡El hombre! Jesús como hombre, pero nunca como Dios. ¡Nunca! Y, por eso, Bergoglio, en esta primera frase, anula la obra de la Redención. Pero, claro, esto los teólogos modernistas no se lo creen, por el lenguaje ambiguo que usa este hombre. Y en atención a ese lenguaje ambiguo, entonces no puede decir que Bergolgio es hereje manifiesto.

Así es como Bergoglio engaña a todo el mundo. Hasta a los grandes teólogos: esconde su herejía. Simula una verdad, la que interesa decir. Es una media verdad, fundamentada en una herejía.

Este hombre mete a Adán y lo centra, no en su gran pecado, sino en la promesa: «Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos». Pero, ¿en qué promesa? Si la promesa fue a Abraham, no a Adán. Si desde Adán hasta Moisés sólo reinó la muerte: «reinó la muerte desde Adán a Moisés, aun sobre los que no habían pecado a imitación de la transgresión de Adán» (Rom 5, 14).

¿Ven el cacao mental de Bergoglio? En el Paraíso, cuando Adán peca, hay una Justicia de Dios, un castigo. Y, en ese castigo, una misericordia que Adán no puede ver, porque está en su pecado. Adán tiene que obrar su pecado. Y, en esa obra, Dios le pone un camino para su arrepentimiento. Pero la humanidad no se libera del pecado de Adán por el arrepentimiento de éste, sino por la promesa que Dios hace a Moisés y a todos los profetas: el Nuevo Adán, que es el Mesías. Promesa fundamentada en la fe de Abraham, no en Adán. Adán ya no sirve para nada: sólo para pecar.

Bergoglio anula de un plumazo el pecado original en esta sola frase. Quien comprenda la mente de Bergoglio, en seguida ve por qué Bergoglio dice esto: por qué –dice- que Adán sale del paraíso con una promesa. Adán no pecó. Eso es una fábula de los hombres. El hombre, en su naturaleza humana, está siempre en proceso. Y, por tanto, el mal del Paraíso es que Adán no comprendió su comunicación consigo mismo y con los demás. Falló en el proceso. Entonces, sale del Paraíso para llegar a ese proceso último, con el tiempo, con la ciencia, con la técnica, con las culturas, etc. Este es su pensamiento ecológico. Su próxima basura intelectual es darle al mundo la abominación de poner el amor a la creación por encima del amor a Dios.

Entonces, Bergoglio mete a la Virgen. Él se basa en el otro texto de la liturgia de la misa de ese día: «Estaba junto a la Cruz de Jesús Su Madre…. Jesús, viendo a Su Madre, y junto a Ella al discípulo que tanto amaba, dice a Su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: He ahí a tu Madre» (Jn 19, 25-27). En este texto está la Corredención de María, su maternidad espiritual, el ser Madre de la Iglesia.

¿Qué dice esta basura de hombre? «También la Madre …participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre». Por tanto, para Bergoglio, María es una mujer, porque Jesús es un hombre. María es la madre del hombre Jesús. No es la Madre de Dios, porque Jesús no es un Espíritu, no es Dios. Por lo tanto, María aprende a ser mujer, aprende una vida humana. Aprende a caminar con los hombres, a meterse en la vida de los hombres, a sufrir, porque estaba en la Cruz sufriendo. Y allí se volvió loca:«¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!» (20 de diciembre 2013).

Pero la insensatez de este hombre no para aquí.

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre, y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

Tenemos dos madres: la madre María y la Iglesia como Madre. ¡Y solamente hay una Madre: la Virgen María! Esto es tan importante entenderlo, que si no se comprende se cae en esta herejía de Bergoglio.

María es la Madre de Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia. Y, por tanto, María es la Madre del Cuerpo de la Cabeza, es decir, es la Madre de la Iglesia: «Y una gran señal fue vista en el cielo: una Mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, la cual llevaba un Hijo en su seno, y clamaba con los dolores del parto y con la tortura de dar a luz» (Ap 12, 1). Una gran señal: una Mujer. No dos mujeres. Una Mujer que da a luz a Su Hijo, que es la Iglesia. Una Mujer que da a luz a la Iglesia. La Iglesia es hija de María, en un sentido acomodado, no en un sentido real; porque la Virgen María es la Madre de Cristo: sólo tiene un Hijo. No tiene una hija.

La Iglesia es madre porque da el Bautismo a las almas, porque hay sacerdotes que administran la gracia. Pero, ¿quién ha conseguido la Gracia del Bautismo, quien es la Madre de los sacerdotes? La Virgen María, la cual se ha unido a Cristo en la Obra de la Redención, siendo el cuello por donde Dios da la Gracia a las almas. Sin María no hay gracia del Bautismo. Sin María no hay sacerdotes que administren el Bautismo. Sin María no hay Iglesia.

¿Quién ha dado a luz en el Dolor? La Virgen María es la que ha engendrado la Iglesia en el Dolor del Calvario. Cristo murió y, al morir, hizo nacer Su Cuerpo Místico. La Iglesia nació en el costado abierto por la lanza: en esa Sangre, en esa Agua, de ese cuerpo muerto en la Cruz (cfr.Jn 19, 34). Y, cuando la lanza atravesó el costado de Cristo muerto, una espada atravesó el alma de María (cfr. Lc 2, 35). Ahí, la Virgen dio a luz a la Iglesia. Es un nacimiento místico.

Y la puso en sus brazos, como una Madre pone en su regazo a su hijo. La Virgen María, en el Calvario, mostró al hombre el camino para salvarse: la Iglesia. Fuera de Ella no hay salvación. Se muestra como Madre de la Iglesia. Su Hijo es la Iglesia. En sus brazos, estaba Su Hijo muerto: ahí está toda la Iglesia. Ahí está el Cuerpo Místico de Cristo, en ese Cuerpo muerto en brazos de Su Madre. Ahí, en el Dolor, la Madre llama a todos a unirse a Su Cabeza: a los padecimientos y a la muerte de Su Cabeza, para tener vida: «Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con Él; sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, no muere ya más, la muerte sobre Él no tiene señorío» (Rom 6, 8). Porque eso es la Iglesia: almas que se unen mística y espiritualmente a Cristo.

Hay una sola Madre, no dos. La Iglesia tiene que recorrer el mismo camino de Jesús. ¿Cuál? La Cruz. Pero, ¿cuál es ese camino para Bergloglio? La vida humana: caminar con los hombres, estar en sus problemas, dedicarse a alimentar estómagos, inventarse las escuelas ocurrentes, en donde se da cualquier educación, menos la católica. (ver)

«Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante». Esto es realmente asqueroso. Leer esta bazofia de escrito da nauseas. El cristiano, para este subnormal, tiene dos mujeres: María y la Iglesia. ¿Dónde está este pensamiento en toda la Tradición de la Iglesia? ¿Dónde? ¿Enseña esto la Iglesia en su magisterio ordinario y extraordinario?

¿Qué proclamó el Papa Pablo VI?

«Así, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este título» (Papa Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, en la sesión de clausura de la 3ª etapa del Concilio Vaticano II. (AAS 56 [1964], 115) ver)

¿Por qué Bergoglio dice: «generan a Cristo en nosotros…sin la Iglesia no podemos ir adelante»?. Por la concepción que él tiene de la Iglesia, como pueblo, como comunidad de personas, como gente que se reúne para discutir cosas y llevarlas a la práctica.

Para Bergoglio, la Iglesia carece de fin en sí misma: sólo posee un fin humano, el que le ponen los hombres. No tiene un fin divino. Por tanto, en el pensamiento de este idiota, la iglesia como conjunto de hombres engendra la idea de Cristo en cada hombre. Esto es su gran herejía.

La Iglesia no engendra a Cristo. Es la Virgen María la Madre espiritual de las almas. Es Ella la que engendra a Cristo en cada alma. No es la Iglesia. No son los sacerdotes. No son los miembros de Cristo. Los sacerdotes son instrumentos de la Gracia, pero no tienen la capacidad de engendrar a Cristo en las almas. Bendicen, administran los sacramentos, etc. Pero es sólo la Virgen María la que pone a Cristo, en la fe y según la fe, de cada alma. Y, por tanto, sin la Virgen María, la Iglesia, los sacerdotes, los miembros, no caminan. El que ama a la Virgen ama a la Iglesia, porque ama a Cristo, que es la Iglesia.

Pero quien ama a la Iglesia no necesariamente ama ni a Cristo ni a la Virgen María. Hay muchos que aman su iglesia, la concepción que ellos tienen de la Iglesia. Pero no aman ni a Cristo ni a Su Madre. Esto es Bergoglio y toda su pandilla de inútiles herejes.

Y, para acabar con esta idiotez de este personaje: «Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia”. Nuestra alma es una mujer: es femenina; cercana a esa dos grandes mujeres: María y la Iglesia.

¿Y después dicen que la doctrina de Bergoglio es católica? ¡Por favor! No digan tonterías. Claramente, Bergoglio tiene un cacao mental en su vida como sacerdote, como Obispo y como hombre que lidera la iglesia de los necios, estúpidos e idiotas.

«y entonces de Mi Casa se debe ir, porque el Trono que se ha tomado… lo ha tomado con el engaño, y no tiene valor a Mis Ojos, aún quedando en los papeles».

¡Vete Bergoglio del Vaticano! ¡Vete de la Iglesia Católica! Te lo manda el mismo Dios. Y cuando Dios habla, Su Palabra se obra sin más.

Vete con tus teorías de la feminidad del alma humana, porque eso te viene de tu panenteísmo, de haber hecho de tu idea humana un dios para ti mismo. Y, por eso, no comprendes que el alma del varón no es el alma de la mujer. Son dos almas diferentes, porque son dos sexualidades distintas. Un alma de varón para un cuerpo de varón; un alma de mujer para un cuerpo de mujer. Si esto no lo tienes claro, entonces es claro tu cacao mental.

¡Vete Bergoglio con tu cacao mental a tu pueblo y allí pasa tus últimos días en la feminidad de tu estúpida alma!

Bergoglio se va, pero haciendo mucho daño. Es el destino de todo falso Profeta. No son los importantes. Son los que entretienen a la masa, mientras otros obran en lo oculto.

Roma hechizada por las palabras de un bufón


zxcv

«Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso, fue objeto de aversión; cuantos antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro» (Lam 1, 8).

Jerusalén, en este primer capítulo de las Lamentaciones, es la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo (cfr. Col 1, 24), como Esposa de Cristo, a la cual Cristo amó y se entregó por Ella (cfr. Ef 5, 29). Iglesia desolada, que se sienta «como viuda», que «llora amargamente» y que le «fallaron todos sus amigos y se le volvieron enemigos» (Ib., v.1)

Somos miembros místicos del Cuerpo de Cristo, hijos espirituales de Su Esposa, que tienen que pasar por la vía dolorosa de la Pasión y de la Muerte de Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia, para después resucitar, de manera esplendorosa, en el Reino de la Paz.

La Iglesia no es algo abstracto, no es un conjunto de hombres: son almas unidas a Cristo, por lazos místicos y espirituales, que forman una sociedad perfecta. Y hay muchas almas que se han vuelto enemigas de Cristo y de Su Iglesia. Y permanecen dentro de Ella con un rostro de amigo, pero con obras de enemigo. Hay muchas que no son Iglesia, que no pertenecen a Ella, a pesar de que tengan y reciban los Sacramentos.

La Iglesia tiene que sufrir y morir, como lo hizo Su Cabeza. Mas «las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18), porque Cristo ha vencido a todo el infierno en Su Cruz. Y también la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, debe vencer a todo el infierno, en la Cruz, abrazada a Su Cabeza.

Pero es una batalla dura que los miembros de Cristo tienen que pasar. No es un juego de niños. Es una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). Muchos perderán la fe en Cristo y en Su Iglesia. La persecución a los verdaderos católicos, a la verdadera Jerarquía, desvelará el Misterio de la Iniquidad.

Un gran cisma va a ocurrir en el interior de la Iglesia. Este cisma ya ha comenzado, de manera silenciosa, con la usurpación del Trono de Pedro y con el establecimiento de un gobierno horizontal en el Vaticano, que lleva al gobierno mundial de un solo hombre. Pero este cisma no será público hasta que no quiten la Eucaristía, el Sacrifico Perpetuo (cfr. Dn 9, 27).

Este cisma es una gran división: una iglesia modernista, liderada por un falso papa o falso Profeta; y una Iglesia remanente, que es la que defenderá la Tradición Divina, el Magisterio Auténtico de la Iglesia y la Palabra de Dios, como valores inmutables y perfectos para todos los hombres.

La iglesia modernista ya ha comenzado con Bergoglio y su grupo horizontal, que es un grupo de anticristos. Pero es el inicio. Debe todavía consolidarse en toda maldad: «Muchos de ellos, gritando y levantando sus voces, presentarán mentiras, no sólo contra las leyes establecidas por Mis Enseñanzas. Lo que realmente quiere es crear un nuevo dios. La nueva figura guiadora de Mi Iglesia, será promovida como cualquier elección de alto perfil de líderes políticos» (MDM – 14 nov. 2012).

Bergoglio fue elegido canónicamente, según las leyes canónicas, pero no según la ley de la Gracia. Su elección al Trono es nula por la Gracia; es válida según las leyes canónicas. Atendiendo a estas leyes, él gobierna como Obispo de Roma, pero sin el Primado de Jurisdicción. Es decir, sólo con un poder humano, ya que el poder divino, que le venía del Papa legítimo, queda anulado por su herejía pertinaz. No es, por tanto, Papa, sino un falso Papa.

Bergoglio ha puesto su gobierno horizontal sin colocar nuevas leyes que rijan esa estructura en horizontal. Y, por tanto, el ejercicio de su gobierno humano tiene que hacerse ocultamente, porque todavía se apoya en las leyes de la verticalidad. Y están trabajando para poner nuevas leyes y así elegir falsos papas como se hacen en el mundo. Por eso, Bergoglio no es la persona del Falso Profeta, no es el falso Papa. Es el inicio necesario para instalar al falso Papa, que es elegido a dedo por los hombres, y así se cumple la profecía de San Francisco de Asís: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Ese hombre elegido no canónicamente es el que, en verdad, destruye la Iglesia: «Muchos autoproclamados eruditos de la iglesia pronto cuestionarán Mi Verdadera identidad y la Existencia de la Santísima Trinidad. Usarán grandiosos argumentos para cegaros a la Verdadera Palabra de Dios, y usarán todo tipo de argumentos teológicos, para demostrar que todas las religiones son iguales. Pronto van a rechazar la Verdad – la Palabra de Dios. Ellos profanarán la Palabra de Dios con complicadas y contradictorias doctrinas, y los que asisten a la iglesia en todas partes, no serán los más sabios, ya que están alimentados con tonterías. Se esconderá Mi Palabra y se le dejará acumular polvo» (MDM – 6 de septiembre 2014)

De esta manera, puede presentarse el Anticristo: «La Iglesia será desmantelada de muchas maneras ante que él, el Anticristo, sea rogado que se involucre en Ella. Él será involucrado con la decisión para lanzar una nueva religión mundial. Todos estos cambios – en donde la Iglesia hace un llamamiento público para la unificación de todas las religiones- se llevarán a cabo antes que el Anticristo tome su asiento en el Trono de Mi Hijo en la tierra» (MDM – 7 de septiembre 2014 )

Es necesario una sucesión de anticristos en la Iglesia para colocar al Falso Profeta, al Falso Papa que señale a la persona misma del Anticristo. Y así se cumple la profecía de San Malaquías: «In psecutione extrema S.R.E. sedebit» («En la última persecución se sentará una sucesión de reyes en la Iglesia»).

La Iglesia remanente tiene que ser clandestina y perseguida: vivirá en las catacumbas, sin ninguna publicidad, sin ningún apoyo de los grandes del mundo. Sostenida sólo por el Espíritu. La otra, la falsa iglesia, que presenta un falso cristo, es la que permanece pública, en la propaganda masónica y comunista, porque es el Tiempo de la Iniquidad, en el cual tiene que aparecer el hijo de Satanás, o también llamado el Maitreya, en sanscrito “ser iluminado”, el instructor del mundo, el imán madhi, el Señor de la Época, el maestro divino, el salvador de la humanidad, el mesías esperado por todas las religiones.

El nuevo orden mundial y el Vaticano aclamarán a Maitreya como el mesías esperado, el líder único religioso y con la soberanía sobre todos los hombres (cfr. Ap 17, 17)

Un hombre con una impostura religiosa; un hombre que gobernará con las 10 potencias mundiales (cfr. Dn 7, 24), que es «la gran Ramera que está sentada sobre las grandes aguas, con quien han fornicado los reyes de la tierra» (Ap 17, 2). «Las aguas que ves, sobre las cuales está sentada la gran Ramera, son los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas» (Ap 17, 15)

Un hombre que «hablará palabras arrogantes contra Dios» (cfr. Dn 7, 25a), que «cambiará los tiempos y la Ley» (v. 25c, que se sentará en el santuario de Dios y se proclamarás dios (cfr. 2 Ts 2, 4).

Tiene que cumplirse la Sagrada Escritura: «Yo he venido en Nombre de Mi Padre y vosotros no Me recibisteis; si otro viniera usurpando Mi Nombre, le recibiríais» (Jn 5, 43).

Han usurpado el Trono de Dios, han puesto a un falso Papa, que es un payaso, y todos locos con ese hombre: negando a Cristo y su doctrina. ¿Qué pasará cuando llegue el Anticristo usurpando el Nombre de Cristo? Si los miembros de la Iglesia han quedado cegados por la palabra barata de un bufón, ¿qué se puede esperar cuando un hombre empiece a hacer milagros y diga que es el Cristo?

El Anticristo, en estos momentos, es el líder del nuevo gobierno mundial. Recorre el mundo y nadie lo conoce, porque es experto en cambiar de apariencia. Tiene que camuflarse en distintos rostros. Tiene que ser hoy una persona influyente en lo económico, político, cultural, y mañana ser un amigo íntimo de cualquier hombre.

El Anticristo necesita su Falso Profeta para poder darse a conocer. No necesita un bufón. Y hasta que no aparezca ese Falso Profeta, que es un Falso Papa en una falsa Iglesia, no se muestra el Anticristo. Hay muchos falsos profetas en todo el mundo y en la misma Iglesia, pero uno solo es la persona del Falso Profeta que señala a la misma persona del Anticristo.

Bergoglio es un falso profeta, pero no es la persona que señala al Anticristo. Él ya ha señalado a su anticristo, que es Kasper, el cual tiene el mismo espíritu del Anticristo, pero no es la persona del Anticristo.

Bergoglio ya ha señalado a la persona que le va a suceder, porque así obra todo falso profeta: habla para indicar la mente de un anticristo; habla con la mente de ese anticristo; habla para que ese anticristo obre. Un falso profeta nunca obra, sino que deja que otros hagan el trabajo de lo que él predica o dice. El falso profeta da falsos conocimientos, falsas enseñanzas, falsas doctrinas, que no son suyas, sino que las ha aprendido, ya de otro, ya del mismo demonio. Pero no persigue a nadie. Deja vivir. El que es un anticristo es el que hace daño, el que persigue a los que no obedecen su mente diabólica. El falso profeta no tiene el espíritu de un anticristo, pero sí posee su fuerza, su visión, su obra.

El Anticristo hace sus milagros en sus grupos, que tiene por todo el mundo, y tiene una oración, titulada “la gran invocación”, con la cual el alma –con sólo leerla- queda infestada, oprimida, obsesionada y poseída por muchos demonios (no la consulten si no tienen auténtica vida espiritual; no la vean sin usar sacramentales).

El Anticristo es el que tritura las mentes de los hombres con demonios que se instalan en ellas. La obra del Anticristo es la posesión de la mente del hombre. Esa posesión domina la mente y hace que el hombre peque y no se confiese, no se arrepienta de sus pecados, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás sin que el hombre se dé cuenta: «Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles, nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas» (Tit 1, 15).

Hay muchos católicos, que ya son tibios y pervertidos, que están contaminados, porque su mente está poseída por Satanás. Y esto es una señal de que el Anticristo ya está en el mundo obrando: la perversión del juicio en mucha Jerarquía de la Iglesia y en muchos miembros de ella. Una perversión que les impide salir de su mente, de su juicio: no pueden discernir la Verdad.

Ahí tienen a un Bergoglio, con toda su cuadrilla de herejes; ahí tienen a tanta Jerarquía que dice que la doctrina de Bergoglio es católica; ahí tienen a tantos fieles que ya no saben los dogmas, las enseñanzas de la Iglesia, porque viven inmersos en el demonio: no pueden salir de sus mentes. Están poseídos, porque el mundo en que vivimos es la obra del Anticristo. Y éste sólo obra así: poseyendo la mente del hombre. Cuando la posee, el hombre obra automáticamente la idea que el demonio le pone en su cabeza. Y no puede zafarse de esa idea. Por eso, es muy peligroso leer cosas del Anticristo, escucharlo, verlo. Un falso profeta no tiene este poder. Por eso, se puede leer a Bergoglio, pero no se puede leer los escritos del Anticristo.

Este falso Cristo anuncia que viene un aviso, un “nuevo pentecostés”, en la que todo ojo le verá: es el día de su manifestación, de su declaración mundial, que se hará por todas las cadenas de televisión, por internet. Ese día, los verdaderos católicos no tienen que mirarlo ni escucharlo para no quedar atrapados. Quien lo mire, lo tendrá que seguir: recibirá un espíritu demoníaco, que le atará su mente y su voluntad, y será obligado a servirle.

Este falso mesías es un falso imitador de Cristo y, por tanto, habla en sus mensajes de muchas cosas: amor, paz, justicia, fraternidad. Pero nunca dice la Verdad. Es el lenguaje perfecto para captar el sentimiento del hombre y llevarlo a la idea que él quiere: «El mayor pecado que estáis por cometer, es honrar a un dios falso. Vestido con joyas, él será encantador, sutil y con una aparente comprensión de las Enseñanzas del Libro de Mi Padre. Vosotros caeréis bajo su hechizo. Él torcerá Mis Enseñanzas que se volverán herejía. Esta religión, una alternativa a la Verdad de Dios, es indigna. Sin embargo tendrá un aspecto exterior de encanto, amor y maravillas y engalanada con oro nuevo y piedras preciosas, que se lanzará como una nueva religión mundial en todos los altares» (MDM – 14 de noviembre de 2012).

El Anticristo emerge para establecer un solo gobierno, religión y economía mundial. Y, por tanto, él declarará estar a la cabeza de todas las iglesias y gobiernos del mundo. Es el que va a tomar posesión, próximamente, después del Gran Aviso, del Trono de Pedro, para poner su doctrina mundial.

El Anticristo no va a aparecer hasta después del Gran Aviso, porque tiene que mostrarse como salvador, en la gran confusión que la humanidad tendrá en esos momentos. Hablará de amor y ayudará a toda la humanidad ofreciendo alimentos, ropas, casa, medicinas, etc., pero con la condición de la implantación del microchip.

El Gran Aviso es un arma de doble filo: producirá muchas conversiones, pero «no se arrepintieron de las obras de sus manos» (Ap 9, 20). Muchos no renunciarán a sus vidas pasadas, sino que las continuarán, porque no han comprendido el camino de expiación, de sufrimiento, de negación de sí mismos para alcanzar la salvación.

Dios da el don de conversión, pero el hombre tiene que merecer «gracia tras gracia» (Jn 1, 16b) para ganar el cielo. Cuando el alma vive apegada a las cosas de la tierra, a lo humano, le cuesta horrores desprenderse de todo eso. Y si se añade las circunstancias tan terribles de la vida humana, ese cataclismo que va a desconcertar a todos, en que faltará comida, vestidos, medicinas,…, entonces es fácil seguir al Enemigo, vender el alma por un plato de lentejas.

«Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no conocieron al Padre ni a Mí» (Jn 16, 3).

En la perversión de la mente de muchos, que se dicen católicos, ya se ve esta persecución. Los verdaderos católicos serán expulsados y excomulgados por el mismo Vaticano por defender la fe en Cristo y en Su Iglesia. Esto ya ha comenzado de manera oculta. Esto ya lo palpan algunos pocos sacerdotes que deben retirarse al monte, al desierto. La Iglesia ya no los quiere porque no siguen a Bergoglio. Y los verdaderos fieles encuentran la oposición de sus familias, amigos, gente de la Iglesia, porque no siguen a Bergoglio. Ya hay muchos que condenan a católicos que se oponen a Bergoglio. Es la obra del Anticristo: ata la mente para que no se pueda entender la verdad.

Ahora, para ser Iglesia, hay que trabajar silenciosamente y tenerlo todo en común, como en las primeras comunidades. En la Iglesia remanente el centro es el Santo sacrificio de la Misa. Si hay ese centro, si se cuida la Misa, entonces, se tiene para comer, se tienen medicinas, se tiene todo lo material.

Cuando llegue el Anticristo con su microchip, hay que tener comunidades clandestinas, en los montes, autosuficientes en servicio, alimentos, cultivos, porque el trabajo del Anticristo va a ser como en la segunda guerra mundial: militares que lo rastrean todo y aquel que no lleve el implante, a los campos de concentración, condenados a muerte.

Las persecuciones se harán por todos los medios: políticos, militares, por rastreo satelital y terrestre. La gente no prepara la iglesia remanente, porque está viviendo en la burbuja del Anticristo.

El Señor se retirará de las parroquias, capillas, modernistas, donde se celebra la Misa ya adulterada en su esencia consagratoria. Esas iglesias serán habitadas por los demonios: «el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días y por mucho tiempo será habitación de demonios» (Bar 4, 35).

La sede de Pedro se trasladará de Roma a Jerusalén: «El atrio exterior del templo déjalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, que hollarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses» (Ap 11, 2). En Roma ondeará la bandera comunista y comenzará la misión profética de los dos testigos durante el reinado del anticristo: «Mandaré a mis dos testigos para que profeticen, durante mil doscientos sesenta días, vestidos de saco» (Ap 11, 3). Y se cumplirá así la profecía de La Salette: “La Iglesia será eclipsada, el mundo estará en la consternación. Pero he ahí Enoc y Elías, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo».

Bergoglio es sólo el inicio de un gran desastre en la Iglesia. Sus últimas homilías en santa Marta son su gran decadencia, su gran vulgaridad, su gran blasfemia contra el Espíritu Santo. Es un hombre que lo mantienen, porque conviene a todos en el Vaticano.

Pero es un hombre que debe ser puesto a un lado, porque no tiene la capacidad para romper el dogma. Él sólo sabe seducir, pero no sabe usar el poder de seducción con la fuerza de la inteligencia. Eso lo sabe hacer un anticristo: uno que coge la idea y le da mil vueltas para que el otro acepte su idea. Eso es Kasper. Si Kasper sube al poder, comienzan las excomuniones. Mientras esté Bergoglio, todo es sentimentalismo barato. Todo es llorar por los hombres: darse un beso, un abrazo y llamar a todos santos en la Iglesia.

Comienza la verdadera maldad. Antes del Sínodo ya se pueden observar signos, ceremonias que indican una cosa: todos van a estar de acuerdo para poner otra cosa en la Iglesia: otro estilo de misa, de papa, de sacerdote, de obispo. Y, muchos, muchísimos, van a seguirlo porque es su plato de comida.

«Echó mano el enemigo de todos sus tesoros; vio penetrar en su santuario a las gentes de las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación. Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira , oh Señor, y ve cuán abatida estoy» (Lam 1, 10-11)

Roma: sede del Anticristo


abomina

«… hizo Yavhé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yavhé, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres habían en ellas y hasta las plantas de la tierra» (Gn 19, 24).

Abominación es Roma. Abominación es la cabeza de Roma: Bergoglio. Abominación es toda la Jerarquía que se somete a Bergoglio.

Este hombre es un dictador de su mentira. Y, por tanto, es un hombre que sabe que está en esa posición, en ese liderazgo, para imponer su mentira a toda la Iglesia.

Este hombre es vulgar en su palabra, pero es idiota en su pensamiento; en otras palabras: es un hombre que vive dando vueltas a su idea maquiavélica, y que la transmite en un lenguaje vulgar, plebeyo, que gusta a todo el mundo por su sentimiento barato y blasfemo.

Decir idiota a alguien no es decirle tonto: Bergoglio sabe muy bien lo que dice y lo que hace. El idiota es aquel que está privado del conocimiento de la verdad y, por tanto, tiene que obrar siempre la mentira. Y si se está en la cabeza de un gobierno, eso significa una cosa: dictadura. Bergoglio es un dictador. Todos tienen que hacer lo que dice esa mente, aunque las leyes digan otra cosa.

¿Qué es, si no, la aclaración del Obispado sobre el matrimonio (ver texto) trasns celebrado en la iglesia de Santiago del Estero, en Argentina? Esta aclaración es una clara hipocresía, una fariseísmo de una Jerarquía que no pertenece a Cristo, sino que lo combate.

La ley de la Iglesia es muy clara. Se la han pasado por el arco del triunfo y se han sometido a Bergoglio. Obedecen la mente de ese hombre, poniéndose en contra de la mente de Cristo.

Aquellos que piden que Roma suspenda a este sacerdote y al Obispo por hacer este casamiento, no saben de lo que están hablando. Porque este casamiento se ha hecho con la “bendición” de Roma. Ningún Obispo hace nada en la Iglesia sin Roma. Ningún sacerdote hace nada en su parroquia, sin su Obispo.

Bergoglio: dictador de mentiras, de maldades, de abominaciones. Y todos le besan el trasero. ¡Todos! ¿Todavía no tienen inteligencia?

¡Tienen que despertar si quieren seguir en la verdadera Iglesia: la que Cristo fundó en Pedro!

Tienen que aprender a discernir la falsa de la verdadera Jerarquía. Y llamar a cada una por su nombre. Y poner a cada uno en su lugar.

Es tiempo de cuestionar a toda la Jerarquía. ¡A toda! Ya no es tiempo de obedecer a nadie en la Iglesia. Porque eso que vemos en Roma no es la Iglesia de Cristo, no es la Iglesia Católica. Es un invento de unos hombres que, desde hace mucho tiempo, están en la Iglesia para lo que vemos: destruirla desde dentro.

No pueden asistir a misas donde sacerdotes u Obispos, casen a personas transexuales, bauticen a hijos de homosexuales, se den predicaciones claramente comunistas, protestantes, masónicas. ¡No pueden! ¡Allí donde se obra una abominación, como es casar a personas trans, después, no se puede poner a Cristo en el Altar! ¡O se está con Cristo o contra Cristo! O se tienen las ideas claras de lo que Cristo exige a un sacerdote en Su Iglesia, o se levanta una nueva y falsa iglesia con un nuevo y falso Cristo!

¡Tienen que despertar!

Dios ha dado Sus Leyes a los hombres. Y si los hombres desprecian esas leyes, sencillamente esos hombres no son hijos de Dios, sino del demonio. No son hijos de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia Católica.

A ese sacerdote, que casó a esta pareja, tienen que llamarlo por su nombre: sacerdote apóstata de la fe, hereje, cismático. Sacerdote que pertenece a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Sacerdote de la masonería, instrumento de la obra masónica en la Iglesia. Y, por tanto, tienen que apartarse de ese sacerdote y del Obispo que lo mantiene en su ministerio; y, por supuesto, de Bergoglio, que es el que está detrás de todo esto.

Muchos no han comprendido lo que es la herejía. Creen que hace falta un sistema filosófico o teológico para expresar una herejía.

Bergoglio las dice cada día. No hay día que no diga su herejía. Pero nadie se da cuenta. Su famosa frase: no soy quién para juzgar; es una herejía.

La herejía es oponerse a la Verdad. Y la Verdad es la Palabra de Dios: «No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación» (Lev 18, 22).

Dios enseña al hombre a juzgar al homosexual. Todo homosexual es una abominación. Luego, cada hombre tiene el deber y la obligación de juzgar. Cada hombre es quién para juzgar porque el poder se lo da Dios en Su Enseñanza, en Su Palabra, en Sus Leyes.

Por tanto, todo aquel que diga que no es quién para juzgar a un homosexual se opone directamente a Dios, a la verdad. Está enseñando su mente humana, su idea. Y la pone por encima de la idea de Dios, de lo que enseña Dios. Y si eso que dice no lo retira, sino que lo mantiene y lo pone por obra, entonces ese hombre cae en la herejía automáticamente. Es pertinaz en su mentira.

Las obras del Bergoglio ahí están. Este casamiento es su obra, porque viene de su herejía. Este casamiento es la obra de su herejía. Es lo que se llama apostasía de la fe. Ser apóstata de la fe es obrar la herejía. Y ser hereje es ser, al mismo tiempo, cismático.

Son tres pecados que están unidos. No se pueden separar. Uno está en la mente: la herejía. Y quien piensa la herejía, la obra. Y, por eso, cae en la apostasía de la fe: vive para obrar la maldad. Y quien obra la herejía, quien es apóstata, comienza a levantar una nueva vida, un nuevo camino, una nueva iglesia: el cisma.

El hereje está «enteramente pervertido y peca, condenado por su propio juicio» (Tit 3, 11). Bergolgio se condena a sí mismo con su propia sentencia: no soy quién para juzgar. Y, por tanto, sus obras son siempre de pecado y de abominación. Nunca son obras de verdad. Nunca. Su juicio lo tiene pervertido. Esto es lo que significa la palabra idiota, en griego: el hombre privado de verdadero conocimiento: el pervertido en su juicio.

Y una persona pervertida, idiota, es mala por los cuatro costados. Y, aunque su palabra sea vulgar, aunque ponga una sonrisa a todo el mundo, aunque se quiera mostrar con el vestido de la humildad y de la pobreza, hay que apartarse de estas personas, como si fueran el mismo demonio: «Al hombre herético, tras la primera y la segunda amonestación, evítalo» (Tit 3, 10)

Esto es lo que muchos católicos, que todavía dudan de si Bergoglio es o no es Papa, no hacen. Algunos todavía se preguntan si Bergoglio se ha puesto o no al margen de la Iglesia. Después de 18 meses de ver las obras de este hombre, ¿todavía no ven nada, no lo evitan, no huyen de él, están esperando todavía algún milagro en el Sínodo?. ¡Esto es de locos!

Para quien ya ha captado lo que es Roma, el Sínodo sólo es un grupo de hombres que van como corderos al matadero. No es más que eso.

“Vuestra palabra homosexualidad se puede explicar por la historia de Sodoma y Gomorra. Leed en vuestras Biblias o consultad a vuestro clero. Buscad, hijos Míos, un clero humilde y piadoso. Muchos han perdido la fe. Muchos han vendido sus almas por llegar a los altos cargos. Y esto hijos Míos, yo digo, de todas las denominaciones!” (Verónica de la cruz).

¿Por qué este sacerdote ha casado a esta pareja de homosexuales? Porque está en ese ministerio para hacer su negocio, su empresa en la Iglesia. Ha vendido su alma al demonio, para tener un puesto, una posición social y política, dentro de la nueva iglesia que se levanta en Roma.

Si este sacerdote se hubiera opuesto al pensamiento de Bergoglio, lo tendríamos en la calle mendigando comida y un vestido. Pero, como quiere seguir teniendo un plato de comida todos los días en su mesa, entonces decide limpiar las babas de Bergoglio y oponerse a Cristo en Su Misma Iglesia y con la vocación que el mismo Cristo le dio: usa los dones de Dios para hacer una obra del demonio. Esto tiene el nombre de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Y esto señala otra cosa: la aparición del Anticristo. Cuando la Jerarquía de la Iglesia se convierte en anticristo, como este sacerdote, automáticamente los tiempos se aclaran y se precipitan para que aparezca el Malvado, el otro dictador que tiene que ponerse en el mundo.

Hay dos dictadores en este tiempo del Anticristo: uno en la falsa iglesia: un falso Papa. Y otro en el mundo: el Anticristo. Y esos dos dictadores son los que manejan todos los gobiernos del mundo y todas las iglesias, incluida la que está en Roma.

“Debéis seguir haciendo una vigilia de oración por el clero del mundo. La oscuridad ha descendido a la iglesia de Mi Hijo. ¡Sea lo que sobrevenga a todos vosotros por el caos que está llegando rápido a vuestro país y a otras naciones del mundo! Pronto habrá un déspota en el mundo. Lo llamo número dos. Pero muchos lo han nombrado, y en el libro de la vida se refiere como el Anticristo.

Sí, hijos Míos, vosotros lo reconoceréis por sus hechos. Muchos venderán sus almas a él para conseguir altos cargos, pero todo lo que está podrido caerá. No importa las batallas que haya que librar por mantener la luz en vuestro país y en el mundo. Vosotros seguiréis adelante como soldados de la luz, llevando vuestra bandera de la fe y la verdad frente a la adversidad» (Ib).

Hay que ser soldados de Cristo para poder oponerse a los soldados del Anticristo. Tienen que oponerse, con valentía, a toda esa Jerarquía pervertida si quieren ser de Cristo. Y no tienen que tener miedo de esa Jerarquía, porque son sólo hombres, que se visten de ropas bonitas, pero que no son lo que parecen: no son sacerdotes, no son Obispos, no son Cardenales.

Tienen que tener el valor de despreciarlos en sus caras. De decirles la verdad como es, porque no merecen el respeto que un sacerdote de Cristo se merece. No tienen el espíritu de Cristo, sino del anticristo. Y, por tanto, no hay obediencia a ellos.

Esto es lo que mucha gente no comprende. Se sigue obedeciendo a una Jerarquía que cae en el pecado, que es débil en el pecado. Pero no se obedece a una Jerarquía que comete los tres pecados que le apartan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de le fe.

Un sacerdote puede ser mujeriego, pero después sigue predicando la verdad. Hay obediencia a él, a pesar de su pecado de lujuria. Porque ese pecado de lujuria no se opone a la doctrina de Cristo de manera directa.

Pero un sacerdote que, por sus obras, se opone a la doctrina de Cristo, como es este sacerdote que casó a esta pareja, aunque su homilía sea maravillosa, aunque diga palabras que parecen verdaderas, cae toda obediencia. Porque la fe está en las obras. Si se tiene fe en Cristo, se obran las mismas obras de Cristo. Si no se tiene fe en Cristo, se hacen las obras del demonio, que son contrarias a las obras de Cristo. Y Cristo nunca casó a parejas homosexuales. ¡Nunca! Este sacerdote lo ha hecho. Conclusión: no hay obediencia a esta Jerarquía. Hay que combatirla, no sólo resistirla. Porque es la propia del demonio. Son los soldados del Anticristo.

“¿Qué podéis esperar para vuestro país, que permite que florezca la homosexualidad, y se vuelva una forma de vida ahora por parte de sus líderes bajo la bandera de la verdad? ¿Y la fidelidad? A su dios; ellos han tirado la bandera y están yendo en la dirección de Satanás.

“Ahora las leyes se están haciendo para proteger los que ofenden a Dios, los homosexuales. La humanidad llevará el estandarte por delante. Habrá muchas tribulaciones para la humanidad antes de que vuelva Mi Hijo para reuniros Él mismo. En su momento muchos serán quitados de la tierra. Pero habrá una tribulación antes de ese momento» (Ib).

La nueva y falsa iglesia, que se ve en Roma, está protegiendo a los que ofenden a Dios. Y van a sacar las leyes correspondientes para eso. Y ya no van a tardar. Ya no será como han hecho ahora: un fariseísmo. Ahora se van a apoyar en sus mismas leyes, que serán una gran blasfemia a Dios.

La homosexualidad es una forma de vida en la nueva iglesia. ¿No es esto lo que predicó ese sacerdote?

“Estamos reunidos celebrando el amor de Dios en nuestras vidas, un amor que estaba desde el origen de nuestra existencia, y que los ha sostenido en momentos de dificultades, de alegría, de esfuerzo cotidiano por hacer que la opción de vida que han tomado sea respetada por todos, sea el que los acompañe por el resto de sus vidas”.

Esta opción de vida es respetada por ellos, por la Jerarquía del demonio. Y tiene que ser aborrecida por los soldados de Cristo, por la verdadera Jerarquía. Si no hacen esto, entonces ustedes pertenecen a esa nueva iglesia en Roma. Si no se separan de Roma, totalmente, van a perecer en la Justicia que viene ya a toda la Iglesia. Primero a la Iglesia, después al mundo entero.

Hay que salir de Roma pagana. Roma inmunda. Roma abominable. Y hay que salir ya. No esperen a después del Sínodo. Ya Roma no es el asiento de la Verdad, sino la sede del Anticristo.

Bergoglio: líder fanático


xnecio4

El Papa Benedicto XVI renunció al ministerio de Obispo de Roma, pero no al Papado. Y lo hizo por la necesidad de desligarse de una situación insostenible para toda la Iglesia: llegó el momento de dejar el gobierno de la Iglesia, porque otros la quieren gobernar a su manera. Otros, con su rebeldía y desobediencia clara y manifiesta, han inutilizado el gobierno del Papa reinante con el fin de llevarle a la renuncia.

Es una rebeldía y desobediencia que no son sólo una serie de actos en concreto, sino un plan bien tramado y concebido, para quitar a un Papa y poner a un falso Papa.

Es una rebeldía y desobediencia, no de una sola persona, sino de muchas en la Jerarquía eclesiástica. Es un pecado social de la Jerarquía, no de los miembros de la Iglesia. Es un pecado que nace en las altas Jerarquías: Obispos y Cardenales; y que lleva a arrastrar a otros para conseguir un fin en el gobierno de la Iglesia, en su cúpula. Un fin maquiavélico. Un fin desastroso, abominable, que no tiene marcha atrás.

El Papa Benedicto XVI sigue teniendo los Poderes Divinos y, por lo tanto, todo cuanto hace ese falso Papa es nulo para Dios y para toda la Iglesia Católica.

Bergoglio se encontró con una Iglesia Católica en su cabeza y la destrozó poniendo un gobierno horizontal. Ese gobierno de la horizontalidad es como el grupo Bilderberg, grupo masónico que se reúne públicamente, pero que nadie sabe de los temas que hablan. Todo es en secreto. Y todo se obra en el secreto.

Bergoglio ha formado su grupo secreto, en donde tratan de muchos temas y, después, nada sale a la luz. Como en el grupo Bilderberg, las cosas tratadas se obran sin que nadie se dé cuenta. Esto es lo que hacen esos ocho herejes, que no pertenecen a la Iglesia Católica, pero que están en el gobierno levantando su nueva iglesia. Han usurpado el Trono de Pedro, junto con Bergoglio. Ya no es uno el usurpador, sino muchos. Son muchas las cabezas las que ahora piensan y deciden en la Iglesia. Por eso, se observa tanta división en toda la Iglesia, en todas las parroquias, en todos los apostolados. Nuevas cabezas, nuevos cabecillas, nuevas ideas, nuevas estructuras, para una iglesia del demonio.

¿Qué ha hecho Bergoglio hasta ahora? Ocuparse de asuntos mundanos: guerra, política, gays. Y esto sólo significa una cosa: Bergoglio se ocupa en destruir la Iglesia Católica. En sus 18 meses no ha luchado por ninguna verdad en la Iglesia: por ningún dogma, doctrina, liturgia, teología. Sino que ha atacado todo esto: todo lo tradicional divino, todo el magisterio auténtico de la Iglesia, a todos los santos.

Bergoglio no representa nada, sólo a su idea masónica, protestante y comunista. En Bergoglio se da la permanente negación de la doctrina católica tradicional, se da el hombre vividor, que se mueve en un ambiente de mundo, de farándula, de vulgaridad. Bergoglio está llevando a la Iglesia a la destrucción. Y esto, para muchos es algo muy bueno. Es lo que esperaban. Pero, para los católicos es el comienzo de la purificación del Cuerpo Místico de Cristo.

Bergoglio ha defraudado a mucha gente dentro y fuera de la Iglesia. A los del mundo, porque ha mostrado su ideología marxista, agitador de masas sociales, político que promete mucho y nunca hace nada, un lengua larga, un pisapapeles, bonito en lo exterior, pero inútil cuando se levanta y se ve qué papeles está pisando. Bergoglio vive su idea, que es incompatible con la del mundo, porque el mundo no quiere religiosos marxistas, no quiere papas comunistas. Quiere líderes sin Dios y sin iglesia. Por eso, Francisco fracasa en el mundo como falso Papa. Lo quieren como hombre de ideales universales, como hombre masón, pero no como hombre de ideas religiosas.

A los de la Iglesia, Francisco es un hombre que se dedica a hacer continuamente declaraciones altamente controversiales sobre el dogma católico. Esas son todas sus entrevistas a los diferentes diarios y todos sus escritos y homilías. Un hombre que destruye la Verdad Absoluta para poner su “verdad” fanática.

Bergoglio es un fanático de su idea. Es un hombre que vive dando vueltas a su mentira, la cual defiende con tenacidad, con apasionamiento: sus pobres, su dinero, su economía marxista, su gobierno mundial.

Bergoglio se adhiere afectivamente a su idea y la comparte socialmente. Es una idea que tiene un valor absoluto para él: la idea del hombre. Por eso, llora por toda la vida de los hombres. Llama mártires a todos los hombres. Pone al hombre como el centro de la creación, de la vida. Vive para esta idea absoluta y la realiza destruyendo cualquier obstáculo que se le ponga por medio.

Su nueva iglesia es eso: dar de comer al hambriento, amar la creación, ocuparse de los enfermos, resolver las injusticias sociales, defender los derechos humanos. Esto es su fanatismo.

Esto, en un hombre de mundo, en un político, no es fanatismo, si se hace por una causa justa. Pero esto en un Obispo, que sólo tiene que dedicarse a la vida espiritual, no a la vida social, se llama fanatismo religioso. Se cambia el dogma por una mentira, por un error, al cual se dogmatiza. Bergoglio vive para su idea mentirosa hecha dogma, hecha valor absoluto. Y, por eso, constantemente tiene que atacar la doctrina católica.

Bergoglio es un iluminado, que posee un ideal sobrevalorado por su inteligencia humana. Y ese ideal lo ha elevado a verdad absoluta: lo ha dogmatizado en su mente. Y ha puesto su carga afectiva: su sentimentalismo. Es un sentimental perdido. Todo lo hace porque lo siente. Y si no lo siente, si siente lo contrario, no lo hace. Y esta carga afectiva le hace deformar la verdad absoluta: cuando habla del Evangelio, lo tiene que destrozar, le da la vuelta, le pone otra interpretación que no existe, que él se la inventa, de acuerdo a su sentimiento. Y de aquí le nace su falso misticismo. Y esta falsedad en su espiritualidad es lo que atrae a mucha gente. Es la manera de engañar a los demás: un lenguaje bello, bonito, pero blasfemo. Y la blasfemia queda oculta en la gran carga sentimental que pone a sus palabras.

Bergoglio es un fanático de su idea, que es la idea del hombre: el hombre como hombre, como centro de la creación, como el principal en todas las cosas. A Bergoglio le trae sin cuidado Dios. Cree en su concepto de Dios, pero lo que le interesa es la obra de su idea. Y, por eso, abaja todo lo divino, diluye todo lo sagrado, en su profanidad, en su mundanidad, en sus declaraciones vulgares y plebeyas.

Bergoglio abomina del pensamiento lógico, humano, teológico, filosófico. La mente de este hombre está fundamentada en lo emocional, no en lo racional. Y en ese mundo de sentimientos, en esa experiencia de sensaciones, no hay lugar para la verdad. No hay conexión con la Verdad Absoluta, que lo puede salvar. Ha hecho como absoluto su sentimiento. No tiene dudas de lo que siente.

a. El pensamiento de Bergoglio es muy concreto: los pobres;

b. y ha hecho de su idea un juicio categórico (o blanco o negro, pero sin matices): si no hay pobres, lo demás no me interesa: «Si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa. A mí me interesa que lo eduquen y que le quiten el hambre. En eso tenemos que ponernos de acuerdo» (29-07.2013);

c. la idea se ha sacralizado: «que lo eduquen y le quiten el hambre»;

d. esa idea se ha transformado en creencias que excluyen la libertad de pensar, que no admiten examen, crítica: «En eso tenemos que ponernos de acuerdo».

Esta idea fanática de Bergoglio le viene por no ajustarse a la Mente de Cristo: se es sacerdote para llevar el alma hacia la salvación y la santificación, no para alimentar sus cuerpos ni resolver sus vidas humanas.

Si Bergoglio no fuera Obispo, sino un hombre de mundo, entonces no caería en este fanatismo, sino, a lo mejor, en otros.

Bergoglio se siente orgulloso de sus ideas, de la superioridad moral de sus ideas. Y, por eso, lo primero que hace es imponerlas a los demás. Y lo hace de muchas maneras. Todos tienen que aceptar la idea de Bergoglio: hay que alimentar a los pobres. Todos a predicar eso en las parroquias. Todos a vender el carro del comunismo, a repartir el alimento marxista. Y que nadie diga que la doctrina de Begoglio no es católica. Es la imposición de su fanatismo. Con lo cual aparecen en la Iglesia, en todas las parroquias, sacerdotes y fieles fanáticos de Bergoglio.

El fanatismo de un hombre se vuelve social y peligroso, porque ya se hace combativo. Ya muchos emplean la violencia para defender a Bergoglio y sus ideas fanáticas en la Iglesia.

Bergoglio es obstinado en sus ideas; es de cabeza dura, de juicio propio, incapaz de cambiar de opinión. Entonces, cuando se tiene un cargo de gobierno, se produce el atentado: que los otros sean lo que cambien de opinión.

Por eso, Bergoglio es intolerante con los católicos tradicionalistas: muestra siempre su intransigencia: «No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible».

«No podemos»: justifica su idea en una creencia de la masa; se apoya en lo que otros creen, en una realidad que él ya vive, y que otros también, pero no dice quién son esos otros. Nunca Bergoglio hace referencia a la doctrina de Cristo o al Magisterio de la Iglesia. Nunca se apoya en la verdad Revelada, porque Bergoglio está convencido de poseer la verdad, en su sistema de ideas cerradas y elevada a la categoría de dogma, que le incapacita para desarrollar el verdadero sentido del aborto, del matrimonio homosexual, de los anticonceptivos. No puede: «No podemos seguir insistiendo… Es imposible».

Por eso, ha permitido bautizar a hijos de lesbianas, la comunión a mal casados, matrimonio de homosexuales. Porque no comprende la verdad como es, sino como su mente se la crea, se la inventa.

Es su fanatismo que lo irradia a los demás.

El que cree en el dogma, en las Verdades Absolutas no es fanático, porque la Verdad no produce que la mente se cierre en un sistema ideológico, en un juicio categórico; sino que esa misma verdad le hace entender que la plenitud de la Verdad, que tanto ansía el hombre por alcanzar, no está en la mente de los hombres, sino en Dios. Y el que tiene fe, no está dando vueltas a las verdades absolutas, sino que las pone en práctica, para comprender qué es la Verdad. Y, por tanto, está abierto a todos los matices de esa verdad. Y puede comprender el error en las personas, las dudas, las mentiras, porque se apoya en la Verdad que nunca engaña, que siempre da luz, que le hace caminar en un mundo sin verdad.

Pero el fanático se aferra sólo a su idea, que es su error, su mentira, su falsedad. Y vive sólo dando vueltas a ese sistema cerrado. Y no admite más verdades. Y todas las demás verdades las interpreta según su sistema de ideas, según su fanatismo. Ha dogmatizado su pecado, su mentira, su error, su filosofía, su espiritualidad.

Bergoglio es un líder fanático que crea seguidores fanáticos. Crea fans. Y son los más peligrosos en la Iglesia. Viven encerrados en su fanatismo sin comprender la verdad de su líder.

Por eso, lo que viene ahora a la Iglesia es la consecuencia de este fanatismo: una persecución brutal contra la doctrina católica y contra los sacerdotes que quieran seguir con lo de siempre, con la verdad que no cambia, aunque se siente en la Silla de Pedro un idiota, como es Bergoglio.

Este personaje vela sólo por sus ideales: los ideales de su yo, de su orgullo. Y no puede velar por el ideal de Cristo ni por Su Iglesia. Está sólo para destruir la verdad con su fanatismo. Y no hay más en este hombre.

El resumen de estos 18 meses: han colocado a un idiota en la Silla de Pedro. Y todos se han vuelto idiotas, como él, en la Iglesia. No hay otro resumen.

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 154 seguidores

%d personas les gusta esto: