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Bergoglio es un caos en la Iglesia y lleva a todos hacia el caos


Gematría de Bergoglio

«Tantos proyectos, excepto los pecados propios, pero tantos, tantos proyectos de deshumanización del hombre, son obra suya, sencillamente porque odia al hombre» (ver texto).

Esto es el caos en la doctrina, y ¡qué caos! ¡Vaya mente retorcida tiene este hombre!

Tantos proyectos de deshumanización del hombre son obra del demonio, menos los pecados propios.

«Para mí el pecado no es una mancha en el alma que tengo que limpiar» (El Jesuita – Entrevista con el Cardenal Bergoglio – pag 100).

Y, entonces, ¿qué es el pecado para Bergoglio?

«el pecado asumido rectamente es el lugar privilegiado de encuentro personal con Jesucristo Salvador, del redescubrimiento del profundo sentido que Él tiene para mí. En fin, es la posibilidad de vivir el estupor de haberme salvado» (Ib).

¿Han captado la herejía?

El pecado es un lugar, no un estado del alma. ¡Esta es la herejía!

Vayamos a ese lugar, en donde uno se encuentra con Jesús, y así descubrir que Él me ha salvado. Esta palabrería última es lo de menos en Bergoglio. Su herejía es definir el pecado como un lugar. Ya el pecado no es una obra demoníaca en el alma, en que deja al alma en el estado de pecado, del cual tiene que salir si quiere salvarse. No es un estado, sino un lugar. Y, por eso, dice su otra herejía del principio: los pecados propios no son obra del demonio, porque no existen. Voy al encuentro con Jesús y ya estoy salvado. Sólo tengo que preocuparme de los asuntos sociales, históricos, económicos, culturales, políticos, porque esos sí son obra del demonio.

¿Han visto la jugada tan hábil de este hombre? ¿Ven cómo engaña a toda la Iglesia con su palabrería barata y blasfema?

¿Cuándo van a discernir lo que es Bergoglio?

Un narrador de fábulas en la Iglesia; un cuenta cuentos; un entretenimiento para la masa pervertida y tibia; un astuto en la palabra, pero impío en sus obras.

Bergoglio niega o mal interpreta las verdades bíblicas porque aplica el principio protestante de la libre y personal interpretación de las verdades reveladas. Y, por eso, Bergoglio es maestro de su cabeza humana, pero es incapaz de enseñar la misma doctrina que Jesús enseñó a Sus Apóstoles. ¡Incapaz!

Toda esta homilía es un absurdo, ¿pero qué cosa no es absurda en la mente de este hombre? ¿Qué cosa no es absurda en el estado actual de la Iglesia?

¡Han puesto a un absurdo en el gobierno de la Iglesia! ¡Un maleante! ¡Un descarado sinvergüenza que no le importa hablar en contra de la divinidad de Jesús porque se ha creído él mismo el más sabio de todos los hombres!

«Jesús, cuando se lamenta – ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’ – ¿blasfema? El misterio es éste. Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: ‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’. Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: ‘¡Por qué me has abandonado!’» (ver texto).

Todo este párrafo es una blasfemia contra la Divinidad de Jesús. Y es clara su blasfemia. Pero, en la mente de este hombre, Jesús no es Dios, no es una Persona Divina, sino que es una persona humana: «Jesús no es un Espíritu; es una persona humana, un hombre como nosotros, pero en la gloria» (28 de octubre 2013).

Como Jesús no es el Verbo Encarnado, sino que es una persona humana, entonces Jesús tiene su noche oscura en el huerto y en la Cruz: «Y Jesús ha hecho este camino: de la noche al Monte de los Olivos hasta la última palabra de la Cruz: ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’”» (ver texto). Jesús es como todos los demás santos, que tienen sus pruebas contra la fe. Y sienten al demonio que de muchas maneras los tientan en sus vidas y en la hora de la muerte.

Como Jesús es un hombre, y un hombre perfecto, para Bergoglio: «Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto» (ver texto); entonces «hay tantos ‘Jesús que sufren, que están por doquier’» (ver texto). No te tienes que fijar en los sufrimientos de Cristo, sino en los sufrimientos de todos los hombres, porque son otros Jesús que sufren. La Obra de Expiación de Jesús anulada completamente.

Tengan en cuenta que, cuando se niega la Divinidad de Jesucristo, se niega todo lo demás: su Obra Redentora y Su Iglesia. No queda en pie nada. Ni un dogma. Ni una Verdad Absoluta.

Bergoglio, en sus escritos, aplica también otro principio: entender e interpretar la Revelación según el desarrollo de los tiempos, de las culturas, de las ciencias, del progreso del mundo. Esto es habitual en él. Es su evangelio del encuentro, su cultura del encuentro.

Para este hombre son los pueblos los que según el grado de su civilización tienen que adaptar la Revelación, los dogmas, la Iglesia, a las exigencias que viven en los diferentes momentos de su historia. Es antes el hombre, sus problemas, su vida, lo que interesa resolver, pero nunca vivir ni obrar la Verdad Absoluta. Nunca tener un dogma como el fin de la vida, como el norte. Son los problemas, las circunstancias de la vida, los que marcan el fin del hombre, su centro. Y, por tanto, ya no se vive para salvar el alma, sino para solucionar problemas humanos, intereses del mundo, visiones totalmente contrarias a la Voluntad de Dios.

En esta homilía, Bergoglio lleva al encuentro con los sufrimientos de todos los hombres. Hay que fijarse sólo en eso: «tantos hermanos y hermanas que padecen el exilio de sí mismos, en la oscuridad y en el sufrimiento, sin esperanza a la mano» (Ib). ¡Hay tanta gente que sufre! Bergoglio es el llorón de la vida de los hombres. Sólo ve al hombre y sólo le importa la vida del hombre. No le interesa la vida divina ni espiritual. Y esto le viene sólo por anular la Divinidad de Jesús, que le lleva a la anulación del Evangelio de Jesús, para inventarse su nuevo evangelio: el del encuentro con los hombres, con sus alegrías, con sus sufrimientos, con sus culturas, sus obras y vidas del mundo.

Entonces, Bergoglio dice: como Jesús oró de esa forma: ¿Por qué me has abandonado?, entonces se rebeló contra Dios. Y dice más: «Y yo digo: ‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’».

¿Han visto la blasfemia? ¿Ven la clara herejía de este hombre? Te rebelas contra Dios: eso es bueno. Sigue rezando así: sigue rebelándote contra Dios.

¡Este es el pensamiento blasfemo de Bergoglio!

Es claro que no se le puede obedecer: ¿cómo en mi pecado puedo orar para seguir pecando contra Dios?

¡Este hombre es un caos! ¡Este hombre está loco de atar! ¡Este hombre no es católico! ¡Su doctrina es claramente protestante! «Pecca fortiter, sed crede fortius» (Peca fuertemente, pero cree más fuertemente).

¿No ven al mismo Lutero en Bergoglio?

La doctrina de Bergoglio es puro protestantismo. No es una doctrina católica. No está fundamentada ni en el Evangelio de Jesucristo, ni en los Santos Padres, ni en el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino sólo en su maestro: Lutero.

¿Ven el desastre que hay en la Iglesia?

El derrumbe doctrinal está por toda la Iglesia, y durante cincuenta años se ha precipitado cada vez más hacia abajo hasta llegar a lo que tenemos y observamos en Roma: una Jerarquía que niega todo el Patrimonio de la Revelación, que niega los 20 siglos de Iglesia, y que está gobernando la Iglesia hacia su total destrucción.

¿No se han dado cuenta de este punto tan fundamental? ¿No se dan cuenta de que ya no es posible la oposición a una Jerarquía hereje porque son ellos mismos los que gobiernan, los que deciden en la Iglesia? ¿No ven la jugada del demonio en poner a un Bergoglio para desatar el caos en el gobierno, en toda la Jerarquía? Soy yo, un sacerdote hereje, el que te gobierno, sacerdote tradicional: calla y obedéceme, porque si no te excomulgo. ¿Ven la jugada? La verdadera Jerarquía está obedeciendo a la falsa Jerarquía. ¡Este es el gran caos!

¿Quiénes son los consejeros de Bergoglio?

1. Bertello: fue uno de los que impidieron las reformas que intentó Benedicto XVI para limpiar las finanzas del Instituto para las Obras de Religión (IOR) o Banco Vaticano.

2. Errazuriz: El “New York Times” lo incluyó en una lista publica, como uno de los religiosos del Vaticano que habían encubierto casos de pederastia, concretamente el del clérigo Fernando Karadima. También hizo una petición para una entrevista al Gran Maestre de la Masonería, relacionada con este tema.

3. Gracias: modernista, escribió una conmovedora carta al grupo gay [homosexual] Queer Azaadi Mumbai -qam, porque un sacerdote había llamado a la homosexualidad “un gran pecado” y se oponía al “matrimonio gay”.

4. Marx: apoya a Kasper; sus palabras: «El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no puede acabar con la discusión» sobre el tema de los divorciados que se han vuelto a casar y que será discutido (además de otras cuestiones relacionadas con la familia) durante el Sínodo extraordinario de 2014 y por el Sínodo ordinario de 2015».

5. O’malley: con grandes antecedentes de escándalos en Boston, promueve el modernismo, ecumenismo y dialogo interreligoso, que al final no es “dialogo” sino mezcla de doctrinas; recientemente le pidió a una pastora de la secta metodista, una Mujer tipo sacerdotisa, que ha “bautizado” niños, jóvenes en Massachusetts, New Hampshire, Florida, que le “reafirmara su bautismo”.

6. Pell: Modernista, defensor de la doctrina de Bergoglio, ha salido en defensa de éste en temas del aborto, la homosexualidad.

7. Maradiaga: en sus propias palabras: «ni el mundo es el reino del mal y el pecado -conclusiones obtenidas en el Vaticano II- ni la Iglesia es el único refugio del bien y la virtud. El modernismo fue, en muchas ocasiones, una reacción contra las injusticias y los abusos que menospreciaron la dignidad y los derechos de la persona».

8. Parolin quien no era grato a la Curia por las intrigas y los escándalos y fue alejado. Y ahora Bergoglio se lo devuelve como jefe de todos los que le habían exiliado. El nuevo Secretario de Estado ha revelado en sus primeras declaraciones una total sintonía con Bergoglio, más espiritual que dogmático, al relativizar, por ejemplo, temas como el del celibato eclesiástico recordando que “no es un dogma y puede ser cambiado”, o cuando afirma que a pesar de que la Iglesia nunca ha sido visto como una institución democrática, hoy, con Francisco debe impregnarse de “espíritu democrático”.

9. el Cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York , dijo : «que el papa francisco está pidiendo a la iglesia católica estudiar la posibilidad de reconocer las uniones civiles para parejas gay».

10. Christoph Schoenborn, el Cardenal de Viena, Presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, es también un modernista apóstata; algunas de sus doctrinas: “en el colorido jardín de dios hay una variedad de colores. no todos que han nacido como seres masculinos se sienten como hombre, y lo mismo del lado femenino”.

11. El Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, quien dice: «es hora de actualizar la doctrina del matrimonio de la iglesia».

¿No se imaginan que va a pasar en el Sínodo?

Toda esta Jerarquía, que gobierna la Iglesia, está afirmando un número grandísimo de errores teológicos, dogmáticos y morales. Y con eso están aceptando cantidad de herejías que golpean mortalmente la Iglesia.

Son ellos, esa Jerarquía que actualmente está en el Poder, la que quiere disolver todo el dogma en la Iglesia, todo el gran patrimonio de la Revelación y de la entera Redención.

Ellos son los traidores: ellos que claman por una reforma en la Iglesia, que es sólo para su total degeneración.

Son hombres dotados de un sacerdocio, que los hace ser otros Cristo, y que sin embargo, obran en todo contra el mismo Cristo, contra su propio sacerdocio, contra la misma Iglesia que los ha engendrado. Van en contra de su misma vocación en la vida. Han perdido el sentido de su vida: están en la Iglesia para destrozarla, para llevar almas al infierno.

¡Esto es lo monstruoso! ¡Este es el caos de Bergoglio que ha encendido en toda la Iglesia!

Con Bergoglio, todo es confusión, produce un desatino en todo: no se alimenta en la Iglesia, no se vive en Ella, la Verdad Eterna e Inmutable, sino la verdad subjetiva de cada uno, las mentiras y los errores de cada uno. Todos los pecados están al descubierto y nadie los quita. Todo el mundo los aplaude, los justifica, los ensalza.

Los católicos tibios son los primeros en aplaudir este caos en la doctrina, porque este hombre les dice lo que piensan en su mente retorcida. Un Benedicto XVI ataba la mente del hombre. Benedicto XVI era intransigente en la doctrina. Un Bergoglio, con sus dudas, sus errores, sus mentiras, sus oscuridades, sus ambigüedades, desata las pasiones en los católicos, no sólo la soberbia, sino todos los demás pecados, porque habla al hombre para que peque en su vida, para que obre la maldad como si fuera una verdad, un bien en su vida.

La Iglesia, con Bergoglio, es como cada uno se la pinta en su cabeza; Cristo es como la mente de cada uno lo entiende; la gracia, los Sacramentos… todo es un relativismo, que se acomoda, que se adapta a los tiempos de cada hombre, a su vida, a su cultura, a su trabajo, a su ideal, a su historia concreta. No son los hombres, para Bergoglio, los que deben adaptarse a la Verdad Revelada; sino que es ésta la que hay que abajar, hay que profanar, hay que cambiarla, desarrollarla, para agradar la vida de cada hombre. Y, por eso, se bautizan a hijos de degenerados y se casa a homosexuales.

Con Bergoglio ya no existe la penitencia, el sacrificio, el infierno, el purgatorio, el merecimiento de las obras buenas… Eso no puede darse con un gobierno comunista, protestante y masónico, como el que vemos en el Vaticano. ¿Qué comunista muere por Cristo? ¿Qué masón adora a Cristo en la eucaristía? ¿Qué protestante lucha para quitar su pecado de la vista de sus ojos y así poder salvarse?

¡Todo con Bergoglio está trastornado! ¡TODO! ¡Es la degeneración de la verdad, cuyas consecuencias son el caos en la doctrina, en la liturgia, en la espiritualidad, en el gobierno de la Iglesia y del mundo! Si la Iglesia no enseña la Verdad, el mundo vive en la mentira siempre. Es la Iglesia la que siempre sujeta al mundo. Cuando la Iglesia se desboca, el mundo se convierte en un gran infierno.

Por eso, los demonios están por todas partes. Es lo que se palpa desde que Bergoglio se sentó en la Silla que no le pertenece. Y es lo que más se va a palpar después del Sínodo.

Nada grato es observar la realidad de la Iglesia actualmente; pero va a ser un horror estas Navidades para todos los católicos verdaderos. ¡Un gran horror!

La blasfemia de Bergoglio contra la Maternidad Divina


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«El Evangelio que acabamos de escuchar, lo acogemos hoy como el Evangelio del encuentro entre los jóvenes y los ancianos: un encuentro lleno de gozo, de fe y de esperanza» (ver texto).

Así comienza un hereje su homilía: poniendo su idea humana por encima de la Mente de Cristo, del Evangelio de Jesucristo, de la Palabra del Pensamiento del Padre.

No podemos acoger una blasfemia como ésta: el Evangelio de Jesucristo no es el evangelio del encuentro con los hombres y, menos, del encuentro entre los jóvenes y los ancianos.

El Evangelio de Jesús es una Ley Eterna; el falso evangelio del encuentro es una idea masónica, protestante y comunista, sin gozo, sin fe y sin esperanza.

La Palabra de Dios no es para hacer un encuentro entre los hombres, sino para hacer una selección entre ellos: es para poner espada, división; es para indicar el camino de la salvación y hacer que el alma elija un camino en su vida.

El Evangelio de Jesucristo es el que lleva al Cielo; el evangelio del encuentro es el que lleva al infierno. Elijan uno de ellos. Elijan a Cristo o a un Obispo que no sabe leer el Evangelio de Jesús, que sólo sabe malinterpretarlo con sus palabras baratas y llenas de blasfemias.

Tienen que elegir ya. Tienen que saber escupir cada palabra de Bergoglio y decirle a la cara: tú no eres el Papa verdadero de la Iglesia Católica, porque no hablas como Jesucristo, no eres la Voz de Cristo en la tierra, sino que hablas como tu padre, el demonio: eres la misma voz del demonio.

Si no se atreven a decir esto, están haciendo como todos esos católicos, tibios y pervertidos en sus juicios, que buscan una razón para lavar las babosidades de este hombre cuando habla; son como toda esa Jerarquía, que se ha acomodado al lenguaje herético de un hombre, y que no tiene ninguna vergüenza en llamar a esta doctrina como católica, cuando es claramente anticatólica.

¡Da asco Bergoglio! ¡Pero más asco dan los católicos y la Jerarquía que apoyan y obedecen a Bergoglio! ¡Porquería demoníaca es lo que abunda en toda la Iglesia!

Si Bergoglio es un ser que ha perdido el juicio, es decir, un idiota, uno que no sabe pensar ni hablar una verdad, porque no hay verdad ni en su mente ni en su boca humana, más locos son todos esos católicos, que sólo son de nombre, pero no de obras, que alaban a Bergoglio, que lloran las palabras de un mentiroso, que repiten las herejías de un demonio en la Iglesia.

¡Bastardo es el nombre de Bergoglio: es el nombre de la Bestia! Nombre que se ha escondido en la falsedad de Francisco.

Francisco es un farsante (= su nombre es falsedad, porque no tiene el Espíritu de San Francisco de Asís, que es el motivo por el cual lo eligió); Bergoglio es el demonio en persona (= su nombre es su vocación en la vida: Bergoglio viene Beriko (Beriko, Berko, Bergo, Bergolio, Bergoglio), que significa burro, asno, persona incapaz de pensar la verdad. Es una hernia en el pie (Beriko, bernia, hernia); es un malestar que no se quita en la vida; es un dolor de cabeza, que ninguna medicina lo saca).

«María nos muestra el camino: ir a visitar a la anciana pariente, para estar con ella, ciertamente para ayudarla, pero también y sobre todo para aprender de ella, que ya es mayor, una sabiduría de vida».

En estas palabras ha anulado todo el Misterio de la Maternidad Divina.

¡Qué hombre tan cegado por lo humano! ¡Qué hombre tan inculto! ¡Qué demonio es Bergoglio!

La Virgen María va a aprender de una criatura humana, de la sabiduría de la vida humana: clarísima herejía, blasfemia contra la Santidad de la Virgen María.

¿Dónde están las Glorias de María en esta homilía? En ninguna parte, en ninguna palabra, en ningún párrafo.

¿Dónde están las glorias del hombre en esta homilía? En todas partes: desde el principio hasta el final.

Conociendo la mente de este sinvergüenza, es lógico que trate así a la Virgen María: sin ningún respeto, sin ninguna obediencia a Su Misterio, sin ninguna alabanza a su persona humana.

¿Quién es la Virgen María? La Madre de Dios. Y, por ser Madre, tiene la perfecta sabiduría humana, no sólo la divina. Luego, por ser Madre de Dios, la Virgen María no tiene que aprender de nadie, y menos de una mujer, lo que es la sabiduría de la vida.

Si no ponen a la Virgen María en su puesto, entonces caen en la blasfemia de este hombre, de esta piltrafa humana, de esta sabandija demoníaca.

La Virgen María, por Su Maternidad, no es una mujer como las demás. Es una persona humana con dos naturalezas. Este es Su Misterio, Su Gloria.

¿Quién es Jesús? Es el Verbo Divino que tiene dos naturalezas: la Divina y la Humana. Jesús no es un hombre: no pertenece a la naturaleza humana. El hombre sólo posee una sola naturaleza: la suya propia de su especie: la humana.

Jesús posee dos naturalezas: no es un hombre, no pertenece a la naturaleza humana. Posee otra naturaleza en su ser. ¡Este es el Misterio de la Encarnación! Nadie enseña este gran Misterio. Todos colocan a Jesús como Hombre. Y no es un Hombre como los demás.

En Él se resuelve la unión hipostática: el Verbo, que es Dios, se une a otra naturaleza, la del hombre, y surge así un nuevo ser, que es Dios y Hombre, al mismo tiempo.

En este Misterio, participa en grado supremo, Su Madre, la Virgen María.

La Virgen María, para poder ser Madre de Dios, tiene que ser elevada a esa unión hipostática. Y cuando el Verbo asume la naturaleza humana, en el vientre de María, asume la persona humana de Su Madre. Y esto significa, que María posee la misma Naturaleza Divina del Verbo por asunción. En otras palabras, María es Divina.

No sólo la Virgen María es divina por la Gracia, que la hace ser Hija de Dios por adopción; no sólo participa de la Naturaleza Divina por la gracia. Sino que es divina por su Maternidad; no sólo por su Bautismo.

Esta es la Gloria de María: tener por Hijo al mismo Hijo del Padre. Es algo que no se puede explicar, alcanzar con la mente humana. Es algo que supone una elevación del ser humano de María al Ser Divino, en que la Virgen pasa a ser Divina por la unión del Verbo con su naturaleza humana, en Su Seno Virginal.

Y, por tanto, María es poseída por toda la Sabiduría Divina. Y, en esa Sabiduría Divina, conoce lo que es el hombre, su valor y su sabiduría. María no necesita leer un libro para conocer lo que es el hombre. María no necesita que otra persona le enseñe lo que es la vida humana. No tiene ninguna necesidad porque lo sabe todo. Esta es Su Grandeza, que anula ese bribón con sus palabras de blasfemia, porque no cree en el dogma de la Maternidad Divina.

Hoy día la Jerarquía de la Iglesia no cree en esta divinidad de la Virgen, en Su Maternidad que la hace divina. No cree. Hace falta ser niños para poder creer en la Virgen María y para poder decir: María es Divina. Hay que poner la mente en el suelo y pisotear toda filosofía y toda la teología. Sólo los niños creen en las Grandezas del alma de Su Madre. Los hombres, los adultos, los sabios, ven sólo a María como una simple mujer

Como somos tan hombres, tan humanos, tan carnales, tan materiales, tan de la tierra, entonces lloramos y nos divertimos con las palabras necias de un estúpido: «para aprender de ella, que ya es mayor, una sabiduría de vida».

Es Isabel la que aprende de la Virgen María, porque la alaba en Su Maternidad Divina.

¿Por qué va la Virgen María a visitar a su prima Isabel?

Lo dice la misma escritura: «Así que oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel se llenó del Espíritu Santo, y clamó en voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1, 41-42)

Santa Isabel engrandece la Gloria de la Virgen María: su maternidad divina.

Bergoglio alaba a los hombres, los engrandece.

¿Quién tiene la razón? ¿Una Santa o un demonio? ¿Quién está dando lo que es la Virgen María, la verdad de su vida, de su persona, de su unión con Dios? ¿Lo da Bergoglio o lo da Santa Isabel? ¿Con quién te quedas: con Bergoglio o con los Santos de Dios? ¿A qué iglesia perteneces: a la de Bergoglio o a la de Jesús?

Ya hay que elegir. Ya hay que ponerse o de parte del Anticristo o de parte de Cristo.

Hay mucha gente que no sabe discernir nada. Están en la Iglesia con una estupidez morrocotuda.

La Virgen María lleva en su Seno al Santificador; y ¿cuál es su obra? Santificar un seno de una mujer que ha creído en el Mesías, pero que tiene un hombre, un sacerdote, que no ha creído y, por eso, se quedó mudo. ¿En qué cabeza cabe que la Virgen María vaya a escuchar las palabras de un anciano que no cree ni puede hablar? ¿En qué está pensando Bergoglio al hacer de este encuentro con Isabel una tertulia social? Es lo que quiere este hombre: la sociedad, lo cultural, lo humano. Pero aborrece a Cristo y a Su Madre.

La Virgen Maria hace una obra: santificar. Y la hace, no sólo como instrumento del Verbo, que está en Su Seno Virginal. Es su misma Maternidad la que obra: es el mismo Verbo unido a Su Madre. Son los dos, al mismo tiempo, los que santifican el hijo de esa mujer. Porque, para esto, el Verbo se encarna en el Seno de una Virgen: para llevar a la santidad a todas las almas, a través de Su Madre, la Virgen María. Jesús y Su Madre no se pueden separar en la Iglesia, en la Obra de la Redención. No se puede amar a Jesús y no amar a Su Madre. No se puede dar culto a Jesús y no dar culto a la Virgen María. No se puede. Quien no es devoto de la Virgen María, aunque comulgue no puede salvarse.

¿Predica esto Bergoglio? ¿Habla alguna vez Bergoglio de la santidad? Ninguna. Claramente no lo predica. Y, entonces, ¿por qué le llaman Papa? ¿Por qué le obedecen? ¿Por qué lloran con sus homilías oscuras y llenas de errores por todas partes? ¿Por qué hacen publicidad a un burro?

«Podemos pensar que la Virgen María, estando en la casa de Isabel, habrá oído rezar a ella y a su esposo Zacarías con las palabras del Salmo Responsorial de hoy: «Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud… No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones… Ahora, en la vejez y en las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación» (Sal 70,9.5.18). La joven María escuchaba, y lo guardaba todo en su corazón».

«Podemos pensar…»: esto es todo en Bergoglio: su mente…Podemos pensar, recordar, imaginar, ilusionarnos, soñar…. Se pone a pensar, se pone a interpretar, se pone a malinterpretar, se pone a destruir la Palabra de Dios con la misma Palabra de Dios. ¿Por qué no va a los Santos Padres y dice lo que ellos han dicho de este pasaje? Porque no cree en la Tradición Divina, ni en los Santos, ni en nadie. Sólo cree en lo que hay en su estúpida cabeza humana, que es una cabeza de chorlito.

Aprende, Obispo necio, estúpido e idiota, lo que significa este pasaje de otro Obispo:

«Bien pronto se manifestó los beneficios de la llegada de María y de la Presencia del Señor; pues en el momento mismo en que Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre, y ella se llenó del Espíritu Santo. Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del Misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la Mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos» (De la exposición de San Ambrosio, obispo, sobre el Evangelio de San Lucas – Libro 2, 19.22-23.26-27; CCL 14, 39-42).

La Virgen María no fue a casa de Isabel para dialogar con esa mujer, sino para santificar su seno.

La Virgen María no fue a la casa de Isabel para aprender de ella una sabiduría de la vida, sino para profetizar lo que viene con el Hijo que tiene en su seno virginal: Misericordia y Justicia, que es el Magnificat, que Bergoglio ni se molesta en nombrar, porque ha anulado la misión de la Virgen María en la Iglesia: ser profeta de Su Hijo; ser Apóstol de Su Hijo; ser mártir con su Hijo.

«María supo escuchar a aquellos padres ancianos y llenos de asombro, hizo acopio de su sabiduría, y ésta fue de gran valor para ella en su camino como mujer, esposa y madre». ¿Ven la gran blasfemia de este hombre? ¿Ven cómo no predica el Evangelio de Jesucristo, sino que predica lo que le da la gana?

¿No ven que Bergoglio no puede ser el Papa de los católicos porque no da la unidad de la fe? No lleva a la Tradición, no continúa la línea de los Papas, no hace nada para salvar a la Iglesia del error y de la mentira. No une en la Verdad: desune con su mentira, con sus errores, con sus palabras llenas de sin sentido. Sólo está interesado en su humanidad, en los hombres, pero no en Cristo, no en Su Obra, no en su Plan de Salvación.

¿Todavía no lo disciernen? ¿Qué más hay que decir para que comprendan la situación de toda la Iglesia?

¿Qué más hay que escribir para que comprendan que, a partir de ahora, la Jerarquía va a dar un cambio sustancial en todo? Si están apoyando las palabras de un hereje, también van a apoyar las reformas malditas que ese hereje quiere. Y van a destruir toda la Iglesia, como lo hace el mismo Bergoglio: con palabras baratas, sentimentales, que agradan los oídos de todos los hombres.

¿Todavía no ven lo que viene a la Iglesia? ¿Todavía rezan por el Sínodo? Todos se van a abrazar en un mismo lenguaje: igualdad, libertad y fraternidad. Y van a consentir con el pecado, y lo van a obrar como si fuera un vaso de agua en sus vidas.

La Virgen María enseña sólo un camino: el de Su Hijo. Y llama a todos a caminar por ese Camino. Y no es fácil ese caminar, porque el hombre tiene que aprender la humildad: tiene que aprender a no mirar su vida humana ni su humanidad: es el negarse a sí mismo que Bergoglio no lo quiere ni lo vive, sino que muestra, en todo su obra en la Iglesia, lo contrario: sean hombres, busquemos los derechos humanos, seamos justos con todos, vivamos en la fraternidad, en la igualdad de todas las mentes humanas, y amémonos en la creación porque es algo maravilloso: Dios todo lo ha creado bueno, todo es hermoso, todo es amable. Todo consiste en el cristal como se lo mire. Y, por eso, anulemos las Verdades Absolutas que impiden esta unión global, este levantamiento del hombre por encima de Dios.

Bergoglio se ha hecho un dios; la Jerarquía de la Iglesia se ha hecho un dios. Todo el mundo juega a ser dios. Y nadie quiere reconocer los derechos de Dios sobre todas las criaturas. Y eso es lo que viene ahora: la Justicia de Dios. Y nadie se puede esconder de Su Justicia.

Los gobernantes de las naciones se les va a ir de la mano todo su plan; los que gobiernan la Iglesia en Roma van a quedar al desnudo, con todas sus verguenzas al aire; y los católicos, tan ufanos para proclamar las herejías de un hereje, van a quedar mudos y espantados ante lo que viene a la Iglesia.

Benedicto XVI es el que posee la Suprema Potestad en la Iglesia Universal


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“Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Es, por eso, que éste definitivamente no es el momento de renunciar. Es precisamente en momentos como éste, que tenemos que resistir y superar la situación difícil. Este es mi pensamiento. Uno puede renunciar en un momento de paz, o en las que simplemente no puede hacerlo más. Pero uno no puede huir en el momento del peligro y decir: “que se ocupe otro” [...] Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea que le ha confiado, entonces tiene el derecho, en determinadas circunstancias, y también el deber de dimitir”(Luz del Mundo, Libreria Editrice Vaticana, 2010, p. 53).

Las palabras del Papa Benedicto XVI son claras: no es el momento de renunciar (= «non è il momento di dimettersi»), sino que hay que resistir (= «che bisogna resistere»).

«Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea, entones tiene el derecho de… dimitir». Este pensamiento del Romano Pontífice es distinto cuando da su renuncia:

«he llegado a la certeza que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son aptas»«para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor sea del cuerpo, sea del ánimo, vigor que, en los últimos meses, en mí ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad de administrar el ministerio a mí confiado».

El Papa, en su renuncia sólo da una razón: la disminución del vigor del cuerpo, la edad avanzada, que hace que el ánimo se sienta turbado, pesado, sin fuerzas. Pero el Papa no da una razón espiritual de su renuncia. El cuerpo puede estar débil, sin fuerzas; la cabeza puede estar no lúcida; pero no son razones para renunciar. Juan Pablo II se mantuvo hasta el final, con sus enfermedades. Y podía haber dicho: ahí os quedáis todos. Y, sin embargo, se mantuvo siendo un Papa católico hasta el final: perseveró en la gracia de su Pontificado. Fue fiel a esa gracia.

Benedicto XVI pone una excusa pobre y esconde la verdadera razón. No puede decirla. La razón espiritual debe callarla.

«No es el momento de renunciar» y, sin embargo, me han obligado a renunciar. Esto lo calla el Papa Benedicto XVI. Si el Papa hubiera sido fiel a su pensamiento: «uno no puede huir en el momento del peligro», entonces no hubiera renunciado. Quien conozca la mente de Benedicto XVI sabe muy bien que él siempre ha sido fiel a su pensamiento. El Papa Benedicto XVI tiene una cabeza bien montada: sabe lo que piensa y sabe lo que dice. No es como muchos seudo-teólogos, llenos de ambigüedades, que no saben ni lo que piensan ni lo que dicen. No es un Bergoglio que es un veleta del pensamiento del hombre: es un hombre sin ideales, sin rumbo, sin camino, sin una obra verdadera. Bergoglio es un pervertido en su juicio: no tiene cabeza, es un loco, carece de toda inteligencia espiritual y humana.

Al Papa Benedicto XVI le pusieron el arma en la sien: es un modo de hablar para decir que la Iglesia está gobernada por hombres que no pertenecen a Ella, sino que han escalado los puestos claves para dar el asalto a la Verdad.

La Verdad no puede ser vencida, pero sí ocultada de muchas maneras. Sí perseguida en muchos frentes.

El Papa Benedicto XVI sabe lo que hay en la Iglesia: en su interior. Los conoce a todos con los ojos cerrados. Pero debe callar. Si hubiera huido de Roma, entonces habría hecho la Voluntad de Dios. Pero dejó a la Iglesia en manos del lobo. Y esto es un pecado que hay que expiar.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI se acaba el tiempo del Papado: surge el tiempo del Anticristo. Ya estamos en su inicio, pero debe morir el katejon. No sólo debe renunciar, sino morir, para que se cumplan las escrituras.

Tiene que cumplirse la profecía de Fátima, en su segunda parte: «y vimos…a un obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte… fue muerto por un grupo de soldados». La primera parte del Tercer Secreto, ya se cumplió en estos 18 meses: Dos Papas en Roma; uno de ellos bajo la influencia del demonio, poseído por Satanás..

La Iglesia vive de profecías, porque Jesús es un Profeta. Y todo sacerdote es un profeta. Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Eso es ser profeta: habla lo que el Padre le dice. Transmite íntegramente la Mente del Padre. El profeta no pone nada de su intelecto humano. No interpreta lo que recibe de Dios. Lo da sin más, aunque el mundo no lo comprenda.

Por eso, hoy los católicos se afanan por buscar falsos profetas que les digan que lo que pasa en la Iglesia no es nada, que todo va de maravilla, que continúen obedeciendo a Bergoglio, que tiene fama de santidad. No quieren escuchar la voz de Dios, no quieren buscar la verdad. No les interesa lo que piensa Dios de todo esto que pasa en la Iglesia, porque es más fácil acomodarse a lo que los demás piensan y deciden en la vida.

Siempre el falso profeta habla para que el otro se sienta contento, a gusto. Y, por eso, no es un profeta de calamidades, de desastres, de castigos, de muertes… Sino que es falso profeta de misericordia, de amor, de paz, de ternura, de fraternidad, que es siempre el lenguaje humano de los tontos, de los tibios, de los pervertidos en sus juicios humanos.

La Iglesia se llena de falsos profetas y de una falsa Jerarquía que limpia las babas que se le caen a Bergoglio cuando habla. Esto es la Iglesia actualmente: todos maquillando a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Y lo hacen cobrando. Es el negocio que ahora se han montado en el Vaticano: gente que apoye las barbaridades de ese hombre, gente que haga filosofía de la mentira de ese hombre; gente que viva como ese hombre.

¿Renunció el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino o al ministerio episcopal?

El Romano Pontífice es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma, es decir, que el Papa es también el Obispo de Roma. Primero es ser Papa, después es ser Obispo de Roma.

«El Obispo de la Iglesia de Roma, en quien perdura el ministerio concedido singularmente por el Señor a la persona de Pedro, el primero de los Apóstoles, y que debe transmitirse a sus sucesores, es la cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor aquí en la tierra de la Iglesia universal; él, por ello, en virtud de su ministerio, tiene potestad ordinaria suprema, plena, inmediata y universal sobre la Iglesia, potestad que puede siempre ejercer libremente» (canon 331).

En este canon se reconoce al Obispo de Roma como en quien está el ministerio del Sucesor de Pedro: «El Obispo de la Iglesia de Roma es… el Pastor aquí en la tierra de la Iglesia Universal». Son dos poderes distintos: un poder que se vincula al gobierno de la diócesis de Roma y otro poder que es relativo a la Iglesia Universal, como Cabeza de Ella, como Papa. Son dos poderes en un mismo sujeto: el Papa.

El Papa es Obispo. Por lo tanto, tiene el primado de honor, es decir, la potestad sobre todos los Obispos, y gobierna en la jurisdicción de Roma, con ese poder. El poder del Papa es episcopal.

Pero el Papa también es el Vicario de Cristo, que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, la Suprema Potestad en toda la Iglesia, para gobernar en todas las diócesis del mundo, no sólo en Roma.

Cuando Jesús da a Pedro la Potestad Suprema lo hace de manera independiente del cargo de Obispo de Roma. Este cargo lo asume San Pedro, después de recibir la Potestad Suprema, el Primado de Jurisdicción. Por tanto, es antes el Primado de Jurisdicción, el gobierno de toda la Iglesia Universal, que el gobierno de la diócesis de Roma, el ser Obispo de la Iglesia de Roma. Son, claramente, dos poderes distintos y que se pueden separar. No son absolutamente indisolubles. No existe en la Iglesia una ley canónica que imponga la indisolubilidad entre el Primado de Jurisdicción y la potestad de gobernar la diócesis de Roma. Hay que distinguir las dos potestades.

La Suprema Potestad que San Pedro transmite a sus sucesores es independiente de la potestad de ser el Obispo de Roma. Esta Suprema Potestad lleva aneja la jurisdicción sobre Roma. Jesús deja Su Vicario a la Iglesia, pero no deja un Obispo de Roma: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la persona de Pedro está levantada la Iglesia, no sobre la ciudad de Roma, no sobre el gobierno de la Iglesia de Roma.

Esta Suprema Potestad es por derecho divino, iure divino: «El Romano Pontífice, legítimamente elegido,… obtiene, por derecho divino, la plena potestad de Jurisdicción» (Canon 219 del Código de 1917). Pero el ser Obispo de la Iglesia de Roma no es por derecho divino; sino que es o bien por derecho humano-eclesiástico o bien por derecho eclesiástico-apostólico, según la naturaleza del derecho por el cual San Pedro unió de hecho el Primado con el Episcopado Romano.

¿Qué hizo el Papa Benedicto XVI?: «declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri… renuntiare» («declaro que renuncio a mi ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro»).

Es claro el pensamiento del Papa Benedicto XVI: renuncia a ser Obispo de la Iglesia de Roma, que es también el Sucesor de Pedro; pero no renuncia a ser el Vicario de Cristo, el Pastor de la Iglesia Universal. El Papa nombra los dos poderes: Obispo de Roma y Sucesor de Pedro; pero sólo renuncia al ministerio episcopal de la diócesis de Roma.

¿Qué tenía que haber dicho Benedicto XVI para renunciar al ministerio petrino?

Tenía que haber empezado, precisamente, por ese poder: el Supremo Poder, el ministerio petrino, el papado. Porque el Papa es antes Vicario de Cristo que Obispo de Roma. Luego, para renunciar como Papa, como el que tiene la Suprema Potestad en la Iglesia Universal, tenía que haber dicho, como en la renuncia del Papa Celestino V:

«Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore»

«cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori»: «me retiro del Papado y, expresamente, renuncio al lugar y a la dignidad y al peso del deber y al cargo en el poder»

El Papa Benedicto XVI, para dar la Voluntad de Dios clara sobre su renuncia como Papa legítimo, tenía que haber manifestado que renunciaba al ministerio petrino, no al ministerio episcopal. Como no manifestó claramente esto, se sigue que el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo. Sólo renunció a ser el Obispo de Roma, poder que está anejo a la Suprema Potestad que tiene como Vicario de Cristo, como Sucesor de San Pedro.

Si no se hace esta distinción de poderes, entonces no se puede discernir qué cosa hizo el Papa Benedicto XVI en su renuncia.

Bergoglio sólo está como Obispo de la Iglesia de Roma, pero sin el poder divino, que le viene por el Papa legítimo, que es Benedicto XVI. Por haber puesto un gobierno horizontal, automáticamente pierde ese poder divino y rige la Iglesia de Roma con un poder humano: es decir, está haciendo un cisma como Obispo de la Iglesia de Roma. Él no tiene ninguna potestad sobre la Iglesia Universal: carece del Primado de Jurisdicción que sólo permanece en el Papa Benedicto XVI.

Este Papa sólo renunció como Obispo de Roma, pero no como Vicario de Cristo.

Esta es la Verdad que nadie cuenta, porque a nadie le interesa el dogma del Papado, la ley de la Gracia, la Voluntad de Dios en Su Iglesia.

Es pecado mortal obedecer a Bergoglio


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Nos dice Jesucristo de Sí Mismo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). En tanto se camina por Él en cuanto se observa con exactitud su Santísima Ley.

El Evangelio es Ley Eterna; no es un conjunto de ideas, más o menos bien puestas; no es una doctrina de hombres, inventada e interpretada por cada mente humana.

El Evangelio, para ser obrado, necesita que el hombre ponga en el suelo su cabeza; es decir, que escupa de sí mismo toda idea, por más buena y perfecta que al hombre le parezca, y se someta a la Mente de Dios.

El Evangelio es la Palabra de Dios, no es la palabra del hombre. Es la Palabra que nace de la Boca de Dios: es el Verbo que habla la Mente de Su Padre.

Jesús es el Verbo Encarnado; es decir es el Hijo del Padre, que ha asumido una naturaleza humana. Y, en ella, no existe la persona humana. Sólo existe la Persona Divina del Verbo.

Jesús es Dios hecho Hombre; pero Jesús no es una persona humana. Y esto significa que Jesús no es sólo un hombre: no se le puede mirar como un hombre cualquiera; ni su vida es como la de un hombre. Su vida es la vida del Verbo, la de una Persona Divina. Su vida humana es divina: no tiene una idea humana, un sentimiento humano, una visión humana de la vida. Jesús todo lo ve, en su vida humana, con los ojos divinos, con los ojos de Su Persona Divina. Nada ve con los ojos humanos. No entiende la vida como los hombres, sino como Dios.

Por eso, a Jesús le trae sin cuidado la vida humana, porque vive su propia vida divina en una carne humana. Y, por tanto, lleva esa naturaleza humana hacia lo que Su Padre quiere. Duerme, come,…, pero no es como los hombres: no duerme, no come, no vive como ellos…. Es el Verbo, que no puede dormir, el que hace dormir a la naturaleza humana…. Es el Verbo el que rige toda la vida humana de Jesús.

Jesús vive en su humanidad la Ley Divina. Y, por tanto, lleva toda esa humanidad al cumplimiento perfecto de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia.

Jesús es el Nuevo Adán: lo que Adán tenía que haber hecho, lo obró Jesús sin más, con su Persona Divina. Adán necesitaba la gracia para obrar lo divino en lo humano, para ser hijo de Dios por adopción. Pero Jesús sólo con Su Persona Divina mueve toda su humanidad hacia donde Él quiere, porque es el mismo Hijo de Dios. No necesita la gracia, aunque la posee, por ser Hombre Verdadero, Hombre que nace de una Mujer llena de Gracia. No la necesita, pero tiene toda la Gracia, la Plenitud de Ella, está en Él, en su naturaleza humana. Pero es el Verbo –no la Gracia- , el que sostiene a toda su naturaleza humana, el que la rige, el que decide lo que le conviene a esa naturaleza humana.

Este es el dogma de la Divinidad de Jesucristo, que muy pocos conocen y siguen. Todos pintan a un Jesús muy humano, cercano a los hombres, que camina con ellos, que vive como ellos, que ama a todo el mundo y que perdona a todos. Y este pensamiento es una falacia más de la Jerarquía modernista, que todo lo entiende con su cabeza humana. No es capaz de poner su orgullo en el suelo, ni de pisar su entendimiento humano, para poder ser otro Cristo en la tierra.

Jesús siempre ha señalado el camino a toda alma que quiera seguirle: «no peques más». Este es el eje del Evangelio: la lucha contra todo pecado.

El pecado es una ofensa a Dios: es un acto voluntario, libre, contra la ley de Dios Eterna. Esta Ley se manifiesta en la ley natural, en la ley divina, en la ley humana y en la ley de la gracia:

a. quien roba, mata, se masturba, es gay…,va contra la ley natural;

b. quien cae en herejía, quien provoca cisma, quien invoca a los muertos…, va en contra de la ley Divina positiva, contra los mandamientos revelados por Dios;

c. quien falta a misa los domingos y fiestas, o no cumple alguna ley civil válida…, se opone a la ley humano-eclesiástica o civil-política;

d. quien comulga en pecado mortal, quien se casa por lo civil teniendo ya el sacramento del matrimonio, quien casa a un homosexual, quien bautiza a hijos de lesbianas, quien usurpa el Trono de Pedro…, va en contra de la ley de la gracia.

En la vida, ningún hombre está exento de pecar. Todos caen, en uno u otro pecado. Hoy nadie atiende al pecado, nadie sabe lo que es, a nadie le interesa el pecado. Y, por supuesto, nadie sabe discernir los diferentes pecados que se dan, porque los hombres se han olvidado de lo que es Jesús.

Quien niega el pecado, quien dice que el pecado no existe o que es otra cosa, niega, necesariamente, la Divinidad de Jesucristo. Y, por tanto, comienza a inventarse su cristo, su salvador, su iglesia.

Jesús vino a liquidar el pecado. Sólo a eso. Lo demás, no le interesa.

Todo pecado produce en el alma una mancha que es necesario limpiar, purificar, con cuatro cosas: oración, ayuno, penitencia y sacrificio. Y no se puede quitar esta mancha de otra manera.

Quien confiesa una vez al mes, va a Misa todos los domingos, reza el Rosario ocasionalmente, no tiene los actos de penitencia necesarios para limpiar todas las manchas del pecado. Es pobre en la purificación de su alma. No sabe expiar, reparar el pecado de su alma.

Quien añade no comer carne los viernes, ayunar la Cuaresma, hacer obras de Misericordia, rezar el Via-Crucis, practicar las virtudes, ir a Misa todos los días y comulgar, rezar las cuatro partes del Rosario, ha avanzado un poco más en su purificación, pero todavía le falta mucho Purgatorio.

Es necesario trabajar para expiar los pecados: «no peques más». Para no pecar más, hay que sudar sangre; hay que oponerse a muchas cosas buenas, que en apariencia parecen divinas, espirituales, pero que llevan una malicia, que hace caer al hombre en el pecado.

Hay que empezar hoy mismo a quitar el Purgatorio. Y no hay que dedicarse a lo de siempre. Nunca hagan rutinas de la vida espiritual. Nunca la rutina de la oración, de la penitencia, del ayuno, del sacrificio. Que la obra que se haga no sea con rutina, no sea lo de siempre. Es necesario hacer esa obra con amor, con el fuego de la caridad divina. Y entonces se va limpiando el alma.

Muchos pueden hacer un día de ayuno riguroso, a pan y a agua, pero de manera rutinaria: es viernes, toca ayunar, hay que aguantar el ayuno. No sirve eso para limpiar el alma.

Es más provechoso hacer medio día de ayuno riguroso, pero ardientemente, con el fuego del amor divino, aprovechando cada minuto para expiar el pecado y salvar almas. El que hace la penitencia tiene que estar en la penitencia, en la reparación del pecado. No puede estar en otra cosa: estoy trabajando y estoy ayunando. Es estar en dos cosas.

Quien pueda estar atento a las dos cosas, sin perder la Presencia de Dios, ni en el ayuno ni en el trabajo, entonces eso le vale. Pero quien sólo está atento a su trabajo y le está mortificando el ayuno que hace, entonces es mejor que deje el ayuno, porque no le sirve.

Cuando se hace penitencia, Dios quiere algo del alma en esa penitencia. Y si el alma no está atenta a la Voluntad de Dios, por estar en otro negocio, entonces de nada le vale su penitencia.

Sólo Dios sabe cómo se repara un pecado para que el Purgatorio desparezca por completo. Pero el alma, cuando se pone en oración y en penitencia por sus pecados, debe atender a Dios. No debe estar atenta a otras cosas.

Por eso, son pocos los que quitan de verdad el Purgatorio aquí en vida, y son pocos los que luchan en contra del pecado hasta quitarlo.

Hay un pecado que muchos cometen en la actualidad: seguir, obedecer a un hereje. Mata el alma seguir a Bergoglio como Papa de la Iglesia Católica. ¡Mata el alma! Es un pecado mortal someter el entendimiento a la mente de ese hombre.

Esto, muchos católicos, no saben discernirlo. Y pecan por ignorancia culpable. Tienen muchos medios a su alcance para ver si ese hombre es realmente lo que dice ser. Y, de manera culpable, se quedan en su ignorancia. 18 meses para discernir lo que es Bergoglio y muchos están como al principio: embobados, alucinando con un pobre idiota.

Otros les nacen muchas dudas, pero son culpables porque son almas acostumbradas a consentir con el pecado: son de conciencia ancha. Les cuesta entender que una cosa es pecado y se conforman grandemente con ese pecado. Corren hacia el pecado, con dudas, pero corren: aceptan a ese hombre porque hace, más o menos, un bien o dice palabras, más o menos, correctas.

El que se acomoda a la vida humana, a lo que otros han puesto en la Iglesia, a lo que los Cardenales han dicho o han elegido, son siempre almas de pecado, que en caso de duda, no tienen una conciencia timorata, que les impide pecar; sino ancha. Ancha es castilla: tenemos un nuevo Papa. ¡Qué alegría! Y, a pesar de que ven cosas raras en esa persona, siguen dudando. Siempre hay en eso, malicia en la voluntad, error en el entendimiento, atadura en la vida espiritual.

Quien obedezca a Bergoglio peca mortalmente.

Bergoglio es un hereje y, por tanto, ha cometido muchos pecados contra la ley divina. Su magisterio es herético y perjudicial para la mente de cualquier hombre. Por la mente se llega al pecado. Por la idea herética se pierde la fe, la obra divina. Y, por tanto, se comienza a obrar en contra de la fe, según esa idea herética: obras de pecado, de maldad.

Esto es lo que está pasando en muchos fieles y en casi toda la Jerarquía de la Iglesia. Están aceptando la idea herética de ese hombre: están perdiendo la fe. Esto trae, como consecuencia, el inicio de la apostasía de la fe.

Pero Bergoglio, no sólo es herético, sino que es cismático. Va en contra de la ley de la gracia. Al ponerse como Papa, él se sitúa fuera del Papa legítimo. Está haciendo un cisma, encubierto, pero es un cisma.

Por tanto, no se le puede obedecer en su cargo, porque no tiene el oficio papal. Está sentado en el Trono de Pedro, pero no es Papa. En la Iglesia Católica sólo se puede dar obediencia al Papa legítimo. No cabe otra obediencia. No existe en la Iglesia Católica una obediencia humana, que se da por un poder humano. La obediencia humana en la Iglesia es siempre por un poder divino, no humano.

El cargo de Papa no es como el gobernante en el mundo que, aunque sea un hereje, es necesario darle la obediencia allí donde no hay pecado, porque toda autoridad viene de Dios.

En la Iglesia esto no puede suceder. En la Iglesia es Dios mismo quien pone su Cabeza, su gobernante. En consecuencia, aquel que usurpa el gobierno de la Iglesia carece del poder divino: no es autoridad ni divina, ni espiritual, ni moral.

Bergoglio, para la Iglesia Católica, es un don nadie, es un cero a la izquierda porque no posee el Primado de Jurisdicción. Y, al no tenerlo, no tiene ninguna otra autoridad. Sólo posee la que los hombres le han dado: un poder humano, que es un poder masónico. Y a este poder humano no es posible la obediencia. Porque en la Iglesia se obedece a un hombre que tiene el Poder Divino, el Primado de Jurisdicción. Aquel que sólo tenga un poder humano, que no está sometido al Poder Divino, como en Bergoglio, no manda nada en la Iglesia.

A Bergoglio no hay que obedecerle en nada, aunque mande cosas buenas, que no son pecado, que son propias del derecho canónico o de la liturgia. Si manda que en el canon se puede recitar a San José, no se le obedece. Si manda una jornada de oración y de ayuno, no hay obediencia. Porque él lo manda con un poder humano. No hay sometimiento a ese poder humano en la Iglesia. Sólo se obedece al Papa legítimo. Y, por tanto, sólo se obedece a la Jerarquía que se somete al Papa legítimo. No es posible la obediencia a la Jerarquía que se somete a un hereje, como Bergoglio. Si se da esa obediencia a esa Jerarquía, se peca mortalmente.

Es muy importante tener las cosas claras con este hombre en la Iglesia, que es lo que muchos no la tienen, y siguen en sus dudas, en sus ambigüedades, en sus acomodos a las circunstancias de la vida de la Iglesia.

Por eso, la Jerarquía, que sabe todo esto, es la que más peca. Están guardando las formas exteriores con ese hombre, el status quo, para hacer el juego que todos quieren. Y eso es una gran maldad, un gran pecado que toda la Jerarquía lo tiene que pagar caro.

Quien escuche una misa de Bergoglio comete un pecado mortal. Son misas de herejías, de cisma, de apostasía de la fe. No son misas en que el alma reciba una verdad. Son misas para condenar a las almas. En esas misas no está Cristo en el Altar. Se comulga una galleta.

El que asista a un acto de Bergoglio (conferencia, ángelus, charla,…) peca mortalmente. Porque no es un hombre que lleve a la santidad cuando habla. No es un hombre que haga caminar hacia el bien divino, sino que pone la puerta hacia el pecado: invita a pecar y a seguir en la vida de pecado. No es como Jesús: no peques más. Bergoglio dice: quiero una iglesia de pecadores. Para ese hombre el pecado no es un mancha en su alma, sino otra cosa, lo que su mente diabólica se ha inventado. Es un Obispo que engaña con su palabra a todo el mundo. ¿Por qué pierden el tiempo escuchando a ese hombre que no da una palabra de verdad? ¿Qué hacen contemplando sus obras? ¿Qué les importa sus viajes?

Bergoglio ya hay que ponerlo a un lado, porque ahora se hacen fuertes los demás: los que lo apoyan, que son muchos, y en muchos frentes.

Bergoglio ha sido el entretenimiento para toda la Iglesia; pero ya se le acaba la cuerda. Muchos han visto su negrura; y muchos la aceptan, la quieren para sus vidas; y sólo están esperando que ese hombre comience a destrozarlo todo en la Iglesia. Y muchos se impacientan porque ven que ese hombre tiene mucha labia, pero ninguna obra.

Bergoglio es, como todos, pero en lo malo. Todos hablan muchas cosas, pero unos son buenos, otros son unos demonios. Y cada uno tiene sus impedimentos para obrar. Así los Papas anteriores no pudieron hacer el bien que Dios les pedía, por la rebeldía de muchos Cardenales y Obispos; así Bergoglio tiene a muchos que tampoco lo quieren en su maldad. No puede hacer lo que él quiere y no deja hacer a los otros en el mal. Los tiene enfrentados.

Bergoglio ha sido orgulloso desde el principio: él ha querido poner su camino. Y ha encontrado oposición en la cima del gobierno, que es la masonería. Y ésta le ha dejado hacer, mientras convenía. Pero ya Bergoglio no conviene a la masonería, porque hay que dar un paso más: hay que empezar a romper y se necesita una cabeza pensante.

Bergoglio es sólo un vividor. Y no más que eso. Vive su vida y deja que los demás la vivan. No por eso, deja de ser un dictador. Ahí lo tienen con el golpe de estado a Mons. Rogelio Livieres. Es el acto propio de una sabandija en el gobierno: quiere que todos obedezcan a su mente diabólica, a su planteamiento de lo que debe ser la iglesia sin cristo, para el pueblo, para el comunismo, para la fraternidad, para los pobres… Y si encuentra oposición, hace lo que ha hecho. Y Bergoglio se queda tan tranquilo, porque no tiene arrepentimiento de su pecado. No ve su pecado: ve a los otros que van en contra de él. Y eso le molesta mucho, pero pone cara de idiota y de niño bueno.

En la Iglesia se habla mucho de amor fraternal, de misericordia, de humildad, de que hay que estar en la verdad, pero todo eso son palabras en mucha Jerarquía. Es sólo el lenguaje humano. A la hora de la verdad, si no te sometes a la mente de tu Obispo te quedas en la calle pidiendo limosna. Y encima te levanta una calumnia el mismo Obispo.

Esto es una realidad y está pasando en la Iglesia. Y la gente anda embobada con un necio, un estúpido y un idiota, como es Bergoglio. Y no ve lo que pasa en la Jerarquía de su parroquia. No ve los lobos que hay en su parroquia. Y, entonces, no puede ver al lobo principal, que está sentado en la Silla que no le pertenece.

La Iglesia está en el pecado habitual: colaborando con un hereje, ocultando sus herejías, dándole publicidad, y haciendo que los demás se sometan a la mente de ese hombre sólo porque está en la Silla de Pedro: sólo por una cuestión externa, para guardar las apariencias con todo el mundo y decirse a sí mismos: en la Iglesia Católica estamos todos unidos con el Papa. Todos a una con un imbécil.

Gran pecado es éste el de la Jerarquía. Muchas almas sacerdotales están muertas por su obediencia a un hereje. Y les va a ser casi imposible salir de ese pecado. Porque son los que más conocen: luego son los que más pecan. Pecan con perfección; no con ignorancia, no con dudas… Son almas con una vida sacerdotal tan mísera, tan rastrera, que no les importa someter su mente a la mente de un hereje. No les importa. Beben su pecado como si fuera un vaso de agua.

Jesús es el Verbo Encarnado, el cual ha desparecido de muchas misas, de muchas almas sacerdotales, porque la Iglesia que está en el Vaticano ya no es la Iglesia de Cristo. Ya no son sus sacerdotes: son lobos que llevan a las almas a lo más profundo del infierno. Y las almas las siguen como borregas que son.

Bergoglio: un hombre que vive de utopías


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«Mi Iglesia será reducida tan rápidamente como la noche se convierte en día, y aquellos en su interior no entenderán lo que les ha sucedido. Hay quienes dentro de Mi Iglesia, se colocan a sí mismos en tal posición como si fueran Yo mismo. Hacen juicios y utilizan su autoridad para provocar lo que no viene de Mí. Yo digo: ay, de tal persona, pues Yo la derribaré. Tendrá mucho que padecer bajo Mi Justicia por las mentiras y engaños que han sido propagados en contra de la Verdad y en contra de Mi Obra. Sólo cuando sea traído de rodillas él reconocerá que no soy Yo, sino Mi siervo, y tan solo un pobre siervo. Tales como ellos no traen almas a Mí: ellos Me traen nada más que vergüenza. Su fe no existe. Es como si sirvieran a otro dios, y no a Mí». (Christina Gallagher – Septiembre de 2012).

Tiempo de Justicia es el que se ha iniciado ya dentro de la Iglesia.

En este tiempo, no hay Misericordia. Es decir, no es tiempo para convertir, sino para condenar. Se convierten los que tienen que convertirse, pero es el tiempo para llevar a la condenación, porque el Anticristo ya está dentro de la Iglesia.

La primera en sufrir la Justicia es la misma Jerarquía de la Iglesia, que viven con un sentimiento de seguridad terrenal, pero que carecen de la visión sobrenatural para poder comprender que el piso que pisan es falso, que la cabeza a la cual siguen es la puerta para el alejamiento de toda verdad. Cabeza de Apostasía.

Una cabeza que dice: «Ya el libro del Génesis, al presentarnos de un modo poético las primeras pinceladas de este inmenso cuadro…» (Bergoglio – «Educar, un compromiso compartido» – Mensaje a las Comunidades Educativas, 2007). Bergolgio es una cabeza que arrastra a toda la Iglesia hacia la apostasía de la fe.

Para Bergoglio, la creación de Dios y el pecado de Adán y Eva fueron poesía; luego, todo lo demás es una fábula que hay que contar, de muchas maneras, para tener a la gente contenta.

Un hombre que vive de sueños, no de la Verdad: «Un escritor latinoamericano decía que tenemos dos ojos: uno de carne y otro de vidrio. Con el de carne miramos lo que vemos, con el de vidrio miramos lo que soñamos. Pobre una mujer o un hombre, pobre un pueblo, que clausura la posibilidad de soñar, que se cierra a las utopías. Por ello, es parte de la dignidad trascendente del hombre su apertura a la esperanza» (Ibid.).

Usted, como católico, ¿puede obedecer a un hombre que persigue utopías en su vida, que persigue vientos de doctrinas, fábulas?

La vida es una utopía: es el pensamiento de Bergoglio: «…pobre un pueblo… que se cierra a las utopías». La Iglesia, ¿es una Iglesia de utopías? ¿Persigue utopías? Muchos católicos dirán que sí, como Bergoglio.

Usted, como Jerarquía de la Iglesia, ¿puede dar su obediencia a un hombre abierto al engaño, a la ilusión, a la duda, a la falsedad…? Todo es un sueño, una utopía… nada es estable… Vive tu sueño, vive para agarrar una ilusión, un viento que viene y se va….. Sé una veleta de la vida, pero no permanezcas en algo estable, permanente, inmutable, porque no existe…. No te cierres a un dogma, sino ábrete a una utopía. ¿Captan el pensamiento de Bergoglio?

No te clausures a las utopías, sino que vive de una ilusión, de un absurdo, de un camino sin esperanza, sin posibilidad de encontrar el sentido a la vida. La esperanza, para este hombre, es la conquista de una utopía. La Iglesia, que vive de unos dogmas, está equivocada, porque se cierra a la utopía, a un mundo idealizado, inventado por cada uno en su mente.

Para Bergoglio, cada uno se inventa el bien y el mal: «Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo: cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea. Bastaría eso para cambiar el mundo.»

¿Y ustedes pueden obedecer a un hombre abierto a la utopía? Un hombre que mira el mundo como un ideal en su mente, como una perfección que nunca se puede dar en la realidad de la vida. Eso es la utopía. Bergoglio vive en su mente idealizada y persigue un mundo, una iglesia utópica, que sólo existe en su pensamiento. Es el bien que concibe en su mente; es el mal que atrapa su mente. Pero no es la realidad de la vida; no es la verdad que enseñó Cristo sobre el bien y el mal. No es la Iglesia de Cristo.

¿Es Cristo una utopía o la verdad, la única Verdad? Si Cristo es la verdad, ¿por qué continúan mirando a un mentiroso y le siguen en la Iglesia? ¿Por qué hacen caso de lo que un engañabobos está construyendo en la Iglesia?

¿Pueden llamar Papa a uno que caza utopías en la vida, que caza vientos con su cabeza? ¿Lo pueden hacer? Hay muchos que sí lo hacen.

Para este hombre no existe la esperanza cristiana:

«Hace algunos años les decía que la esperanza no es un “consuelo espiritual”, una distracción de las tareas serias que requieren nuestra atención, sino una dinámica que nos hace libres de todo determinismo y de todo obstáculo para construir un mundo de libertad, para liberar a esta historia de las consabidas cadenas de egoísmo, inercia e injusticia en las cuales tiende a caer con tanta facilidad» (Ib).

No hay norma de moralidad, sólo existe la libertad de pensar. Y, con esa libertad, libres de toda ley moral, se construye el mundo que queremos, la iglesia que queremos, el evangelio que más nos gusta. ¡Este es el pensamiento de Bergoglio!

La esperanza cristiana es vivir para conquistar el cielo. Esto, para Bergoglio, es «una distracción de las tareas serias» de la vida. Hay que vivir, según su mente diabólica, para ser independientes en todo: ser libres de todo determinismo = no hay leyes que determinen la vida del hombre, su pensamiento y sus obras; son todas –esas leyes- un obstáculo. Hay que construir un mundo de libertad; hay que liberar al hombre de tantas cadenas que su historia le ha puesto. Bergoglio es el nuevo mesías del hombre histórico: el que salva al hombre de su historia mal contada por su mente.

Esto lo predicaba Bergoglio el día de la Pascua del 2007. Y, después, de siete años, él no ha cambiado de mentalidad. Sigue con lo mismo, dando culto al hombre en su mente, porque vive dentro de su propio pensamiento humano. No vive en Cristo; no posee la mente de Cristo. No es otro Cristo; es un demonio encarnado.

Sacerdotes, Obispos, Cardenales, que han perdido la verdad en sus mentes y se dedican a hacer el juego a este hombre, que sólo habla para conquistar un aplauso del mundo, que hace de sus homilías un juego de la poesía, un lenguaje agradable a todos, la búsqueda de un ideal utópico, pero con una idea maquiavélica en su interior.

Bergoglio está sediento de la gloria del mundo. ¿Todavía no lo han captado? Y arrastra a toda la Jerarquía para que le apoyen en este negocio. Hay que abrirse al mundo, porque este el pensamiento clave en Bergoglio.

Para Bergoglio, la verdad no consiste en abajar la mente a la doctrina de Jesús. No puede ser eso, porque todo es poesía, todo es una utopía, un mundo que hay que construir en la mente, una fábula. No está la verdad en someterse a lo que dice Jesús. La verdad consiste en fabricar una doctrina ideal, utópica, sobre Jesús.

«lo importante de la prédica es el anuncio de Jesucristo, que en teología se llama el kerygma» (El Jesuita – Entrevista al Cardenal Bergoglio – pag 89). Lo importante en la homilía, no es dar la verdad, sino dar una serie de palabras. Esto es la palabra kerygma: proclamar, anunciar, gritar unas palabras, un credo, una publicidad sobre Jesucristo.

La misma Palabra de Dios nos enseña que no hay que anunciar a Jesucristo, sino que hay que predicar el Evangelio:

«Id, pues, enseñad a todas las gentes…, enseñándoles a observar todo cuanto Yo os he mandado» (Mt 28, 19ª.20). Hay que predicar lo que Jesús enseñó a Sus Apóstoles. El Evangelio es una moral y un dogma. Es algo firme, inmutable, permanente, eterno, sin posibilidad de cambio. Es la doctrina que Jesús dió a Sus Apóstoles y que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos. Hay que enseñar esto. Y sólo esto. No hay que predicar a Jesús. Todo el mundo predica sobre su Jesús, sobre la idea que ellos tienen de Jesús; pero nadie predica la misma doctrina de Jesús.

No hay que enseñar que «Jesucristo es Dios, se hizo hombre para salvarnos, vivió en el mundo como cualquiera de nosotros, padeció, murió, fue sepultado. Eso es el kerygma, el anuncio de Cristo, que provoca estupor….Cada uno tiene su manera de llegar a creer. La fe es el encuentro con Jesucristo» (Ib). No hay que recitar el credo, como un papagayo, anunciando una serie de palabras, sin el concepto que les corresponde. No hay que predicar un lenguaje muy sentimental y bonito.

Hay que darle al alma la forma de creer, la manera de llegar a Jesús, de cómo convertirse, cómo el alma encuentra a Jesús. ¿De qué sirve recitar el credo? ¡De nada! Hay que creer en lo que se recita. Hay que hacer vida el credo.

¿De qué sirve predicar que Jesucristo es Dios? ¡De nada! Hay que explicarle a la gente que para llegar a este pensamiento, para creer que Jesús es Dios, tiene el alma que quitar de su pensamiento propio muchos errores, filosofías, conceptos, apegos a la vida, que le impiden creer. Si la gente no sabe lo que significa que Jesús es Dios, si no se sabe la moral y el dogma que este pensamiento trae, ¿cómo va a encontrar a Jesús? ¿cómo se va a convertir del pecado? No puede. La fe no es el encuentro con Jesucristo. Esto es muy bonito, pero un error. La fe es un don de Dios, con el cual el alma obra la Voluntad de Dios en su vida. La fe es una obra divina. No es hacer poesía sobre Jesús.

Si cada uno tiene su manera de llegar a creer, entonces cada uno tiene su punto de partida y hay que sentarse a dialogar sobre la fe de cada uno, para tomar experiencias y así ser más de Jesús:

«Después del encuentro con Jesucristo viene la reflexión, que sería el trabajo de la catequesis. La reflexión sobre Dios, Cristo y la Iglesia, de donde se deducen luego los principios, las conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas, sino que le otorgan una mayor plenitud» (Ib).

¿Ven el gran error? Después de contar una fábula sobre Jesús, después de un poco de poesía, de sentimentalismo barato sobre los tesoros de Jesús, viene el ponerse a hablar y sacar conceptos que no contradigan al hombre: «conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas». Y es muy importante que no contradigan al hombre, a su pensamiento, a su vida, a sus obras.

Lo moral está por debajo de lo humano. Primero es el hombre, después lo moral. Lo moral es la creación de la mente humana. No es algo impuesto por Dios al hombre. No es una ley divina. No es una doctrina moral y dogmática. Es sólo un concurso de los hombres, un diálogo, un consenso. Así piensa mucha Jerarquía. Así hacen sus apostolados en la Iglesia: primero el hombre, primero dar de comer, después hablamos un poco de poesía sobre Jesús; fabriquemos nuestras fábulas, nuestros mundos utópicos.

«En que no se le presta atención al kerygma y se pasa a la catequesis, preferentemente al área moral. Basta escuchar algunas homilías, que deben ser kerygmáticas con algo de catequesis, pero que terminan siendo morales, a lo sumo catequéticas. Y dentro de la moral —aunque no tanto en las homilías como en otras ocasiones— se prefiere hablar de la moral sexual, de todo lo que tenga algún vínculo con el sexo. Que si esto se puede, que si aquello no se puede. Que si se es culpable, que si no se es culpable. Y entonces, relegamos el tesoro de Jesucristo vivo, el tesoro del Espíritu Santo en nuestros corazones, el tesoro de un proyecto de vida cristiana que tiene muchas otras implicancias más allá de las cuestiones sexuales. Dejamos de lado una catequesis riquísima, con los misterios de la fe, el credo y terminamos centrándonos en si hacemos o no una marcha contra un proyecto de ley que permite el uso del preservativo» (Ib. Pag 90).

¿Entienden ahora aquello de: «No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. (…) Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente» ? ¿Lo han captado? Hay que hacer poesía en las homilías y, después, dejar que la gente viva su vida como quiera. No hay que hacer una marcha contra un proyecto de ley que permita el preservativo, ni organizar una marcha pro-vida, para que anulen las leyes que permiten abortar. No hay que enfrentarse a los homosexuales, sino que hay que casarlos en la Iglesia….

Que cada uno viva su vida como le parezca, porque «No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable» (EG, §129). No pienses el dogma, no te apoyes en una verdad que no puede cambiar. Es que eso no existe. No hay nada absoluto: «no hay palabras que expresen un contenido absolutamente invariable». Cristo no es la Verdad, sino una utopía. Hay que ir en busca de esa iglesia ideal, que le gusta a todos los hombres, que pone contentos a todos los hombres. Y, por eso, él predica tan tranquilo: «Si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa. A mí lo que me interesa es que lo eduquen y le quiten el hambre.»

¿Ven lo que es este hombre? La homilías tienen que ser kerygmáticas: tienen que anunciar algo; pero no la doctrina de Jesús. No tienen que ser catequéticas. Tienen que ser sentimentales: pintar un Jesús amable, amoroso, misericordioso, que nos salva a todos, que es muy bueno con todos, que a todos perdona… Pero no hables de moral, de dogma: no toques el infierno, el pecado, el purgatorio, la lujuria… no digan que esto se puede hacer y esto no…. No te metas en eso…. No juzgues a nadie…. «¿quién soy yo para juzgar?»…Si haces eso, entonces relegas el tesoro de Jesús vivo.

¿Ven la falacia del pensamiento de este hombre? ¿Ven la forma de engañar a todos desde hace 18 meses? Todas sus homilías son así, según la estructura que tiene en su mente diabólica. Demos una fábula a la gente, toquemos un tema, pero dando vueltas a todo, sin tocar tierra, sin decir, esto es pecado, esto no se puede hacer, sino que hagamos una predicación, un kerygma para el hombre, para satisfacer las ideas del hombre, para agradar los oídos de los hombres. Porque lo que importa en la vida es dar de comer al hambriento. Lo demás, es la utopía de cada uno en su mente.

Esta es la predicación del 19 de septiembre sobre la resurrección y la última de hoy, 25 de septiembre, sobre la vanidad: un dar vueltas a las cosas, dando un poco de poesía sobre la vanidad, sobre la resurrección, para al final, no decir nada. Al final: dame dinero para mis pobres.

Es el tiempo de la Justicia. Es el tiempo en que toda la Jerarquía será despojada de su autoridad y de la seguridad que ahora tienen. Muchos de ellos se creen dioses y son, como todos, hombres sin inteligencia espiritual, pervertidos en sus juicios, incapaces de luchar por un bien divino, porque han hecho de sus vidas sacerdotales el columpio de lo humano. A pesar de tener tanta teología encima, no saben tener dos dedos de frente cuando hablan; no saben discernir a un hereje. ¿De qué les sirve tanta teología?

La Jerarquía está usando su autoridad para crear confusión en toda la Iglesia. Enseñan fábulas a la gente y, después, piden obediencia a esas fábulas.

La Jerarquía tenía que poner en guardia a toda la Iglesia sobre la falsedad de Bergoglio. Ellos tienen el poder de hacer eso. ¿Y qué han hecho con ese poder? ¿A qué se dedican en la Iglesia? A callar y a torear a Bergoglio.

A mostrar la mierda pinchada en un palo, que es la doctrina de Bergoglio, como un alimento precioso para todos. ¡A esto se dedica toda la Jerarquía! A llamar doctrina católica a una doctrina claramente herética y del demonio, que lleva necesariamente a la apostasía de la fe a toda la Iglesia.

Se dedican a cumplir las formalidades externas con un viejo verde, que acaba de ser proclamado por la televisión holandesa OUTtv la superestrella mediática del año. ¡Un maricón de mierda es Bergoglio! Esto no se atreven a decirlo la Jerarquía. Y es lo que piensan muchos.

Los cristianos que están en el mundo ven a Bergoglio como lo que es: un falso poeta. Y todavía los católicos no han despertado del sueño en que viven, de la utopía que muchos se han inventado en sus cabezas. Y lo siguen llamando Papa. Y esto es señal de la gran corrupción espiritual que se vive dentro de la Iglesia Católica. Ya nadie conoce la fe católica, la doctrina que Jesús enseñó desde el principio y que nunca ha cambiado. Porque la Verdad no admite cambios, desarrollos, invenciones nuevas. La verdad es como es, guste o no guste. Y esto es lo que muchos católicos, con sus teologías ambiguas, ya no encuentran: la verdad. Ya viven en la utopía y no saben llamar a Bergoglio como lo que es: un hereje. No lo pueden hacer. Y nunca lo harán, porque son malos como Bergoglio: viven en su maldad. Viven para romper la Verdad, a base de su inteligencia humana pervertida.

Pero, ¿qué creen que vienen ahora? Una panda de falsos profetas, de falsos pastores, que apoyan la doctrina de Bergoglio.

La Jerarquía de la Iglesia se sabe toda la filosofía y toda la teología. Sabe la Verdad y sabe dónde está esa Verdad. Pero están pervertidos en sus inteligencias: ven la verdad y dicen, prefiero mi verdad, mi interpretación, mi estilo de vida. Y son maestros en liar a las almas, que no conocen el lenguaje teológico, para presentar una mentira, una mierda pinchada en un palo, como alimento exquisito, como verdad, como dogma a seguir.

Este es el tiempo de los que «vocean pomposidades vacías… prometiéndoles libertad, cuando ellos son esclavos de la corrupción» (2 Pe 2, 18.19). Esto es Bergoglio y todo su clan abominable. Pero, en la Iglesia, hay que tener la valentía de llamar a cada uno por su nombre para ser de Cristo. Y esto es lo que muchos ya no saben hacer. Tienen respeto humano. Quieren quedar bien con todo el mundo. Quieren ser los que construyen la unidad apoyándose en la mentira, en la boca de un mentiroso.

Matrimonio Sacramental


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El matrimonio por la Iglesia es para una vida divina, no es para una vida humana.

No se casa el hombre con una mujer para imponerla su vida humana; no se une una mujer a un hombre para indicarle un camino humano y carnal.

Hombre y mujer, en el matrimonio, hacen una unidad irrompible, que sólo Dios puede anular, no en esta vida, sino en la otra. En el cielo, no hay marido ni mujer. En el Cielo sólo se da la obra de Dios en cada alma que se ha salvado.

El matrimonio por la Iglesia no es una cuestión social, sino un fin y una vida divina. Sin ese fin divino, todo cuanto hace un hombre con una mujer no sirve para nada. Sin esa vida divina, una mujer sólo ofrece su vida carnal a un hombre que, por naturaleza, no sabe lo que es el amor a una mujer.

En el matrimonio, el amor lo pone la mujer; el hombre sólo sabe dar el placer.

En un matrimonio, el camino lo hace la mujer; el hombre, aprende de ella, a caminar. Si una mujer no vive para Dios, entonces da al hombre sus amores, pero no el amor divino.

El amor divino es una obra, no es el pensamiento o el plan sobre el matrimonio.

Dios da al hombre una mujer para que busque en ella el hijo que Dios quiere. Muchas parejas no saben buscar este hijo, porque la mujer no tiene vida de fe, auténtica vida espiritual.

Tener un hijo no es una función biológica, sino una conquista del Espíritu. Dios quiere sus hijos, los que van al cielo, los que buscan la santidad en sus vidas. Y esos hijos sólo pueden venir de un hombre y de una mujer que han puesto a Dios en el centro de su matrimonio.

¡Pocos son los que hacen esto! ¡Y menos en este mundo de incrédulos donde el matrimonio se ha convertido en un juego de intereses humanos, porque así es como se concibe la sexualidad.

El sexo no es para un placer, sino para un amor. Y si los dos no buscan el amor divino, su sexo es sólo un rato de cama, pero no una obra divina.

Muchos no saben lo que es un matrimonio por la Iglesia, porque se dedican en la Iglesia a sus negocios, a sus apostolados humanos, a sus servicios, que nada tienen que ver con el plan divino para el hombre en un matrimonio.

Muchos viven de utopías en su matrimonio.

Muchos usan el sexo para un servicio social.

Muchos ofertan sus cuerpos para conquistar el aplauso del mundo.

Y nadie vive la gracia del Sacramento del Matrimonio.

¡Cuesta buscar el hijo que Dios quiere! ¡Cuesta educarlo como Dios quiere!¡Y cuesta llevarlo a la santidad que Dios quiere para él!

Todos se han vuelto cómodos en sus matrimonios. Nadie busca la pareja que lleva a la santidad. Y, por tanto, todos se embarcan en un matrimonio que es siempre una cruz para el hombre y para la mujer. Y, muchos, viendo esa cruz, reniegan de ella, porque es más fácil buscar otra cosa sin cruz, otra vida sin tener que cargar con un hombre o con una mujer que se ha convertido en un fracaso.

En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo


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«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares. Así es como funciona el don de la infalibilidad de un Papa, que mucha gente no entiende. Las personas creen que sólo el Papa es infalible cuando enseña ex catedra. Y se equivocan. Ese don es una providencia divina particular sobre la persona del Papa para remediar lo que es el mal en la Iglesia, para no caer ni hacer caer que la Iglesia caiga en la herejía. Por eso, ningún Papa legítimo es hereje. Puede estar rodeado de muchos herejes, que hacen mucho mal a su alrededor y procuran que sus obras heréticas tengan el sello papal. Pero nunca un Papa cae en herejía, en algo que le puede sacar de la Iglesia.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

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